martes, 27 de septiembre de 2016

Suburra (2015)***

Dir: Stefano Sollima
Int: Pierfrancesco Favino, Elio Germano, Claudio Amendola, Alessandro Borghi, Greta Scarano, Giulia Elettra Gorietti, Antonello Fassari, Jean-Hugues Anglade, Adamo Dionisi, Giacomo Ferrara.

Suburra es el segundo largometraje del director romano Stefano Sollima. Ya ha dirigido dos series para la televisión que parecen haberle dado los argumentos necesarios para tratar con solvencia los temas de la mafia y la violencia criminal: 22 episodios de Roma criminal (2008-2010) y 10 episodios de Gomorra: la serie (2014-2016).

La novela de Carlo Bonini y Giancarlo De Cataldo se ha convertido en guión cinematográfico de la mano de Stefano Rulli, Sandro Petraglia, y los mismos autores Giancarlo De Cataldo y Carlo Bonini.

  
“Una gangster movie que refleja el final de una era, de un mundo político y un mundo criminal que se está convirtiendo en otra cosa, aún no sabemos bien qué, y que, por tanto, se agita dejando a su paso restos de sangre a la espera de una especie de nuevo orden”, en palabras del director. 

Un gran proyecto inmobiliario que inundará de cemento la periferia de la ciudad (la zona de Ostia) sirve de trasfondo para relatar la historia de varios personajes que irán entrelazando sus destinos: Malgradi, un político corrupto (interpretado por Pierfrancesco Favino), Sebastiano (Elio Germano), el hijo de un constructor que pidió ayuda a la Mafia, los mafiosos y brutales Número 8 (Alessandro Borghi), la nueva mafia, Samurai (Claudio Amendola), la vieja escuela, y Manfredi Anacleti (Adamo Dionisi), líder del clan gitano, y otros muchos personajes todos ellos marcados por la violencia y la ambición. No hay ningún respeto por la vida humana en esta desenfrenada lucha por el poder en la que aparecen implicadas las más altas cúpulas políticas y religiosas.





Buen trabajo de actores, dirección dinámica y expresionista de las secuencias de acción. No faltan los tiroteos clásicos del género, la descripción de lugares de ocio controlados por los mafiosos, el consumo sin cortapisas de drogas y la exhibición constante de la violencia, bien sea de forma explícita o en el desarrollo del chantaje y la compra-venta de voluntades y, claro, de votos. 


En Suburra, nadie parece estar libre de pecado ni de culpa...


No tenemos ocasión, en las salas de cine, de ver mucho cine italiano, así que no deberían perderse esta muestra de cine de gangsters, ambientada en Roma, que muestra sin tapujos la inquietante guerra por el poder entre las nuevas mafias, los políticos de turno y los empresarios sin escrúpulos. En una cosa están todos de acuerdo: quien sea capaz de exterminar a su enemigo (a su competidor), o de someterlo mediante el terror,  la tortura, el chantaje o el secuestro, ganará la partida...Esa palabra distante y en minúscula llamada democracia no parece tener sitio en la Suburra de Stefano Sollima.


Roberto Sánchez


-Aragonia-

Captain Fantastic (2016)***

Dir: Matt Ross
Int: Viggo Mortensen, Missi Pyle, Kathryn Hahn, George MacKay, Steve Zahn, Hannah Horton, Trin Miller, Samantha Isler, Annalise Basso, Nicholas Hamilton, Ann Dowd, Shree Crooks, Erin Moriarty, Charlie Shotwell, Frank Langella.


Ben (Viggo Mortensen) es un padre que ha pasado diez años viviendo en los remotos bosques situados al noroeste del Pacífico criando a sus seis hijos. Sin embargo, un día la familia debe abandonar su modo de vida en la naturaleza y volver a la civilización. Asimilar su nueva situación y adaptarse de nuevo a la sociedad moderna no les va a resultar nada sencillo. 

Matt Ross se ha encargado de escribir el guión y de dirigir. Más conocido por una sólida labor como actor en unas cuantas series televisivas (Magic City, American Horror Story, Revolution o Silicon Valley), como director sólo tenía los siguientes antecedentes, dos cortometrajes y el largo 28 Hotel Rooms  (2012). 

La película viene avalada por su selección en Sundance y por un estupendo trabajo de Viggo Mortensen, acompañado de una pandilla de chavales a cuál más brillante –la cantera de actores infantiles y adolescentes de calidad parece inagotable en Estados Unidos–. Además, el trabajo en la dirección de Matt Ross es también destacado, sobre todo en la presentación de los personajes y en el desarrollo de un obligado viaje  –la road movie pertinente– de vuelta a la "civilización". Ben (Viggo Mortensen) y sus hijos han establecido una auténtica comunidad ideal, marcada por los ritmos naturales (la caza, el ejercicio, el entrenamiento físico y mental) y una sólida preparación intelectual de ideología revolucionaria y contrasistema, siguiendo muy de cerca los principios filosóficos del norteamericano Noam Chomsky (nacido en 1928), que además de ser un brillante lingüista, es un activista político, defensor de los principios anarquistas y el socialismo libertario. 



Lamentablemente la película no logra mantenerse del todo firme en el hábil tono de comedia satírica y crítica frente al capitalismo imperante que predomina en los USA. Casi hasta el final, en la comparación de los parámetros vitales planteados por el "utopista" Ben, frente al sistema en el que vive la familia materna, y la mayoría de los habitantes con privilegios económicos norteamericanos, salen ganando con claridad sus planteamientos educativos. 



Sin embargo, la historia se suavizará convenientemente, y terminará por convertirse en un agradable y entretenido producto de consumo con más de una concesión al sentimentalismo y a ese capitalismo salvaje y opresor que pretende ponerse en duda y del que siempre ha pretendido huir el personaje interpretado por Viggo Mortensen. La moraleja final parece mucho más cercana al budismo o a las tendencias New Age (otra de las alternativas aceptadas de la utopía), que siempre han maridado sin problemas con el sistema capitalista. 

De todos modos es una película que permite hacerse preguntas, que muestra alternativas de vida más allá del centro comercial y del castrante y embrutecedor sistema económico imperante en la patria de Matt Ross, ese que todas los países europeos parecen querer imitar..., sin hacerse preguntas sobre dónde queda la justicia social y la verdadera democracia, si han de ser constantemente patrocinadas por McDonald´s y Coca-Cola. 


Roberto Sánchez

-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia-

El hombre de las mil caras (2016)***

Dir: Alberto Rodríguez

Int: Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba, Luis Callejo, Tomás del Estal, Israel Elejalde, Pedro Casablanc.


El guión de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos toma como punto de partida el libro Paesa, el espía de las mil caras del periodista de investigación Manuel Cerdán, que fue el primero en organizar y hasta cierto punto dramatizar las informaciones, entrevistas directas y datos que tenía sobre el personaje. Francisco Paesa (Eduard Fernández), ex agente secreto del gobierno español, responsable de la operación contra ETA más importante de la historia, se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL y tiene que huir del país. Cuando regresa años después está arruinado. En tales circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán (Carlos Santos), ex Director General de la Guardia Civil, y de su mujer Nieves Fernández Puerto (Marta Etura), que le ofrecen un millón de dólares si les ayuda a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve entonces la oportunidad de vengarse del gobierno español, llevando a cabo una magistral operación con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes (José Coronado). 




En los últimos años el thriller español está logrando cotas de calidad no esperadas. El mismo Alberto Rodríguez ya nos ofreció recientemente la estupenda La isla mínima (2014), y el actor José Coronado, parece haberse especializado en este género, en ocasiones de gran pureza, otras veces trufado de elementos políticos y de reconstrucción histórica de los momentos más oscuros y tortuosos de nuestro reciente pasado, con intervenciones afortunadas en películas como La caja 507 (2002, de Enrique Urbizu), El lobo (2004, de Miguel Courtois), GAL (2006,de Miguel Courtois), No habrá paz para los malvados (2011, de Enrique Urbizu), o Cien años de perdón (2016, de Daniel Calparsoro). Coronado repite aquí, con un personaje, aparentemente secundario, pero que, en realidad, es el principal narrador y el  intermediario adecuado para aproximarnos al personaje de Francisco Paesa, asimilado con maestría por uno de nuestros mejores actores: Eduard Fernández, reciente ganador de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, precisamente por este trabajo.  

Alberto Rodríguez, en la dirección, logra llevarnos por los vericuetos de la túpida red de engaños, construida por Paesa, un hábil manipulador que se encontró con la posibilidad de manejar el dinero robado por el corrupto Luis Roldán, uno de los personajes más deplorables y lamentables de la política española. Unos servicios secretos, que con personajes como este Paesa, estaban demostrando que los límites entre la delincuencia, las mafias internacionales y los propios servicios de ¿inteligencia?, eran estrechos, casi inexistentes. La extorsión, el robo, el asesinato y otros muchos delitos son perpetrados o encargados por Paesa, escapando de la justicia, jugando con ella y con los responsables políticos en una partida que ganó, en realidad, a la democracia. 




Seguramente su manera de actuar, no está tan alejada a la de otros espías internacionales (de hecho el cine de género norteamericano viene viviendo de situaciones parecidas desde siempre), pero sorprende lo bien que  ha sabido reconstruirlo el director sevillano Alberto Rodríguez, adaptándose a la información que conocemos del personaje y sus andanzas. Con todo, la necesaria trayectoria por enormes apartamentos, pisos semiocultos en grandes bloques residenciales, despachos e interiores, produce alguna ruptura y reiteración quizás innecesarias en el, por otra parte, medido ritmo narrativo. 

En un thriller de espías, de tramas internacionales, con gigantescas estafas y embustes, es fundamental detenerse un momento en el juego lingüístico. Desde el punto de vista de las lenguas es un periodo en el que los medios sociales cosmopolitas españoles, en este caso los políticos de alto cargo y espías, tenían el francés como lengua extranjera imprescindible. 

La acción transcurre a lo largo de 1995 son los últimos años en los que el francés sigue siendo, al menos en Europa, la lengua de las relaciones internacionales.

El "casi abogado" italiano nos da el contrapunto cómico que no podía faltar cuando españoles e italianos se comunican entre sí en francés, los matices del bilingüismo pasan totalmente desapercibidos en este guión, dada la facilidad con la que se supone que se puede suplantar la identidad de pertenecer a otra lengua y cultura. Aspecto que no puede dejar de sorprendernos, de hecho así acaba la película con un «-Je ne suis pas Paco!», cuando es reconocido por un periodista al día siguiente de haber prescrito el delito. Esa era la solución para Paesa o Roldán, usurpar una personalidad extranjera, quizás francesa, tener una nueva vida y desde luego no volver a "su España".




También es de destacar la insistencia en recordarnos el origen aragonés del personaje, con todos los tópicos que le acompañan, el supuesto de fidelidad, honradez, sinceridad, traicionados por un personaje que se esfuerza por estar a la altura de las circunstancias. Con evidente ironía, es este personaje el más caricaturizado y ridiculizado.

Siendo una película de temática política, recordaremos que aquellos principios de los noventa fueron en España tiempos de optimismo económico social y político, y también la época en la que ganar grandes fortunas o ascender en la escala social parecía posible. Fue una época en la que se hicieron más explícitos los chanchullos de un PSOE que repetía legislatura con un Felipe González que ya no respondía a las necesidades y cambios de los tiempos. 

La oportunidad política y social del estreno de esta película, precisamente ahora cuando el 
Partido Popular (más corrupto que nunca, pero con el apoyo de los votos fidelizados) y el Partido Socialista (en evidente refriega interna, y contra la otra izquierda), vuelven a estar constantemente en el punto de mira, es posible que contribuya a su éxito en taquilla. En todo caso, esta película, nos da materia abundante para la reflexión, más allá de unas virtudes cinematográficas que no le faltan...


Roberto Sánchez
Antonia Bordonada

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

jueves, 22 de septiembre de 2016

Los hombres libres de Jones (Free State of Jones, 2016)***

Dir: Gary Ross

Int: Matthew McConaughey, Gugu Mbatha-Raw, Keri Russell, Mahershala Ali, Brad Carter, Sean Bridgers, Jacob Lofland, Christopher Berry, Joe Chrest, Kurt Krause, Brian Lee Franklin, Martin Bats Bradford, Carlton Caudle, Kirk Bovill, Lawrence Turner, Donald Watkins.


Gary Ross nos cuenta con pasión y compromiso la historia real de Newton Knight (Matthew McConaughey), un granjero sureño, durante la Guerra de Secesión americana (1861 1865). Harto de defender los intereses de los grandes propietarios sureños, decidió desertar, se alió con otros pequeños granjeros y, con la ayuda de los esclavos locales huidos de las plantaciones, lideró un levantamiento cuyo resultado fue la transformación del Condado de Jones (en Mississippi) en un Estado Libre. Su unión con Rachel (Gugu Mbatha-Raw), una antigua esclava, y la creación de una comunidad interracial, convirtieron a Newton Knight en una figura muy controvertida que tuvo que lidiar continuamente contra el racismo y la intolerancia que durante tanto tiempo ha prevalecido en los estados del sur de Norteamerica.

Gary Ross, como director, se inició con Pleasantville (1998), una fantasía retro que combinaba blanco y negro, y color,con una sólida idea de la narración cinematográfica más clásica y elegante. Una vez asentada y reconocida su originalidad como guionista en filmes como Big (1988), dirigido por Penny Marshall, y otros encargos "alimenticios", tuvo dos éxitos con proyectos propios no exentos de complejidad por su producción y planteamientos: Seabiscuit, más allá de la leyenda (2003), también inspirada en sucesos reales; y Los juegos del hambre (2012) que inauguró la serie cinematográfica adaptada con éxito junto a Billy Ray, y Suzanne Collins, la autora responsable de los best sellers literarios. En Los hombres libres de Jones, también se responsabiliza del guión, aunque partiendo, en este caso, de la historia escrita por Leonard Hartman, basada en la vida de Newton Knight.

Curiosamente es en el guión dónde pueden detectarse algunos problemas. Resulta fallido y amenaza con romper el ritmo narrativo del film un salto hacia el futuro (flashforward) en el que se narra de modo alternado (y un tanto inesperado e ilógico) un suceso en la vida de un descendiente de Newton Knight, sin que puede desvelar nada más, por respeto a los que todavía no han visto la película.

Brillante y espectacular resulta el trabajo de Matthew McConaughey, que lleva enlazadas unas cuantas interpretaciones de mérito en Dallas Buyers Club (2013), de Jean-Marc Vallée, El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese, la primera temporada de la serie True Detective (2014), o Interstellar (2014), de Christopher Nolan.




Una de las virtudes de la película es mostrar la guerra (y todavía más en un conflicto dentro de un mismo país) como un suceso deleznable y horrible, en el que el sentido de la humanidad está siempre puesto en duda. La guerra no puede, ni debe, mostrarse como un suceso heroico, con escenas al ralentí, glorificando a unos "héroes", que especialmente en una guerra civil, están intentando matar a alguien que era hasta hace poco su vecino, su hermano...Sólo el retrato de Newton Knight, resulta tener unos mínimos tintes agiográficos; después de todo tuvo que enfrentarse a una sociedad brutalmente reaccionaria, racista, intolerante y que, incluso terminada la Guerra de Secesión, siguió ejerciendo el terror mediante agrupaciones de asesinos sin escrúpulos (los propios vecinos blancos) ocultos bajo las siglas del Ku Klux Klan, y que el gobierno unionista nunca persiguió de modo eficiente. 



Roberto Sánchez


-Aragonia, Palafox-

martes, 20 de septiembre de 2016

The Beatles: eight days a week (The Beatles: Eight Days a Week - The Touring Years, 2016)****

Dir: Ron Howard

Un exhaustivo y estupendo repaso de los excepcionales años de gira de los Beatles, desde la perspectiva del grupo y también de los fans. El documental de Ron Howard sorprende por sus vídeos amateurs e imágenes inéditas. Sorprende, igualmente, por el excelente trabajo de edición hecho con materiales tan dispersos y variados, de Paul Crowder, y por el ajustado guión de Mark Monroe (debidamente asentado en las informaciones de P. G. Morgan), todos ellos, nombres poco conocidos por el gran público pero que están entre la élite de los mejores documentalistas norteamericanos actuales. Ofrece testimonios de groupies como Sigourney Weaver y Whoopi Goldberg, y nos descubre que exigían por contrato que en sus recitales no hubiera segregación racial. No hay muchas referencias más a sus opiniones políticas, y se centran en la música que, en aquellos años, fueron capaces de generar con fluidez y altas dosis de belleza. Su proximidad (literal en muchos casos) durante las giras les permitió alcanzar una gran perfección en los directos y una coordinación y relación tan próxima y estrecha que redundó en las magníficas grabaciones de estudio. La guinda, que puede llegar a emocionarte aunque no seas un fan de la banda de LIverpool, es el concierto del Shea Stadium restaurado, donde cometen más de un error, como ellos mismos llegan a reconocer, pero afinan muy bien pese a no oírse entre ellos. 




Desde luego deseamos que haya una segunda parte sobre la otra mitad de su carrera, seguramente la más rica desde el punto de vista musical y artístico, y que en este trabajo sólo queda ligeramente esbozada.

Ron Howard es el director de éxitos como Un horizonte muy lejano (1992), Apolo 13 (1995), Una mente maravillosa (2001), El código Da Vinci (2006), Ángeles y demonios (2009) y, pendiente de estreno, cerrando la trilogía sobre Dan Brown, Inferno (2016). Es un realizador que se ha dedicado sobre todo a la ficción, pero que recientemente se ha interesado especialmente por la música Hip-hop, realizando otro trabajo documental anterior, titulado Made in America (2013),sobre el Festival "Budweiser Made in America", organizado por Jay-Z. 

Más allá del interés que puedan tener por The Beatles, estamos ante una inmejorable muestra de cine documental, construido con un excelente ritmo narrativo, un montaje ágil y dinámico de materiales de muy diversa procedencia y una inmejorable banda sonora, a cargo, claro está, de The Beatles. 



Es muy difícil que te quedes indiferente ante la posibilidad de visualizar y analizar este periodo tan especial en la historia de The Beatles, disfrutando especialmente de esos momentos mágicos, unas  imágenes fijas o en movimiento entresacadas con pasión y cariño, entre las situaciones tan especiales que se produjeron durante los años de gira y captar (y sentir) el impacto, mucho más allá de lo musical, que los directos del grupo tuvieron en todo el mundo...

Además, tienen que darse prisa, sólo puede verse en salas hasta el 22 de septiembre.

Roberto Sánchez

-Aragonia, Palafox-

martes, 13 de septiembre de 2016

Tarde para la ira (2016)****

Dir: Raúl Arévalo
Int: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, Alicia Rubio, Raúl Jiménez, Font García.

Madrid, agosto de 2007. Curro (Luis Callejo) entra en prisión tras participar en el atraco a una joyería.  Ocho años después sale de la cárcel con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana (Ruth Díaz) que además está embarazada, pero se encontrará con una situación inesperada y a un desconocido, Jose (Antonio de la Torre), que le llevará a emprender un extraño viaje donde juntos se enfrentarán a fantasmas del pasado y se hundirán en el abismo de la venganza. 

El guión escrito por el mismo Raúl Arévalo, junto a David Pulido, es aparentemente una simple historia de venganza pero el modo en que se plantea, la crudeza y eficacia de la puesta en escena; una cámara nerviosa con gran movilidad pero control, y los primerísimos planos de sus protagonistas, logran el milagro de situarnos ante un thriller de tono realista, sin concesiones, y en muchos aspectos novedoso por algunos detalles argumentales que deben descubrir ustedes. Los actores, Antonio de la Torre, Luis Callejo y Ruth Díaz acaban conformando un triángulo "insano" pero muy atractivo, repleto de fuerza. Cine negro, capaz de ser muy moderno, sin dejar de ser muy carpetovetónico. 

Raúl Arévalo, sobre todo actor, desde el año 2001 tiene más de 50 apariciones de mérito en el cine español, estando reciente su buena interpretación en La isla mínima (2014), de Alberto Rodríguez, ha dado un salto a la dirección, sin tener experiencia previa; aunque sí ha debido tomar buena nota del modo en que trabajan los numerosos directores  –de muy diversas edades y estilos que han contado con él como actor: Daniel Calparsoro, Joaquín Oristrell, Älvaro Fernández Armero, Isaki Lacuesta, Borja Cobeaga, Jorge Torregrosa, Daniel Sánchez Arévalo, Pedro Almodóvar, Icíar Bollaín, Steven Soderbergh, Gracia Querejeta, José Luis Cuerda, Antonio Banderas, entre otros...Y , además, se nota que ha asimilado bien las lecciones de cineastas como Sam Peckinpah, o el mismo Carlos Saura, que ya había dado toda una lección de este tipo de cine, sin perder las raíces hispanas, en El 7º día (2004), sobre la matanza de Puerto Urraco. 


No ha estado sólo, Raúl Arévalo, que ha sabido rodearse de un equipo de actores excelente (muy convincentes, igualmente, los secundarios), de Arnau Valls Colomer, un director de fotografía (recordamos su trabajo no menos valioso en Toro, de Kike Maíllo, en 2018) que ha sabido transmitir ese tono sucio e hiriente, alejado de cualquier sofisticación preciosista y unas músicas perfectamente seleccionadas para situarnos con facilidad en los diversos ambientes. Destaca la grabación para el filme del tema Quiero (compuesto por Rafael de León), en la voz prodigiosa del cantaor Miguel Poveda.


Por cierto, Ruth Díaz ha recibido, el premio como Mejor actriz por esta película, en la sección Orizzonti del Festival de Venecia 2016.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-














Gernika (2016)*

Dir: Koldo Serra
Int: María Valverde, James D'Arcy, Jack Davenport, Burn Gorman, Irene Escolar, Ingrid García Jonsson, Julián Villagrán, Álex García, Joachim Paul Assböck, Bárbara Goenaga, Víctor Clavijo, Natalia Alvarez-Bilbao.


Estamos ante una historia de amor construida alrededor de la población vasca bombardeada por la aviación nazi en abril de 1937 durante la Guerra Civil Española. En ese contexto, la joven Teresa (María Valverde), una editora de la oficina de prensa republicana conocerá a Henry (James D’Arcy), un periodista americano en horas bajas que está cubriendo el frente norte, y con el que terminará por surgir una historia de amor. Teresa, además, es cortejada por su jefe, Vasyl (Jack Davenport), asesor ruso del gobierno republicano, lo que no evitará que se sienta atraída por el idealismo durmiente de Henry, queriendo despertar en él la pasión por contar la verdad que un día fue su único objetivo.

Los guionistas, Carlos Clavijo Cobos y Barney Cohen, han dado forma a la historia concebida por José Alba, que también produce la película y en ese sentido tiene como "dudoso" aval haber sido uno de los productores ejecutivos de Campamento Flipy (2010), dirigida por Rafa Parbus, para mayor gloria de Enrique Pérez Vergara "Flipy", que fue una de las estrellas del programa de la televisión El hormiguero.

José Alba es un productor independiente que viene del campo del marketing y del diseño gráfico, entendiendo el cine fundamentalmente como negocio. Creo que todo esto explica que hayan intentando agradar a "sirios y troyanos", los franquistas y sus aliados alemanes son malos, muy malos (ridiculizados hasta la parodia en algunos casos), y los soviéticos estalinistas son igualmente asesinos despreciables. Algo parecido le ocurre al trabajo puramente fílmico, marcado por un tono "mainstream", vamos, intentando por todos los medios que esta producción, originalmente rodada en inglés y vasco, pueda distribuirse internacionalmente y ser asimilada por todo tipo de públicos. 

La utilización de un colorido vivo de tonos apastelados, responsabilidad de Unax Mendia, ayuda también a mostrar una historia que resulta irreal, preciosista, de reportaje publicitario. Es como si Koldo Serra hubiera sido poseído por el alma de un publicista formado en una escuela norteamericana. "Vulgariza que algo queda" y "seguro que vendemos el producto"...





No es que se traicione a la historia, sino que queda desplazada y casi desaparece hasta que no se reproduce, sirviéndose de la última tecnología digital, el bombardeo genocida, dirigido contra la población civil. Incluso, entonces, la trama fundamental consiste en rescatar de las garras de la "Checa" a Teresa, la representante, según ella misma dice, de los demócratas verdaderos. A la pregunta que le hace el norteamericano, "You're a Communist? ", ella responde, "Loyalist. I wish to see a democracy for Spain"; tradúzcanlo, ustedes mismos...


Hacía mucho tiempo que no contemplaba una película tan vaciada de pasión y sentimiento, de compromiso. No es que Koldo Serra, el director, sea un mal profesional (ha demostrado en diversos géneros y en los formatos televisivos y cinematográficos ser eficiente), sino que parece haberse entregado sin resistencia a un estilo, como he dicho antes, pensado para una mayoría que, o desconoce esta historia, todavía muy próxima en la memoria de muchos, o pretende, en realidad, olvidarla, pasando página sobre unos hechos, cómo los fusilamientos masivos ordenados por Franco (aludidos mínimamente en la trama, como si fuera una simple anécdota) y la muerte de muchos republicanos en los campos de concentración nazis. Parece que todavía a la derecha española le resulta bastante incómodo afrontar todos esos hechos, y conviene no incluirlos en esta descafeínada historia de amor entre el periodista norteamericano y la chica española que, no lo olvidemos, está ambientada durante unos sucesos trascendentales para la historia de España y Europa, un anticipo de los horrores bélicos que asolarían a toda Europa, durante la Segunda  Guerra Mundial. 

En fín, una gran decepción, esperaba mucho más de esta producción vasca.


Roberto Sánchez


-Palafox, Yelmo-

domingo, 11 de septiembre de 2016

Ben-Hur (2016)**

Dir: Timur Bekmambetov
Int: Jack Huston, Toby Kebbell, Morgan Freeman, Rodrigo Santoro, Nazanin Boniadi, Ayelet Zurer, Pilou Asbæk, Sofia Black-D'Elia, Marwan Kenzari, Moises Arias, James Cosmo, Haluk Bilginer, David Walmsley, Yasen Atour, Francesco Scianna, Gabriel Lo Giudice, Denise Tantucci, Jarreth J. Merz, Iaon Gunn, Dato Bakhtadze, Yorgos Karamihos, Christopher Jones, Craig Peritz, Simone Spinazze, Alan Cappelli Goetz, Jay Natelle, Julian Kostov, Maurice Lee, Stefano Scherini, Alessandro Giuggioli. 

Desde luego no es la primera vez que Hollywood se empeña en volver ha hacer una historia ya contada con anterioridad. Si además fue todo un éxito en el pasado, ¿por qué no intentarlo de nuevo? 

La novela Ben-Hur. A Tale of The Christ, publicada por primera vez en 1880, fue escrita por el general Lew Wallace, militar, abogado y diplomático (llegó a ser embajador plenipotenciario de los USA en el Imperio Otomano) y supuso todo un éxito en su época. Muy pronto se interesaron por su adaptación al cine. Ya en 1907 hay una película de 15 minutos que, curiosamente, ocupa una buena parte de su metraje en la carrera de cuadrigas. 

En 1925, Fred Niblo, dirige la espléndida versión muda (con una duración de 2 horas y 23 minutos), que incluye algunas secuencias en color (sistema bícromo) y tiene una secuencia de carreras de cuadrigas, luego "fotocopiada" plano a plano por Wyler, dada su brillante y magistral resolución técnica. Su protagonista, Ramón Novarro, nacido en México, era en esa época un serio competidor de Rudolph Valentino.

En 1959 Willyam Wyler, y su guionista Karl Tunberg, lograron en 3 horas y 32 minutos sintetizar el voluminoso libro de Lew Wallace, dándole unas poderosas dósis de espectáculo a  "una de romanos" que precisamente no se habían logrado desde los tiempos de la versión de 1925. Charlton Heston, logró convertirse en un convincente Judah Ben-Hur, siendo recordado siempre por su enérgica interpretación y su mítico enfrentamiento con Messala (también un acertado Stephen Boyd). 

Los primeros pasos para una cierta actualización de la historia, aunque sólo respecto aspectos superficiales, técnicos sobre todo, se habían dado en la mini serie europea (3 horas en dos capítulos) dirigida por Steve Shill (una coproducida entre Inglaterra, Alemania, España y Canadá, de 2010). 

Lo sorprendente no es que se haga un remake en 2016 sino que lo asuma el Kazajo Timur Bekmanbetov, que continúa trabajando entre Rusia y Estados Unidos. Sus largometrajes Guardianes de la noche (2004) y Guardianes del día (2006), que fusionaban con desparpajo elementos del cine de terror y el fantástico, mediante un montaje muy dinámico y "americano" de secuencias sin demasiada lógica pero gran plasticidad, llamaron la atención de Hollywood y pronto debutó allí con Wanted-Se busca (2008), con Angelina Jolie de protagonista, suponiendo su primera incursión en el cine norteamericano. 

Las cosas le fueron tan bien que se atrevió con Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012), un guión de un jovenzano llamado Seth Graham Smith, a partir de su propia novela, que supuso uno de los mayores despropósitos de la historia del cine, a todos los niveles...

Ahora ha dirigido con cierta eficiencia esta conocida historia sintetizada en un guión de Keith R. Clarke y  John Ridley, que ha quedado reducida a 2 horas y 5 minutos, suprimiendo toda la estancia de Ben-Hur en la Roma Imperial. Si Wyler tomó como modelo la versión de 1925, ahora es la versión de 1959 la que sirve de inspiración directa y pretende superarse. Algunos gráficos son sugerentes, los vestuarios probablemente son algo más plausibles (el diseño de producción es correcto), pero algunas secuencias  y situaciones han perdido fuerza, como la batalla naval que estaba excelentemente recreada en 1925 y 1959, o la visualización de la carrera de cuadrigas que ahora se ha resuelto como si se estuviera retransmitiendo una carrera de coches de fórmula 1, pensando que quizás los más jóvenes puedan aceptarla mejor...

La química y el carisma de los dos actores británicos (Jack Huston y Toby Kebbel) es nulo, casi inexistente. Poco transmiten, salvo poner esa cara de esfuerzo para sostener las riendas –¿o es por encontrar el cambio de marchas en el último modelo de cuadriga?. Con todo, es el desenlace piadoso hasta dar asco lo que termina por hundir en la miseria este nuevo esfuerzo de la industria del entretenimiento norteamericana por rebuscar en el pasado lo que cada vez encuentran con más dificultad en el presente: la magia del cine de aventuras, la emoción de "viajar" de un modo verosímil a la más remota antigüedad  o de sentirse transportado al futuro desde la butaca de una sala de cine.

Roberto Sánchez


-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

sábado, 10 de septiembre de 2016

No respires (Don't Breathe, 2016)****

Dir: Fede Álvarez

Int: Jane Levy, Dylan Minnette, Stephen Lang, Daniel Zovatto, Sergej Onopko, Jane May Graves, Jon Donahue, Katia Bokor, Christian Zagia, Emma Bercovici, Brak Little, Michael Haase. 

Quien roba a un ciego, no tiene perdón.    


Tras los cortometrajes El cojonudo y Ataque de pánico (2009), que impactó en Internet y convirtió a Feredico Álvarez en un director-promesa que llamó la atención de Hollywood y atrajo el interés de Sam Raimi, director especializado en cine de terror que le permitió realizar en 2013 un remake de su mítico Posesión infernal (Evil Dead, 1980), donde Álvarez ya contó con la expresiva Jane Levy como protagonista. 

Levy repite como protagonista femenina y única mujer de un reparto casi netamente masculino en este desasosegante 
No respires plagado de homenajes al cine de terror de finales de los setenta y ochenta, década prodigiosa de las películas tipo “slasher” de jovencitos que iban cayendo, uno tras otro, en las garras de su oponente maligno, creando una suma de víctimas que también creó un nuevo término para referirse a este tipo de filmes: “body count”. Dentro de estas referencias y/o homenajes, que comienzan en el cartel que ya nos recuerda a la Noche de miedo (1985), de Tom Holland, pasando por filmes míticos como La noche de Halloween (1978), de John Carpenter, Viernes 13 (1980), de Sean S. Cunningham, o El sótano del miedo , de Wes Craven, filme de 1991 que guarda ciertas similitudes con el que nos ocupa. En un ugar de honor está  La matanza de Texas (1974), de Tobe Hooper, filme de culto dentro del género en el que la protagonista femenina se enfrentará con el más terrible habitante de la casa (Leatherface) en un sangriento duelo por la supervivencia. Todos estos filmes hicieron famosos a sus directores convirtiéndoles en estrellas, y han sido objeto de remakes en los últimos años con mayor o menor fortuna. 

No respires, además de mamar de todo este bagaje hemoglobínico, es un filme de presupuesto contenido, rodado casi enteramente en interiores, dando protagonismo a la casa como lugar maléfico y terrible. Eso la entronca también con filmes como el propio Posesión infernal de Raimi (productor aquí y, desde luego, elemento de influjo indudable) y el también mítico Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979), amén de toda una tradición de películas de casas encantadas, escenario donde se desarrollan íntegramente las historias. 

La ominosa partitura del español Roque Baños, laureado compositor a nivel mundial  que ha trabajado habitualmente con directores españoles de la talla de Amenábar o Alex De la Iglesia, contribuye a aumentar la atmósfera siniestra y opresiva del filme, al igual que la acertada fotografía del también español Pedro Luque. Todo un orgullo que este equipo esté triunfando en Hollywood como lo está haciendo. 



Con un guión del propio Fede Álvarez y Rodo Sayagues, No respires funciona de principio a fin gracias a todos estos elementos, una dirección inteligente y un reparto efectivo que resulta muy real al no estar participado por estrellas reconocibles, lo que suma un éxito más y hace su historia más efectiva. No respires golpea al espectador con dureza, sin concesiones, combinando bien los resortes del terror con  una trama de "caper movie" que la emparenta también con el thriller, aunque sea de un modo secundario. Dentro del reparto destacan la joven Jane Levy (que ya fue protagonista del remake de Posesión infernal que este mismo director realizó en 2013) y, especialmente, de un más que inquietante Stephen Lang que da vida a un ex-marine retirado y ciego por causa de la metralla de una granada. Actor de teatro reconocido y con una larga trayectoria en cine y televisión (Avatar, Ley y Orden, Enemigos públicos), Lang compone un personaje oscuro con una maestría insuperable. Muy recomendable ver la película en V.O., si es posible para disfrutar de su gran trabajo. 

Así que, si son fans del género de terror, o del thriller, o de ambos; no se pierdan este No respires. Sin duda, haciendo honor a su título (que coincide plenamente con el original en inglés, otro motivo más de satisfacción), les dejará sin respiración en más de una ocasión. Eso sí, niños y espectadores impresionables o poco curtidos, abstenerse. Pero, ay amigos...amantes del miedo y del horror, dispónganse a gozar y no se la pierdan. Porque, como dice el viejo dicho: “Quien roba a un ladrón tiene 100 años de perdón”. Pero, quien roba a un ciego...no. 
Ese no lo va a obtener nunca.

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

Cerca de tu casa (2016)***

Dir: Eduard Cortés
Int: Sílvia Pérez Cruz, Oriol Vila, Lluís Homar, Adriana Ozores, Ivan Massagué, Iván Benet, Manuel Morón.

Desde 1986 Eduard Cortés lleva trabajando en la dirección de diferentes series (como Merlí, en 2015) y películas para la televisión catalana. En 2002 dirigió La vida de nadie, su primer trabajo largo para el cine, escrito en colaboración con su habitual colaborador Piti Español, protagonizado por un inquietante José Coronado. Logró también magníficos resultados en The Pelayos (2012), inspirada directamente en las actividades del clan familiar de los Pelayos, especializados en hacer saltar la banca de los casinos. 

Parecía improbable que el problema de los desahucios fuera el tema escogido para su sexto largometraje pensado para la gran pantalla, y menos tratado desde el género musical. Focaliza la historia en una familia (Dani, Sonia y su hija Lucía) que ha perdido su piso hipotecado y ha ido a vivir a casa de los padres de la mujer (Mercedes, interpretado por Adriana Ozores; y Martín, por Manuel Morón) la pareja sin buscarlo, además,  va ha provocar la pérdida del piso de los padres que habían puesto como aval para la hipoteca del suyo. 


Dani (Ivan Massagué), intentará vender detectores de humo y Sonia (Silvia Pérez Cruz), una vez desahuciada, debe trabajar como asistenta en una casa de una pareja alemana de clase media, le pagan muy poco y debe pedir la paga de la que le regatean unos euros hasta los 400 al mes. La pareja alemana debe volver a su país de modo inesperado y de la noche a la mañana su trabajo se convierte en cuidar las plantas y la nevera, es decir 4 días al mes que le pagarán a la vuelta. Un "abogado" le ofrece la posibilidad de reclamar sus derechos, pero el proceso tendrá unos costos económicos difíciles de asumir. Dani y Sonia harán lo imposible...

Lo sorprendente de la apuesta no es tratar un tema tristemente de actualidad como es el de los desahucios,sino hacerlo desde el cine musical. La apuesta era doblemente arriesgada. Las temáticas sociales tienen entre los aficionados españoles al cine poco tirón, y a los musicales el público nunca se acostumbró. 

Hay que decir que la película funciona con gran eficacia en todas las secuencias no cantadas, y que sólo en uno o dos de los números cantados por Silvia Pérez Cruz (se nota su oficio que en realidad es el de vocalista que se desenvuelve bien en el jazz y el folk y que la música para la banda sonora ha sido compuesta por ella) se alcanza la necesaria pasión y calidad, que si hubieran estado presentes en todos los demás hubiera transformado el film en todo un acierto. Los demás actores que tienen que cantar superan el trance como pueden, sin lograr nunca emocionar y creando cierto desconcierto... 

A pesar de los desequilibrios producidos por esa elección genérica, la película merece ser vista para comprobar que se puede realizar un cine de denuncia social, apostando por la calidad en el reparto que, salvo en las canciones, cumple sobradamente y por una realización bastante brillante. 

Las decisiones de puesta en escena de Eduard Cortés, en general, también son de gran eficacia. La apariencia de cine documental no sólo es rota por los números musicales, sino que resulta de gran expresividad con una cámara casi nunca aparente, pero que nos describe a algunos personajes con un simple y oportuno punto de vista (estoy seguro, cuándo logren ver la película, que si les hablo de las apariciones de ese "oportunista abogado", entenderán a la perfección lo que les adelanto).

Se pudo ver en los Cines Aragonia, pero el cine español casi nunca es profeta en su tierra y duró poco tiempo en la cartelera zaragozana. 

Roberto Sánchez
Antonia Bordonada

-Ahora Sin exhibición en Zaragoza-

El elegido (The Chosen, 2016)**

Dir: Antonio Chavarrías
Int: Alfonso Herrera, Hannah Murray, Julian Sands, Elvira Mínguez, Frances Barber, Henry Goodman, Gustavo Sánchez Parra, Emilio Echevarría, Javier Godino, Luis Rosales, Brontis Jodorowsky, Alejandro Calva. 

España, 1937. Un joven oficial republicano llamado Ramón Mercader (Alfonso Herrera) es reclutado por el servicio de espionaje soviético para participar en una misión de alto secreto ordenada por el propio Stalin: asesinar a León Trotsky (interpretado por Henry Goodman), a quien considera un traidor. Tras prepararse en Rusia, Ramón deja su vida y viaja a París bajo una nueva identidad, la de un belga adinerado llamado Jacques Mornard. Allí conoce a Sylvia Ageloff (interpretada por Hannah Murray), una joven trotskista norteamericana, quien no tardará en ser seducida por Jacques. En 1940 se reencuentran en México, país en el que Trotsky vive exiliado. Ramón dice refugiarse de la Guerra que asola Europa y Sylvia trabaja como secretaria de Trotsky. Ajena a los verdaderos planes de su amado, Sylvia le abre las puertas de su vida y le introduce en el círculo íntimo de su objetivo. 

La primera película de Chavarrías fue Una ombra en el jardí (1989), luego siete largometrajes más y dos participaciones en series de la televisión catalana le avalan como profesional. 

En 1999, José Luis López-Linares y Javier Rioyo filmaron el estupendo documental Asaltar los cielos que ya trataba, precisamente, sobre este atractivo personaje de Ramón Mercader. Y ya en 1972, el realizador norteamericano Joseph Losey, filmó El asesinato de Trotsky, que contó con un reparto estelar encabezado por Richard Burton (como Trotsky), Alain Delon y Romy Schneider, pero que dejaba de lado intencionadamente la figura del asesino y se centraba en la de Leon Trotsky que termina por adquirir rasgos casi mesiánicos. Existe al menos otra versión reciente, 2007, titulada del mismo modo, producida en Argentina y dirigida por Matías Gueilburt, que no he podido ver.




En The Chosen, título original del film que comentamos, Chavarrías, junto a Dominic Harari y Teresa Pelegrí, cuentan ficcionada la biografía de Ramón Mercader, el español que mató a Trotsky, interpretado con corrección por el actor y cantante mexicano Alfonso Herrera. 
El leitmotiv de la película es el juego de las identidades. Mercader se preparó para ser un espía de la URSS, tomó el nombre de un belga, Jacques Mornard, francófono, y viviendo en Estados Unidos, por lo tanto también habla perfectamente inglés. Estas características, sobre todo apreciables en la versión original, refuerzan el juego de fingimientos y mentiras, que le permitirán introducirse en el círculo más íntimo de Trotsky y asesinarlo en México.  

Hay cuatro lenguas importantes en la película: francés, inglés, español y ruso. En un momento determinado nuestro protagonista suelta un exabrupto despectivo con la lengua española, la de México, que ha acogido a Trotsky, considerándola una lengua vulgar, poco elegante, nada refinada y soez, es, según él, lo contrario que el francés, el inglés y el alemán. Tras este comentario un mexicano suelta casualmente una grosería al fondo de la cantina...

Mercader, durante los interrogatorios, siempre dijo que él era Mornard, poniendo en práctica de nuevo una de sus primeras lecciones como espía. Sí repites con insistencia una mentira y la consideras tú mismo verdad, no importa cual sea la enormidad de ella, acabarán por creerla también los demás. La seguridad del personaje depende de que su verdadera lengua y su desprecio hacia ella le permitan desviar la atención sobre su verdadero origen y también su autoconvencimiento de una nueva identidad, es decir, un francófono que vive en Estados Unidos y habla inglés. Ese detalle, por ejemplo, le libra de ser descubierto por los mexicanos que custodian a Trosky cuando lo provocan con un juego lingüístico en español simula convincentemente no comprender. 

No se supo de su verdadera identidad hasta el año 1953. Después de 20 años de reclusión en México, en1960 terminó su condena y pudo viajar a Moscú. Pasó los últimos años viviendo entre Moscú y La Habana, siendo condecorado en secreto como Héroe de la Unión Soviética, con la orden de Lenin y la Medalla de Oro. Murió en 1978 y fue enterrado en el cementerio de Kúntsevo de Moscú, reservado a los Héroes de la Unión Soviética. 

La película a pesar de aciertos parciales, cómo ese juego de las lenguas y su conexión con la personalidad y la identidad, tan apropiados para una trama de espionaje, resulta algo trivial y básica. La puesta en escena es rutinaria, cercana a lo "televisivo" y se ajusta a los parámetros mínimos de una producción internacional (aunque con un presupuesto más bien escaso). Adolece, igualmente, de un ritmo narrativo algo cansino que termina por producir un cierto hastío. La apuesta de profundizar en la compleja psicología de Ramón Mercader y la de su madre, Caridad del Río, interpretado por Elvira Mínguez (como símbolos de aquellos turbulentos años, de la propia República Española, después de la Guerra Civil y previos a la Segunda Guerra Mundial y de los juegos de espías) no tiene éxito, y si quieren profundizar algo más en esa historia no les quedará otro remedio, en el campo del cine, que recurrir al ya citado documental de Rioyo y López-Linares. 

Roberto Sánchez
Antonia Bordonada

-Aragonia-