domingo, 10 de febrero de 2019

The Old Man and the Gun (2018)***

Dir: David Lowery
Int: Robert Redford, Sissy Spacek, Casey Affleck, Danny Glover, Tika Sumpter, Elisabeth Moss, Tom Waits, Isiah Whitlock Jr., Robert Longstreet, Keith Carradine, Jordan Trovillion, John David Washington, Augustine Frizzell, Barlow Jacobs, Gene Jones, Leah Roberts, Kevin McClatchy, Patrick Newall, Todd Terry, James Siderits, Christine Dye, Toby Halbrooks.

Las viejas estrellas nunca mueren  

Decía François Truffaut que para hacer una buena película solo necesitabas dos elementos: una pistola y una chica. El director David Lowery ha sabido aplicar esta máxima con una variante masculina (encarnada por Robert Redford en su papel de Forrest Tucker, un icono viviente del cine y una de las figuras más influyentes del séptimo arte), sin olvidar a “la chica” que, en este caso, reside en una veterana y espléndida Sissy Spaceck, una actriz con una carrera también de peso en la historia del cine. Solo dos grandes actores como estos podían brillar en escenas aparentemente “sencillas”, cara a cara, exhibiendo todo su bagaje vital e interpretativo, mostrando esas arrugas que testimonian las múltiples experiencias vividas por ambos. 


Con estas mimbres y una historia basada en hechos reales (escrita por el periodista del New Yorker David Grann), Lowery ha construido un thriller nostálgico que nos devuelve a las caper movies y el policíaco de los años 60 y 70 (consultar, a este respecto, el libro especializado en esta materia Balas, sirenas, patillas y jazz, Ed.Vivelibro, 2016) cuidando, no sólo la ambientación, sino también el grano y esa particular textura del celuloide de estas épocas. 




A estas alturas, hacer un repaso por la extensísima carrera de Redford y la Spacek me llevaría casi hacer otro libro sobre cine, pero no puedo menos que citar en su filmografía títulos emblemáticos como: La jauría humana (de Arthur Penn, 1966), Dos hombres y un destino (de George Roy Hill, 1969),El golpe (1973, también de Hill), Todos los hombres del Presidente (de Alan J. Pakula, 1973), Brubaker (de Stuart Rosenberg, 1980), Memorias de África (de Sidney Pollack, 1985), y tantas y tantas otras. Comentar en este punto que el fabuloso thriller La jauría humana, filme que inaugura el nuevo cine Neo Noir que se inició a mediados de la década de los sesenta, es claramente homenajeado en The Old Man & the Gun

Respecto a Sissy Spacek, una de las musas del cine independiente de los setenta a través de su trabajo en Malas tierras (de Terence Malick, 1973), un thriller cargado de poesía con una pareja a lo Bonnie & Clyde en la América profunda del final de los cincuenta, era una candidata ideal para acompañar a Redford como pareja “al margen de la sociedad convencional”. La filmografía de la Spacek brilla, además de en el título ya citado, en filmes como el ya mítico Carrie (de Brian De Palma, 1976), basado en la homónima novela de Stephen King, tambien en Missing (de Costa Gavras, 1980), Cuando el río crece (de Mark Rydell, 1984), JFK (de Oliver Stone, 1991), la estupenda Aflicción (de Paul Schrader, 1997) o Criadas y señoras (de Tate Taylor, 2011). 

The Old Man and the Gun (es más que curioso observar que, por una vez, se haya respetado el título original en inglés, quizá para evitar las palabras “viejo y anciano” en una sociedad actual en la que solo se valora, cada vez más, lo joven y lo tecnológico) es pues un filme sencillo, que rinde un profundo homenaje a dos grandes actores y a unos tiempos (las décadas sesenta y setenta) mucho más simples, donde se vivía sin apenas tecnología de un modo mucho más calmado, y donde se conversaba mucho más que ahora. ¿Se imaginan a Redford y Spacek, sentados frente a frente, cada uno mirando su móvil y sin dedicarse una palabra? ¿No, verdad? Yo tampoco. 



Podrá tacharse a este filme de Lowery (que ya contó con Casey Affleck en A Ghost Story, de 2017) de tierno, nostálgico, sentimental y melancólico. Tampoco me parece que esos adjetivos sean malos. Los que nacimos con La jauría humana y pudimos vivir, aunque de niños y adolescentes, esas mismas décadas que homenajea esta película, hemos tenido la suerte de conocer, disfrutar, vivir crecer y evolucionar con todo ese gran cine que se prolongó hasta entrados los primeros años ochenta. Hemos sido testigos del gran trabajo de actores, actrices, directores y guionistas que han elevado al cine a la categoría de arte durante estas décadas prodigiosas. Nosotros mismos, al igual que Redford y la Spacek, hemos crecido y envejecido con ellos. Han formado y forman parte de nuestra vida con sus maravillosas películas. Y, qué menos, que hacer un bonito homenaje, quizá de despedida, a uno de los actores más grandes que ha dado el cine y que, además, a través de la creación del Festival de Cine Independiente de Sundance (en homenaje a su personaje en Bucht Cassidy and the Sundance Kid, en España: Dos hombres y un destino), ha sido uno de los mayores impulsores del séptimo arte y de los nuevos creadores desde la década de los ochenta. 

Cuando terminó la proyección y se proyectaron los títulos de crédito, también muy setenteros, tuve una sensación agridulce. Mi gran satisfacción, porque realmente disfruté mucho con la película y con estos dos grandes actores (además del aporte del siempre impecable Casey Affleck en el papel de ese policía que le persigue como perro de presa, pero también amable y cordial con su familia y compañeros) se mezcló con esa nostalgia, melancolía y cierta tristeza que evidenciaba que, esos tiempos que vivimos y disfrutamos, ya nunca volverán. No es que fueran mejores ni peores que los actuales (que de todo hubo en aquellas décadas políticamente convulsas), pero fueron tiempos en los que, como Redford, éramos mucho más jóvenes e ingenuos, y teníamos toda una vida por delante llena de incógnitas pero también llena de esperanzas. Y llena de vida y esperanza está, a pesar de poderse ver como un testamento vital y cinematográfico de Redford, este The Old Man of the Gun. Me quedo con una maravilloso diálogo, en una escena de la película, cuando Redford y la Spacek están conversando frente a frente:

– Aún tengo cosas por hacer… (dice Forrest Tucker/Redford)
– Pues deberías darte prisa… (dice Jewel/Spacek)
– ¿No sé por qué dices eso…? (responde Redford, con ironía, y sonriendo a Spacek) 

Y es que, con esa sonrisa maravillosa e irónica, un gran actor como él, ya lo expresa todo. Su gran vitalismo y su sentido del humor no van a cambiar a pesar de su edad (nacido en 1936 en Santa Monica, California, hagan sus cuentas).



Y, como broche final. Otra gran frase de Forrest Tucker/Robert Redford: “La vida no está para pasar por ella. La vida está ahí para vivirla de verdad”. Con todas las consecuencias. Y él se va a beber la vida hasta la última gota. Así que….¡Salud míster Redford! ¡Brindo por usted! Y, como se dice por estos lares: “¡Qué le quiten lo bailao!”.

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, Palafox-


domingo, 3 de febrero de 2019

La casa de Jack (The House That Jack Built, 2018)***

Dir: Lars Von Trier
Int: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keough, Sofie Gråbøl, Siobhan Fallon, Ed Speleers, Osy Ikhile, David Bailie, Yu Ji-tae, Marijana Jankovic, Robert G. Slade.

El asesinato como obra de arte...y quién mejor que un sicópata...para ejemplificar el arte de matar. 

Con evidente sarcasmo, el director danés Lars von Trier nos cuenta la vida de Jack (Matt Dillon) y su obsesión por desarrollar y perfeccionar su arte. El distorsionado juego de espejos que nos propone tiene inesperados reflejos ya que algunas de las obsesiones del mismo director y autor de la historia (en colaboración con Jenle Hallund, en el guion) están  muy presentes en Jack, comparado con el sublime pianista Glenn Gould (1932-1982), que aparece interpretando a Bach en varias ocasiones no poco significativas, junto a imágenes recreadas o reales de destacadas creaciones artísticas (arquitectura, pintura). 



Por supuesto, algunos de los "artistas" envidiados por Jack e "invitados" por Trier, son cuestionables y hasta reprobables desde una óptica bien pensante, pero coherentes con su terrible y apasionada actividad. Jack se declara ingeniero/arquitecto del mal e incluso divaga sobre las matizaciones de los dos oficios, por eso admira a Albert Spier, el arquitecto de Adolf Hitler, y se permite el lujo de aludir a algunos sacrosantos personajes de la cultura alemana como  Johann Wolfgang von Goethe y su Fausto, encarnado en el personaje de Verge, interpretado por Bruno Ganz que ha logrado recientemente algunos de sus más destacados trabajos teatrales, siendo precisamente Fausto. Hace unos años, como actor cinematográfico, se había transformado con absoluta verosimilitud en un Hitler decadente y marchito (El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel) o un ángel que pierde sus alas (Cielo sobre Berlín, de Wim Wenders). 



Trier continúa con sus guiños, y el personaje de Verge también hace referencia, por su nombre, a La Eneida de Virgilio y, por el recorrido circular que le propone a Jack, a La Divina Commedia de Dante Alighieri. Numerosas y quizás excesivas cohartadas culturales para hablarnos de las andanzas de un misógino y compulsivo sicópata empeñado en ser arquitecto y autoproclamarse como "El sofisticado". Por cierto, siguiendo con las citas "culturales", Trier fusiona en Jack características de asesinos reales como Ted Bundy o Richard Kuklinski, o algunoas que proceden de personajes la ficción (¿?) como el eterno Jack The Ripperfiltrado por la novela gráfica de Alan Moore, From Hell, que tuvo con el título Desde el infierno (2001), en España, una aceptable traslación cinematográfica a manos de los hermanos Albert y Allen Hughes. 



La acción transcurre en Estados Unidos, durante la década de 1970. Seguimos al brillante y "sofisticado" Jack durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack/Lars.



En la trayectoria fílmica de Lars von Trier, seguro que La casa de Jack, no desplazará a títulos como El elemento del crimen (1984), Europa (1991), Rompiendo las olas (1996), Dogville (2003), Anticristo (2009) o Nymphomaniac (2013),que para mí son las cotas más elevadas de su filmografía, pero es indudable que su peculiar modo de entender el relato cinematográfico y su construcción de este cuento moral, tremendista, sofisticado y con evidentes requiebros humorísticos, sólo pueden salir de Lars von Trier, realizador inimitable y desde luego con un universo propio, transformado en un cine muy sugerente que apasiona a unos cuantos (por ejemplo, a mí) y desespera a otros tantos.



Trier en estado puro.

Roberto Sánchez

-Aragonia-

domingo, 27 de enero de 2019

La favorita (2018)****

Dir: Yorgos Lanthimos
Int: Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, Joe Alwyn, James Smith, Mark Gatiss, Jenny Rainsford, Tim Ingall, Basil Eidenbenz, Timothy Innes, Jack Veal, James Melville, Hannah Morley, John Locke.

Esta historia se apoya en un guion de Deborah Davis y Tony McNamara que reconstruye y reinterpreta los últimos años de la vida de la Reina de Inglaterra Ana Estuardo (Queen Anne), nacida en 1665, reinó desde 1702 a 1714 (fecha de su muerte). Deborah Davis ha aportado la revisión histórica y Tony McNamara, un guionista y ocasional realizador británico poco conocido en España, le ha dado a Yorgos Lanthimos la base argumental a la que el brillante realizador griego ha aplicado su sofisticada puesta en escena.



A principios del siglo XVIII, muchos usos y costumbres de las monarquias de raigambre medieval están empezando a resquebrajarse y el parlamentarismo británico cada vez evidencia más que los poderes absolutos de los reyes, ya no son tales. Inglaterra está en guerra contra Francia. Anne (Olivia Colman), ocupa el trono, mientras que su amiga Lady Sarah (Rachel Weisz) gobierna en la práctica el país en su lugar, debido al precario estado de salud y al carácter inestable de la monarca. Cuando una nueva sirvienta, Abigail (Emma Stone), aparece en palacio, su encanto seduce a Sarah y pronto también a la Reina. Sarah ayuda a Abigail, sin sospechar la capacidad para aprender y entender los usos de la corte y la ambición de esta nueva favorita. Como la política cada vez ocupa más el tiempo de Sarah, Abigail empieza a acompañar con frecuencia a la reina y a ganarse su voluntad.



Con buen criterio, Lanthimos ha orquestado todos los movimientos de cámara para destacar la trepidante lucha por el poder de Sarah y Abigail, un poder que pasa por controlar a la reina. Si no fuera por el espectacular trabajo interpretativo de  Olivia Colman, Emma Stone y Rachel Weisz, todo sería muy diferente. Pero si hay algo indiscutible en este director es el buen rendimiento que siempre ha sacado de sus actores a los que siempre coloca en situaciones vitales muy extremadas, logrando que todos ellos resulten convincentes. En Canino (2009) y Alps (2011), rodadas en su Grecia natal, lo hace con un reparto local, y en  Langosta (2015) y El sacrificio de un ciervo sagrado (2017), los actores son británicos o por lo menos de habla inglesa. En las dos últimas, su complejo y metafórico universo sigue muy vigente, incluso reforzado, al apoyarse en actores y actrices capacitados para afrontar esos límites además de ser renocidas estrellas internacionales (aspecto a tener en cuenta para su difusión internacional), dispuestos a afrontar el potente reto que siempre propone Lanthimos, en una peculiar reinterpretación de la tragedia clásica, trufada de elementos surreales y a veces fantásticos.



La favorita a rebajado algo el riesgo formal, sin renunciar a su brillante estilo visual (grandes 
angulares que deforman y magnifican los salones reales,los paisajes y hasta las personalidades), recordando en un bello homenaje a algunos de los mejores momentos de la magistral Barry Lyndon (1975), de Stanley Kubrick, realizador con el que tiene ciertas conexiones, al menos en los aspectos formales.



Esa cruenta batalla por el poder, entre mujeres, en el seno de una corte real, en la que los partidos (tory y whigs) empiezan a jugar un papel importante en el gobierno Inglaterra y su incipiente Imperio, está contada con virtuosismo y una capacidad para transmitirnos la violencia, el dolor y la ambición de unos personajes capaces de llegar a los límites más extremos con tal de acceder al poder.  Seguro que tendrá sus opciones en los próximos Oscars.

Roberto Sánchez

-Aragonia, Cervantes, Maravillas (Teruel), Multicines Cinemundo (Huesca), Puerto Venecia- 

jueves, 17 de enero de 2019

La Torre Oscura (2017)** Referencia esprés 31

Dir: Nikolaj Arcel 
Int: Idris Elba, Matthew McConaughey, Tom Taylor, Katheryn Winnick, Abbey Lee, Jackie Earle Haley, Fran Kranz, Claudia Kim, Michael Barbieri, José Zúñiga, Dennis Haysbert, Nicholas Hamilton, Ben Gavin. 

En un mundo extrañamente parecido al nuestro un cowboy de nombre Roland Deschain de Gilead (Idris Elba) persigue a su eterno enemigo, "el hombre de negro"(Matthew McConaughey). Roland, solitario, quizá maldito, anda sin descanso a través de un paisaje triste y abandonado. Conoce a Jake (Tom Taylor), un chico de Nueva York pero venido de otro tiempo, y ambos unen sus destinos. Ante ellos están las montañas. Y mucho más allá, la Torre Oscura... Adaptación a cargo de Akiva Goldsman, Jeff Pinkner, Anders Thomas Jensen y Nikolaj Arcel de la saga literaria de Stephen King. Muchas de las historia de Stephen King parecen pensadas a priori para su posible adaptación 
fílmica y esa característica no le falta a esta serie de novelas que fusionan la fantasía heroíca, novela de caballerías y el western, siempre en un tono reconocible, cercano y fiel al género de terror, mezclado en este caso con la fantasía. Tenía todos los ingredientes para triunfar pero The Dark Tower, a pesar de reunir a dos actores eficientes y brillantes como Idris Elba y Matthew McConaughey, no termina de cuajar. En el salto de las obras de King al cine, todas parecen perder "el alma". Ni el mismísimo King que dirigió y adaptó una historia propia en La rebelión de las máquinas (Maximum Overdrive, 1986), fue capaz de transmitir ese espíritu tan especial que sí se intuye en sus escritos. De hecho, en mi opinión, sólo en una ocasión el resultado fue brillante: El resplandor (The Shining, 1980), aunque parece claro que en este caso el culpable fue Stanley Kubrick.

Roberto Sánchez

Border (Gräns, 2018)****

Director: Ali Abbasi
Int: Eva Melander, Eero Milonoff, Viktor Åkerblom, Joakim Olsson

La soledad del diferente 

Border (que afortunadamente no ha recibido ningún título en castellano que podría haber sido catastrófico o grotesco), define bien (si nos vamos al término anglosajón Border line más conocido en psicología y psiquiatría), la situación vital de la protagonista de esta extraña historia. Y no porque su personalidad sufra un trastorno mental, sino porque su vida se mueve siempre, aún dentro de la cotidianidad, en los límites (e incluso traspasando éstos) de una realidad “humana” a la que ella se ha adaptado, pero sabiendo que posee una facultades digamos “especiales” que superan esos límites (y limitaciones) del resto de sus compañeros humanos. 



Y es que Tina siempre se ha sentido diferente a los demás. Desde su trabajo en el control de aduanas de un enorme ferry escandinavo, Tina puede, con su excepcional olfato, no sólo detectar si un pasajero lleva droga, sino además el nerviosismo, el sentimiento de culpa, la ansiedad, la violencia o el impulso de matar que lleva dentro alguien. Su vida se reduce al trabajo y la vuelta a casa, donde comparte su vida con un compañero por el que no siente nada, pero que le hace compañía como si fuera una mascota, pero que tampoco le aporta nada más. Cuando tiene fiesta, acude a visitar a su padre, ya anciano, a una especie de residencia. Sus únicos momentos de verdadera felicidad son cuando se descalza y se interna en el bosque cercano a su casa, donde entra en comunión con la naturaleza  y con los animales, con quienes parece tener un don especial para comunicarse. 




El  director de este inclasificable trabajo no es otro que Ali Abbasi, iraní  emigrado a Suecia a comienzos de milenio, que se ha inspirado para realizar esta película en Gräns, el relato corto de John Ajvide Lindqvist, autor que ya inspiró otra exitosa adaptación de crítica y público con su interesante novela Déjame entrar (2004), que el mismo convirtió en un guion y en una película excelente, dirigida por Tomas Alfredson en 2008, y rehecha para el mercado norteamericano por Matt Reeves con el mismo título en español (o Let Me In, en inglés) de 2010. Abbasi comenzó con buen pie con un impresionante cortometraje en 2011, M for Marcus, (con el que hacía homenaje al cine de David Lynch). En 2016, con su ópera prima, Shelley, presentada en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, abordaba la cuestión de la maternidad desde el género de terror con estilo, calidad y guiños tanto a Mary W. Shelley, la creadora de Frankenstein, como a La semilla del diablo de Polanski. 

Con Border, su segundo trabajo fílmico de larga duración, el director iraní se ha llevado el galardón a la mejor película en la sección “Un Certain Regard” del Festival de Cannes de 2018, más cuatro nominaciones a los  Premios de Cine Europeo en sus categorías más importantes: mejor película, director, guion y actriz (con una casi irreconocible Eva Melander, que luce un impactante maquillaje). Con una sensibilidad exquisita, tanto a nivel narrativo como sentimental, Abbasi consigue atrapar al espectador sensible e inteligente, sorprenderle y dejarle anonadado en determinadas secuencias (alguna de extraordinaria belleza y otras de una extrañeza impactante) sin que en ningún momento la película caiga en lo grotesco, lo ridículo o lo sensacionalista. 




La mezcla de realidad y lo fantástico, impide encuadrarla en un género específico, pues en ella encontramos naturalismo, momentos de thriller policíaco, drama y, desde luego, una atmósfera fantástica que la hace apta para proyectarse en Festivales como el de Sitges. 

Abbasi vuelve a tocar el tema de la maternidad y la perpetuación de la especie con inteligentes guiños a los mitos, las leyendas y cuentos populares, y al folklore. La soledad del diferente, su aislamiento y su posible inclusión en el lado de los “monstruos” temidos por los humanos como Drácula o El hombre lobo, son cuestiones que planean también por todo el filme como una sombra alargada. 




Con unos actores en estado de gracia, especialmente Eva Melander, al que da la réplica Eero Milonof con una excelente química entre ambos. Al igual que en Blade Runner, era difícil distinguir entre humanos y replicantes, aquí, las fronteras (border también significa eso) entre humanos y extra o infra humanos (¿quienes somos los humanos para decidir eso?), son también difusas, sobre todo para la protagonista, que está tan integrada en la sociedad que le cuesta aceptar su naturaleza bizarra y diferente a pesar de que su fuerte instinto tira de ella hacia adelante de una manera imparable. 

Ali Abassi ha conseguido una película diferente, atmosférica, tan real como fantástica, donde todo lo que va sucediendo nos parece asumible y creíble, a pesar de sorprendernos con su metraje (nada excesivo por cierto) hasta el final. Una propuesta diferente e imaginativa. Ojalá hubiera muchas más com ésta. No se la pierdan.

GONZALO J. GONZALVO

-Aragonia-