miércoles, 21 de junio de 2017

Norman, el hombre que lo conseguía todo (Norman: The Moderate Rise and Tragic Fall of a New York Fixer, 2016)

Dir: Joseph Cedar 
Int: Richard Gere, Lior Ashkenazi, Michael Sheen, Charlotte Gainsbourg, Dan Stevens, Steve Buscemi, Jonathan Avigdori, Yehuda Almagor, Caitlin O'Connell, Hank Azaria, Harris Yulin, Miranda Bailey, Andrew Polk, Jorge Pupo, Maryann Urbano, Jay Patterson.


 El gran "conseguidor"                  


En primer lugar, habría que precisar que la traducción al español del título original de esta película sería algo así como: “El moderado ascenso y la trágica caída de un apañador de Nueva York” (The Moderate Rise and Tragic Fall of a New York Fixer). Larguísimo título, que en España se ha optado por acortar y reducir al sencillo nombre propio de su personaje protagonista. A estas alturas, en el 2017, Richard Gere es una de esas estrellas de Hollywood que parece no tener ya que demostrar nada tras una carrera intensa, dilatada y exitosa. Fue un impecable American Gigolo a las órdenes de Paul Schrader allá por 1980. Después volvió a hacer soñar a todas las mujeres del planeta con Oficial y caballero (1982, Taylor Hackford) y Pretty Woman (1990). Bordeó la locura con Mister Jones (1993, Mike Figgis) y se metió en la piel del peligroso terrorista en The Jackal: El chacal (1987, Michael Caton Jones). Ha hecho excelentes musicales (Cotton Club, de Coppola y Chicago, de Rob Marshall) y, además de con Francis Ford Coppola, ha trabajado con otros excelentes directores (Lasse Hallström, Antoine Fuqua, Mira Nair, Robert Altman, Akira Kurosawa, Mark Rydell, y un largo etcétera...).



Ahora, y con una más que considerable edad a sus espaldas, el eterno galán se reinventa a sí mismo explorando otro tipo de papeles y personalidades complejas, como es el caso de este Norman. Tras habernos entregado un gran trabajo en la reciente Invisibles (2014, Oren Moverman), metiéndose de lleno en la piel de un indigente (filme que pasó bastante desapercibido en la cartelera), con Norman, Richard Gere se supera y nos ofrece el retrato de un tipo complejo: asesor, buscavidas, no sabemos si un semi-indigente, que se busca la vida consiguiendo “cosas” para los demás en la jungla de asfalto por excelencia: Nueva York. La gran ciudad deshumanizada, como ya ocurría en muchos de los filmes de los 60 y 70, se convierte en un personaje por sí misma, aportando un peso importante en la historia. El peculiar mundo de los judíos en Estados Unidos, un lobby tremendamente poderoso e influyente, se nos muestra también como en pocas películas, con el aliciente de poder disfrutar del siempre interesante Steve Buscemi en un papel más que curioso. Además de éste, destaca entre los secundarios la solvente presencia de la francesa Charlotte Gainsbourg, en un papel breve pero no menos importante dentro de la historia. 

Norman / Gere es un gran "conseguidor”. Teje toda una red de contactos y favores prestados y debidos, para ascender socialmente e introducirse en la “pomada” social y política con una habilidad pasmosa. Como él mismo dice: “Se nadar muy bien...”. Y, en efecto, Norman nada entre tiburones, desenvolviéndose como un delfín rápido y habilidoso. Ni siquiera tiene un despacho. Nadie sabe muy bien a qué se dedica en realidad. Con un tarjetero, un móvil y un pequeño portátil recorre las calles de La Gran Manzana en busca de oportunidades de negocio. Aquí en España, sólo tendría un cierto parecido con el espía Paesa, que encargó sus propias misas de difunto, aunque el español resultó mucho más hábil todavía para la intriga política y el embuste, quedando excelentemente retratado en el filme de Alberto Rodríguez, El hombre de las mil caras (2016), protagonizado por Eduard Fernández.



Gere nos regala de nuevo, en un registro diferente al de muchos de sus papeles, un trabajo impecable, lleno de matices, en el que su atractivo físico ya no es el peso fundamental, aunque el señor se conserva muy bien, todo hay que decirlo. Parece estar dispuesto a seguir por esta senda, y se ha puesto de nuevo a las órdenes de Oren Moverman (cineasta independiente con quien ya trabajó en Invisibles), para interpretar el filme La cena (2017), con  estreno previsto para finales de año. Un drama con toques de intriga basado en la homónima novela de Herman Koch. 

Con una excelente fotografía de Jaron Scharf, que nos muestra ese fascinante Nueva York que tan bien sabe retratar el gran cineasta neoyorquino Woody Allen, y una original partitura de Jun Miyake que incluye temas de folclore judío, Norman se mueve a medio camino entre el drama, el thriller político y ciertos atisbos de comedia, con un buen pulso narrativo a cargo de Joseph Cedar, un Cineasta y guionista israelí, marcado desde sus inicios por la temática judía y religiosa. Debuta en el 2000 con Time of favor, un drama con tintes bélicos. En 2004, sigue con La fogata, en la que vuelve a incidir en los problemas y costumbres arraigadas de la comunidad judía. En 2007, con Beaufort, logra ser nominado al Oscar como Mejor Película de habla no inglesa y se lleva el Oso de Plata ese mismo año como Mejor Director en Berlín con esta historia bélica de la guerra del Líbano. Con Pie de página (2011), es nuevamente nominado al Oscar en el apartado de habla no inglesa y se lleva el premio al mejor guión en el Festival de Cannes. Tras seis años de espera, Norman es su quinto largometraje y su primer trabajo con sello netamente norteamericano (con capital judío por supuesto), producido, entre otras empresas, por “Estrategias Oppenheimer” (quien decida ver la película sonreirá sin duda ante este curioso dato). 

Estamos ante un filme estructurado en actos, como si presenciáramos una obra teatral, que muestra con maestría el mundo de la política, con sus claros y oscuros y, como ya he dicho antes, con un formidable Richard Gere que va ganando enteros ya sobrepasada su madurez interpretativa. Una película distinta, inteligente y recomendable dentro de la soporífera cartelera pre-veraniega poblada ya por momias digitales, dibujos animados, surferos y vigilantes de playas que este año, vista la canícula reinante, van a reventar. 

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, Palafox-

lunes, 19 de junio de 2017

La momia (2017)**

Dir: Alex Kurtzman
Int: Tom Cruise, Russell Crowe, Annabelle Wallis, Sofia Boutella, Jake Johnson, Courtney B. Vance, Marwan Kenzari, Javier Botet, Shina Shihoko Nagai, Solomon Taiwo Justified, Emily Ng, Jason Matthewson, Dylan Smith, Rez Kempton.



Los guionistas, David Koepp, Christopher McQuarrie, Dylan Kussman, partiendo de personajes y tramas desarrolladas por Jon Spaihts, Alex Kurtzman y Jenny Lumet, han tenido que retomar la historia de La momia. Ya saben, hay que reinventarse, cambiarlo todo para seguir en un mismo escenario que, al menos en el cine sonoro, se remonta a la todavía inquietante The Mummy (1932), de Karl Freund, con el inolvidable Boris Karloff. La productora británica Hammer le hace un respetuoso homenaje a todo color en su versión de 1959, dirigida por Terence Fisher y protagonizada por los no menos míticos Christopher Lee y Peter Cushing; y con el nuevo milenio, aprovechándose de los trucajes digitales, la momia renació en varias entregas protagonizada por Brendan Fraser y Rachel Weisz (principalmente): Las de 1999 y 2001, dirigidas con sobrecogedor dinamismo por Stephen Sommers y la de 2008, ahora dirigida por Rob Cohen, se nos llevó a China (y sus propias momias, claro). 

La nueva versión de Kurtzman (avezado productor de series para la televisión y cine de corte fantástico y aventurero) ha pagado gustosamente el peaje de contar con Tom Cruise y Russell Crowe, para los que han construido un juguete con los necesarios espectáculos digitales. Aquí, una muestra más de ese cine / ocio, con algún resquicio de arte cinematográfico en su interior, pero en el que predomina la idea de un entretenimiento vaciado convenientemente de cualquier proceso de reflexión. Para darle cierta fuerza al personaje de Crowe, lo han llamado Dr.Henry Jekyll, el personaje concebido por Robert Louis Stevenson, convertido por obra y gracia del equipo de guionistas, en un superhéroe (o supervillano, que tanto monta...), que se enfrentará al aventurero Tim Morton / Tom Cruise. 



Aunque la única novedad (relativa) es el atractivo personaje de Ahmanet (Sofia Boutella), la verdadera protagonista que tiene que pugnar con los cabezas de cartel (Cruise, Crowe) y la insípida (y "guapita") ¿arqueóloga? Jenny Halsey (interpretada por Annabelle Wallis). 



Ahmanet es una antigua princesa egipcia cuyo destino le fue arrebatado injustamente, despertada inesperadamente por dos cazadores de tesoros (los personajes interpretados por Cruise y Jake Johnson) en la época actual, soporta una maldición que ha crecido hasta límites insospechados con el paso de miles de años y se convierte en una poderosa amenaza. En realidad, una historia contada hasta la saciedad y que sólo se soporta si la sala de cine está convenientemente refrigerada. Por cierto, para completar el espectáculo (circense), puede consumirse en 3D y el nuevo  sistema de sonido ATMOS.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

domingo, 18 de junio de 2017

American Pastoral (2016)**

Dir: Ewan McGregor
Int: Ewan McGregor, Jennifer Connelly, Dakota Fanning, Peter Riegert, Rupert Evans, Uzo Aduba, Molly Parker, Valorie Curry, Hannah Nordberg, Julia Silverman, Mark Hildreth, Samantha Mathis, David Strathairn, David Whalen, Corrie Daniele. 


Seymour Levov, “el Sueco”, es un exitoso hombre de negocios con una vida perfecta que ve como su estabilidad familiar peligra por la turbulenta situación política estadounidense de la década de los 60. La tormenta se desata cuando su hija Merry (Dakota Fanning) desaparece tras ser acusada de cometer un acto violento. Levov se dedicará a buscarla y a reunir a su familia, pero lo que va descubriendo le obligará a mirar más allá de la superficie y afrontar el caos que está forjando el mundo a su alrededor: ninguna familia americana volverá a ser la misma. 

El guión, escrito por John Romano adapta una excelente novela de Philip Roth, premio Pulitzer en 1997. Philip Roth ha sido llevado al cine con cierta regularidad, pero escasa fortuna. Ya en los años 70, su novela El lamento de Portnoy, llegó a la pantalla de manos de Ernest Lehman (Portnoy´s Lament, 1972), que no tuvo estreno en España, en el año 2003 se estrenó La mancha humana (de Robert Benton), la tercera parte de la "trilogía americana", iniciada precisamente por American Pastoral, y en 2008 fue la española Isabel Coixet la que se atrevió en Elegy, una novela del año 2006. No he visto otra más reciente, Indignation (2016), de James Schamus, según la novela homónima de 2008, pero no parece que se haya alcanzado a dar con las claves de un escritor con múltiples facetas y que además de retratar con ironía y sarcasmo la compleja adaptación de las familias de origen judío en suelo norteamericano, ha analizado en profundidad la reciente historia de un país con más tensiones sociales y políticas de las que han querido reconocerse en la "historia oficial".



La realización de Ewan McGregor, un experimentado actor escocés con evidente presencia y éxito en Hollywood, no deja de ser una ópera prima (y se nota, en este caso, para mal). Extremadamente correcta, desde el punto de vista formal (puesta en escena de rancio clasicismo), no corre riesgos, y, además, conduce a la historia hacia un relato bastante plano de corte familiar (orígenes judíos), favoreciendo muy poco su lectura como símbolo de una sociedad en tensión y a punto de estallar, una cuestión que implícitamente tenía una gran presencia en la novela. El hecho de respetar la estructura en flash-back tampoco aporta muy poco a la historia central, y no estoy haciendo ningún desvelamiento esencial para la trama. 



Los tres protagonistas principales (Mcgregor, Connelly y Fanning) tampoco podrán decir que han hecho uno de sus mejores trabajos. Casi siempre parecen fuera de lugar. El esfuerzo de ambientación histórica es, como en toda producción norteamericana (coproducida con Hong Kong, aunque no entiendo muy bien por qué, sospecho que las razones son de abaratamiento en la producción, utilización de sus estudios), más que correcto, pero no parece haber ayudado del todo a ponerse en situación a estos actores de los que podemos decir siendo comprensivos que están "algo despistados".  Ewan McGregor, no demuestra aquí, al contrario que otros actores británicos pasados a la realización de largos, ser un gran director de actores...


Hay que dejar claro que aunque está lejos de aprovechar las evidentes virtudes de la novela, la película es un buen contenedor de algunas de las ideas de Philip Roth, que seguirá esperando una buena adaptación al universo cinematográfico de sus creaciones literarias.

Roberto Sánchez

-Aragonia, Palafox-

lunes, 12 de junio de 2017

La promesa (2016)**

Dir: Terry George
Int: Oscar Isaac, Charlotte Le Bon, Christian Bale, Shohreh Aghdashloo, Alicia Borrachero, James Cromwell, Daniel Giménez Cacho, Jean Reno, Angela Sarafyan, Numan Acar, Marwan Kenzari, Igal Naor, Jean Claude Ricquebourg, André Marques, Lino M. Gomes, João Sirgado, Julián Villagrán, Luis Callejo, Alain Hernández.

Años 20, durante los últimos días del Imperio Otomano. Mikael Boghosian (Oscar Isaac), un brillante estudiante de medicina, y Chris (Christian Bale), un prestigioso periodista americano de la agencia de noticias AP, se enamoran de la misma mujer, la bella y sofisticada Ana Kesharian (Charlotte Le Bon), en una zona del mundo que se derrumba.

El norirlandés Terry George (nacido en 1952) tiene algunas estupendas películas en su haber: En el nombre del padre (1993), The Boxer (1997), o Hotel Rwanda (2004) que buscan con uno estilo clásico y eficiente profundizar en algunas cuestiones históricas controvertidas, algunas muy cercanas y otras especialmente dolorosas para la historia del todos nosotros. En La promesa, junto a la guionista norteamericana Robin Swicord, han buscado una estructura melodramática, inspirada en hechos reales, para recrear el genocidio del pueblo armenio, a manos de los turcos.

El intento de conseguir una película con un espectro amplio de público se ha logrado, pero sacrificando muchos aspectos. Es cierto que Terry George, como realizador, no ha traicionado su estilo, siempre dentro de un "clasicismo narrativo" muy británico, también es cierto que se ha tenido un especial cuidado en la reconstrucción y ambientación histórica, en la línea de las grandes producciones con sello británico.



En el apartado de los intérpretes hay sin embargo algún desajuste. Óscar Isaac (este actor norteamericano de sangre cubano-guatemalteca) está de moda y suele ser muy eficiente, pero aquí parece despistado y poco convincente, al británico Christian Bale, también admirable en su ya larga trayectoria, le ocurre lo mismo..., y sólo la canadiende Charlotte Le Bon, junto a los actores secundarios (entre los que nos encontramos a los españoles Julián Villagrán o Luis Callejo), logran transmitir algo de fuerza y sinceridad a los terribles hechos que sirven de contexto a la historia de amor triangular con la que quiere hacerse más "digestivo" otro episodio oscuro de la historia de la humanidad.



Se rodaron muchas secuencias en España. Con algún que otro retoque digital, quedaron plenamente convincentes las localizaciones hechas en Toledo y en las localidades turolenses de Albarracín y Calomarde.



Aunque puede "consumirse" sin problemas, el intento de combinar una historia épica, con una gran historia de amor, que denuncia además el genocidio sobre el pueblo armenio, está lejos de haberse logrado. De hecho, uno sale de la película convencido de que hay dos relatos entrecruzados que llevan cada uno su propio ritmo y que poco o nada se complementan. Lo que Terry George sí logró en Hotel Rwanda aquí no se ha conseguido. 

El horizonte de intenciones y de estilo de Terry George, siempre a la búsqueda de ese equilibrio casi imposible entre intimismo y trascendencia, que en tantas ocasiones logró el maestro David Lean (1908-1991), está claro que en The Promise se ha quedado muy lejos del objetivo.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

Clash (Eshtebak, 2016)****

Dir: Mohamed Diab
Int: Nelly Karim, Hany Adel, El Sebaii Mohamed, Ahmed Abdelhamid Hefny, Mahmoud Fares, Waleed Abdel Ghany, Ahmed Dash.

El Cairo, verano de 2013, dos años después de la revolución egipcia. Tras la destitución por parte de una junta militar del presidente islamista Morsi, un día de violentos disturbios, marcado por la confusión y el caos, un furgón de la policía se lleva a decenas de manifestantes con convicciones políticas y religiosas diferentes.  

El director egipcio Mohamed Diab ya había llamado la atención en 678 (Cairo 678 /Les femmes de bus 678, 2010), un brillante y valiente largometraje que reivindicaba los derechos de la mujer en la compleja sociedad egipcia actual. Ahora, sigue retratando la actualidad reciente de la convulsa historia de su país. Lo hace creando un microcosmos (el furgón policial) en el que confluyen todos los sectores sociales enfrentados. Los países musulmanes están ahora mismo avocados a serios retos políticos, sociales y religiosos. Sus sociedades están en plena transformación y metidas en una peligrosa espiral marcada por la intolerancia y la incomprensión entre hermanos; y un claro enfrentamiento con occidente que, según los casos, puede ser tomado como un referente, un modelo a seguir pero en la mayoría es visto cómo un un enemigo jurado al que combatir y echarle las culpas, quizás con algo de razón, de la peligrosa desestabilización que se esta viviendo en casi todos estos países de tradición y cultura islámica. 



Mohamed Diab apuesta por una película capaz de transmitir la fisicidad del conflicto, que nos incluye a todos en ese opresivo espacio del furgón policial, desde cuyo interior comprobamos la desesperación, la lucha entre bandos enfrentados, potenciales elementos de una guerra civil. Vemos la incapacidad de las autoridades (policía y ejército) y de los manifestantes que apoyan a cada bando para aplicar la razón y el sentido común


En el interior del furgón, Diab, con habilidad dramática reproduce el conflicto exterior, convierte en estereotipos válidos y representativos a todos sus personajes. Sin desarrollar tesis o imponer discursos, nos expone mediante una acción, casi siempre trepidante, las posturas de los diferentes contendientes: los "Hermanos Musulmanes", separados violentamente del poder, después de haber ganado las elecciones, los partidarios de los "golpistas" del ejército, los periodistas (uno de ellos nacido en Estados Unidos, aunque también de origen egipcio) y Nagwa, una mujer que voluntariamente termina en ese furgón por mantenerse al lado de sus familiares. Interpretada por Nelly Karim, que ya había brillado en 678, demuestra también la gran capacidad interpretativa de los actores egipcios.




En la cartelera zaragozana le quedan pocos días, pero deberían apuntársela y recuperarla si no les da tiempo de verla en las salas. Cuando lo hagan,comprobarán que hay muy buenos cineastas también en el mundo árabe, que todos debemos librarnos de los prejuicios y que incluso en situaciones adversas y tratando temas complejos son capaces de buscar modos narrativos efectivos que todos podemos entender y cuyas problemáticas aparentemente locales, por cierto, nos afectan de manera directa a todos, dada la situación internacional, 

Roberto Sánchez

-Aragonia-

El caso Sloane (Miss Sloane, 2016)***

Dir: John Madden 
Int: Jessica Chastain, Mark Strong, Gugu Mbatha-Raw, Michael Stuhlbarg, Alison Pill, 
John Lithgow, Jake Lacy, Douglas Smith, Sam Waterston, Ennis Esmer, Alexandra 
Castillo, Meghann Fahy, Noah Robbins, Lucy Owen, Raoul Bhaneja, Dylan Baker.

 La bella y la bestia. Dos caras de una misma moneda.

John Madden, tras dirigir dos series de temática detectivesca para la televisión británica, entra, a finales de los ochenta, en el largometraje con Ethan Frome (1993), un drama romántico protagonizado por Liam Neeson y Joan Allen.  Ese mismo año, salta al cine USA con el thriller Golden Gate, una cinta mediocre que bebía del éxito y de la historia de Manhattan Sur (Michael Cimino, 1985). Tras este fracaso, vuelve a la televisión británica hasta que alcanza su primer éxito en el cine gracias a la gran actriz Judi Dench, que resulta nominada al Oscar y otros muchos premios por Su majestad Mrs. Brown (1997). A partir de ahí alternará el thriller y la comedia, con filmes como Shakespeare enamorado (1998), La deuda (2011) o El exótico Hotel Marigold (I y II, 2011-2015).  

Con El caso Sloane, Madden recupera el género de intriga y la táctica de que sea una gran actriz protagonista (como ya hizo con Helen Mirren en La deuda) la que soporte sobre sus hombros casi todo el peso de la película. En este caso es la siempre maravillosa Jessica Chastain quien, mediante su portentosa capacidad camaleónica lidera un reparto en el que va bien arropada por dos pesos pesados masculinos de la interpretación: los veteranos John Lithgow y Sam Waterston. Al primero de ellos, lo hemos podido ver desde los años 70 en filmes ya míticos como Empieza el espectáculo / All That Jazz (1979, Bob Fosse), Impacto (1981, Brian de Palma). La fuerza del cariño (1983, James L. Brooks) o 2010: Odisea 2 (1984, Peter Hyams). Sam Waterston es recordado por muchos por su papel en Los gritos del silencio (1984, Roland Joffé) y diversos filmes de Woody Allen, como Septiembre, Hanna y sus hermanasDelitos y faltas. En cuanto a Jessica Chastain, con una carrera meteórica, la hemos podido ver en el ya citada La deuda, de este mismo director, y en maravillas como Criadas y señoras (2011, de Tate Taylor), La noche más oscura (Kathryn Bigelow, 2012), El año más violento (2014, J. C. Chandor), Interstelar (Christopher Nolan, 2014) o Marte (2015, Ridley Scott). 




La Chastain interpreta aquí a Elizabeth Sloane, una implacable y ambiciosa ejecutiva que intenta que fructifique una legislación a favor del control de armas en Washington DC. Para ello intentará usar todos los recursos a su alcance. En las altas esferas del mundo político y empresarial Sloane tiene una reputación formidable. Un tiburón en toda regla. Conocida por su astucia y sus éxitos siempre ha hecho lo que fuera necesario para ganar, pero cuando se debe enfrentar al oponente más poderoso de su carrera, se verá metida en una espiral de ambición que no tiene vuelta atrás. 




El caso Sloane está a medio camino entre el drama con tintes empresariales (como los últimos dedicados a las grandes estafas tipo Maidoff y la profunda crisis de Wal Street), los filmes de intriga periodística de hace algunas décadas, con guiños a la “garganta profunda” del caso Watergate que tan bien fue tratado en Todos los hombres del presidente (1976, Alan J. Pakula) y también se nutre  de ese aire de falso documental de los filmes de intriga y suspense de los setenta y primeros ochenta. Con todos estos elementos y, a pesar de haber recibido algunas críticas severas, El caso Sloane me parece un filme notable, con un trabajo intenso y agotador de Jessica Chastain, que vuelve a estar fuera de serie. Además, nos muestra algo de ese mundo político y empresarial, en ocasiones, repleto de "suciedad" y  nos habla de esa sociedad en la que estamos inmersos; competitiva hasta límites inhumanos, en la que el “todo vale para ganar”, se impone sobre la ética y  los valores morales. Las personas son tratadas como objetos y exprimidas al máximo por las grandes corporaciones.  

El tema de la corrupción del sistema (que tan bien retrataron en los 60, 70 y 80 directores como Arthur Penn, Sidney Lumet o Don Siegel), sigue de plena actualidad y es otro de los pilares temáticos de este “Caso sloane”. Por todo ello, creo que es un filme recomendable, que mantiene bien la tensión, y que, aunque sólo sea por disfrutar del ejercicio de maestría y buen oficio de esa hermosa bestia fílmica llamada Jessica Chastain, merece la pena. 

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, Palafox, Yelmo-

viernes, 2 de junio de 2017

Las confesiones (2016)*

Dir: Roberto Andò
Int: Toni Servillo, Connie Nielsen, Pierfrancesco Favino, Marie-Josée Croze, Moritz Bleibtreu, 
Lambert Wilson, Daniel Auteuil, Richard Sammel, Johan Heldenbergh, Togo Igawa, Aleksei Guskov, Stéphane Freiss, Julian Ovenden, John Keogh, Andy de la Tour, Giulia Andò, Ernesto D'Argenio.

Se está celebrando una cumbre del G8 en un hotel de lujo de la costa alemana. Los economistas más poderosos del mundo se han reunido para adoptar una medida secreta que tendrá una influencia decisiva en la economía mundial. Uno de los invitados es un misterioso monje italiano llamado Salus (interpretado por Toni Servillo) que acaba de salir de un largo período de meditación silenciosa. Le ha invitado Daniel Roché (Daniel Auteuil), director del Fondo Monetario Internacional. Roché quiere confesarse esa noche con el monje y hacerlo en secreto. A la mañana siguiente, encuentran a Roché muerto. Vieron a Salus entrar en la habitación de Roché la noche anterior, así que ahora es el principal sospechoso.

Roberto Andò es un director y guionista de cine siciliano y ya tuvimos ocasión de ver otro trabajo suyo, Viva la libertad (2013), en colaboración con Toni Servillo (de moda, sobre todo desde La gran belleza, de Paolo Sorrentino). Curiosamente, y de manera no muy oportuna, Andò introduce notas "a la Sorrentino", como si vinieran en compañía de este eficiente actor. Pero, todo hay que decirlo, las similitudes terminan en esas meras citas superficiales.



Las confesiones es una película bastante floja. Teniendo un material de primera, que incluía la
posibilidad de hablar largo y tendido sobre ese entramado político/económico que controla el
mundo, se queda en la superficie, navega a la deriva, añadiendo ideas de una ingenuidad insufrible. Apuesta, quizá para despistarnos definitivamente, por el thriller logrando de ese modo una pirueta casi imposible: lo poco que se sostenía (alguna ocurrencia del fraile, alguna de las notas "sorrentinianas") se vino abajo estrepitosamente.  Casi me resultó ofensiva, al final, la referencia al genial Chaplin.



Por cierto, tampoco me extrañaría nada que alguno de los productores de la cinta tenga estrechas relaciones con ese Vaticano que parece, ahora, tan moderno y progresista. Con el personaje de Roberto Salus podría crearse una serie protagonizada por este "Supercartujo", aunque, sinceramente, deseo que nadie pueda hacer cierta esta idea...

Roberto Sánchez

-Aragonia, Palafox-

El rey de los belgas (2016)**

Dir: Peter Brosens,  Jessica Woodworth
Int: Peter Van den Begin, Lucie Debay, Titus De Voogdt, Bruno Georis, Goran Radakovic, Pieter van der Houwen, Nina Nikolina, Valentin Ganev, Nathalie Laroche.


Nicolas III, el rey de los belgas (Peter Van den Begin), está de visita oficial en Estambul cuando Bélgica se desintegra (los valones han declarado su independencia por su cuenta). El rey debe volver de inmediato para salvar su reino. Pero una tormenta hace cerrar el espacio aéreo y las comunicaciones. No hay aviones ni teléfonos. Con la ayuda de un cineasta inglés que está filmando un documental publicitario sobre la figura real, y un grupo de "voces búlgaras", el rey y su séquito logran cruzar la frontera de incógnito e inician un inesperado periplo por los Balcanes en los que descubrirán el mundo de verdad, y sus verdaderas personalidades aplastadas normalmente por el protocolo y la hipocresia. 

Quiere moverse a medio camino entre un cine surrealista (o del absurdo), la comedia y el falso documental, sin decidirse por ninguno de ellos. Contiene momentos de gran belleza (buen trabajo del director de fotografía Ton Peters), y Peter Van den Begin, hace una construcción del monarca belga, que termina por humanizar y aproximar al resto de la humanidad de la que, en realidad "ese rey", conocía poco o nada. El conjunto, sin embargo es terriblemente irregular y aunque en algunos momentos puedes esbozar una sonrisa cómplice ante algunas situaciones, el conjunto es pobre y poco atractivo.



Es una pena,que tratando temas que los españoles podríamos entender muy bien, como el sentido que tiene la pervivencia de la monarquía en una democracia moderna, el papel de esa institución medieval en el siglo XXI, o la posible ruptura de un estado, no sea capaz de ir un poco más allá.

La película resulta vacía y se queda con un retrato superficial de cuestiones que podrían haber
tenido mucha más enjundia.

Roberto Sánchez

-Cervantes-

Piratas del Caribe: La venganza de Salazar (Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales, 2017)**

Dir: Joachim Rønning, Espen Sandberg
Int: Johnny Depp, Javier Bardem, Brenton Thwaites, Kaya Scodelario, Geoffrey Rush, Orlando Bloom, Kevin McNally, David Wenham, Stephen Graham, Adam Brown, Golshifteh Farahani, Martin Klebba, Goran D. Kleut, Jessica Green, Paul McCartney, Keira Knightley.


Que Jeff Nathanson en el guión (colaborador de Steven Spielberg en varias ocasiones) y los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg en la dirección (con la aceptable Kon-Tiki, de 2012, en su haber) hayan conseguido tan poca cosa con esta "franquicia" no es de extrañar. Todas las series, por exitosas que sean en sus inicios van agotando su combustible. Ni el consabido histrionismo (a veces, hay que reconocerlo, divertido y paródico), ni la aparición del "digitializado" e hipermaquillado Bardem, como el malo de la función, lograron ir más allá del bostezo al que esto suscribe. Es evidente que la relativa sorpresa de las primeras entregas será difícil de superar.


El sentido de la aventura (¡una de piratas!) siempre presente en la serie, aunque sometida a los numerosos trucajes digitales, casi se nos pierde en la maraña de barcos encantados, que ahora tienen cualidades sospechosamente parecidas a las de los Transformers. Todo resulta cansino, rutinario e infantil (no hay que olvidar quien produce)...




El capitán Jack Sparrow (Johnny Depp, una vez más) se enfrentará a un grupo de piratas-fantasma comandados por una de sus viejas némesis, el terrorífico capitán Salazar (Javier Bardem), recién escapado del Triángulo de las Bermudas. La única posibilidad de Sparrow para salir con vida es encontrar el legendario Tridente de Poseidón, un poderoso artefacto que le da a su poseedor el control de los mares. Ahora, será acompañado en la aventura por dos nuevos personajes: Henry Turner, el hijo de Will (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley), y Carina Smyth (Kaya Scodelario), la hija de...Se trata, parece evidente, de renovar las caras y de incorporar actores jóvenes, en este caso al joven australiano Brenton Thwaites y a la inglesa (con mezcla brasileña por parte de madre) Kaya Scodelario. Como siempre, una simpleza, es el punto de partida para diversos periplos por os mares del Caribe. La atracción ferial sigue en marcha, pero muchos ya no se van a montar e ella.  Además, los hombres muertos no cuentan historias...
 
Roberto Sánchez.

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-