jueves, 20 de julio de 2017

La guerra del planeta de los simios**

Dir: Mark Reeves
Int: Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Judy Greer, Gabriel Chavarria, Max Lloyd-Jones, Terry Notary, Sara Canning, Ty Olsson, Devyn Dalton.

 Los humanos la lían parda en el gran Zoo terráqueo

Tercera entrega  de esta última trilogía y, en principio, último filme. Y digo, en principio, porque cuando se trata de hacer caja todo vale. Allá por 1968, El planeta de los simios, dirigido por Franklin J. Schaffner, costó la friolera de 5,4 millones de dólares y recaudó más de 32,5. Adaptaba de forma libre una novela del escritor francés Pierre Boule (Le planète des singes) y contaba con la inestimable presencia de Charlton Heston, interpretando al astronauta George Taylor. A partir de ahí, la película tuvo tanto éxito que dio lugar a cuatro filmes más entre 1970 y 1973: Regreso al planeta de los simios (1970),  Huida del planeta de los simios (1971), Conquista del planeta de los simios (1972) y Batalla por el planeta de los simios (1973). La novela fue también adaptada al cómic desde Marvel (Curtis Magazines), al manga japonés, y la 20th Century Fox produjo dos series. Una de animación titulada Retorno al planeta de los simios, 13 episodios de 24 minutos emitida por NBC desde junio hasta noviembre de 1975 y otra con personajes reales titulada El planeta de los simios, de 14 episodios, en 1974. Me parece importante hacer este repaso introductorio porque esta Guerra del planeta de los simios podría no ser el cierre que dicen haber hecho. Prueba de ello es lo fácil que es alargar la historia original a través de precuelas y secuelas, incluso a través de la TV y el cómic en su época.



Dicho esto, también hay que decir que la novela de Pierre Boule nada tiene ya que ver con esta adaptación (aunque pongan en los créditos que así es por miedo a infringir derechos de autor), y el guión de Mark Bomback y Matt Reeves nada tiene tampoco que ver con el del genial Rod Serling que adaptó a cine los primeros simios. 

Posteriormente a la saga de los 70, en 2001, Tim Burton se estrelló con una versión penosa que jamás debió hacerse. Pasaron diez años hasta que en 2011 Rupert Wyatt se atrevió a resucitar la franquicia con El origen del planeta de los simios, posiblemente el eslabón de unión con la de 1968 más inteligente de esta trilogía. Posteriormente, Matt Reeves realiza El amanecer del planeta de los simios (2014), aún más desarrollada técnicamente y con un Andy Serkis ya convertido en estrella simiesca digitalizada tras su sempiterno Golum. Ahora, con esta Guerra del planeta de los simiosReeves se atreve incluso con guiños cinéfilos a Apocalypse Now (1979, Francis Ford Coppola), a La última fortaleza (2001, Rod Lurie), con ese despótico militar controlando desde su atalaya a los presos,e incluso a La lista de Schindler, pues el coronel interpretado con solvencia por Woody Harrelson recuerda por momentos a ese despiadado Amon Goeth (Ralph Fiennes) observando, también desde lo alto, a todos esos monos que se agolpan en un terreno vallado calcado a un campo de concentración nazi.



La guerra del planeta de los simios entronca con su primo hermano setentero Batalla por el planeta de los simios, en la que César, el simio que capitaneó la revuelta contra la raza humana ya era el protagonista de una historia que, en su cartel, llevaba impreso “The final chapter” (capítulo final), cosa que ahora no se atrevería a hacer la Fox por si acaso la gallina puede dar más huevos. Esta guerra entre simios y humanos realizada en el 2017 (fecha que en los 70 y 80 revelaba ya un futuro apocalíptico, recordemos Blade Runner con esa caótica ciudad de Los Ángeles en 2019) es mucho más brillante a nivel de efectos especiales (estaría bueno que no lo fuera), y ya no necesita de maquilladores artísticos ni de incómodos trajes, pues ya casi todo es por ordenador. Llegará un momento en que todas las películas tendrán actores, decorados y FX  digitales, aunque yo espero no verlo. 



A pesar de que tiene bastante acción, sobre todo en la parte final, me resultó un filme bastante aburrido (sobre todo en la primera hora). Creo que las buenas críticas que está cosechando revelan el cada vez menor nivel artístico y cinematográfico de películas y cineastas, puesto que en los 70 y 80  la importancia de las buenas historias, el peso de actores y directores de altura tenía un papel mucho más importante que ahora, y desde luego el resultado final era de un mejor nivel artístico. 



Serán mucho más cutres a nivel técnico las películas de los setenta, y la saga de los simios en particular de aquella década; pero lo siento mucho, la mirada perpetua de mala leche de este César digital no me transmite nada, comparada con la de Charlton Heston y la de sus amigos simios Cyra y Aurelio (Cornelius en la V.O.) interpretados respectivamente por Kim Hunter y Roddy McDowell. 

En resumidas cuentas, para pasar un rato entretenido y fresco, que dada la canícula reinante, no es moco de pavo. Veremos si ésta es la última de la nueva saga. Su recaudación en USA, de momento, no está entre las diez primeras ni estará. 

Para 2010, Matt Reeves prepara The Batman, nueva adaptación sobre el honbre murciélago de DC Cómics con Ben Affleck como protagonista...que el Doctor Zaius nos coja confesados.

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

lunes, 17 de julio de 2017

En la Vía Láctea (2016)***

Dir: Emir Kusturica
Int: Monica Bellucci, Emir Kusturica, Sergej Trifunovic, Miki Manojlovic, Bajram Severdzan, Maria Darkina.

Primavera en tiempos de guerra. Cada día, un lechero atraviesa el frente en burro, esquivando las balas para llevar su preciada mercancía a los soldados. Bendecido por la suerte en su misión, amado por una hermosa aldeana, un futuro apacible parece esperarle… hasta que la llegada de una misteriosa mujer italiana da un vuelco a su vida. Así comienza una historia de amor prohibido y apasionado que sumergirá a ambos en una serie de aventuras fantásticas y peligrosas. El destino los ha unido, y nada ni nadie parece poder detenerlos...

Emir Kusturica es Serbio, nació en Sarajevo en 1954, y seguramente es uno de los cineastas más personales de la actualidad. Las peculiaridades y las guerras civiles que asolaron el  territorio balcánico de la desaparecida Yugoeslavia han marcado, y lo siguen haciendo, todas sus películas.



Todos sus largometrajes ¿Te acuerdas de Dolly Bell? (1981), Papá está en viaje de negocios (1985), El tiempo de los gitanos (1988), El sueño de Arizona (1993), parecen desembocar en la brillante Underground (1995), para mí su obra maestra, en la que su anárquico sentido de la narración, su espectacular sentido de la composición del plano, y su sentido elevadamente surrealista alcanzan unas mayores cotas. La lograda metáfora sobre la realidad de su país, es tan acertada, aún con la mirada distorsionadora del surrealismo, que parece aplicable a la sinrazón de cualquier guerra civil, de cualquier conflicto entre pueblos y culturas hermanadas por todo, menos por la religión...



Después de Underground, la carga surrealista, el planteamiento libérrimo y altamente metafórico de su cine ha ido todavía a más. Tanto, que casi siempre está en el límite de lo que puede aceptar el adocenado público actual. De hecho, En la Vía Láctea, desarrolla una idea originalmente explorada por el cineasta en el cortometraje Our Life, que hizo para la película de episodios Words with Gods (2014), y que de algún modo ya estaba presente en Gato negro, gato blanco (1998), La vida es un milagro (2004), y en Prométeme (2007). Fiel a sus planteamientos, en muchos casos desconcertantes, En la Vía Láctea es un filme plenamente surrealista, pero también claramente de Kusturica, que no deja de insistir en ese terrible pasado marcado por un conflicto fratricida, por una guerra que al final deviene mucho más absurda (la matanza de las ovejas, por ejemplo) que la  pasión por la vida (y por el amor) que muestra Kosta / Emir Kusturica, el protagonista / autor / director de este viaje por la Vía Láctea...



Roberto Sánchez

-Aragonia-

En este rincón del mundo (Kono Sekai no Katasumi ni, 2016)***

Dir: Sunao Katabuchi

La historia narra la vida de una familia residente en la ciudad de Kure (Hiroshima), antes, durante y poco después de la II Guerra Mundial. Allí conocemos a Suzu Urano, una joven esposa que se muda a la ciudad de Kure desde un pequeño pueblo pesquero tras casarse con Shusaku Hojo, un oficial de la marina que le propone matrimonio y al que conoce desde que eran niños. Suzu perservará con gran determinación y valor a través de esa dura época del país. 

Los cineastas japoneses reflexionan en ocasiones sobre algo tan terrible como el impacto de las dos bombas atómicas en su historia. En esta ocasión Sunao Katabuchi (alumno aventajado de Miyazaki) adapta el manga de Fumiyo Kuono que trata con maravillosa sensibilidad la realidad cotidiana de unos personajes que tratarán de mantener la normalidad en un contexto que derivó hacia el apocalipsis, la muerte y la desesperación.


Sin embargo, y aunque nunca rehuye de la necesaria dureza de las consecuencias de la guerra, el tono resulta esperanzador, subyugante...La tristeza y la nostalgia siempre están presente en un relato marcado por una elevada sensibilidad estética, con un ritmo quizás demasiado entrecortado que para el gusto occidental resulta en ocasiones algo sorprendente. Con todo, la historia avanza, a través de una vida marcada por la afición de Suzu por el dibujo y la pintura. 



Será su mirada (sus lápices...) los que vayan estableciendo una línea estética que termina por convertirse en narrativa. Un modo brillante de referenciar el cuidadoso manga de Fumiyo Kuono, igualmente respetuso con la reconstrucción de una época y con las ensoñaciones de la joven Suzu. 

Un anime para adultos, con las mejores características de este género japonés que ya ha convertido en tradición su elevado sentido de la estética y el buen gusto... 

Roberto Sánchez

-Aragonia-

Colossal (2016)***

Dir: Nacho Vigalondo
Int: Anne Hathaway, Jason Sudeikis, Dan Stevens, Austin Stowell, Tim Blake Nelson, Agam Darshi, Hannah Cheramy, Christine Lee.

Gloria (Anne Hathaway) decide dejar Nueva York y regresar a su ciudad natal tras haber perdido su trabajo y su novio. Pero, cuando en las noticias informan de que un monstruo gigantesco está destruyendo la ciudad de Seúl, Gloria se va dando cuenta poco a poco de que, a través de su mente, está conectada de forma extraña con estos acontecimientos. Para evitar que la destrucción vaya a más tendrá que averiguar el papel de su insignificante existencia en un evento colosal que podría cambiar el destino del mundo.

Nacho Vigalondo, después de numerosos cortometrajes y de participar como guionista en series de humor para la televisión (como Muchachada nui, de 2008 a 2010), dio el salto a los largometrajes con Los cronocrímenes (2007), un curioso y entretenido artefacto de género que le permitió a Vigalondo, utilizando una clave de comedia, divagar sobre las inesperadas consecuencias de los viajes en el tiempo. Sus obsesiones y pasiones tienen mucho que ver con la ciencia-ficción y Extraterrestre (2011), incide, con un punto de vista particular, en cómo afectaría una invasión extraterrestre a una pareja accidental, después de una noche de juerga.



Sus pasiones cinéfilas mucho tienen que ver con el mundo anglosajón y por esa razón lucha sin pausa para lograr rodar con participación norteamericana su particular homenaje a Hitchcock y al suspense en Open Windows (2014), protagonizada por Elijah Wood y Sasha Grey; y en 2016 ha realizado en tierras canadienses este Colossal que inserta con habilidad una historia de monstruos a la japonesa dentro de una sencilla historia de personajes algo desorientados en busca del amor. Para la operación, ha logrado contar con el buen trabajo de la joven pero experta Anne Hathaway, ganadora de un Oscar, o al experto actor televisivo Jason Sudeikis (especializado en la comedia, pero un auténtico todo terreno como puede comprobarse en el film).



La sorpresa de este film es que todo parece un despropósito colosal, pero no cuesta demasiado deshacerse de la lógica y entrar en un juego que propone Vigalondo, que en realidad es una apuesta muy arriesgada y personal por un cine libérrimo y valiente, empeñado en convertir en sublime lo más vulgar y arrastrado de un género como el fantástico, aquejado en los últimos tiempos de una alarmante falta de originalidad. Vigalondo, apuesta fuerte...

Roberto Sánchez

-Aragonia-

miércoles, 5 de julio de 2017

Wonder Woman (2017)***

Dir: Patty Jenkins
Int: Gal Gadot, Chris Pine, Robin Wright, Connie Nielsen, David Thewlis, Danny Huston, Elena Anaya, Lucy Davis, Ewen Bremner, Samantha Jo, Saïd Taghmaoui, Lisa Loven Kongsli, Florence Kasumba, Mayling Ng, Emily Carey, Doutzen Kroes

El guión de Wonder Woman lo firma Allan Heinberg, que como productor y guionista se ha ganado la vida con algunas exitosas series televisivas (Cinco en familia, Anatomía de Grey o la reciente The Catch), y no tenía experiencia en eso de los cómics.  Parece que la colaboración de Jason Fuchs y Zack Snyder ha sido clave en la adaptación de este personaje creado en los años 40 por William Moulton Marston para DC Comics, los mismos que detentan los derechos sobre Supermán y Batman.

Siendo uno de los personajes más importantes de esa factoría, extrañaba que Hollywood no le hubiera prestado todavía atención. Sí había tenido su propia serie de televisión entre 1975 y 1979, protagonizada por Lynda Carter y también apareció regularmente en series de animación dedicadas a otros personajes de DC Comics, pero su impacto había sido muy limitado.



Ahora, la nueva superproducción, ha sido dirigida por Patty Jenkins, una realizadora algo atípica, a priori, para afrontar este tipo de proyecto. Dos de sus trabajos previos como Monster (2003), con Charlize Theron y Christina Ricci, o dos episodios de la serie The Killing (2011-2012), no pueden estar más alejados de los planteamientos de una película de superhéroes. De hecho, la profunda tensión entre la iniciativa de una mujer como Patty Jenkins, con una personalidad muy acusada (al menos en sus temáticas) y la maquinaria del espectáculo, es constante, y sorprende que a penas dañe la fluidez de esta fábula que mantiene dentro del relato alguna que otra idea feminista, filtrada por la cultura pop y un regusto camp que la hacen muy atractiva, sobre todo por la fuerte presencia de la actriz israelita Gal Gadot, todo un descubrimiento, que además está muy bien acompañada en la primera parte del film ambientada en la isla de Themyscira, ese lugar en el que los dioses les han permitido un retiro honroso, y en la que crece nuestra heroína junto a unas cuantas veteranas amazonas como Robin Wright (Antiope) o Connie Nielsen (Hipólita).




Antes de ser Wonder Woman (Gal Gadot) era Diana, princesa de las Amazonas, entrenada para ser una guerrera invencible. Diana fue criada en una isla paradisíaca protegida. Hasta que un día Steve Trevor (Chris Pine) un piloto perseguido por los Alemanes (en realidad un espía, al servicio de Inglaterra) tiene un accidente y acaba en sus costas, le habla de un gran conflicto existente en el mundo (La Primera Guerra Mundial). Diana decide salir de la isla convencida de que puede detener la terrible amenaza, al tiempo que va descubriendo sus verdaderos poderes y su verdadero destino. Salida de la paradisíaca isla, se enfrentará al monstruo de la guerra, e irá descubriendo un nuevo mundo en el que el papel de la mujer está todavía muy relegado a un plano secundario, pero en el que su intervención será decisiva.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

lunes, 3 de julio de 2017

Selfie (2017)***

Dir: Víctor García León
Int: Santiago Alverú, Macarena Sanz, Javier Caramiñana, Alicia Rubio, Pepe Ocio

Bosco (Santiago Alverú) es el hijo de un ministro imputado por corrupción, malversación de fondos públicos, blanqueos de capitales y varias decenas de delitos económicos. Selfie cuenta su historia desde que lo expulsan de su lujoso chalet en la Moraleja hasta que entra a pedir trabajo en la sede de Podemos, con sus angustias sentimentales y sus miserias. 

El mismo Victor García León ha expresado que estamos ante un documental de seguimiento. Un falso documental, hay que aclarar, una ficción con apariencia de verismo que como haría el avezado Michael Moore, logra colarse inopinadamente en una fiesta del PP, con la sin par presencia de Esperanza Aguirre, o un mitin de Podemos, con sus líderes Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en plena actuación y con los que se hace, cómo no, unos selfies. 

Víctor García León persigue tozudamente, cámara en mano, las correrías de Bosco, un "pobre" chaval, interpretado con cruel precisión por un inspirado Santiago Alverú, que construye un repugnante personaje, híbrido entre un probable vástago de Bárcenas y "El pequeño Nicolás", que ha caído en desgracia (¡desahuciado!) y que logra sobrevivir aplicando una torpe y descarada picaresca suficiente, al parecer, para mantenerse en  ese universo sin sentido que parece rodearle.



El resultado es una especie de esperpento muy cruel, un retrato de un "pijo" del PP, quizás demasiado realista, molesto incluso, pero que no deja de ser pura Ciencia-ficción. Yo no tengo noticia de un solo vástago de ministro, exministro o alto cargo de la "élite" económica, caído en desgracia, que haya quedado desamparado. Su sistema, que responde a las tradicionales reglas de las mafias, nunca deja sin protección a los que se mantienen fieles, al menos en su espíritu, y no abandona a sus familiares. 



El experimento, aunque resulta irregular, habla con sinceridad y crudeza de una sociedad que se está descomponiendo, que no cree en los fundamentos de la democracia y en la que los jóvenes no parecen ser la esperanza, sino todo lo contrario. Expresado por Victor García León, un cineasta de 41 años, el mensaje adquiere una especial relevancia. Sospecho que conoce bien a sus personajes y que están todos por ahí..., haciendo de las suyas...  

Víctor García León, hijo de José Luis García Sánchez y Rosa León, es un cineasta de trayectoria irregular, pero esperanzadora, que se inició en el largometraje con Más pena que Gloria, co-escrita junto a Jonás Trueba, luego ha filmado trabajos cortos, dos videoclips para Joaquín Sabina (Alivio de luto, en 2005, y Pájaros de Portugal, en 2006), la elegante Vete de mí (2006), con Juan Diego y Juan Diego Botto, más varios episodios para dos series no demasiado afortunadas Hispania, la leyenda (2012) y Familia (2013).

Roberto Sánchez

-Aragonia-

viernes, 23 de junio de 2017

Déjame salir (Get Out, 2017)***

Dir: Jordan Peele
Int: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Betty Gabriel, Caleb Landry Jones, Lyle Brocato, Ashley LeConte Campbell, Marcus Henderson, LilRel Howery, Gary Wayne Loper, Jeronimo Spinx, Rutherford Cravens.

Un joven afroamericano visita a la familia de su novia blanca, un matrimonio adinerado. Para Chris (Daniel Kaluuya) y su novia Rose (Allison Williams) ha llegado el momento de conocer a los futuros suegros, por lo que ella le invita a pasar un fin de semana en el campo con sus padres, Missy (Catherine Keener) y Dean (Bradley Whitford). Al principio, Chris piensa que el comportamiento extraño y "demasiado" complaciente de los padres se debe a su nerviosismo por la relación interracial de su hija, pero a medida que pasan las horas, una serie de descubrimientos cada vez más inquietantes le llevan a descubrir una verdad inimaginable.

Aunque pueda parecerlo, no estamos ante un remake del clásico Adivina quien viene a cenar esta noche (1967), de Stanley Kramer, con Spencer Tracy, Sidney Poitier y Katharine Hepburn. Sí es cierto que la temática racial está muy latente en este primer largometraje escrito y dirigido por el neoyorquino Jordan Peele (nacido en 1979), pero en realidad si no fuera por lo de la pareja interracial no habría posible comparación. Peele es un joven cineasta que hasta el momento se ha dedicado sobre todo a su faceta de actor, aunque sí ha trabajado como guionista y creativo para la televisión y en Keanu (2016), de Peter Atencio, un largometraje que mezcla acción y comedia, que no es demasiado recomendable.




Hay que reconocer que ha sido toda una sorpresa la solidez con la que va creando sus personajes y, lo más interesante, cómo se va haciendo realidad una trama aparentemente insensata, pero que oculta no pocas de las pervivencias de un  racismo tan arraigado en algunas zonas de Estados Unidos y que todavía persiste. Sin casi advertirlo, Peel nos va introduciendo en una trama bastante típica de las series "B" terroríficas o fantásticas. No le falta el sentido del humor, pero tamizado de tal forma que ni siquiera los comentarios chistosos de evidente mal gusto de Rod (LilRel Howery), amigo del protagonista, logran desviarnos de los sucesos que van sucediéndose con sorprendente lógica.



Sólo el final (que no puedo ni debo desvelar) me resulta demasiado apegado a las normas no escritas de las películas de terror al uso. Pero en conjunto estamos ante una película refrescante, inquietante y que está resultando muy apreciada por la crítica y también el público...

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

Cartas de la guerra (2016)****

Dir: Ivo Ferreira
Int: Miguel Nunes, Margarida Vila-Nova, Ricardo Pereira, João Pedro Vaz, João Pedro Mamede.
 
Cartas de la guerra está basada en un libro del renombrado autor portugués António Lobo Antunes. La novela epistolar, publicada en 2005, reúne las cartas que un joven soldado envió a su mujer desde Angola entre 1971 y 1973, durante la Guerra Colonial. Al igual que el propio Lobo Antunes, el joven soldado es médico y escritor en ciernes. 

Ivo Ferreira, nacido en Lisboa en 1975, es el director de esta interesante apuesta por un cine de gran pureza, pero con una gran carga literaria, pero que sabe ir más allá del texto. Cartas da guerra es su tercer largometraje de ficción, que se suma a un documental y cinco cortometrajes anteriores. 




Destaca la calidad poética de sus imágenes en blanco y negro, responsabilidad de João Ribeiro, que inspirándose en el texto de Lobo Antunes nos transmiten una impresión entre realista y mágica de este periodo de guerra en Angola previo a la descolonización portuguesa. Se trata de un periodo de la historia de nuestros vecinos que ha creado antecedentes y cicatrices todavía no bien curadas en la percepción del imperio colonial portugués en África. El enemigo (aquellos que luchan por la independencia y la revolución) aparece de cerca cuando se sufre un ataque, aunque no se le vea, o cuando se ejecuta a algunos prisioneros sin pelotón de fusilamiento ni desde luego juicio previo. Las imágenes resbalan como si fueran intrascendentes, creando un pozo inconsciente de lo inmotivado y confuso de la identidad de ese enemigo. Esas sensaciones se transmiten al espectador que termina por iniciarse en una suerte de trance, y produce un evidente contraste con el deseo amoroso expresado una y otra vez por Antonio (Miguel Nunes) en sus cartas, y en muchos casos escuchadas en la voz de su esposa, objeto de su deseo amoroso, Maria José (Margarida Vila-Nova), aunque parecen una ensoñación, la obsesión constante, un deseo del soldado que se siente perdido en una especie de purgatorio de vez en cuando sacudido por lo inesperado.




La historia se cuenta fundamentalmente desde la perspectiva de un médico militar blanco. En el ejército portugués, podemos comprobar que también hay algunos soldados negros, e incluso que una parte de la población indígena colabora con los representantes del gobierno colonial, y no se muestra ningún acontecimiento explícitamente racista salvo si se  quiere el rechazo de nuestro protagonista a permitir que una huérfana protegida por él (en la parte final del relato) vuelva con su familia africana al aparecer el abuelo. Quizás esta sea la manera de Lobo Antunes e Ivo Ferreiro de representar el paternalismo de los dirigentes blancos portugueses en sus relaciones coloniales en África: la creencia de que bajo su amparo estos pobres tercermundistas vivirían mejor...




El cine portugués es un gran desconocido para el público español, y no hay duda que lleva años aportando nombres imprescindibles en la historia del cine. Ivo Ferreira, el responsable del guión y la dirección de este filme, es un joven realizador de futuro incierto, pero que se ha atrevido con una forma de contar muy alejada de los parámetros del cine comercial actual. Por el modo "elíptico", casi poético de tratar la guerra recuerda a La delgada línea roja (1998), de Terrence Malick, adaptación muy personal de la novela de James Jones, muy alejada en las cuestiones literarias del estilo de Lobo Antunes. Pero, con seguridad, Ivo Ferreira ha aprendido mucho de la libertad de planteamientos de Manoel de Oliveira (1908-2015) o de João César Monteiro (1934-2003), dos cineastas puros, de gran personalidad, y siempre dispuestos a la experimentación,que dirigían sus filmes a un público no idiotizado, todavía capaz de captar, la ironía, la sugerencia, la estética sublime de algunos planos, la riqueza simbólica de las imágenes, la opción de adentrarse en los terrenos poéticos o en la reflexión filosófica; en definitiva, la apuesta por realizar un cine de calidad, pureza y sentido artístico y no entregarse a la complacencia de un mero espectáculo ocioso. Por cierto, Luis Betrán, en su página Vergerus (nuestro blog de cine preferido que además tenemos enlazado), ha iniciado, con un artículo sobre João César Monteiro, una estupenda serie de escritos sobre lo más destacado del cine portugués, que no deberían dejar de leer...

Antonia Bordonada
Roberto Sánchez

-Aragonia-

miércoles, 21 de junio de 2017

Norman, el hombre que lo conseguía todo (Norman: The Moderate Rise and Tragic Fall of a New York Fixer, 2016)

Dir: Joseph Cedar 
Int: Richard Gere, Lior Ashkenazi, Michael Sheen, Charlotte Gainsbourg, Dan Stevens, Steve Buscemi, Jonathan Avigdori, Yehuda Almagor, Caitlin O'Connell, Hank Azaria, Harris Yulin, Miranda Bailey, Andrew Polk, Jorge Pupo, Maryann Urbano, Jay Patterson.


 El gran "conseguidor"                  


En primer lugar, habría que precisar que la traducción al español del título original de esta película sería algo así como: “El moderado ascenso y la trágica caída de un apañador de Nueva York” (The Moderate Rise and Tragic Fall of a New York Fixer). Larguísimo título, que en España se ha optado por acortar y reducir al sencillo nombre propio de su personaje protagonista. A estas alturas, en el 2017, Richard Gere es una de esas estrellas de Hollywood que parece no tener ya que demostrar nada tras una carrera intensa, dilatada y exitosa. Fue un impecable American Gigolo a las órdenes de Paul Schrader allá por 1980. Después volvió a hacer soñar a todas las mujeres del planeta con Oficial y caballero (1982, Taylor Hackford) y Pretty Woman (1990). Bordeó la locura con Mister Jones (1993, Mike Figgis) y se metió en la piel del peligroso terrorista en The Jackal: El chacal (1987, Michael Caton Jones). Ha hecho excelentes musicales (Cotton Club, de Coppola y Chicago, de Rob Marshall) y, además de con Francis Ford Coppola, ha trabajado con otros excelentes directores (Lasse Hallström, Antoine Fuqua, Mira Nair, Robert Altman, Akira Kurosawa, Mark Rydell, y un largo etcétera...).



Ahora, y con una más que considerable edad a sus espaldas, el eterno galán se reinventa a sí mismo explorando otro tipo de papeles y personalidades complejas, como es el caso de este Norman. Tras habernos entregado un gran trabajo en la reciente Invisibles (2014, Oren Moverman), metiéndose de lleno en la piel de un indigente (filme que pasó bastante desapercibido en la cartelera), con Norman, Richard Gere se supera y nos ofrece el retrato de un tipo complejo: asesor, buscavidas, no sabemos si un semi-indigente, que se busca la vida consiguiendo “cosas” para los demás en la jungla de asfalto por excelencia: Nueva York. La gran ciudad deshumanizada, como ya ocurría en muchos de los filmes de los 60 y 70, se convierte en un personaje por sí misma, aportando un peso importante en la historia. El peculiar mundo de los judíos en Estados Unidos, un lobby tremendamente poderoso e influyente, se nos muestra también como en pocas películas, con el aliciente de poder disfrutar del siempre interesante Steve Buscemi en un papel más que curioso. Además de éste, destaca entre los secundarios la solvente presencia de la francesa Charlotte Gainsbourg, en un papel breve pero no menos importante dentro de la historia. 

Norman / Gere es un gran "conseguidor”. Teje toda una red de contactos y favores prestados y debidos, para ascender socialmente e introducirse en la “pomada” social y política con una habilidad pasmosa. Como él mismo dice: “Se nadar muy bien...”. Y, en efecto, Norman nada entre tiburones, desenvolviéndose como un delfín rápido y habilidoso. Ni siquiera tiene un despacho. Nadie sabe muy bien a qué se dedica en realidad. Con un tarjetero, un móvil y un pequeño portátil recorre las calles de La Gran Manzana en busca de oportunidades de negocio. Aquí en España, sólo tendría un cierto parecido con el espía Paesa, que encargó sus propias misas de difunto, aunque el español resultó mucho más hábil todavía para la intriga política y el embuste, quedando excelentemente retratado en el filme de Alberto Rodríguez, El hombre de las mil caras (2016), protagonizado por Eduard Fernández.



Gere nos regala de nuevo, en un registro diferente al de muchos de sus papeles, un trabajo impecable, lleno de matices, en el que su atractivo físico ya no es el peso fundamental, aunque el señor se conserva muy bien, todo hay que decirlo. Parece estar dispuesto a seguir por esta senda, y se ha puesto de nuevo a las órdenes de Oren Moverman (cineasta independiente con quien ya trabajó en Invisibles), para interpretar el filme La cena (2017), con  estreno previsto para finales de año. Un drama con toques de intriga basado en la homónima novela de Herman Koch. 

Con una excelente fotografía de Jaron Scharf, que nos muestra ese fascinante Nueva York que tan bien sabe retratar el gran cineasta neoyorquino Woody Allen, y una original partitura de Jun Miyake que incluye temas de folclore judío, Norman se mueve a medio camino entre el drama, el thriller político y ciertos atisbos de comedia, con un buen pulso narrativo a cargo de Joseph Cedar, un Cineasta y guionista israelí, marcado desde sus inicios por la temática judía y religiosa. Debuta en el 2000 con Time of favor, un drama con tintes bélicos. En 2004, sigue con La fogata, en la que vuelve a incidir en los problemas y costumbres arraigadas de la comunidad judía. En 2007, con Beaufort, logra ser nominado al Oscar como Mejor Película de habla no inglesa y se lleva el Oso de Plata ese mismo año como Mejor Director en Berlín con esta historia bélica de la guerra del Líbano. Con Pie de página (2011), es nuevamente nominado al Oscar en el apartado de habla no inglesa y se lleva el premio al mejor guión en el Festival de Cannes. Tras seis años de espera, Norman es su quinto largometraje y su primer trabajo con sello netamente norteamericano (con capital judío por supuesto), producido, entre otras empresas, por “Estrategias Oppenheimer” (quien decida ver la película sonreirá sin duda ante este curioso dato). 

Estamos ante un filme estructurado en actos, como si presenciáramos una obra teatral, que muestra con maestría el mundo de la política, con sus claros y oscuros y, como ya he dicho antes, con un formidable Richard Gere que va ganando enteros ya sobrepasada su madurez interpretativa. Una película distinta, inteligente y recomendable dentro de la soporífera cartelera pre-veraniega poblada ya por momias digitales, dibujos animados, surferos y vigilantes de playas que este año, vista la canícula reinante, van a reventar. 

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, Palafox-

lunes, 19 de junio de 2017

La momia (2017)**

Dir: Alex Kurtzman
Int: Tom Cruise, Russell Crowe, Annabelle Wallis, Sofia Boutella, Jake Johnson, Courtney B. Vance, Marwan Kenzari, Javier Botet, Shina Shihoko Nagai, Solomon Taiwo Justified, Emily Ng, Jason Matthewson, Dylan Smith, Rez Kempton.



Los guionistas, David Koepp, Christopher McQuarrie, Dylan Kussman, partiendo de personajes y tramas desarrolladas por Jon Spaihts, Alex Kurtzman y Jenny Lumet, han tenido que retomar la historia de La momia. Ya saben, hay que reinventarse, cambiarlo todo para seguir en un mismo escenario que, al menos en el cine sonoro, se remonta a la todavía inquietante The Mummy (1932), de Karl Freund, con el inolvidable Boris Karloff. La productora británica Hammer le hace un respetuoso homenaje a todo color en su versión de 1959, dirigida por Terence Fisher y protagonizada por los no menos míticos Christopher Lee y Peter Cushing; y con el nuevo milenio, aprovechándose de los trucajes digitales, la momia renació en varias entregas protagonizada por Brendan Fraser y Rachel Weisz (principalmente): Las de 1999 y 2001, dirigidas con sobrecogedor dinamismo por Stephen Sommers y la de 2008, ahora dirigida por Rob Cohen, se nos llevó a China (y sus propias momias, claro). 

La nueva versión de Kurtzman (avezado productor de series para la televisión y cine de corte fantástico y aventurero) ha pagado gustosamente el peaje de contar con Tom Cruise y Russell Crowe, para los que han construido un juguete con los necesarios espectáculos digitales. Aquí, una muestra más de ese cine / ocio, con algún resquicio de arte cinematográfico en su interior, pero en el que predomina la idea de un entretenimiento vaciado convenientemente de cualquier proceso de reflexión. Para darle cierta fuerza al personaje de Crowe, lo han llamado Dr.Henry Jekyll, el personaje concebido por Robert Louis Stevenson, convertido por obra y gracia del equipo de guionistas, en un superhéroe (o supervillano, que tanto monta...), que se enfrentará al aventurero Tim Morton / Tom Cruise. 



Aunque la única novedad (relativa) es el atractivo personaje de Ahmanet (Sofia Boutella), la verdadera protagonista que tiene que pugnar con los cabezas de cartel (Cruise, Crowe) y la insípida (y "guapita") ¿arqueóloga? Jenny Halsey (interpretada por Annabelle Wallis). 



Ahmanet es una antigua princesa egipcia cuyo destino le fue arrebatado injustamente, despertada inesperadamente por dos cazadores de tesoros (los personajes interpretados por Cruise y Jake Johnson) en la época actual, soporta una maldición que ha crecido hasta límites insospechados con el paso de miles de años y se convierte en una poderosa amenaza. En realidad, una historia contada hasta la saciedad y que sólo se soporta si la sala de cine está convenientemente refrigerada. Por cierto, para completar el espectáculo (circense), puede consumirse en 3D y el nuevo  sistema de sonido ATMOS.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

domingo, 18 de junio de 2017

American Pastoral (2016)**

Dir: Ewan McGregor
Int: Ewan McGregor, Jennifer Connelly, Dakota Fanning, Peter Riegert, Rupert Evans, Uzo Aduba, Molly Parker, Valorie Curry, Hannah Nordberg, Julia Silverman, Mark Hildreth, Samantha Mathis, David Strathairn, David Whalen, Corrie Daniele. 


Seymour Levov, “el Sueco”, es un exitoso hombre de negocios con una vida perfecta que ve como su estabilidad familiar peligra por la turbulenta situación política estadounidense de la década de los 60. La tormenta se desata cuando su hija Merry (Dakota Fanning) desaparece tras ser acusada de cometer un acto violento. Levov se dedicará a buscarla y a reunir a su familia, pero lo que va descubriendo le obligará a mirar más allá de la superficie y afrontar el caos que está forjando el mundo a su alrededor: ninguna familia americana volverá a ser la misma. 

El guión, escrito por John Romano adapta una excelente novela de Philip Roth, premio Pulitzer en 1997. Philip Roth ha sido llevado al cine con cierta regularidad, pero escasa fortuna. Ya en los años 70, su novela El lamento de Portnoy, llegó a la pantalla de manos de Ernest Lehman (Portnoy´s Lament, 1972), que no tuvo estreno en España, en el año 2003 se estrenó La mancha humana (de Robert Benton), la tercera parte de la "trilogía americana", iniciada precisamente por American Pastoral, y en 2008 fue la española Isabel Coixet la que se atrevió en Elegy, una novela del año 2006. No he visto otra más reciente, Indignation (2016), de James Schamus, según la novela homónima de 2008, pero no parece que se haya alcanzado a dar con las claves de un escritor con múltiples facetas y que además de retratar con ironía y sarcasmo la compleja adaptación de las familias de origen judío en suelo norteamericano, ha analizado en profundidad la reciente historia de un país con más tensiones sociales y políticas de las que han querido reconocerse en la "historia oficial".



La realización de Ewan McGregor, un experimentado actor escocés con evidente presencia y éxito en Hollywood, no deja de ser una ópera prima (y se nota, en este caso, para mal). Extremadamente correcta, desde el punto de vista formal (puesta en escena de rancio clasicismo), no corre riesgos, y, además, conduce a la historia hacia un relato bastante plano de corte familiar (orígenes judíos), favoreciendo muy poco su lectura como símbolo de una sociedad en tensión y a punto de estallar, una cuestión que implícitamente tenía una gran presencia en la novela. El hecho de respetar la estructura en flash-back tampoco aporta muy poco a la historia central, y no estoy haciendo ningún desvelamiento esencial para la trama. 



Los tres protagonistas principales (Mcgregor, Connelly y Fanning) tampoco podrán decir que han hecho uno de sus mejores trabajos. Casi siempre parecen fuera de lugar. El esfuerzo de ambientación histórica es, como en toda producción norteamericana (coproducida con Hong Kong, aunque no entiendo muy bien por qué, sospecho que las razones son de abaratamiento en la producción, utilización de sus estudios), más que correcto, pero no parece haber ayudado del todo a ponerse en situación a estos actores de los que podemos decir siendo comprensivos que están "algo despistados".  Ewan McGregor, no demuestra aquí, al contrario que otros actores británicos pasados a la realización de largos, ser un gran director de actores...


Hay que dejar claro que aunque está lejos de aprovechar las evidentes virtudes de la novela, la película es un buen contenedor de algunas de las ideas de Philip Roth, que seguirá esperando una buena adaptación al universo cinematográfico de sus creaciones literarias.

Roberto Sánchez

-Aragonia, Palafox-

lunes, 12 de junio de 2017

La promesa (2016)**

Dir: Terry George
Int: Oscar Isaac, Charlotte Le Bon, Christian Bale, Shohreh Aghdashloo, Alicia Borrachero, James Cromwell, Daniel Giménez Cacho, Jean Reno, Angela Sarafyan, Numan Acar, Marwan Kenzari, Igal Naor, Jean Claude Ricquebourg, André Marques, Lino M. Gomes, João Sirgado, Julián Villagrán, Luis Callejo, Alain Hernández.

Años 20, durante los últimos días del Imperio Otomano. Mikael Boghosian (Oscar Isaac), un brillante estudiante de medicina, y Chris (Christian Bale), un prestigioso periodista americano de la agencia de noticias AP, se enamoran de la misma mujer, la bella y sofisticada Ana Kesharian (Charlotte Le Bon), en una zona del mundo que se derrumba.

El norirlandés Terry George (nacido en 1952) tiene algunas estupendas películas en su haber: En el nombre del padre (1993), The Boxer (1997), o Hotel Rwanda (2004) que buscan con uno estilo clásico y eficiente profundizar en algunas cuestiones históricas controvertidas, algunas muy cercanas y otras especialmente dolorosas para la historia del todos nosotros. En La promesa, junto a la guionista norteamericana Robin Swicord, han buscado una estructura melodramática, inspirada en hechos reales, para recrear el genocidio del pueblo armenio, a manos de los turcos.

El intento de conseguir una película con un espectro amplio de público se ha logrado, pero sacrificando muchos aspectos. Es cierto que Terry George, como realizador, no ha traicionado su estilo, siempre dentro de un "clasicismo narrativo" muy británico, también es cierto que se ha tenido un especial cuidado en la reconstrucción y ambientación histórica, en la línea de las grandes producciones con sello británico.



En el apartado de los intérpretes hay sin embargo algún desajuste. Óscar Isaac (este actor norteamericano de sangre cubano-guatemalteca) está de moda y suele ser muy eficiente, pero aquí parece despistado y poco convincente, al británico Christian Bale, también admirable en su ya larga trayectoria, le ocurre lo mismo..., y sólo la canadiende Charlotte Le Bon, junto a los actores secundarios (entre los que nos encontramos a los españoles Julián Villagrán o Luis Callejo), logran transmitir algo de fuerza y sinceridad a los terribles hechos que sirven de contexto a la historia de amor triangular con la que quiere hacerse más "digestivo" otro episodio oscuro de la historia de la humanidad.



Se rodaron muchas secuencias en España. Con algún que otro retoque digital, quedaron plenamente convincentes las localizaciones hechas en Toledo y en las localidades turolenses de Albarracín y Calomarde.



Aunque puede "consumirse" sin problemas, el intento de combinar una historia épica, con una gran historia de amor, que denuncia además el genocidio sobre el pueblo armenio, está lejos de haberse logrado. De hecho, uno sale de la película convencido de que hay dos relatos entrecruzados que llevan cada uno su propio ritmo y que poco o nada se complementan. Lo que Terry George sí logró en Hotel Rwanda aquí no se ha conseguido. 

El horizonte de intenciones y de estilo de Terry George, siempre a la búsqueda de ese equilibrio casi imposible entre intimismo y trascendencia, que en tantas ocasiones logró el maestro David Lean (1908-1991), está claro que en The Promise se ha quedado muy lejos del objetivo.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-