sábado, 27 de mayo de 2017

Personal Shopper (2016)***

Dir: Olivier Assayas
Int: Kristen Stewart, Lars Eidinger, Nora von Waldstätten, Anders Danielsen Lie, Pamela Betsy Cooper, Sigrid Bouaziz, David Bowles, Ty Olwin, Leo Haidar, Benoit Peverelli, Fabrice Reeves, Abigail Millar.



Maureen (Kristen Stewart), una joven estadounidense en París, es la "personal shopper" de una celebridad. Aunque no le gusta su trabajo, es lo único que encontró para pagar su estancia en la ciudad, mientras busca una manifestación del espíritu de Lewis, su hermano gemelo muerto hace poco. Maureen, que tiene al igual que su hermano, ciertas cualidades como medium tendrá un encuentro con seres del más allá pero que no parecen ser su añorado hermano. Poco después comienza a recibir en su móvil extraños mensajes anónimos que dirigen sus pasos hacia una situación inesperada. 

Olivier Assayas, nacido en 1955, precisamente en Paris, había trabajado recientemente con la joven estrella norteamericana en la apreciable Viaje a Sils Maria (2014), La colaboración debió ser del gusto de ambos ya que la historia de Personal Shopper ha sido escrita por el mismo Assayas y permite un indudable lucimiento a una actriz que intenta alejarse de su estereotipada imagen creada para La saga Crespúsculo. Parece que lo está consiguiendo metiéndose en proyectos ciertamente atípicos como esta extraña fusión entre una película de fantasmas (y apariciones), moda y un cine existencialista, más preocupado por las encrucijadas psicológicas que atraviesan sus personajes que por la trama meramente aventurera o genérica. 





Olivier Assayas propone una curiosa mirada al género, y lo hace sin olvidarse de los tópicos necesarios, pero modulándolos con sobriedad y exquisitez. Buen ejemplo de todo ello es uno de los planos finales del film, sobre el que no puedo decir nada más...Tan sólo recomendar que se dejen arrastrar por este imperfecto, pero sugerente acercamiento al cine de misterio de un realizador todo terreno como Assayas del que quiero recomendar igualmente la excelente mini serie en tres episodios "Carlos", realizada en 2010, sobre el terrorista de origen venezolano Ilich Ramírez Sánchez.



Roberto Sánchez

-Aragonia-

Goodbye Berlin (Tschick, 2016)***

Dir: Fatih Akin
Int: Tristan Göbel, Anand Batbileg, Aniya Wendel, Justina Humpf, Paul Busche, Jerome Hirthammer, Max Kluge, Udo Samel, Anja Schneider, Nadine Dubois, Henning Peker, Uwe Bohm, Katerina Poladjan, Sammy Scheuritzel.

Maik (Tristan Göbel), un muchacho de 14 años marginado por su clase, crece en el seno de una familia rica y disfuncional en Berlín. Durante las vacaciones veraniegas, su alcohólica madre ingresa en rehabilitación mientras su padre se ausenta con su joven ayudante por un presunto viaje de negocios. Maik está solo en casa, en su piscina, hasta que un nuevo compañero de clase llamado Tschick (Anand Batbileg), joven inmigrante ruso de etnia mongol, aparece con un coche robado. Es, en ese momento, cuando de verdad empieza el film del realizador turco alemán Fatih Akim. 

Este cineasta, nacido en Hamburgo en 1973, conmovió el panorama cinematográfico europeo con varias películas excelentes, que mostraban un estilo fresco, dinámico, con apuntes de cine documental, pero con una imaginación visual por encima de la media. Algunas de sus películas, como Contra la pared (2004) o Soul Kitchen (2009), muestran lo mejor de un director capaz de aunar sentido del humor y denuncia, con un desparpajo y una frescura que no es habitual.  


Tschick, es el título original y el nombre del atractivo personaje que acompaña a Maik en su periplo por las zonas rurales de Alemania. Escapan de Berlin y, cómo en cualquier road movie que se precie, tendrán una serie de encuentros y desencuentros con un primer amor en forma de bella y descarriada adolescente, policías, granjeros y minorias religiosas aisladas del mundanal ruido. Película de viaje y por lo tanto de proceso, de maduración de dos jóvenes marginados, por razones muy diferentes, que aprenderán que lo más importante es la amistad, más allá de cualquier consideración étnica o social.





No es de las películas más logradas de Fatih Akim, que acaba de estrenar en Cannes, con todos los honores, Aus dem Nichts, protagonizada por Diane Kruger, pero mantiene muchas de sus virtudes: frescura, agilidad narrativa, personajes atractivos y ganas de seguir haciendo un cine personal y directo que no deberían perderse.

Roberto Sánchez.

-Aragonia-

lunes, 22 de mayo de 2017

Alien: Covenant (2017)***

Dir: Ridley Scott
Int: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, Danny McBride, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Amy Seimetz, Callie Hernandez, Benjamin Rigby, Alexander England, Uli Latukefu,  Tess Haubrich, Guy Pearce, Noomi Rapace, James Franco.

Las tres *** son para Ridley Scott y su resistencia. Allá por 1979 realizó la primera incursión en el "Universo Alien". Como tantas otras veces, este veterano realizador y productor británico, nacido en 1937, se sirvió de una historia concebida por otros. En este caso fueron Dan O´Bannon y Ronald Shusett los responsables, y un guión del primero, lo que le permitió inventarse un nuevo género que fusionaba con precisión los mecanismos del suspense, el terror y la ciencia-ficción. Otros grandes directores actuales del cine de fantasía y acción como James Cameron, David Fincher o Jean-Pierre Jeunet, siguieron su estela en diversas entregas que no dejaron de ser secuelas más o menos logradas. En 2012, apoyándose en el guión de Jon Spaiths y Damon Lindelof, Scott intenta regresar al pasado del mito y nos presenta Prometheus. La película convence a muy pocos, así que tardará unos años en tener la continuidad que se dejaba entrever en su final. 

Y ya la tenemos aquí: Alien: Covenant,  un cuidadoso refrito de toda la serie que han construido ladrillo a ladrillo como auténticos alarifes Jack Paglen y Michael Green, más los guionistas John Logan y Dante Harper. Tiene un evidente "aire de serie B", pero con un presupuesto monumental y un reparto de lujo. Ha intentado, y con un cierto éxito, buscar un nuevo protagonista (que ya estaba en Prometheus) con dos nombres y personalidades sintéticas (David y Walter): un atractivo androide interpretado con la eficiencia habitual por Michael Fassbender. 


De paso, recoge así otra de sus líneas argumentales de más éxito: la de los androides con conciencia de Blade Runner (1982), que tendrá su revisión en Blade Runner 2049 (2017),en la que sólo aparece como productor, delegando la dirección a Denis Villeneuve, y que está muy cercana a su estreno. Tan eficiente es Fassbender con su doble personaje que casi hace que nos olvidemos de la heroína de turno (había que cumplir con la liturgia) y también hay una mujer fuerte (la oficial Daniels, interpretada por la inglesa Katherine Waterston) que le planta cara al "bicho".



Hasta en dos ocasiones se vuelve a repetir en el argumento, el leit motiv de la saga, lo que supone ver a la "bestezuela" aniquilando con eficiencia a todo ser vivo que se cruce en su camino en dos contextos:el nuevo planeta al que llega la nave colonizadora Covenant, y luego en la misma nave, reproduciéndose con más fidelidad si cabe, lo sucedido en la película inaugural. Tanto es así, que la película hay que verla como un sentido homenaje que Scott se hace a si mismo. 

Por lo demás, el espectáculo responde a las expectativas del público más joven y demuestra que Ridley Scott sigue resistiendo...

Roberto Sánchez.

-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

sábado, 20 de mayo de 2017

Paraíso (Ray, 2016)

Dir: Andrei Konchalovsky
Int: Yuliya Vysotskaya, Christian Clauss, Philippe Duquesne, Peter Kurth, Jakob Diehl, Viktor Sukhorukov, Vera Voronkova, Jean Denis Römer, Caroline Piette.

Paraíso (Ray) nos invita a conocer las historias de tres personas cuyos caminos se cruzan en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Olga (impresionante trabajo de la actriz rusa Yuliya Vysotskaya) es una aristócrata rusa miembro de la Resistencia Francesa que es arrestada por la policía francesa, al servicio de los invasores alemanes, por ocultar a dos niños judíos durante una redada. Arrestada y enviada a la cárcel en espera de una decisión final, en prisión se reencuentra con Jules (Philippe Duquesne), ahora un funcionario francés colaboracionista que debe investigar su caso. Olga correrá el mismo destino que los niños a los que quería salvar: un campo de concentración y exterminio nazi. En él se encuentra con el que fue un viejo amor de juventud: Helmut (Christian Claus), un alto oficial de las SS, que todavía parece mantener sentimientos por ella.





La historia, escrita por Konchalovsky y Elena Kiseleva, se nos presenta como un triple flashback, que entrelaza las vidas de los tres protagonistas. Los tres, en un riguroso plano medio frontal y estático, reconstruyen sus historias. Los tres están ya muertos (pronto lo descubrimos), y los tres están haciendo su confesión final antes de cruzar las puertas que les llevaran al cielo o al infierno. Un infierno, por cierto, por el que ya ha pasado Olga durante la etapa final de su vida. Sorprende la sinceridad de Helmut, un aristócrata alemán, convencido de que el Paraíso Alemán, prometido por Hitler, tiene que llegar, incluso después de la derrota y la muerte, en el futuro...



Andrei Konchalovsky (nacido en 1937) es el hermano mayor de Nikita Mikhalkov, otro ilustre cineasta ruso. Tiene una trayectoria muy azarosa que le llevó a dirigir una bella e intensa odisea sobre la colonización rusa de los extensos territorios del este, titulada Siberiada (1979), varias aventuras en Norteamerica como Los amantes de María (1984), con Nastassia KInski en plena efervescencia, o Tango y Cash (1989), que, aunque parece difícil de creer, es una película de acción respetuosa al extremo con los patrones de Hollywood -ya saben, "quién paga, manda"-, protagonizada por Sylvester Stallone y Kurt Russell. Que el co-guionista de Andrei Rublev (1966), del maestro Andrei Tarkovsky, haya podido cometer un "pecado" tan grave, quizá explique la necesidad de expresarse con rotundidad en este Paraíso, rodada en un inquietante y sugerente blanco y negro (elegante trabajo de Alexandr Simonov).


Lo peor de esta película no es que hable, una vez más de los campos de concentración y del exterminio patrocinado por los nazis, sino que esa ideología esté ahora mismo recuperando terreno en países que fueron tan duramente castigados en la Segunda Guerra Mundial e incluso entre los líderes actuales de la "democracia" capitalista como Estados Unidos, Francia e Inglaterra, que terminaron ganando esa guerra que parecía haber terminado para siempre con esos peligrosos virus del racismo,la intolerancia y el extremismo...

Roberto Sánchez

-Aragonia-

viernes, 19 de mayo de 2017

Un italiano en Noruega (Quo vado?, 2016)

Dir: Gennaro Nunziante 
Int: Checco Zalone, Eleonora Giovanardi, Sonia Bergamasco, Maurizio Micheli, Lino Banfi,  
Massimiliano Montgomery, Angelica Napa, Adam Nour Marino, Fabio Casale.

 La dolce vita de los funcionarios

Siguiendo la tradición de la comedia italiana nacida en los años cincuenta y popularizada a nivel mundial gracias a actores como Alberto Sordi, Marcello Mastroianni o Nino Manfredi; actrices como Sofía Loren o Mónica Vitti y directores como Monicelli, Comencini, Pietro Germi o Dino Risi, Quo vado? entronca con las raíces y la parodia que se  disfrutaban en cintas como la divertida Divorcio a la italiana (1962, Pietro Germi). El filme de Genaro Nunziante (que junto al actor Checco Zalone ha dirigido cuatro taquilleras comedias entre 2009 y 2016) hunde su pala en el jardín dorado de esa comedia hilarante, pero extrae más tierra gruesa que fina arena dorada de ese cine ya mítico que queda para el recuerdo y las filmotecas. 

Un italiano en Noruega nos cuenta la atribulada y extravagante historia del funcionario Checco (Checco Zalone), interpretado por un actor, guionista e incluso compositor (la banda sonora de este filme también es suya) nacido en Bari, cuyo verdadero nombre responde a Luca Pasquale Medici, polifacético individuo que parece entenderse a las mil maravillas con su director.





Checco es un funcionario del estado italiano que vive instaurado en el confort más absoluto. Vive con su adorable madre, que se desvive por él haciéndole comiditas ricas, le  lava y le plancha y lo tiene como un pincel. En la sección de “caza y pesca” de su localidad de provincias se lo pasa en grande entre cafés, charlas y cachondeo y, además, recibe regalos de los cazadores de la zona, que le llevan perdices y otras delicatessen por sus servicios. Checco disfruta de las mujeres (que ansían cazar y ser preñadas por un funcionario que las mantenga), huye del compromiso y vive blindado por su puesto fijo para toda la vida. Pero un día, al pobre Checco le pilla una reforma de la Administración, ese gigante incomprensible y caótico en el que habita toda una fauna multicolor de empleados públicos a cual más jeta y más friqui, y no le quedará más remedio que, para no perder su sagrado puesto fijo, aceptar el destino que la dura  doctora Sironi, directora de su departamento (interpretada por la atractiva Sonia Bergamasco, nominada al David de Donatello por este trabajo), le encomendará. A Checco le aguarda, nada más y nada menos, que una estación científica en el polo norte perteneciente a Noruega, pero con una plantilla internacional de funcionarios. A partir de aquí, se sucederán multitud de situaciones, algunas más hilarantes que otras, con un filme al estilo de Ocho apellidos vascos pero con algo más de ingenio y con esa impagable ironía propia de Italia. 


El actor protagonista (también guionista), se ha hecho una película a su medida, como las del también actor cómico Sacha Baron Cohen, con lo que disfruta gesticulando al más puro estilo del país transalpino e incluso se atreve a cantar una canción y todo. 

La verdad es que, si tienen ganas de reír, es un filme entretenido que cumple con creces este cometido, aunque de arte cinematográfico mejor no hablamos. Lo mejor de Un italiano en Noruega es esa retranca y esa critica ácida y mordaz acerca de la cara dura, privilegios y forma de vivir de los funcionarios italianos. Una verdadera “dolce vita” que deja en mantillas a la de aquella maravillosa película de Fellini protagonizada por el recordado Marcello Mastroianni. Seguro que, además de reír a mandíbula batiente, en algunos momentos inspirados, se acordarán ustedes de alguna de esas visitas a edificios siniestros y vacíos en los que, a la hora de hacer un papeleo, se encontraron a uno de estos “Checco” haciendo crucigramas y bostezando en su mesa vacía a la espera de que las manecillas del reloj dieran las tres de la tarde. Que digo las tres...mejor a las dos y media...se hace tarde para comer y después hay que echar una buena siesta. Como diría “Martes y trece”: “que bonito y herboso es el mundo de los funcionarios...prrr...prrr...”.  
Lo dicho.  La Dolce Vita....y el Dolce Far Niente... en estado puro.

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia-

miércoles, 10 de mayo de 2017

Z. La ciudad perdida (2016)***

Dir: James Gray
Int: Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, Angus Macfadyen, Bobby 
Smalldridge, Edward Ashley, Tom Mulheron, Aleksandar Jovanovic, Siennah Buck, Stacy Shane, Bethan Coomber, Ian McDiarmid.

Basada e el libro The Lost City of Z: A Tale of Deadly Obsession in the Amazon (del año 2009), del periodista neoyorquino David Grann, ha sido convertida en una historia para la gran pantalla por James Gray. Su interesante filmografía, con títulos como Cuestión de sangre (1994), La otra cara del crimen (2000), La noche es nuestra (2007), Two Lovers (2008) o El sueño de Ellis (2013), no permitían sospechar que se sintiera atraído por el mito de El Dorado.

Durante siglos, los europeos discutieron la existencia de una antigua civilización en la selva del Amazonas. De hecho, algunos conquistadores españoles persiguieron ese sueño hasta su propia autodestrucción, como relataron con brillantez la novela La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (publicada originalmente en 1947), de Ramón J. Sender, o las películas Aguirre, la cólera de Dios (1972), de Werner Herzog, y El Dorado (1988), de Carlos Saura.

A principios del siglo XX la obsesión se mantenía en algunos visionarios como el británico Percy Fawcett que participó en una expedición tras otra, convencido de poder encontrar esta legendaria ciudad. En 1925, en su viaje más ambicioso y obsesivo, Fawcett  desapareció en lo más profundo de la selva, al igual que todas las expediciones que han seguido su rastro.



James Gray reconstruye con minuciosidad la vida de Fawcett (por cierto, una brillante interpretación de Charlie Hunnam), de su familia y, de paso, conocemos a alguno de sus compañeros en las expediciones a los confines del amazonas. Se nota que Gray ha visto, además de Aguirre, la cólera de Dios, otra película de Herzog ambientada en el amazonas, la alucinatoria Fitzcarraldo (1982), en la que de nuevo Klaus Kinski volvía a los equinoccios. Un cierto aire de irrealidad, casi de fantasía alucinógena (no sé si de ayahuasca o guanto), envuelve la vida de un oficial británico que, según nos cuenta James Gray, se encuentra de sopetón con una obsesión que marcará su vida y la de su familia, e irá más allá de la muerte. Antes de la última expedición, Fawcett peleó y fue gravemente herido durante las cruenta batalla del Somme (con más de un millón de bajas). Recuperado de sus graves heridas, se embarcó, junto a su hijo, en el viaje definitivo...



No es una película perfecta, Gray no parece del todo cómodo fuera de los entornos urbanos que hasta el momento dominaban sus historias, pero al menos, con un sólido y efectivo estilo clásico, ha sido capaz de transmitir la magia y el misterio de El Dorado, nos ha permitido vislumbrar algo más allá de las convenciones históricas establecidas. Nos ha propuesto mantener el sueño y la esperanza en lo que queda por descubrir, en lo que siempre pareció una leyenda sin sentido, pero existe al menos en esos territorios todavía inexplorados por el orgulloso y prepotente hombre blanco.

Roberto Sánchez.

-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

Plan de fuga (2016)**

Dir: Iñaki Dorronsoro
Int: Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Alain Hernández, Alba Galocha, Florín Opritescu.




En el corazón del banco Suizo hay una cámara acorazada inexpugnable. Víctor (Alain Hernández), un atracador profesional (o al menos así se presenta), se alía con una banda de delincuentes del este para asaltarla. Un policía (Luis Tosar) intenta detenerlos mientras avanza en una investigación llena de dificultades. La entrada es difícil, el plan de fuga imposible. Pronto descubrimos que nada es lo que parece... Además de Luis Tosar y Alain Hernández, destaca el trabajo de Javier Gutiérrez (Rápido, en el film). Ellos son los que protagonizan este nuevo thriller de robos al más puro estilo de Hollywood. 


La película resulta rutinaria y predecible. La dirección de Dorronsoro (también responsable del guión) es eficiente pero con escasa  personalidad. Anteriormente había realizado un mediometraje titulado El ojo del fotógrafo (1993) y el largo La distancia (2006), con Miguel Ángel Silvestre, el inevitable José Coronado y Federico Luppi; en definitiva dos ensayos previos en el territorio del thriller Si lo que se pretendía, ahora, era imitar el modelo norteamericano, sin duda  lo ha logrado, pero aproximándose a esos numerosos productos de consumo que sigue sacando la factoría de Hollywood, aunque ahora se hayan metamorfoseado fundamentalmente en series pensadas para la TV.




Ni siquiera el cine de género (thriller, subgénero atracos, en este caso) le vienen mal unas gotas de originalidad. Aquí escasean, y ni siquiera con el buen hacer de sus protagonistas, logra levantar el vuelo, quedándose muy abajo en la cada vez más numerosa lista de películas españolas que apuestan por narrar hechos delictivos y las actividades de la policía.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia-

martes, 9 de mayo de 2017

Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)***

Dir: James Gunn
Int: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Vin Diesel, Kurt Russell,
Michael Rooker, Karen Gillan, Elizabeth Debicki, Tommy Flanagan, Sean Gunn, Pom 
Klementieff, Chris Sullivan, Sylvester Stallone.


El cómic creado por Dan Abnett y Andy Lanning en 1969 tiene ahora una segunda entrega cinematográfica. Los Guardianes de la Galaxia continúan sus aventuras por los confines del cosmos. Ahora deberán luchar para mantener unida a su nueva familia mientras intentan resolver el misterio de los verdaderos orígenes de Peter Quill (de nuevo interpretado por Chris Pratt). Viejos rivales se convertirán en nuevos aliados. 
El universo Marvel continúa expandiéndose. Estos cómics nunca tuvieron un gran éxito, aunque la primera entrega en cine demostró que estos personajes desvergonzados, mal hablados y "gamberretes" se habían ganado la simpatía de un amplio sector del público. 

James Gunn, un cineasta de Saint Louis (Missouri), nacido en 1970, había destacado escribiendo el guión de Amanecer de los muertos (2004), una inteligente revisión del universo de los muertos vivientes de George A. Romero, que dirigió Zack Snyder. Ya tenía experiencia en mezclar terror, fantasía y comedia (en el guión de Scooby-Doo, de 2002; o la dirección de Slither: La plaga, de 2006), cuando recibió el encargo de la primera parte en 2014. Aunque ha tardado en retomar los personajes de Marvel, lo ha hecho con desparpajo, aportando algunos giros "tarantinianos" y con una selección musical de gran agilidad y oportunismo, que ya estaban presentes en la primera entrega de la saga, pero que han alcanzado ahora una gran perfección. Los diálogos son chispeantes,las situaciones tan disparatadas que rozan la comedia del absurdo, la ironía alcanza al malo de la función, incorporado por Kurt Russell, un "semidios" psicodélico que responde al nombre de "¡¡Ego!!", y todo, y todos, se confabulan para que la función (de 2 horas y 16 minutos) transcurra con rapidez a pesar de las debidas concesiones al "espectáculo" de naves y guerreros espaciales en plena trifulca.




De vez en cuando no viene mal dejarse llevar por la ligereza por una space-opera en clave de comedia. Confieso que me lo pasé muy bien comprobando lo bien que encajaban algunas míticas canciones que escuche en mi adolescencia (como el Father and Son de Cat Stevens, o  My Sweet Lord, de George Harrison) con algunas de las secuencias que contenían, además, no pocas dosis de ironía y referencias a la parafernalia (cultura, moda, etc...) de los años setenta y ochenta. James Gunn ya ha firmado para realizar Guardians of the Galaxy Vol. 3. en un próximo futuro.


Roberto Sánchez


-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

Lady Macbeth (2016)****

Dir: William Oldroyd
Int: Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, Bill Fellows, Ian Conningham, Paul Hilton, Joseph Teague, Golda Rosheuvel, Rebecca Manley.

 La pasión depredadora 

Inglaterra. Siglo XIX. Katherine vive enclaustrada en una hacienda rural con un hombre mayor al que no ama y en una relación que  le resulta cada vez más asfixiante. Presa de ese ambiente frío y claustrofóbico, encontrará la evasión y la vía para dar rienda suelta a sus pasiones en un apuesto bracero de la finca de su esposo. Partiendo de esta premisa argumental, asistiremos a una transformación de esta particular Lady Macbeth. Dentro de ella anida una bestia reprimida a punto de estallar que sólo necesitará el detonante adecuado.

El guión de Alice Birch adapta una novela de Nikolai Leskov. Aparecen los temas recurrentes de la represión sexual y la hipocresía de la Inglaterra victoriana que salen de nuevo a relucir en esta película de época perfectamente ambientada que se apoya en tres pilares fundamentales.


El primero es una cuidada y preciosista dirección del sorprendente debutante William Oldroy, que hasta ahora sólo había dirigido tres cortometrajes. El segundo, es la magnífica fotografía de la joven y brillante australiana Ari Wegner, que logra encuadres de una belleza pictórica y artística notables. El tercer pilar sería la extraordinaria interpretación de una actriz prácticamente desconocida, que hace un par de años se inició en el largometraje con la cinta británica The Falling (Carol Morley, 2014), un drama ambientado en un internado femenino durante los años sesenta. Florence Pugh, que así se llama la actriz que encarna a esta peculiar Lady Macbeth, parece una profesional mucho más consumada, y desde luego su talento para la interpretación la lleva a componer un personaje camaleónico y lleno de matices que no ha pasado desapercibido para el avispado director español afincado en Hollywood Jaume Collet Serra, quien la va a dirigir nada menos que junto a Liam Neeson, Vera Farmiga y Sam Neil en el thriller The Commuter, con estreno previsto para el año que viene. Además tiene ya firmado contrato con la productora Channel 4 para actuar a las órdenes de Stephen Merchant en otro largometraje (Fighting wth My Family) junto al musculoso actor de acción Dwayne “La Roca” Johnson.



Florence Pugh borda a esta Katherine depredadora, toda una loba con piel de corderita. Su personaje bebe también de otras emblemáticas figuras femeninas de la literatura, y comparte el inconformismo vital de Emma Bovary y el desmedido apetito carnal de Lady Chatterley en un cóctel que esta Lady Macbeth convierte en explosivo. Hay también ecos indudables en cuanto a referencias literarias y cinematográficas de esa maravillosa obra de Emily Brontë titulada Cumbres borrascosas (llevada al cine maravillosamente en 1939 por William Wyler), en la que el romance entre el desarraigado Heatcliff y Cathy (sin duda la coincidencia en el nombre no es baladí) nos conduce por esos brumosos paisajes británicos para introducirnos en un drama tan terrible como inolvidable.

Dejo casi para el final la imprescindible referencia a esa Lady Macbeth shakespeariana que, componiendo un retrato femenino adelantado a su tiempo, nos presentaba un personaje que, lejos de los valores tradicionales de fragilidad, maternidad y compasión imperantes hasta el siglo diecinueve, se acercaba de lleno a los valores masculinos de ambición y poder conectándola de lleno con la mujer que habría de llegar a finales del siglo XX y XXI.  

Si son amantes de los dramas clásicos, de los no tan clásicos, del thriller, del terror y de  las perfectas ambientaciones de época con una maravillosa fotografía, no se pierdan este particular Lady Macbeth. De todo ello hay pinceladas en este  sorprendente y hermoso lienzo que, una vez más, pone de relieve esa frase de Hermann Hesse tan de perenne actualidad: “El hombre es un lobo para el hombre”. Y esta Katherine, también. 

Gonzalo J. Gonzalvo 

-Aragonia- 

domingo, 30 de abril de 2017

Maravilloso Boccaccio (2015)***

Dir: Paolo Taviani, Vittorio Taviani
Int: Lello Arena, Kasia Smutniak, Jasmine Trinca, Kim Rossi Stuart, Riccardo Scamarcio,  
Rosabell Laurenti Sellers, Vittoria Puccini, Flavio Parenti, Carolina Crescentini,  
Michele Riondino, Paola Cortellesi.


Entre 1348 y 1349 la peste negra asoló Florencia. Giovanni Boccaccio (1313-1375) escribió su Decamerone entre 1351 y 1353, siendo uno de los supervivientes de esas terribles plagas. Su libro contiene cien cuentos, algunos de ellos auténticas novelas cortas. Desarrolla en él tres temas principales: el amor, la inteligencia humana y la fortuna. Los diversos cuentos de amor en el Decamerón van de lo erótico a lo trágico y se caracterizan por su ingenio y sagacidad. Supone, junto a la Divina comedia de Dante Alighieri y las obras de Francesco Petrarca, un salto cualitativo impresionante desde la Edad Media, a los albores de un Renacimiento italiano que empezaba a refulgir en todos los territorios del arte. 

Parecía que la adaptación de Pier Paolo Pasolini, en El Decamerón (1971), sería única y definitiva, ya que aunque de modo inmediato generó otras versiones que se aprovecharon del lado más erótico-festivo, como Le calde notti del Decameron (1972), de Gian Paolo Callegari, Il Decamerone proibito (1972), de Carlo Infascelli y Antonio Racioppi, Decameroticus (1972), de Giulano Biaggeti, o Boccaccio (1972), de Bruno Corbucci; lo cierto es que la visión de Pasolini, con su personal mirada, mezclando su incisivo tono naturalista y con la fantasía y el juego naif, combinando actores profesionales y no profesionales, era irrepetible. 

Así que los hermanos Taviani (Paolo nacido en 1931 y Vittorio en 1929) optaron por  construir una bella y esteticista versión de la obra de Boccaccio. Los cien cuentos dan mucho de sí y ellos han elegido para sus historias un tratamiento visual (junto a su  director de fotografía Simone Zampagni) que supone todo un homenaje a los colores de la escuela florentina del Trecento (sobre todo a Giotto). La belleza de sus jóvenes actores y actrices es todo un símbolo de esa juventud amenazada por la terrible peste negra que sobrevivirá por encima de todo.



Cómo en la historia original, un grupo de jóvenes huye de una Florencia apestada y se dirigen al campo para intentar sobrevivir y, una vez allí, para pasar los días improvisando y contando historias. Esos relatos que nosotros disfrutamos igualmente, recrean situaciones, que en la visión de los Taviani se ha desviado hacia una suavidad y  tacto aterciopelados. Es como si los tonos apastelados de la fotografía inundaran igualmente las historias. Sí, hay erotismo, sí, hay ironía, pero livianos, delicados y siempre más sugerentes que explícitos.




Los Taviani que iniciaron su trayectoria en los años sesenta (del siglo XX), nos han aportado unas cuantas películas magistrales como Hay que quemar a un hombre (1962), Padre patrón (1977), El prado (1979), La noche de San Lorenzo (1982) o César debe morir (2012). Aunque su personal visión de El Decamerón no sea una de sus obras maestras, tiene sobrados atractivos para disfrutarse, siempre que uno este dispuesto a dejarse llevar por las historias de Boccaccio que, filtradas por los Taviani, muestran el triunfo del amor, pero sobre todo de la BELLEZA (sí, con mayúsculas).

Roberto Sánchez

-Palafox-

Stefan Zweig: Adiós a Europa (2016)***

Dir: Maria Schrader
Int: Josef Hader, Tómas Lemarquis, Barbara Sukowa, Nicolau Breyner, Charly Hübner, Lenn Kudrjawizki, Ivan Shvedoff, Harvey Friedman, Nahuel Pérez Biscayart,  André Szymanski, Matthias Brandt,  Nathalie Lucia Hahnen, Oscar Ortega Sánchez,  Vincent Nemeth,  João Cabral,  Márcia Breia.

Este biopic sobre Stefan Zweig (interpretado por el actor austriaco Josef Hader) se centra en los años de exilio del famoso escritor y activista social nacido en Viena en 1881. Como judío se vio obligado a abandonar de su país debido al régimen nazi. En su huida hacia adelante, se refugió en París primero y, más tarde, en Londres, pero a  Zweig no le quedó otra solución que abandonar  Europa junto a su esposa y recalar en Sudamérica, instalándose finalmente en Brasil, donde acabaría suicidándose en 1942.

Además de su categoría como ensayista, poeta y escritor, para cualquier cinéfilo que se precie, es el autor de la novela Carta a una desconocida (Brief einer Unbekannten, escrita en 1922), llevada al cine en dos ocasiones. La primera adaptación es una obra maestra de gran delicadeza y belleza titulada Carta a una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), de Max Ophüls, y la segunda, la  apreciable Carta de una mujer desconocida (Yi ge mo sheng nu ren de lai xin, 2004), de la china Jinglei Xu.

La actriz y directora alemana Maria Schrader, que había realizado previamente La jirafa (co-dirigida por Dani Levy en 1998) y Liebesleben (2007); afronta la difícil tarea de contarnos los años en el exilio de uno de los más destacados escritores en alemán de toda la historia, profundamente marcado por ese exilio y por la persecución de los judíos por parte del régimen nazi. Resultada atractiva, y no poco arriesgada, la idea de reconstruir momentos decisivos en esa huida forzada, y hacerlo como si fueran capítulos independientes, desde el congreso internacional de literatura celebrado en Brasil en 1936, con el que se abre la película, pasando por sus estancias en Buenos Aires, Nueva York, hasta cerrar el círculo con su muerte en Petrópolis (Brasil), está caracterizada por un cierto distanciamiento y frialdad de la cámara que sin embargo siempre se preocupa de captar con detalle la expresiones de un hombre melancólico, de extrema sensibilidad, abrumado por los terribles acontecimientos que suponen la expansión de los ejércitos nazis, por los amigos y familiares dejados atrás, por la necesidad de apoyar a otros exiliados como Friderike (interpretada por Barbara Sukowa), su anterior mujer, "rescatada" a través de Marsella, y con la que coincidirá en Nueva York. La tensión vital de un hombre, un tanto apático y distante en 1936, convencido de que la situación aún podía revertirse en Alemania, va evolucionando hacia una desesperación larvada en esa personalidad ensimismada, cada vez más preocupada por la constatación de que Hitler y sus secuaces parecían estar imponiéndose en Europa (todavía era así en 1942).



Maria Schrader, junto a su co-guionista Jan Schomburg, han construido una historia aparentemente distante, un filme biográfico sí, pero que en forma de capítulos aislados, con transiciones intencionadamente bruscas, nos propone fragmentos vívidos, que parecen rescatados de un álbum de intensos recuerdos personales. El desenlace, desde el punto de vista formal, es uno de los grandes aciertos de una película irregular, pero muy atractiva.



Existe una versión doblada (que afecta sólo al alemán) que no favorece para nada la comprensión de un film en el que se escuchan el francés, el inglés, el portugués (variante brasileña), el hebreo, el español y alguna palabra suelta de yiddish y ruso; siendo muy importantes todas ellas para comprender la comprometida y compleja tesitura vital y anímica en la que se nos quiere mostrar al escritor Stefan Zweig. Si pueden, véanlo (y escúchenlo) en su versión original. 


Roberto Sánchez


-Palafox-

lunes, 24 de abril de 2017

Rosalie Blum (2015)***

Dir: Julien Rappeneau
Int: Noémie Lvovsky, Kyan Khojandi, Alice Isaaz, Anémone, Philippe Rebbot, Sara Giraudeau, Camille Rutherford, Nicolas Bridet, Pierre Diot, Matthias Van Khache, Grégoire Oestermann,  
Jean-Michel Lahmi, Aude Pépin, Jaouen Gouevic, Vincent Colombe, Pierre Hancisse, Luna 
Picoli-Truffaut.

La vida de Vincent Machot (Kyan Khojand) transcurre entre su peluquería, su primo, su gato y su dominante madre (interpretada por Anémone, seudónimo de la actriz parisina Anne Madelaine Louis Bourguignon, especializada en el género de la comedia). Un día, Vincent conoce por azar a Rosalie Blum (Noémie Lvovsky), una misteriosa y solitaria mujer, y está convencido de sufrir un déja-vu, de que ya se ha encontrado con ella alguna vez. Intrigado, decide seguirla a todas partes, con la esperanza de saber más de ella. Esta inesperada actividad del peluquero, le llevará a situaciones un tanto ridículas y terminará por ser, él mismo, objeto de un cuidadoso seguimiento. 

Julian Rappeneau es hijo de Jean-Paul Rappeneau (el director, entre muchas otras, de la estupenda Cyrano de Bergerac de 1990), y uno de los más reputados guionistas del cine francés. Rosalie Blum es su primer trabajo como realizador. Por supuesto la adaptación y guión son suyos, tomando como punto de partida las novelas gráficas, protagonizadas por Rosalie Blum, de Camille Jourdy.



Comedia agradable, con ligeros toques dramáticos, de gran elegancia y ajustado trabajo de actores. Un buen debut como director, apoyado en una novela gráfica francesa que maneja precisamente códigos semejantes, demostrando la madurez y buen hacer de la escuela francesa de cómic y también que la comedia no tiene que ser necesariamente una acumulación de barbaridades y estupideces sin fin. Aquí hay humor y unas cuantas situaciones absurdas, pero predomina un planteamiento moderado y equilibrado que no olvida añadir esas ligeras pero contundentes notas de realidad y drama, alejándose conscientemente de ese estilo exagerado y grandilocuente de la comedia actual norteamericana, un pésimo modelo que paradójicamente muchos quieren imitar.



Como siempre, o casi siempre, nuestro respeto al cine francés, capaz todavía de generar productos estimables perfectamente exportables. Aunque somos conscientes de que nos perdemos una parte fundamental de su producción (quizás la más arriesgada y creativa), estas ligeras gotas que nos llegan demuestran que su industria sigue en pie y dándonos no pocas lecciones de cómo producir un cine divertido y de evasión (¡qué falta nos hace!), pero inteligente y reflexivo al mismo tiempo.

Roberto Sánchez

-Aragonia-

sábado, 22 de abril de 2017

Nieve negra (2017)**

Dir: Martín Hodara
Int: Ricardo Darín,  Leonardo Sbaraglia,  Laia Costa,  Dolores Fonzi,  Federico Luppi, Biel Montoro,  Mikel Iglesias,  Liah O'Prey,  Andrés Herrera

Acusado de haber matado a su hermano durante la adolescencia, Salvador (Ricardo Darín) vive aislado en el medio de la Patagonia. Tras varias décadas sin verse, su hermano Marcos (Leo Sbaraglia) y su cuñada Laura (Laia Costa), llegan para convencerlo de vender las tierras que comparten por herencia. El cruce, en medio de un paraje solitario e inaccesible, reaviva el duelo dormido donde los roles de víctima y asesino se trastocan una y otra vez.

Martin Hodara (nacido en 1968 en Argentina) ha sido uno de los más valorados asistentes de dirección y director de segunda unidad de su país, interviniendo en películas como Nueve reinas (2000), o El aura (2005), del recientemente fallecido Fabian Bielinsky (1959-2006). Debutó en la dirección mano a mano con Ricardo Darín en La señal (2007). Con el célebre actor argentino parece que hay una especial complicidad, y en Nieve negra, que dirige en solitario, Darín vuelve a tener un papel muy importante (ahora como actor) con un  personaje especialmente complejo.



El film se construye mediante saltos temporales que le acaban dando a esta historia, escrita por Hodara y Leonel D´Agostino, un empaque y una apariencia de gran drama que no responde a la realidad de la historia que se nos cuenta. Es cierto que el grupo de actores reunido (en especial Darín, Sbaraglia y Luppi) tienen una demostrada capacidad y que cumplen sobradamente, dándoles profundidad a sus personajes, también que los duros paisajes nevados de la Patagonia casi logran ser un personaje más, pero al final todo parece demasiado previsible. Es como si el jugador de una partida de póker, algo inexperto todavía, desvelara su combinación de cartas demasiado pronto.



Tampoco juega a su favor el estilo grandilocuente  en la realización. La película tiene una apariencia expresionista (colores virados al claroscuro) pero luego, en realidad, se trata tan sólo de desvelar ese misterio familiar de quién mató a quién y por qué, sin ahondar demasiado en personalidades que intuimos complejas. Algunas de las justificaciones y de los giros finales, la estructura que ya comentamos, en flasbacks, sólo parecen estar para enredar una trama en realidad bastante simple. 

Al final, el buen trabajo de actores, y la eficacia de los cineastas argentinos, logran que no estemos ante una película desechable. Los seguidores de la ya extensa trayectoria de Ricardo Darín pueden respirar tranquilos, aunque tampoco sea uno de sus trabajos más memorables pueden disfrutarlo moderadamente sin caer en la desesperación.

Roberto Sánchez.

-Aragonia-  

El otro lado de la esperanza (Toivon tuolla puolen, 2017)***

Dir: Aki Kaurismäki
Int: Kati Outinen,  Tommi Korpela,  Sakari Kuosmanen,  Janne Hyytiäinen,  Ilkka Koivula, Kaija 
Pakarinen,  Nuppu Koivu,  Tuomari Nurmio,  Sherwan Haji


Helsinki. Dos destinos se cruzan. Wikhström (Sakari Kuosmanen), de 50 años, decide cambiar su vida, rompe con su mujer (Kati Outinen, una de las actrices preferidas de Kaurismaki) y abrir un restaurante. Khaled (Sherwan Haji) es un joven refugiado sirio que llega a la capital finlandesa por accidente. Su solicitud de asilo es rechazada pero decide quedarse de todos modos. Una tarde, Wikhström se lo encuentra en la puerta de su restaurante y, emocionado, decide ofrecerle su ayuda. Después, poco a poco, Khaled descubrirá lo difícil que resulta ser un exiliado. 

Este director finés, nacido en 1957, viene trabajando con regularidad desde los años ochenta. Ya tiene unos cuantos títulos muy recomendables, en los que siempre ha mantenido unos criterios personales marcados por un cuidadoso encuadre, un cierto estatismo y unos peculiares personajes marcados por la melancolía o una profunda tristeza, que parece muy finlandesa. Aunque a veces cuesta identificarlo, hay un sentido del humor muy negro, en ocasiones muy soterrado, pero siempre presente incluso en sus filmes más trágicos. Me parecen muy logradas y sugerentes sus películas La chica de la fábrica de cerillas (1990), La vida de bohemia (1992), Juha (1999), Un hombre sin pasado (2002), o El Havre (2011). La suya es una trayectoria firme y constante, con un modo de hacer muy bien definido que no ha variado en El otro lado de la esperanza.





Kaurismaki al tocar el tema de los exiliados forzosos, en realidad se mantiene fiel a sus personajes, siempre al límite de la desesperación, pero contenidos, volcados hacia dentro. Su cine no es grandilocuente ni aparatoso. Kaurismaki, que suele responsabilizarse también de sus guiones, es un realizador muy preocupado,como ya dijimos, por una meticulosa composición del encuadre, pero logra casi siempre que pase desapercibido y que no dificulte la fluidez de las historias entrecruzadas que suele proponer. Hay un cierto aire de irrealidad, un distanciamiento en su mirada, que produce una suerte de ironía, y en los espectadores atentos lleva al reconocimiento de situaciones absurdas, surrealistas, pero no por ello menos ciertas. En esa línea está el retrato de los representantes de la justicia en su país y la sorprendente valoración que hacen de la situación en Siria, uno de los conflictos más sangrantes de la actualidad que dura ya seis años y con evidentes responsabilidades de las potencias mundiales y de las facciones del integrismo islámico, que todavía está llevando al desamparo y la muerte a miles de civiles inocentes. 




No es una de las mejores películas del finés, pero es de agradecer que incluya en su galería de personajes a estos exiliados forzosos, cuya situación, debería recordarnos a otros muy cercanos, familiares y hermanos nuestros, que tuvieron que intentar salvar sus vidas huyendo de la dictadura franquista.

Roberto Sánchez

-Aragonia-