sábado, 18 de noviembre de 2017

Oro (2017)***

Dir: Agustín Díaz Yanes
Int: Raúl Arévalo, José Coronado, Bárbara Lennie, Óscar Jaenada, Luis Callejo, Juan 
José Ballesta, Antonio Dechent, Andrés Gertrudix, José Manuel Cervino, Juan Diego, 
Juan Carlos Aduviri, Anna Castillo, Diego Paris, Josean Bengoetxea, José Manuel Poga.


El guion de Oro, parte de una historia de Arturo Pérez Reverte. Escrito al final por Agustín Díaz Yanes y el conocido escritor, con el que ya colaboró estrechamente en Alatriste (2006), discutida y discutible adaptación de la serie de novelas de éxito del escritor citado. 

Yanes empezó escribiendo guiones para otros (José Luis García Berlanga, Rafael Moleón, Eduardo Campoy y Juan Sebastián Bollaín), hasta que en 1995 dio el salto a la dirección con la estupenda Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, que para mí sigue siendo, con diferencia, su mejor trabajo. Dïaz Yanes es un realizador poco prolífico, quizás marcado por el fracaso económico de Alatriste (alta inversión, mínimo beneficio) que ha hecho complejo armar nuevos proyectos. De hecho, hasta 2008 no retornó a la dirección, y lo hizo con Solo quiero caminar, una secuela bastante recomendable de Nadie hablará..., pero que al parecer tampoco lo resituó en el mundo de la producción regularizada de nuestro país. Hasta el 2017 no ha logrado estrenar un nuevo trabajo. Nueve años son muchos en este mundo marcado por la inmediatez y un ritmo vertiginoso en el consumo, así que parece haber moderado sus ambiciones y ahora nos ofrece, de nuevo mano a mano con Reverte, un regreso al SigIo de Oro y a la España de los "Conquistadores", pero ahora con planteamientos algo menos ambiciosos que en Alatriste.

.



El mismo Agustín Díaz Yanes, ha reconocido que preparando el film analizó con atención dos de las películas que ya trataron el mismo tema: Aguirre, la cólera de Dios (1972), de Werner Herzog y El Dorado (1988), de Carlos Saura; y que, por supuesto, conocía bien la interesante novela de Ramón J. Sender La aventura equinoccial de Lope de Aguirrepublicada en 1964 y reeditada en múltiples ocasiones. Con Reverte a su vera, como ideólogo, Yanes nos muestra con crueldad y eficiencia como estos ambiciosos españoles llegados a América en busca de El Dorado, continúan con los enfrentamientos entre ellos, en una especie de guerra civil eternizada, que parece aferrada a nuestros genes por muchos siglos que transcurran.




De modo intencionado la película es oscura e inquietante. Más cerca de las pinturas negras de Goya en el aspecto visual (con un excelente trabajo del director de fotografía Paco Femenia) y , en lo temático, de la serie de los grabados de los Desastres de la guerra, también del aragonés. El vestuario y la ambientación son sobresalientes y el trabajo de actores es igualmente muy apreciable. El retrato simbólico de España, de nuestros miedos, y de nuestros logros, parece latente, aunque, desde luego, con esa mirada oblicua de Reverte (y en buena medida también de Yanes) que parece recuperar el pesimista e hiriente ojo crítico de Francisco de Quevedo para mostrar en carne viva lo peor de todos nosotros. Es verdad que ante las adversidades que llegan de "fuera" podemos unirnos, pero terminado el "peligro" volvemos al enfrentamiento fratricida. Esa idea se repite varias veces en el film (uno parece estar leyendo literalmente a Reverte, en esos momentos), pero los hechos y la acción parecen desementirla continuamente.




En definitiva, una pelícual irregular, pero muy  recomendable que, como me comentaba Fernando Gracía, un amigo de la Tertulia Cinematográfica Perdiguer y colaborador de medios en esto del cine, si hubiera sido una producción anglosajona, nos hubiera parecido estupenda y maravillosa por que sí, pero llevados por ese espíritu algo cainita, que como muestra la película sigue estando ahí, tendemos a menospreciarla. 

Un esfuerzo más que digno por seguir contando historias en el cine de nuestras propias aventuras equinocciales, mucho más atractivas (con sus luces y sombras, claro) que la mayoría de los westerns o esas aventuras de super-héroes entresacadas de los cómics que hoy inundan nuestra cartelera.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

viernes, 17 de noviembre de 2017

Musa (2017)****

Dir: Jaume Balagueró
Int: Elliot Cowan, Franka Potente, Ana Ularu, Leonor Watling, Christopher Lloyd, 
Manuela Vellés, Joanne Whalley. 


Decir “Balagueró” es sinónimo de cine fantástico y de terror de calidad. Sin duda, es uno de los directores españoles con una más interesante filmografía, convertido ya desde hace años en una figura relevante dentro del género a nivel internacional. 

Conviene observar la evolución de este cineasta (cuyo éxito ha ido paralelo al enorme crecimiento y relevancia del Festival de Cine Fantástico de Sitges de la última década) para observar también la evolución del género y sus rupturas o fidelidades con respecto a las etapas clásicas: desde el terror de la Universal, pasando por el terror gótico de la Hammer en los setenta, y el gore de los ochenta y noventa. 

Balagueró, tras un par de cortometrajes llamativos a mediados de los 90 (AliciaDías sin luz, el primero de los cuales ganó el premio al mejor cortometraje en Sitges 1994) se estrena en el largometraje con la impactante Los sin nombre (1999), donde ya introduce ese mundo de oscuridad y de pesadilla que se presenta de nuevo y sin avisar en la vida de los protagonistas para arrastrarlos a él. Con Darkness (2002), continúa en esa línea con una tremenda fuerza visual, componiendo otro filme atmosférico marca de la "casa Balagueró” que sume al espectador en una espiral desasosegante hasta el final. Su pasión por esos edificios fantasmagóricos (como dije antes), llega a la cumbre con Frágiles (2005), en el que la actriz Calista Flockhart tuvo que enfrentarse a malignas fuerzas que campaban a sus anchas por las estancias del hospital infantil de Mercy Falls. De nuevo un filme atmosférico de factura técnica impecable, pero más de consumo popular. Pasarán dos años hasta que llegue REC (2007), todo un fenómeno que revoluciona al público del Festival de Sitges (yo estaba ese año allí) y, posteriormente, al resto del país. Con una propuesta chocante e impactante (usando la cámara al hombro y el estilo de falso documental), consigue de nuevo enlazar a la perfección el mundo de maldad y pesadilla con la realidad, introduciendo además una crítica social soterrada y unas pinceladas de humor impagables que lo convierten en un éxito que logra el acuerdo de crítica y taquilla. 

Su último gran trabajo hasta ahora, ha sido para mí el filme Mientras duermes (2011), una fábula tan real como aterradora en la que el terror viene de la mano de lo más cotidiano, lo que supone otra visión del cineasta y un nuevo camino para introducir el miedo al espectador. Dejo aparte las secuelas de REC que sólo suponen una franquicia para exprimir hasta el límite el éxito de la primera y que nada aportan al original. 




En Musa (adaptación de la novela homónima de José Carlos Somoza), Balagueró nos narra la historia de Samuel Salomon, un profesor de literatura que sufre de cerca la trágica e inesperada muerte de su novia. Tras ese incidente, cae en un abismo vital que le aleja de la Universidad y de las aulas, y sufre una recurrente pesadilla en la que aparece una mujer brutalmente asesinada en un extraño ritual. De repente, la misma mujer que aparece todas las noches en su mente es hallada muerta en idénticas circunstancias a las de su sueño. Esta es la premisa argumental de la que parte una película que es plenamente afín al universo de lo fantástico, pero que huye de los caminos trillados últimamente y apenas recurre a los efectos especiales (especialmente a los digitales). Jaume Balagueró consigue con esto, de nuevo, salirse de lo habitual y componer un filme fiel a sus temas característicos: lo oculto, el mundo pesadillesco e irreal que transcurre paralelo al real hasta que se funde con éste con consecuencias imprevisibles. Esto lo conecta directamente con la filosofía de ese mundo de pesadilla creado por Wes Craven en los 80, aunque el clima y ambiente general donde se mueve Musa la entronca mucho más con títulos de los 60 y 70 con ingredientes de suspense y escenarios de grandes caserones u hospitales abandonados que hacen las veces de inquietantes platós (como Al final de la escalera, de 1980, de Peter Medak o La mansión encantada, de 1963, de Robert Wise). 




Balagueró es, sin lugar a dudas, un cineasta inteligente, con un gran dominio de la técnica y con una potencia narrativa visual sobresaliente. El género fantástico y de terror no es nada fácil, y se puede caer en el mal gusto, en lo típico y tópico, sin nada más que dar algún susto y entretener un buen rato al espectador fanático del género (cuyo buen talante y benevolencia le ayudan a tragarse todo o casi todo lo que se estrena). Los últimos años son la prueba patente de propuestas comerciales bastante vacías de contenido que poco o nada han aportado a este género. No es el caso de Jaume Balagueró, que con Musa consigue nuevamente un filme impecable que logra recrear sus mundos y temas favoritos ya nombrados con eficacia, ayudado por un excelente reparto en el que destacan especialmente su protagonista masculino (Elliott Cowan), pero también, unas estupendas Franka Potente (aquella jovencita compañera de El caso Bourne que ha madurado fenomenalmente), Manuela Vellés, la actriz rumana Ana Ularu y  Leonor Watling. 




Visto el panorama actual, Balagueró ha conseguido un filme más que notable, con ese componente literario adicional que lo dota de una pátina de terror romántico y cuasi gótico, pero siendo a la vez una película actual y moderna. Con múltiples referencias a filmes clásicos del género pero con indudable personalidad propia. Quizá no sea su mejor trabajo hasta la fecha pero, sin duda, es un filme imprescindible para amantes del género fantástico que nos recuerda al Amenábar de Los otros, otro de los grandes directores españoles que, como Balagueró, han sabido llevar al espectador a los terrenos más oscuros del mundo de las pesadillas y la maldad. 

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

domingo, 12 de noviembre de 2017

American Assassin (2017)**

Dir: Michael Cuesta
Int: Dylan O'Brien, Michael Keaton, Taylor Kitsch, Sanaa Lathan, Scott Adkins, Shiva Negar, 
Trevor White, Mohammad Bakri, Alaa Safi, Tolga Safer, Aso Sherabayani, Gioacchino Jim 
Cuffaro.


El espía que surgió del calor playero ibicenco

En pocas ocasiones se conserva el título original en inglés de una película del mercado norteamericano o anglosajón, aunque en este caso la traducción literal es bastante obvia. 

Firma este thriller de acción trepidante Michael Cuesta, un director neoyorquino  de ascendencia latina cuyo trabajo ha estado centrado en series de televisión como la excelente A dos metros bajo tierra, Dexter, la policíaca Blue Bloods o Homeland y, más recientemente, Elementary, donde ha ejercido como productor ejecutivo además de director. 

Hubo que esperar hasta el 2014 para descubrir su primer largometraje, Matar al mensajero, notable trhiller, protagonizado por Jeremy Renner, que ya relacionaba a la CIA y a sus objetivos con las consecuencias “colaterales” de sus sucias tácticas. Antes de poder visionar su siguiente largometraje, que es este American Assassin, Cuesta volvió a realizar un episodio de una serie de televisión de calidad, Billions, que de nuevo entraba a explorar temas como la corrupción y los entresijos del poder político. 

El thriller de acción, con tintes de cine de espionaje y aderezado con unas gotas de intriga política y social, parecen ser pues los ingredientes del cóctel cinematográfico predilecto de Michael Cuesta. No Obstante, en éste su segundo largometraje, aunque se observan ramalazos de el estilo del agente Jason Bourne, y contiene estimables escenas de acción, no llega ni mucho menos al nivel de ésta y, tampoco, al del primer largometraje de Cuesta (Matar al mensajero), mucho más interesante que el American Assassin que nos ocupa, adaptación, por otra parte, de la novela del mismo título escrita por Vince Flynn, un guión que ha sido elaborada por Stephen Schiff, Michael Finch, Edward Zwick y Michael Herskovich. 

La bella Shanaa Lathan ofrece belleza y competencia en su papel de alto cargo de la CIA,  al igual que Michel Keaton (quizá lo mejor de la película a nivel actoral), que con un personaje lleno de claroscuros, se mueve como pez en el agua sobre la delgada y difusa línea que separa de forma borrosa el bien del mal, circunstancia esta que caracteriza a todos los grandes personajes de historias o filmes de cine negro. La joven pareja formada por el díscolo agente Mitch Rapp (interpretado por Dylan O´Brien) y la joven y hermosa  actriz turco canadiense Shiva Negar (que podría componer una magnífica y malvada chica Bond) cumple con su cometido, a pesar de no desarrollar una excesiva química entre ellos. Incluso hay más de una escena en la que ella se lleva el interés del espectador  fagocitando la pantalla y a su partenaire. 



El comienzo de esta truculenta historia que arranca en las españolas playas de Ibiza (seguro que nos va a restar turismo norteamericano), impacta y sacude al espectador ya de por sí sensibilizado con los recientes ataques de los bárbaros terroristas del Estado Islámico. Tras ese comienzo sísmico da la impresión de que el filme nos va a ofrecer mucho más de los que finalmente hace. Con eso y con todo,  la película resulta entretenida a pesar de que la historia se reduce a un guión bastante plano y lineal y podría haber sido mucho más aprovechada. Da la impresión de que Cuesta ha perdido gran parte de ese punch inicial que poseía, quizá anestesiado por tanto trabajo televisivo de encargo. En esta misma línea de filmes, trabajos como La sombra del reino (2007, Peter Berg), Zero Dark Thirty (Kathryn Bigelow, 2012) o Espías desde el cielo (2015, Gavin Hood), ofrecen al espectador mucha más calidad e incluso aporte adrenalítico. Esperemos que este American Assasin no se convierta en una franquicia al estilo de la protagonizada por el superagente Jason Bourne, pues su protagonista carece del carisma y potencia de este.




Un filme de acción más que correcto y que hace pasar un buen rato en el cine, pero que no pasará a los anales del thriller político ni de acción. Existió un espía, Alec Leamas, que surgió del frío magnificamente interpretado por el soberbio actor Richard Burton y de la mano del gran director Martin Ritt. Otros en cambio prefieren el cálido sol de Ibiza...esto de la guerra fría ya no es lo que era...

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia-

jueves, 2 de noviembre de 2017

El tercer asesinato (Sando-me no satsujin, 2017)****

Dir: Hirokazu Koreeda
Int: Masaharu Fukuyama, Koji Yakusho, Suzu Hirose, Yuki Saito, Kotaro Yoshida,Shinnosuke 
Mitsushima, Izumi Matsuoka, Mikako Ichikawa, Isao Hashizume.

El conocido abogado Shigemori (Masaharu Fukuyama) defiende a Misumi (Koji Yakusho), acusado de robo con homicidio, que ya cumplió pena de cárcel por otro asesinato hace treinta años. Las posibilidades de que Shigemori gane el caso son escasas, ya que su cliente reconoce ser culpable, aunque esto probablemente signifique la pena de muerte. Pero a medida que desentraña el caso y escucha los testimonios del propio Misumi y de la familia del asesinado, Shigemori empieza a dudar de la culpabilidad de su cliente. 

Hirokazu Koreeda, nacido en Tokyo en 1962, es uno de los cineastas más aprecibles de los últimos años. Al contrario que con otro directores japoneses, casi hemos podido ver todas sus películas desde el año 2004. Koreeda tiene un estilo visual elegante y contenido, que cuida al detalle el encuadre y los movimientos de cámara, que logra en sus actores una naturalidad absoluta y suele ocuparse de historias con un ambiente familiar muy próximo a la vida cotiana. Es además un excelente realizador de documentales. 

De una trayectoria que resulta impecable, me quedo, de momento, con Still Walking (Aruitemo, Aruitemo, 2008), Kiseki (Milagro) (2011) y la recién estrenada: El tercer asesinato. En ella, parece (sólo parece) abandonar esos universos familiares (a veces complejos, pero siempre reconocibles), que con planteamientos más modernos, quizás algo más sensibles y delicados, suponen al mismo tiempo un sentido homenaje al cine de Yasuhiro Ozu  (1903-1963), uno de los maestros de la cinematografía mundial, que filmó en 1927 La espada del arrepentimiento, su primera película todavía muda, y que nos ha ido dejando joyas de la categoría de Nací, pero...(1932), Una mujer de Tokyo (1933), Primavera tardia (1949), El sabor del té verde con arroz (1952), Cuentos de Tokyo (1953) y su último trabajo El gusto del sake (1962). 



La manera de filmar de Koreeda, no debe tanto a Ozu, en realidad sólo pervive del gran maestro su preocupación por retratar la existencia diaria, por "esculpir el tiempo", es un cineasta más abierto a la estética occidental, al sentimentalismo, y además se nota que ha asimilado ideas de otros maestros no japoneses. Parece claro el caso de Ingmar Bergman, en algunas planificaciones brillantes del "enfrentamiento" interpretativo entre Fukuyama (el abogado) y Yakusho (su defendido), que funcionan muy bien gracias al alto rendimiento como actores de los dos. Igualmente emplea recursos del mejor cine clásico, haciendo casi invisible la presencia de la cámara.


Esta película tiene un asesinato, tiene un juicio, los encuentros entre los abogados, la investigación para intentar esclarecer unos hechos no tan claros como parecen, pero sigue siendo un film de Koreeda, indagando en las relaciones entre padres e hijos, en las rupturas y crisis familiares, en los difusos límites entre el bien y el mal. Aprovecha, claro está, para indagar en el sentido de la justicia y de la venganza (no olvidemos que Japón mantiene en su código de justicia la pena de muerte). 



Al final, el cadencioso y elegante ritmo narrativo de Hirokazu Koreeda, nos obliga a tomar
partido, a pensar, a decidir entre las diversas encrucijadas que propone el film y la misma vida.

Roberto Sánchez

-Aragonia-

martes, 31 de octubre de 2017

Thor: Ragnarok (2017)***

Dir: Taika Waititi
Int: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Cate Blanchett, Anthony Hopkins, Mark Ruffalo, 
Tessa Thompson, Benedict Cumberbatch, Idris Elba, Jeff Goldblum, Jaimie Alexander, Sam 
Neill, Ray Stevenson, Tadanobu Asano, Taika Waititi, Karl Urban, Stan Lee, Rob Mayes.


Como tantos otros personajes de la Marvel, Thor (al margen de su condición de dios del trueno entre vikingos y germanos), nace en 1962, ideado por Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby. Habitualmente los superhéroes de Marvel han entrecruzado sus aventuras, siempre orquestadas por el proteíco Stan Lee. Ahora, que están teniendo continuidad en el cine, pasa lo mismo. En el caso de Thor, la primera aparición es de 2011, tiene la prestigiosa dirección de Kenneth Branagh, un extenso equipo de escritores guionistas (J. Michael Straczynski y Mark Protosevich, para la historia; y Ashley Miller, Zack Stentz y Don Payne, para convertirla en guión). Thor ya es interpretado por Chris Hemsworth, Odin por Anthony Hopkins y Loki por Tom Hiddleston, actores que permanecen fieles a sus personajes en la tercera entrega. La segunda, Thor: El mundo oscuro  (2013), es dirigida por un habitual en Juego de tronos, Alan Taylor (los responsables de la historia son ahora Don Payne y Robert Rodat; y los guionistas Christopher Yost, Christopher Markus y Stephen McFeely). Ya ha quedado claro (¿?), después de estas dos entregas cinematográficas,  que Thor es un Asgardiano, es decir, un alienígena que,  junto a sus colegas y debido a sus poderes fue considerado entre los humanos como una divinidad. Siguiendo la línea de los cómics, Thor ha aparecido como personaje, más o menos secundario en Los Vengadores (2012), Vengadores: La era de Ultrón (2015) y brevemente en Doctor Strange (2016).




En Thor: Ragnarok, dirige el neozelandés Taika Waititi, escriben Eric Pearson, Craig Kyle y Christopher Yost, y lo más curioso es que esta versión deriva continuamente hacia una comedia de situación, convenientemente mezclada con ciencia ficción en una variante ultraligera de space opera, por mucho que estemos ante el Ragnarok, la batalla del fin del mundo, o lo que es lo mismo: el Apocalipsis...




Thor (Chris Hemsworth) está preso al otro lado del universo sin su poderoso martillo y se enfrenta a una carrera contra el tiempo. Su objetivo es volver a Asgard y parar el Ragnarok porque significaría la destrucción de su planeta natal y el fin de la civilización Asgardiana a manos de una todopoderosa y nueva amenaza, la implacable Hela, su hermana, interpretada por una impecable Cate Blanchett, que se suma a la fiesta. Pero, primero deberá sobrevivir a una competición letal de gladiadores, organizada en un lejano planeta por el sin par empresario-tirano Grandmaster (Jeff Goldblum) que lo enfrentará a su aliado y compañero en los Vengadores, ¡el Increíble Hulk! (Mark Ruffalo, al menos cuando se deshincha).




Algunos han comentado, y con toda razón, que estamos ante un espectáculo cien por cien "marvelita", que es fiel a ese espíritu juguetón y sarcástico de Stan Lee y también a sus recientes versiones más desenfadadas. Es como si se hubieran contagiado del espíritu burlón de las dos entregas de la serie Guardianes de la galaxia, y en el de los tebeos y personajes que las inspiran. Por cierto, el cómic original con el mismo título (cuyos reponsables son Roy Thomas, john Buscema y Tom Palmer) no tiene nu un sólo giro hacia la comedia. Yo diría que no alberga ni un solo chiste...




Casi toda la película tiene duelos de comedia entre sus personajes. Parece absurdo, pero un aire de parodia y autocrítica inteligente y muy divertida está siempre presente en los diálogos y situaciones entre Thor,The Hulk, Loki, Hela, Odin, La Valkiria (Tessa Thompson), Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), Korg (el mismo Taika Waititi), y Grandmaster, y en todas las posibles combinaciones entre ellos. De hecho, estas situaciones claramente identificables con la comedia, parecen justificar la presencia (inesperada para mí) de este director al mando del último show de Marvel. No es que tenga unos antecedentes muy prestigiosos, pero siempre fusionó (o lo intentó) comediacon fantasía y otros géneros, recibiendo excelentes valoraciones críticas por Hunt for the Wilder people, a la caza de los 
ñumanos (2016), de la que yo no tengo noticia de su estreno en España (desde luego, seguro que no en Zaragoza).

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

miércoles, 25 de octubre de 2017

La piel fría (Cold Skin, 2017)**

Dir: Xavier Gens
Int: David Oakes, Ray Stevenson, Aura Garrido, John Benfield, Iván González, Ben Temple.

El sueño de la razón...produce monstruos 


Con esta frase del inmortal Francisco de Goya, pintor aragonés y universal que supo como nadie plasmar lo oscuro (sobre todo en sus últimas pinturas negras) he querido titular mi artículo sobre una extraña película. Película que firma el francés Xavier Gens (nacido en 1975 en Dunkerque), director y guionista que se inicia en el género del fantástico y del terror, primero en la televisión francesa y, después, con el largometraje Frontera(s) (2007). 

Basado en la novela de Albert Sánchez Piñol (que han adaptado Eron Sheean y Jesús Olmo), La piel fría se mueve en una mezcla extraña de géneros que combina la aventura marítima (como aquellos estupendos filmes de piratas en technicolor) de rudos hombres de mar, que nos remite a títulos como La isla del tesoro (con diversas versiones hasta hoy desde la de 1934, de Victor Fleming), El capitán Panamá (Sidney Salkow, de 1952) o El mundo en sus manos (Raoul Walsh, 1952). 




La piel fría (estrenada en el Festival de Sitges 2017,  fuera de concurso) nos narra el periplo de un hombre que viaja a una remota isla para incorporarse como ayudante y oficial atmosférico en un faro junto a su solitario y huraño compañero. Pronto descubrirá que ellos dos no son los únicos habitantes de la isla.  

El género de terror, de un tiempo a esta parte,  parece varado en tierra de nadie como una barca perdida en una de esas islas desiertas. Entre una avalancha de remakes de filmes de los años 70, 80 y 90 (llegará pronto una recuperación de la historia de Halloween que Carpenter realizó con maestría a finales de los setenta), con payasos asesinos recuperados, muñecas diabólicas y otras viandas bastante discretas a nivel cinematográfico, parece que algunos cineastas busquen rizar el rizo y mezclar géneros para lograr algo novedoso. Incursiones de seres extraños que se mueven como "muertos viviente" o vampiros, las hemos visto en montones de filmes, en especial en las últimas películas de zombies, tan veloces que ganarían olimpiadas (The Descent, 28 semanas después, Guerra Mundial Z, etc.). Por otra parte, La piel fría tiene un aire inicial semejante al de esos filmes de aventuras marítimas estilo Master and Commander (Peter Weir, de 2003), lo que le da una pátina y una factura técnica impecables gracias a la estupenda fotografía de Daniel Aranyo y sobre todo, al impecable diseño artístico y de producción de Gil Parrondo, quizá lo mejor de una película, lógicamente dedicada a su memoria. Gil Parrondo falleció recientemente (24 de 
diciembre de 2016), fue toda una leyenda del cine español, y un técnico muy considerado a 
nivel internacional.




Además, el film de Gens, iene momentos de suspense que lo emparentarían con el terreno del thriller. Todo este batiburillo de géneros conforman una amalgama extraña que no termina de funcionar, en la que sólo los momentos álgidos de asedio de esos extraños seres alivia del tedio y el bostezo. El fabuloso sonido del nuevo Dolby Atmos, adorna esas mismas escenas y también otras de gran belleza bucólica (el embate de las furiosas olas contra las rocas), pero se queda en otro aporte técnico que hace de hermoso envoltorio a este caramelo bastante insípido. 




Se nota que Xavier Gens ama el género de terror, prueba de ello es su anterior trabajo, The Crucifixion (2017), película perteneciente al subgénero de posesiones y presencias demoníacas que tampoco pasa de ser discreto. Sin embargo sus trabajos fílmicos se quedan más en la forma que en el fondo, y eso a pesar de contar con una novela detrás que ha sido un éxito de ventas. Sin necesidad de hacer “espoilers”, la verdad es que en el fantástico (desde la época de la Universal en los años 30 y el expresionismo alemán) todo o casi todo está inventado. Y, además de los títulos anteriormente nombrados, me vienen a la mente la fabulosa La mujer y el monstruo (Jack Arnold, 1954), y un filme de los ochenta titulado Humanoides del abismo  (Barbara Peters y Jim T, Murakam, 1980), en el que el título ya es bastante explícito. El filme de Gens respira también por los poros de La isla del Doctor Moreau (Don Taylor, 1977, ), de Misterio en la isla de los monstruos (Joan Piquer Simón 1981 ) y de otras películas que mezclan el terror con la aventura marítima. A pesar de todas estas múltiples referencias, la piel del espectador (parafraseando el título del filme y de la novela) se queda bastante fría. Al menos la mía. 

Recomendable sólo para fans muy recalcitrantes del género fantástico con marcos y entornos marítimos.

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

¡Lumière! Comienza la aventura (2017)*****

Dir: Thierry Frémaux


En 1895, los hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo y dirigieron La Sortie de l'usine Lumière à Lyon, una de las primeras películas de la historia del cine. Este documental, dirigido por Thierry Frémaux (director del Festival de Cannes desde 2001 y del Instituto Lumière de Lyon), ofrece una selección de 108 películas restauradas primorosamente que nos muestran un viaje a los orígenes del cine. Frémaux con su luminosos y divertidos comentarios acompasa una mirada única sobre Francia, el séptimo arte y el mundo que inaugura el siglo XX. 

Es un bello trabajo documental, de amor al cine (y a sus orígenes, claro), de amor a los hermanos Lumière que inventaron el CINE, sí, con mayúsculas. Sí, por que la selección de material hecha por Frémaux, demuestra sobradamente que el cuidado puesto en el encuadre, la guionización, los trucajes y las interpretaciones de sus "actores", van mucho más allá que la toma fría e impersonal de imágenes sin otra intención que la de documentar. No sólo inventaron el cine casero, retrataron una sociedad, crearon ficciones y, lo que es más importante un arte propio y específico sin tener referentes directos. Los Lumière (y sus operadores Alexandre Promio, Pierre Chapuis, Gabriel Veyre, Francis Doublier, Félix Mesguich o Constant Girel) se inventaron una manera de contar que se sustentaba en imágenes en movimiento, toda una revolución que nos sigue definiendo como especie creadora de universos poéticos y recreadora de vidas.




Gregorio Belinchón en el diario El País nos cuenta, citando al propio Frémaux, que fueron los primeros en crear gags, en hacer remakes, en cuidar las composiciones con luces y sombras... "Sabían muy bien lo que hacían. En sus trabajos están la primera muestra de cine abstracto o las primeras imágenes deportivas, porque el deporte moderno nace a la vez que el audiovisual". Insiste, citando literalmente a Frémaux, en que "Louis Lumière es el primer director de ficción, preocupado además por la puesta en escena, a pesar de otra leyenda que solo le tilda de documentalista. El regador regado es de junio de 1895...Insuperable. Para mí Louis es Rossellini, Renoir, Pialat o Kechiche, y Méliès, Fellini, Hollywood, Almodóvar, la gente que toma el mundo para reinventarlo. En cambio, Lumière toma el mundo para mostrarlo como es. No es una oposición, sino una complementariedad. Me gusta que la película muestre la inocencia, la generosidad, la forma de ver la vida de los hermanos. Louis es un artista, como se puede ver también en sus fotografías".
(ver https://elpais.com/cultura/2017/10/17/actualidad/1508240806_820124.html




Recogemos, ya para ir terminando, otra cita literal de Thierry Frémaux: "Louis Lumière no fue sólo el inventor del cinematógrafo, sino también el primer director de la historia. Las casi 1.500 películas que dirigió tienen un alto valor artístico. Son películas con técnica, con trama, con personajes... Casi todo el cine está dentro de esas 1.500 películas. El modo de hacer cine de Lumière se ve en Bresson, en Eisenstein, en Renoir...".




Quién no crea esta aseveración, puede salir de dudas contemplando esta alucinante y brillante película, elaborada con 108 cortometrajes de 50 segundos (aproximadamente), una sinfonía en blanco y negro, que adquiere una dimensión épico-poética al acompañarse de la música de Camille Saint-Saëns, y de los comentarios en off (documentados, apasionados y divertidos, como ya dije al inicio de la crítica) de Frémaux, convertido en todo un creador cinematográfico gracias a la magia del montaje y al maravilloso invento de los Lumière. 

Roberto Sánchez

-Aragonia-

Las hijas de Abril (2017)***

Dir: Michel Franco
Int: Emma Suárez, Ana Valeria Becerril, Hernán Mendoza, Joanna Larequi, Enrique Arrizon, 
Iván Cortés, Giovanna Zacarías, José Ángel García, Tony Dalton.


Valeria (Ana Valeria Becerril) tiene 17 años y está embarazada. Vive en Puerto Vallarta con Clara (Joanna Larequi), su media hermana. Valeria no ha querido que Abril (Emma Suarez) –la madre, que lleva mucho tiempo ausente– se entere del embarazo. Sin embargo Clara, ante la presión económica y las responsabilidades que implica tener un bebé en casa, decide llamarla. Abril llega con disposición de ayudar a sus hijas, pero... 

Michel Franco es un director mexicano que firma con éste su quinto largometraje. A sus 38 años es uno de los más interesantes del panorama cinematográfico en su país, junto a Amat Escalante y David Pablos, por citar a otros jóvenes cineastas que también están llamando la atención en sus recientes propuestas. 

Michel Franco decide contarnos la historia con un cierto distanciamiento y aparentemente sin juzgar nunca a sus personajes. Hay detalles que indican ciertas lineas de interpretación para este melodrama vaciado de aspavientos, pero Franco prefiere dejar al espectador la tarea de emitir juicios de valor. Los trabajos de los actores (siempre es así en su cine) adquieren una gran importancia, y en especial el personaje de Abril, "la madre española", que irá tomando una serie de decisiones que nos sorprenden, pero que responden con lógica a varias situaciones que la historia escrita por el mismo Michel Franco, plantea con precisión: el embarazo (¿irresponsable?) de la  joven hija de 17 años, la transición (no asumida) a la madurez de una madre manipuladora y ¿amoral?, el rechazo, y al mismo tiempo la atracción que provoca en sus hijas, van  construyendo una historia tensa pero contenida, sin aparentes recovecos que, seguro, activará sus pensamientos.




Desde luego si lo que pretenden es consumir su dosis de ocio palomitero, esta no es su película, aunque se perderán un excelente trabajo de  Emma Suárez, una actriz española incombustible, capaz de enfrentarse a personajes complejos, y resolverlos siempre con brillantez.




Atentos a Michel Franco. Para entender su cine es necesario buscar sus referentes en el pasado, es decir en Buñuel, o repasar las filmografías de algunos cineastas actuales como el alemán Michael Haneke, o sin irse tan lejos, la de su compatriota Carlos Reygadas, muy influyente en los jóvenes directores que quieren salirse de los cauces del cine más comercial.

Roberto Sánchez

-Aragonia-

Handia (Aundiya) (2017)***

Dir: Jon Garaño y Aitor Arregi
Int: Ramón Agirre, Eneko Sagardoy, Joseba Usabiaga, Aia Kruse, Iñigo Aranburu, Iñigo 
Azpitarte.


Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga (aquí sólo guionista) son tres cineastas guipuzcoanos que vienen colaborando en trabajos de ficción y documentales desde hace unos años. En el año 2014 fueron los responsables (Garaño y Goenaga en la dirección) de una pequeña joya titulada Loreak, plena de belleza y sensibilidad.

Con un presupuesto más abundante (ahora dirigen Garaño y Arregi) han afrontado una película ambientada en el siglo XIX, inspirada en las vidas de Miguel Joaquin Eleizegi (El Gigante de Alzo) y la de su hermano Martín. Seguro que en la concepción del film ha pesado la magistral El hombre elefante (1980), de David Lynch, pero han logrado ir en otra dirección alternativa y darle un punto de vista personal, tomado (como ocurría en el film de Lynch) de una realidad histórica que, en muchas ocasiones, supera con creces a la

imaginación. 


Tras haber luchado en la Primera Guerra Carlista, Martín (Joseba Usabiaga) vuelve a su caserío familiar en Gipuzkoa y allí descubre con sorpresa que su hermano menor, Joaquín (Eneko Sagardoy), es mucho más alto de lo normal. Convencido de que todo el mundo querrá pagar por ver al hombre más grande sobre la Tierra, ambos hermanos se embarcan en un largo viaje por Europa en el que la ambición, el dinero y la fama cambiarán para siempre el destino de la familia. 

Garaño y Arregi construyen, otra vez,  una película llena de sensibilidad y buen gusto que en muchos aspectos es un homenaje a su tierra. El trabajo fotográfico de Javier Agirre, y la música delicada de Pascal Gaigne, nos van llevando con dulzura, con suavidad, por los entresijos de una historia compleja y terrible al mismo tiempo, en la que se nos relata el sinsentido de las guerras y la psicología de unos personajes marcados por la naturaleza, la familia y la sociedad que le rodea y que señalan como monstruo, como un ser diferente (casi no humano) a uno de ellos y por extensión a todos los vascos de las zonas rurales. La idea de hacer negocio aprovechándose de su singularidad, la presión psicológica que padece y sufre el gigante, están muy bien reflejados en la cuidadosa interpretación y son mostrados con el grado necesario de precisión y sensibilidad.



De vez en cuando, el film, nos sorprende con algunas reconstrucciones de hechos históricos. Con un sentido del humor algo ácido (en un agradable contraste con el tono comedido de todo el film) nos muestra su encuentro con los científicos y con la Reina Isabel II; o con un planteamiento poco coherente, que está a punto de hacer naufragar la  trayectoria impecable de la historia, la visita programada con otros gigantes de las ruinas de Stonehenge en su viaje a Inglaterra, que sólo parece una excusa para favorecer el encuentro con Maria (Aia Kruse), una gigante británica, con la que mantuvo relaciones el Gigante de Alzo.




He tenido que ver la versión doblada (que mantine en un sólo momento el idioma vasco) con lo que creo haber perdido algunos de los matices en la interpretación y en la hábilmente reconstruida ambientación de los caseríos rurales, Bilbao, Tolosa y otros lugares del paisaje vasco, pero creo que no me ha impedido apreciar el más que apreciable trabajo de estos cineastas que continúan retratando sin aspavientos la sensibilidad, la vida y la muerte de sus gentes (no importa la época), tan próximas y tan lejanas, al mismo tiempo, a las de todos nosotros.




Roberto Sánchez

-Aragonia-