sábado, 10 de diciembre de 2016
Paterson (2016)*****
Dir: Jim Jarmusch
Int: Adam Driver, Golshifteh Farahani, Kara Hayward, Sterling Jerins, Luis Da Silva Jr., Frank Harts, William Jackson Harper, Jorge Vega, Trevor Parham, Masatoshi Nagase, Owen Asztalos, Jaden Michael, Chasten Harmon, Brian McCarthy.
Antes de empezar esta crítica debo confesarme. Cada vez me siento un ser más extraño. Al salir de ver esta película me sentí muy bien. Tenía la sensación de haber contemplado una obra maestra, repleta de poesía y belleza. Al mismo tiempo, y juzgando superficialmente algunos de los comentarios del resto del público asistente –que no era poco–, me sentí muy ajeno a los comentarios moderadamente despectivos de la mayoría y, por tanto, parte de una minoría despreciada e incomprendida que disfruta con la belleza, con imágenes sugerentes extraídas de una vida cotidiana y aparentemente vulgar, la de un simple conductor de autobuses, que escribe poesía en sus ratos libres, llamado Paterson (interpretado por Adam Driver), vecino de una ciudad llamada Paterson (en Nueva Jersey), cuna, entre otros personajes célebres, de un poeta llamado William Carlos Williams (1883-1963), cuyo poemario más importante se titula, mira por donde, Paterson y que, junto a Frank O´Hara, David Foster Wallace o Allen Ginsberg está entre los preferidos de nuestro poeta / conductor. Paterson vive felizmente casado con la peculiar Laura que se llama igual que el ideal amoroso de Petrarca (interpretada por la bella actriz iraní Golshifteh Farahani) y con Marvin, su bulldog que habitualmente y de modo cotidiano saca a pasear –o es al revés– todos los días, en un recorrido ritual que le conduce a un bar dónde varias historias más se entrecruzan...
Jim Jarmusch (nacido en 1953), también es un ser extraño –por eso debe gustarme–. Como director, contando cortometrajes y documentales, sólo ha firmado 21 trabajos. Empezó su trayectoria con Permanent Vacation (1980) y ya nos ha dejado unas cuantas películas apreciables por su fidelidad a un estilo personal siempre reconocible, aunque los personajes y los argumentos sean muy diversos: Mystery Train (1989), Ghost Dog, el camino del samurái (1999), Coffee and Cigarettes (2003), Flores rotas (2005) o Sólo los amantes sobreviven (2013), la película inmediatamente anterior a Paterson.
Jarmusch decide convertir la poesía, y su proceso creativo, en la auténtica protagonista del film. Para ello nos invita a leer el texto escrito, sobreimpresionado en la pantalla, que forma parte del paisaje de la ciudad de Paterson, y lo acompaña en muchos casos en el recorrido cotidiano durante su trabajo. Nos sugiere de dónde procede su inspiración, nos habla con inteligencia, un fino sentido del humor, y mesura, de su mundo interior, de sus obsesiones, de sus paisajes interiores y exteriores que nos llevan, cómo ya ha ocurrido en otras obras de Jarmusch, a los territorios poético-pictóricos de Edward Hopper. Una vez más, el trabajo en la dirección de fotografía de Frederick Elmes, su habitual colaborador, extrae misterio (poesía) y magia del repetido y ritual recorrido de Paterson por su ciudad.
Ninguno de los personajes secundarios sobra en la rica fauna del film de Jarmusch, que demuestra que su aparente estilo minimalista es muy rico en sugerencias estéticas, poéticas y dramáticas, tanto que ese adjetivo (minimalista) deviene inútil e inadecuado, ante la elegante densidad de historias y situaciones que van entrecruzándose en Paterson y con Paterson.
Estamos ante la obra de un cineasta espléndido, en un momento de equilibrio creativo, igualmente espléndido. Capaz de crear un cine poético, sin abandonar la esencia narrativa de un arte que para muchos sólo debe ser acción (y entretenimiento adrenalítico) sin reflexión. La trayectoria de este cineasta norteamericano, demuestra que es posible, que se puede navegar contra la corriente mayoritaria, que se puede seguir creando belleza en el cine.
Este crítico que se siente extraño y minoritario, quiere recomendar, antes de terminar, otro análisis del film de Jarmusch, mucho más profundo y acertado que éste, firmado por otro extraño ciudadano llamado Carlos Tejeda, empeñado en demostrar que el cine también puede ser arte, y que pueden leer en el siguiente enlace:
http://www.elplural.com/playtime/2016/12/07/paterson-o-la-poetica-de-lo-cotidiano
Roberto Sánchez
-Aragonia-
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Aliados (Allied, 2016)***
Dir: Robert Zemeckis
Int: Brad Pitt, Marion Cotillard, Jared Harris, Daniel Betts, Lizzy Caplan, August Diehl,
Simon McBurney, Thierry Frémont, Matthew Goode, Anton Lesser, Marion Bailey, Camille
Cottin, Charlotte Hope.

Estamos en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Max (Brad Pitt) es un espía canadiense del bando aliado que se enamora de Marianne (Marion Cotillard), una compañera francesa, tras una peligrosa misión en el norte de África. La pareja comienza una relación amorosa que culmina en el matrimonio (con hija incluida) hasta que a él le notifican que Marianne puede que sea una agente doble que trabaja para los nazis.
Está claro, sobre todo al iniciarse la película, que Robert Zemeckis (el director y productor) y Steven Knight (guionista y productor ejecutivo) tenían en mente reconstruir el ambiente de la mítica Casablanca (1942), de Michael Curtiz, e incluso al buscar una pareja de protagonistas como Brad Pitt y Marion Cotillard, restaurar en lo posible esa política del star-system que dominó el cine clásico, combinando estrellas norteamericanas (Humphrey Bogart / Brad Pitt) y europeas (Ingrid Bergman / Marion Cotillard). Se tomaron la molestia de rodar las escenas ambientadas en Casablanca en localizaciones españolas (en concreto en Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias) y en los estudios británicos todo lo demás.
Supongo que también querían lograr captar a un público cinéfilo, capaz de identificar las abundantes señales referenciales que van puntuando este irregular trabajo de dos valiosos empleados del Hollywood actual. Zemeckis (nacido en 1952) ya ha dejado unas cuantas muescas en la historia del cine, mediante algunos títulos del cine de animación (destaca la revolución técnica que supuso ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, de 1988, al integrar con casi total perfección la presencia de personajes animados y reales), o con éxitos de taquilla como Forrest Gump (1994) o su trilogía de Regreso al futuro (1985, 1989 y 1990). Por su parte, Steven Knight (nacido en 1959) es un guionista británico que al menos ya ha firmado tres películas recomendables como Promesas del este (2007), de Steven Cronenberg, Locke (2013), dirigida por el mismo Knight y El caso Fischer (2014), de Edward Zwick.
Aliados es una película entretenida, con un diseño de producción y una dirección artística espléndidos, con una fotografía (de Don Burgess, habitual colaborador de Zemeckis) que intencionadamente refuerza el tratamiento del color para huir de cualquier sospecha de imitar estéticamente el blanco y negro de los clásicos (el de Arthur Edeson en Casablanca, por ejemplo). Lo que se logra, curiosamente, es aproximarse a la estética de los cómics, y en relación a la historia una cierta infantilización al situar el enamoramiento entre los dos espías muy por encima de la propia trama de espionaje, al quedarse muy pobre en el campo de esas insinuaciones y sugerencias siempre fuera de campo en el género de espionaje. Cualquiera de las situaciones aparentemente insignificantes descritas en la mítica Casablanca, sugiere mil veces más enrevesamientos emocionales y psicológicos que las miradas y expresiones de Pitt / Cotillard, que siendo actores competentes (no lo pongo en duda), no han logrado trascender sus personajes.
Pero, insisto, Aliados es un entretenimiento digno, todo un homenaje a un modo de entender el cine que intenta recuperarse para unas generaciones que ya hace mucho tiempo que han olvidado que el mejor cine norteamericano ya se hizo, fue en blanco y negro, y en el siglo pasado...
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Int: Brad Pitt, Marion Cotillard, Jared Harris, Daniel Betts, Lizzy Caplan, August Diehl,
Simon McBurney, Thierry Frémont, Matthew Goode, Anton Lesser, Marion Bailey, Camille
Cottin, Charlotte Hope.

Estamos en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Max (Brad Pitt) es un espía canadiense del bando aliado que se enamora de Marianne (Marion Cotillard), una compañera francesa, tras una peligrosa misión en el norte de África. La pareja comienza una relación amorosa que culmina en el matrimonio (con hija incluida) hasta que a él le notifican que Marianne puede que sea una agente doble que trabaja para los nazis.
Está claro, sobre todo al iniciarse la película, que Robert Zemeckis (el director y productor) y Steven Knight (guionista y productor ejecutivo) tenían en mente reconstruir el ambiente de la mítica Casablanca (1942), de Michael Curtiz, e incluso al buscar una pareja de protagonistas como Brad Pitt y Marion Cotillard, restaurar en lo posible esa política del star-system que dominó el cine clásico, combinando estrellas norteamericanas (Humphrey Bogart / Brad Pitt) y europeas (Ingrid Bergman / Marion Cotillard). Se tomaron la molestia de rodar las escenas ambientadas en Casablanca en localizaciones españolas (en concreto en Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias) y en los estudios británicos todo lo demás.
Supongo que también querían lograr captar a un público cinéfilo, capaz de identificar las abundantes señales referenciales que van puntuando este irregular trabajo de dos valiosos empleados del Hollywood actual. Zemeckis (nacido en 1952) ya ha dejado unas cuantas muescas en la historia del cine, mediante algunos títulos del cine de animación (destaca la revolución técnica que supuso ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, de 1988, al integrar con casi total perfección la presencia de personajes animados y reales), o con éxitos de taquilla como Forrest Gump (1994) o su trilogía de Regreso al futuro (1985, 1989 y 1990). Por su parte, Steven Knight (nacido en 1959) es un guionista británico que al menos ya ha firmado tres películas recomendables como Promesas del este (2007), de Steven Cronenberg, Locke (2013), dirigida por el mismo Knight y El caso Fischer (2014), de Edward Zwick.
Aliados es una película entretenida, con un diseño de producción y una dirección artística espléndidos, con una fotografía (de Don Burgess, habitual colaborador de Zemeckis) que intencionadamente refuerza el tratamiento del color para huir de cualquier sospecha de imitar estéticamente el blanco y negro de los clásicos (el de Arthur Edeson en Casablanca, por ejemplo). Lo que se logra, curiosamente, es aproximarse a la estética de los cómics, y en relación a la historia una cierta infantilización al situar el enamoramiento entre los dos espías muy por encima de la propia trama de espionaje, al quedarse muy pobre en el campo de esas insinuaciones y sugerencias siempre fuera de campo en el género de espionaje. Cualquiera de las situaciones aparentemente insignificantes descritas en la mítica Casablanca, sugiere mil veces más enrevesamientos emocionales y psicológicos que las miradas y expresiones de Pitt / Cotillard, que siendo actores competentes (no lo pongo en duda), no han logrado trascender sus personajes.
Pero, insisto, Aliados es un entretenimiento digno, todo un homenaje a un modo de entender el cine que intenta recuperarse para unas generaciones que ya hace mucho tiempo que han olvidado que el mejor cine norteamericano ya se hizo, fue en blanco y negro, y en el siglo pasado...
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
La doncella (Ah-ga-ssi, 2016)***
Dir: Park Chan-wook
Int: Ha Jung-woo, Kim Min-hee, Jo Jin-woong, Kim Tae-ri, Moon So-ri, Kim Hae-suk
Corea, década de 1930, durante la colonización japonesa. Una joven, Sook-hee (Kim Tae-ri), es contratada como criada de una rica mujer japonesa, Hideko (Kim Min-hee), que vive recluida en una gran mansión bajo la influencia de un tirano. Sook-hee guarda un secreto, y con la ayuda de un estafador que se hace pasar por un conde japonés, planea algo para Hideko.
Los guionistas Park Chan-wook y Jung Seo-kyung han tomado como punto de partida para su historia la novela erótico / policíaco / feminista Fingersmith (Falsa identidad, en su edición española) de la británica Sarah Waters. Aunque han respetado su estructura básica, han introducido un cambio fundamental al trasladar la acción a la Corea ocupada por los japoneses, creando un diálogo (a veces literal) coreano-japonés de ida y vuelta que deja claras las ambivalentes relaciones de amor-odio entre los dos pueblos.
Contar la historia desde varias perspectivas no es novedoso en la historia del cine. Desde Orson Welles y su Citizen Kane de 1941, ya han sido muchos los cineastas que han logrado con éxito manipular el tiempo y espacio narrativos mediante la magia del cine. Sí resulta novedoso hacerlo con un relato erótico no especialmente brillante, y trascenderlo de ese modo hacia consideraciones estéticas que, curiosamente, no apuestan por el morbo, sino por la delicadeza y el cuidado coreográfico de sus siempre ritualizadas puestas en escena. Por supuesto el director de Old Boy (2003) o Sympathy for Lady Vengeance (2005), no renuncia a su peculiar sentido del humor (¿sádico?) y a un juego paródico que siempre ha estado presente en un cine que tiene numerosos seguidores en occidente como quedó ratificado en el éxito que supuso su exhibición en el reciente festival de Cine de Sitges.
Roberto Sánchez
-Aragonia-
Int: Ha Jung-woo, Kim Min-hee, Jo Jin-woong, Kim Tae-ri, Moon So-ri, Kim Hae-suk
Corea, década de 1930, durante la colonización japonesa. Una joven, Sook-hee (Kim Tae-ri), es contratada como criada de una rica mujer japonesa, Hideko (Kim Min-hee), que vive recluida en una gran mansión bajo la influencia de un tirano. Sook-hee guarda un secreto, y con la ayuda de un estafador que se hace pasar por un conde japonés, planea algo para Hideko.
Los guionistas Park Chan-wook y Jung Seo-kyung han tomado como punto de partida para su historia la novela erótico / policíaco / feminista Fingersmith (Falsa identidad, en su edición española) de la británica Sarah Waters. Aunque han respetado su estructura básica, han introducido un cambio fundamental al trasladar la acción a la Corea ocupada por los japoneses, creando un diálogo (a veces literal) coreano-japonés de ida y vuelta que deja claras las ambivalentes relaciones de amor-odio entre los dos pueblos.
Contar la historia desde varias perspectivas no es novedoso en la historia del cine. Desde Orson Welles y su Citizen Kane de 1941, ya han sido muchos los cineastas que han logrado con éxito manipular el tiempo y espacio narrativos mediante la magia del cine. Sí resulta novedoso hacerlo con un relato erótico no especialmente brillante, y trascenderlo de ese modo hacia consideraciones estéticas que, curiosamente, no apuestan por el morbo, sino por la delicadeza y el cuidado coreográfico de sus siempre ritualizadas puestas en escena. Por supuesto el director de Old Boy (2003) o Sympathy for Lady Vengeance (2005), no renuncia a su peculiar sentido del humor (¿sádico?) y a un juego paródico que siempre ha estado presente en un cine que tiene numerosos seguidores en occidente como quedó ratificado en el éxito que supuso su exhibición en el reciente festival de Cine de Sitges.
Aunque resultaba difícil extraer algo positivo de la mediocre novela de Sarah Waters, Park Chan-wook ha sido capaz de construir una muy hábil estructura (¿habrá tenido que ver algo el cine de Tarantino, por otro lado tan atento a la cinematografía oriental?), logrando una entrega total de sus actores (en especial de las actrices Kim Tae-ri y Kim Min-hee), y una sugerente forma de contarnos la misma historia tres veces, variando con agilidad los puntos de vista.
Una sofisticada forma de narrar sólo al alcance de unos pocos, que consiguió que esta historia tópica y poco novedosa, se me pasara en un suspiro a pesar de las 2 horas y 24 minutos que dura la función.
Roberto Sánchez
-Aragonia-
Villaviciosa de al lado (2016)*
Dir: Nacho G. Velilla
Int: Carmen Machi, Leo Harlem, Carlos Santos, Arturo Valls, Jorge Asín, Belén Cuesta, Macarena García, Jon Plazaola, Yolanda Ramos, Carmen Ruiz, Salva Reina, Goizalde Núñez, Antonio Pagudo, Fernando Valverde, Miguel Rellán.
La trama de esta película está inspirada en sucesos reales, pero los autores han preferido inventarse un entrelazado de situaciones, ¿cómicas?, que han preparado el equipo de guionistas formado por Nacho García Velilla, Oriol Capel, David S. Olivas y Antonio Sánchez.
Si esta es la dirección que debe tomar la comedia española para resultar rentable, para construir una industria cinematográfica viable, me temo que vamos por un camino peligroso, en el que la sensibilidad, el buen gusto y la creación más pura están descartadas en la medida en la que pueden resultar minoritarias.
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Int: Carmen Machi, Leo Harlem, Carlos Santos, Arturo Valls, Jorge Asín, Belén Cuesta, Macarena García, Jon Plazaola, Yolanda Ramos, Carmen Ruiz, Salva Reina, Goizalde Núñez, Antonio Pagudo, Fernando Valverde, Miguel Rellán.
La trama de esta película está inspirada en sucesos reales, pero los autores han preferido inventarse un entrelazado de situaciones, ¿cómicas?, que han preparado el equipo de guionistas formado por Nacho García Velilla, Oriol Capel, David S. Olivas y Antonio Sánchez.
Si esta es la dirección que debe tomar la comedia española para resultar rentable, para construir una industria cinematográfica viable, me temo que vamos por un camino peligroso, en el que la sensibilidad, el buen gusto y la creación más pura están descartadas en la medida en la que pueden resultar minoritarias.
El mensaje final parece decir que el público medio español sólo se reirá con los chistes de grueso calado y claramente machistas, que la inteligencia debe ser dejada en un segundo plano y que, incluso, puede resultar peligrosa. No hay en esta película ningún personaje con un mínimo de integridad. Aunque es cierto que más parece el resultado de una estrategia de "monologuista" que quiera ser por encima de todo "políticamente incorrecto" ya que esta cuestión "mola" y es el colmo de la vanguardia en el terreno del humor. Además, como todos sabemos, la corruptela es común a todos los colores políticos y podría decirse que hasta las urnas la justifican al ratificar en el poder a uno de los partidos más corrompidos de nuestra breve historia democrática. Por lo tanto el único camino que nos queda es hacer chistes malos que no reflexionan sobre el fondo de los problemas, pero que nos permiten evadirnos de la tozuda realidad. "Las cosas son como son, y mejor dejarlas como están".
Poco o nada de cine encontrarán en Villaviciosa de al lado, la apuesta es otra y, aunque lícita, tiene mucho más que ver con el puro marketing que con la creación artística...
Poco o nada de cine encontrarán en Villaviciosa de al lado, la apuesta es otra y, aunque lícita, tiene mucho más que ver con el puro marketing que con la creación artística...
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
domingo, 4 de diciembre de 2016
La reina de España (2016)***
Dir: Fernando Trueba
Int: Penélope Cruz, Antonio Resines, Jorge Sanz, Javier Cámara, Rosa María Sardá, Santiago Segura, Chino Darín, Loles León, Mandy Patinkin, Neus Asensi, Ana Belén, Arturo Ripstein, Cary Elwes, Clive Revill, Carlos Areces, Jesús Bonilla, Ramón Barea, Anabel Alonso, Guillermo Toledo, Secun de la Rosa, Juan Antonio Bayona, Miguel Ángel Lamata, Gemma Cuervo.
Penélope Cruz es la reina interpretada por la actriz Macarena Granada, que después de trabajar en las producciones españolas rodadas en los estudios alemanes (acontecimientos narrados en La niña de tus ojos) y tras triunfar en Hollywood va a volver a la España de Franco, para encarnar a Isabel la Católica, nuestra Reina por excelencia. Los productores norteamericanos Jordan Berman y Sam Spiegelman (interpretados respectivamente por Mandy Patinkin y Arturo Ripstein) se plantean por qué siendo judíos están implicados en ese rodaje sobre Isabel la Católica que expulsó a sus ancestros.
La antigua diva teatral Rosa Rosales (interpretada por Rosa María Sardà) habla algo del francés de sus viejos tiempos de gloria recordando a los "maquereaux"; la nueva diva viene de América y habla el inglés; los americanos de la película, productores, director y un actor (de probable origen británico, aunque no se explicite) no dicen ni una palabra en español, salvo el ¡síiiiii...!, de un chiste orgásmico con decorado de potro de tortura inquisitorial protagonizado por Cary Elwes y Jorge Sanz cuyos actores en las ficciones del film encarnan al rey Fernando de Aragón y a Boabdil, el último rey de Granada. Una escena, cómo muchas otras, inspirada seguramente en la genialidad de Billy Wilder, divinidad principal del panteón cinematográfico de Trueba.
Trueba, arriesgando la integridad de su filme, adopta una línea de comedia "Wilderiana", distendida, irónica y alegre, a pesar de la alusión a las vicisitudes de Blas Fontiveros (director de La niña de tus ojos y amante de Macarena Granada), superviviente del horror de un campo de concentración (Mauthausen). Este esperpento se permitirá, casi al final, la encarnación de un Franco de opereta (interpretado por Carlos Areces) que terminaría acaudillando este país
Fernando Trueba en La reina de España ha realizado un nuevo intento de encontrarle el punto al género cómico en esta España del siglo XXI, estableciendo ciertos nexos (cargados de ironía) con aquella época de la comedia española franquista en la que se ambienta y que le ha permitido volver a hacer un mínimo de pedagogía cinéfila sobre las conexiones del cine español de esa época con las poderosas industrias fílmicas del pasado: la alemana, antes de ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial, en La niña de tus ojos, y la norteamericana, industria en plena expansión después de esa misma contienda mundial, con las superproducciones históricas de Samuel Bronston realizadas en España, ese productor norteamericano que llegó a comprarse los madrileños Estudios Chamartín, que también tienen su protagonismo en el filme.
Aunque estamos ante un Fernando Trueba menor, lejos del acierto pleno que supuso la oscarizada Belle Epoque de 1992, La reina de España es un divertimento sobre una época muy triste de la historia de España y de su cine, capaz de ironizar sobre cómo somos los españoles y de entretener moderadamente al espectador.
Antonia Bordonada
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Int: Penélope Cruz, Antonio Resines, Jorge Sanz, Javier Cámara, Rosa María Sardá, Santiago Segura, Chino Darín, Loles León, Mandy Patinkin, Neus Asensi, Ana Belén, Arturo Ripstein, Cary Elwes, Clive Revill, Carlos Areces, Jesús Bonilla, Ramón Barea, Anabel Alonso, Guillermo Toledo, Secun de la Rosa, Juan Antonio Bayona, Miguel Ángel Lamata, Gemma Cuervo.
Penélope Cruz es la reina interpretada por la actriz Macarena Granada, que después de trabajar en las producciones españolas rodadas en los estudios alemanes (acontecimientos narrados en La niña de tus ojos) y tras triunfar en Hollywood va a volver a la España de Franco, para encarnar a Isabel la Católica, nuestra Reina por excelencia. Los productores norteamericanos Jordan Berman y Sam Spiegelman (interpretados respectivamente por Mandy Patinkin y Arturo Ripstein) se plantean por qué siendo judíos están implicados en ese rodaje sobre Isabel la Católica que expulsó a sus ancestros.
La antigua diva teatral Rosa Rosales (interpretada por Rosa María Sardà) habla algo del francés de sus viejos tiempos de gloria recordando a los "maquereaux"; la nueva diva viene de América y habla el inglés; los americanos de la película, productores, director y un actor (de probable origen británico, aunque no se explicite) no dicen ni una palabra en español, salvo el ¡síiiiii...!, de un chiste orgásmico con decorado de potro de tortura inquisitorial protagonizado por Cary Elwes y Jorge Sanz cuyos actores en las ficciones del film encarnan al rey Fernando de Aragón y a Boabdil, el último rey de Granada. Una escena, cómo muchas otras, inspirada seguramente en la genialidad de Billy Wilder, divinidad principal del panteón cinematográfico de Trueba.
Trueba, arriesgando la integridad de su filme, adopta una línea de comedia "Wilderiana", distendida, irónica y alegre, a pesar de la alusión a las vicisitudes de Blas Fontiveros (director de La niña de tus ojos y amante de Macarena Granada), superviviente del horror de un campo de concentración (Mauthausen). Este esperpento se permitirá, casi al final, la encarnación de un Franco de opereta (interpretado por Carlos Areces) que terminaría acaudillando este país
Fernando Trueba en La reina de España ha realizado un nuevo intento de encontrarle el punto al género cómico en esta España del siglo XXI, estableciendo ciertos nexos (cargados de ironía) con aquella época de la comedia española franquista en la que se ambienta y que le ha permitido volver a hacer un mínimo de pedagogía cinéfila sobre las conexiones del cine español de esa época con las poderosas industrias fílmicas del pasado: la alemana, antes de ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial, en La niña de tus ojos, y la norteamericana, industria en plena expansión después de esa misma contienda mundial, con las superproducciones históricas de Samuel Bronston realizadas en España, ese productor norteamericano que llegó a comprarse los madrileños Estudios Chamartín, que también tienen su protagonismo en el filme.Aunque estamos ante un Fernando Trueba menor, lejos del acierto pleno que supuso la oscarizada Belle Epoque de 1992, La reina de España es un divertimento sobre una época muy triste de la historia de España y de su cine, capaz de ironizar sobre cómo somos los españoles y de entretener moderadamente al espectador.
Antonia Bordonada
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
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