martes, 9 de mayo de 2023

TERCERA EDICIÓN DEL SARAQUSTA FILM FESTIVAL (FESTIVAL DE CINE HISTÓRICO Y SERIES DE ZARAGOZA).

El también histórico cine Cervantes se vistió de gala este 29 de abril para acoger la Gala de inauguración, por la que desfilaron rostros conocidos del sector audiovisual, entre los que destacar los Premios Saraqusta Alfonso Bassave y Salomé Jiménez, que recogieron allí sus gagalardones. La clausura, que tuvo lugar también en el Cervantes el viernes 5 de mayo, cerró el festival con la proyección de “El rey pasmado”, de Imanol Uribe, protagonizada por Joaquim de Almeida, primer actor internacional que recibe el Premio de honor Saraqusta a su carrera y Dragón de Oro.

Entre inauguración y cierre, este tercer Saraqusta Film Festival ofreció a la ciudad una más que interesante selección de documentales y largometrajes a competición. Entre el 29 de abril y el 5 de mayo, distintos profesionales del sector (directores, productores, guionistas, actores y actrices, pasaron cada día por el Museo del Teatro Romano de Caesaraugusta), lugar donde se hicieron las ruedas de prensa y las mesas redondas de cada jornada. Pero fue en los cines Palafox y Cervantes, donde se proyectaron las distintas obras audiovisuales en sus distintas secciones denominadas: Panorama Saraqusta (17:00h, Palafox), los documentales (19:00h, Palafox) y los largometrajes a concurso (21:00 , Cine Cervantes) que este año optaban a los galardones del certamen, y que fueron entregados, como colofón del Festival Internacional de Zaragoza de Cine y Series de Historia, en la gala de clausura del 5 de mayo.



El Dragón de Oro el Mejor Largometraje y al Mejor Documental estaban dotados este año con seis mil euros. Y los Dragones de Plata para el Mejor Guion, la Mejor Dirección, la Mejor Actriz, el Mejor Actor, así como el Premio Jurado Joven, estaban todos dotados con mil euros). Los profesionales del audiovisual, la cultural y el estudio de la Historia que en esta tercera edición eligieron a los premiados del Saraqusta Film Festival han sido: Steve Miller (presidente), diseñador y mezclador de sonido; Laura Conteras, actriz zaragozana; Lorena Calvo, del Área de Cultura y Proyección Exterior del Ayuntamiento de Zaragoza; Elena Cid, directora, guionista y productora aragonesa y Fernando Sanz, doctor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza.


A los galardones oficiales del festival se suma otro fuera de concurso, el Premio Saraqusta, que cada año reconocerá la carrera de profesionales vinculados al audiovisual histórico. La primera edición cayó en manos del actor Rodolfo Sancho y del guionista Javier Olivares, y el año pasado 2022, lo recibieron la actriz Nadia de Santiago, el productor Andrés Vicente Gómez y el desaparecido director Agustí Villaronga.



En este tercer año de festival, la distinción ha ido a parar a manos de los actores Alfonso Bassave (Madrid, 1979), Salomé Jiménez (Zaragoza, 1975) y al gran Joaquim de Almeida (Lisboa, 1957), quien ha trabajado incluso con actores de la talla de Harrison Ford en títulos como Peligro inminente (Phillip Noyce, 1994). De Almeida recogió su flamante dragón en la gala de clausura. La actriz zaragozana ha intervenido en la serie recientemente estrenada Cristo y Rey (Creada por Daniel Écija en 2023), serie sobre el domador Ángel Cristo y la actriz y vedette Bárbara Rey ambientada en la España de los años ochenta, y en la que encarna a la reina Sofía. El portugués Joaquim de Almeida, por su parte, ha participado en múltiples producciones históricas, como Sostiene Pereira (Roberto Faenza, 1996), El maestro de esgrima (Pedro Olea, 1992), El rey pasmado (Imanol Uribe, 1991), La conjura de El Escorial (Antonio del Real, 2008), El corazón de la Tierra (Antonio Cuadri, 2007) o Fátima, la película (Marco Pontecorvo, 2020).

El Ayuntamiento de Zaragoza, es el principal impulsor del Saraqusta Film Festival, con la intención de abrir a la ciudadanía la divulgación de la Historia y la promoción de la cultura a través del audiovisual.


Desde la primera edición, el público zaragozano ha respondido bien a esta propuesta, logrando en estos tres años de andadura una consolidación del certamen. He de decir que en este 2023, el nivel de los documentales y largometrajes a concurso ha sido más que notable. Florián Rey. De  luz y sombra, de la realizadora aragonesa Vicky Calavia, y El Rey Pasmado abrieron y cerraron el festival, respectivamente.

Florián Rey. De luz y sombra, de Calavia, versa sobre la figura del director nacido en La Almunia de Doña Godina. Calavia lo muestra en pantalla a través de testimonios como los del catedrático de cine Agustín Sánchez Vidal o José María Pemán, biógrafos del autor de Nobleza baturra (1935); intervienen también el profesor Luis Alegre, el fotógrafo Juan Mariné (que trabajó con Rey), el actor Antonio Resines o Ángeles Castro Martínez del Castillo, sobrina-nieta del cineasta.


El rey pasmado, película de Imanol Uribe ganadora de 8 Premios Goya en 1992, sitúa la historia en el reinado de Felipe IV (1621-1665) y está basada en la novela de Gonzalo Torrente Ballester Crónica del rey pasmado. Contó en el reparto con Gabino Diego, Javier Gurruchaga, Juan Diego, María Barranco, Fernando Fernán Gómez y Joaquim de Almeida. El actor portugués estuvo presente durante la proyección, antes de recibir su reconocimiento y premio.

PROYECCIONES EN LOS HISTÓRICOS CINES PALAFOX Y CERVANTES.
Del domingo 30 al jueves 4, a las 17:00h, se desarrolló la sección “Panorama Saraqusta” en los cines Palafox. Donde se pudo ver, por orden de emisión: capítulos de las miniseries La Fortuna (Alejandro Amenábar, 2021), Los emigrantes (Erik Poppe, 2021), Ingeniería romana (José Antonio Muñiz y Javier Téllez, 2015), Hospital Real (Jorge Cassinello, 2015) y La sonata del silencio (Peris Romano y Iñaki Peñafiel, 2016). También en el cine Palafox, se 
proyectaron los documentales a concurso: Urraca, cazador de rojos (España), dirigido por Pedro de Echave y Felip Solé, que resultó ganador al mejor documental; El olvido del mar (España), de la directora Mirella Abrisqueta y protagonizado por el gran actor Carmelo Gómez; L'incendie du Reichstag (Francia), de Mickaël Gamrasni; Franco Battiato, la voce del padrone (Italia), audiovisual de Marco Spagnoli y Sergio Larraín, el instante eterno (Chile), dirigido por Sebastián Moreno.


Los largometrajes a concurso que se pudieron visionar en el cine Cervantes fueron: La 
extraordinaria Il Boemo (República Checa), de Petr Vaclav, que se alzó como ganadora, siendo también de calidad muy notable, la conmovedora L’histoire d’Annette Zelman (Francia), un drama dirigido por Philippe Le Guay, cuya actriz protagonista se llevó el dragón a Mejor Actriz del certamen. La tercera fue Dead for a Dollar (Estados Unidos), un solvente western clásico del veterano Walter Hill, autor de The Warriors (1979), entre otros trabajos, que cuenta en el reparto con nombres de la talla de Christoph Waltz, Willem Dafoe y Rachel Brosnahan. También se proyectó Miró, de Oriol Ferrer, protagonizado por Eduardo Lloveras y Aida Folch y el festival finalizó, en cuanto a largos, con Tirailleurs (Father & Soldier), filme galo del cineasta Mathieu Vadepied protagonizado por el conocido actor Omar Sy, uno de los protagonistas de la taquillera Intocable (Olivier Nakache y Erik Toledano, 2011). De la misma temática se proyectó en “Cinefrancia”, hace ya unos cuantos 
años, de la mano del Instituto Francés, Indigènes (Rachid Bouchareb, 2006) , filme para mí 
bastante superior a éste. Dicho instituto, con su directora al frente, recogió todos los 
galardones que recibió su cine en este festival.






El audiovisual de Pedro de Echave y Felip Solé sobre la figura de un policía español que 
perseguía a republicanos exiliados en Francia durante la ocupación nazi, también ha sido 
reconocido con el premio a Mejor Guion. Destacar también que esta tercera edición ha recibido más de 600 proyecciones a concurso de 82 países diferentes, lo que da cuenta del carácter internacional de la muestra. Un festival que nació durante la larga pandemia del Covid, y que ha sabido superar la difícil situación que afectó a todas las actividades culturales durante estos últimos años.

Finalmente, solo quiero decir que bienvenidos sean éste y todos los certámenes que coloquen el cine, la cultura y a la ciudad de Zaragoza (ya cuarta ciudad de España) en el lugar que nuestra inmortal y milenaria ciudad merece. Una Cesaraugusta que sigue respirando cine por todos sus poros a través de creadores, como el recientemente desaparecido, Carlos Saura; el recordado Florián Rey, y tantos otros cineastas y actores y actrices que siguen haciendo brillar nuestro cine en el mundo. Así que, larga vida al “Saraqusta Film Festival”, y a ver qué novedades nos depara en la que ya será su cuarta edición en 2024.

GONZALO J. GONZALVO
Escritor y Crítico de Cine

martes, 2 de mayo de 2023

Los tres mosqueteros: D´ Artagnan (2023)****

 Dir: Martin Bourboulon

Int: François Civil, Eva Green, Vincent Cassel, Romain Duris, Pio Marmai, Vicky Krieps, Louis Garrel, Lyna Khoudri, Jacob Fortune-Lloyd, Oliver Jackson-Cohen.


El glorioso regreso de D ́Ártagnan

Al calor del interesante Saraqusta Film Festival, (Festival de Cine y series de corte histórico de Zaragoza), que se está desarrollando actualmente y hasta el 5 de Mayo, y del que daré buena cuenta en un extenso artículo monográfico sobre lo que dé de sí su tercera edición, hoy toca escribir sobre lo que he titulado “El glorioso regreso de D ́Ártagnan”.

Si hay algo que tienen las grandes obras de la literatura clásica, es que son inmortales. Buena prueba de ello es esta nueva adaptación del cineasta galo Martin Bourboulon, del que, hace un par de años, pudimos ver Eiffel, un biopic sobre la azarosa historia del arquitecto que levantó la fabulosa torre que se convertiría en símbolo de París y emblema de Francia. En dicho filme, Bourboulon ya hizo gala de un gran cuidado por la ambientación y la fotografía, elementos que aquí, de la mano de Nicolas Bolduc y Patrick Schmitt, y apoyada en una eficaz banda sonora de Guillaume Rousel, contribuyen, sin duda, a dotar a la película de una grandiosidad artística notable.



Ahora nos presenta esta nueva adaptación al cine de la célebre novela de Alexandre Dumas, con idéntico título original en francés (Les Trois Mousquetaires: D'Artagnan), obra que fue inicialmente publicada por entregas en el periódico “Le Siécle” durante 1844. La historia de aventuras de “capa y espada” es ya bien conocida por una gran parte del público (aunque eso, hoy día, quizá sea muy aventurado el afirmarlo). En ella se nos narra la particular odisea caballeresca de D' Artagnan, un intrépido e impulsivo joven (interpretado por François Civil), que resulta herido al salvar a una joven de ser secuestrada. Cuando llega a París, intenta por todos los medios encontrar a sus agresores mientras intenta entrar en el prestigioso cuerpo de “Los Mosqueteros del Rey”, que están enfrentados a la guardia del Cardenal Richelieu. Sin embargo, D ́ Artagnan ignora que su búsqueda le meterá de lleno en una intriga en la que está en juego el futuro de Francia. 


Juntamente con Athos (perfecto en el papel Vincent Cassel), Porthos (Pio Marmaï) y Aramis (Romain Duris), 
tres valientes mosqueteros del rey (Louis Garrel), D'Artagnan se enfrentará a las oscuras maquinaciones del cardenal Richelieu. Perdidamente enamorado de Constance Bonacieux (Lyna Khoudri), la confidente de la reina de Francia (Vicky Krieps), D' Artagnan afrontará numerosos peligros mientras sigue la pista de quien se convertirá en su gran enemiga: Milady de Winter ( interpretada por una formidable Eva Green). 




Este Los tres mosqueteros: D ́Artagnan hay que disfrutarlo teniendo en cuenta que, su abrupto final se debe a que, en realidad, el filme se completa con Los tres mosqueteros: Milady, cuyo rodaje se realizó al mismo tiempo que esta primera, entre 2021 y 2022 y que, es de esperar, se estrene en el último trimestre de este 2023. A pesar de contar con este pequeño hándicap, D ́ Artagnan (para abreviar citaremos así al filme) suma una serie de virtudes que lo convierten, por derecho propio, en un extraordinario filme de aventuras. Además de las ya citadas y muy cuidadas ambientación histórica, dirección artística, vestuario y fotografía, su acertado reparto, en el que destacan, por encima de la media, una extraordinaria, magnética y bellísima Eva Green, y un Vincent Cassel, que se mete en la piel de Athos como si fuese el vivo personaje, en uno de los mejores papeles de su carrera. El prolífico Louis Garrel, en el papel del rey Luis XIII, también cumple con brillantez. Un largo elenco de secundarios/as termina de completar un extenso reparto en el que también destacan, en los papeles femeninos, Lyna Khoudri como Constance, la confidente de Ana de Austria, y Vicky Krieps, quien encarna a la reina.



El cine de nuestros vecinos franceses, además de contar casi siempre con un gran nivel artístico, lleva a gala el cuidar con mimo, especialmente, la adaptación de sus propios autores clásicos de la literatura.

Existe abundancia de versiones anteriores, entre las que hay que recordar y destacar: La de 1921 dirigida por Fred Niblo, La de 1948 de George Sidney, todo un clásico con Gene Kelly y Lana Turner. En 1973, Richard Lester firma Los tres mosqueteros: los amantes de la reina, con Oliver Reed, Faye Dunaway, Charlton Heston y Raquel Welch, entre otros. En 1993, Stephen Herek, realizó también una digna versión protagonizada por Charlie Sheen, Kiefer Sutherland, Chris O'Donnell, Oliver Platt y Rebecca De Mornay como Milady de Winter. A pesar de todo, he de decir que esta actual versión, realizada en dos partes, por Martin Bourboulon, pasa el examen con buena nota. 

Así que larga vida a Alejandro Dumas, al intrépido y pendenciero D ́ Artagnan, y a los tres mosqueteros que le acompañarán, eternamente, cada vez que haya que defender al Rey de Francia de las intrigas del malvado Richelieu, así como poner a buen recaudo el honor de la reina.

GONZALO J. GONZALVO

Escritor y Crítico de Cine

martes, 11 de abril de 2023

El imperio de la luz (2022)****

 Dir: Sam Mendes

Int: Olivia Colman, Micheal Ward, Colin Firth, Toby Jones, Tanya Moodie, Crystal Clarke, Tom Brooke, Hannah Onslow, Adrian McLoughlin, Ashleigh Reynolds, Eliza Glock, Sara Stewart, Mark Field, Monica Dolan, Ron Cook, Justin Edwards, William Chubb, Spike Leighton, Jacob Avery, Roman Hayeck-Green.



El cine, visto por los ojos de un gran cineasta llamado Sam Mendes.

El cineasta Sam Mendes, asombró y fue capaz de ganar ya el Oscar a la mejor dirección, en 1999, con American Beauty, su magnífica ópera prima. Tres años más tarde, logra una nueva obra maestra con Camino a la perdición (Road to Perdition, 2002), un neo noir con Paul Newman y Tom Hanks en estado de gracia que revitalizó el género de gánsteres. 

Ahora, Sam Mendes, nos traslada a los años ochenta, a una localidad de la costa norte de Inglaterra. Allí se encuentra el Cine Empire, un particular microcosmos sobre el que giran las historias vitales de los que allí trabajan, mientras fuera, el racismo y la violencia marcan el comienzo de una década socialmente convulsa, con Margaret Thatcher en el gobierno, con una sociedad inmersa aún en el conflicto con el IRA, las huelgas y una dura crisis económica. 



El imperio de la luz está basado en una novela de Valerie Helene Mendes, madre del propio Sam Mendes, en la que, al parecer, volcó alguna de sus experiencias y recuerdos personales. En el otrora majestuoso y ahora decadente cine “Empire”, nos encontraremos a Hilary, una trabajadora cuya vida personal está llena de claroscuros, a sus compañeros/as de trabajo y a su omnipotente director, un Doland Ellis encarnado de manera solvente por el oscarizado actor Colin Firth. Stephen, un joven de color, entrará a trabajar en el Empire, y desarrollará con Hilary una conexión especial.

El imperio de la luz, se sustenta sobre tres pilares muy sólidos. La soberbia interpretación de Olivia Colman una de las mejores actrices británicas del panorama mundial, ganadora de un merecido Oscar por La favorita (Yorgos Lanthimos, 2018) y nominada por El padre (Florian Zeller, 2020). El segundo, es la maravillosa fotografía de Roger Deakins, que también fue artífice de la ya citada Camino a Perdición y también de la extraordinaria 1917 (Sam Mendes, 2019). 



Deakins (quince veces nominado y ganador de dos Oscar), es de esos directores de fotografía capaz de aportar una belleza mágica en escenarios melancólicos e incluso trágicos (como en 1917). Él, y el propio Mendes (también autor del guion del filme), se dieron cuenta de que el Dreamland (término que serviría para definir al mismísimo Hollywood), un antiguo cine de estilo Art Decó situado en la localidad de Margate, era el lugar idóneo para convertirlo en el Empire. De este modo, el viejo cine, que aún exhibe su grandeza y oropeles, testigos de su pasado esplendor, se convierte en el plató por donde desfilan las vidas de sus protagonistas.

El imperio de la luz es un homenaje a ese maravilloso arte visual que es el cine, pero a diferencia del Cinema Paradiso (1988) de Tornatore, su aura fantasmal, con sus zonas abandonadas, recuerda más al Hotel Overlook de El resplandor (1980) de Stanley Kubrick. No en vano, el Empire (Dreamland) se nos cuenta que fue también salón de baile y restaurante cuando vivió sus mejores años.

El tercer pilar, es la dirección de Sam Mendes, un cineasta que, con solo once títulos en su filmografía,ha logrado un nivel de calidad artística verdaderamente sobresaliente. Mendes sabe, en cada escena, sacarel mayor partido a su reparto y a la maravillosa fotografía de Deakins, aunque, para ser una obra maestra equiparable a algunas de las ya citadas, le faltaría esa potencia sentimental con la que Giuseppe Tornatore conseguía emocionarnos hasta hacer brotar las lágrimas con su Cinema Paradiso.

Con eso y con todo, El imperio de la luz es una excelente película. Un filme que se convierte también en una metáfora viva de la decadencia y desaparición de tantas salas de cine imponentes y lujosas, que vivieron décadas gloriosas y que, por fortuna, muchos aún hemos tenido la suerte de conocer desde que, de niños, nuestros padres nos llevaban de la mano a esos lugares llenos de magia e ilusión que eran los cines. Nuestros ojos se agrandaban entonces ante esa majestuosidad de un lugar que nos prometía obsequiar, con cada película, con una experiencia vital irrepetible.

Ahora, en unos tiempos marcados por la incertidumbre, los imparables avances tecnológicos de la IA (inteligencia artificial), y por una sociedad cada vez más despegada de su pasado y de su historia; una época en la que las salas de cine (no lo quieran los dioses) podrían llegar a desaparecer y reducir al séptimo arte a habitar en pantallas caseras, tablets y dispositivos móviles, El imperio de la luz ofrece al espectador una reflexión necesaria sobre la importancia que el arte y la creación tienen en nuestras vidas, y sobre el influjo positivo que, cada día, con cada nueva proyección, han hecho y hacen que seamos hoy las personas que somos.

Así que, larga vida al Cine y a las salas de cine. Porque si un día éstas llegan a desaparecer y los cines dejan de existir, ese día, nosotros ya no seremos nunca los mismos/as.

GONZALO J. GONZALVO

Escritor y Crítico de Cine.

lunes, 20 de marzo de 2023

Sick of myself / Syk pike (2022)***

 Dir: Kristoffer Borgli

Int: Kristine Kujath Thorp, Eirik Sæther, Fanny Vaager, Fredrik Stenberg Ditlev-Simonsen, Anders Danielsen Lie, Sarah Francesca Brænne, Ingrid Vollan, Henrik Mestad, Steinar Klouman Hallert, Andrea Bræin Hovig, Seda Witt, Terje Strømdahl, Anne Kokkinn, Erlend Mørch, Guri Hagen Glans, Nanna Lundevall, Frida Natland, Elisabeth Bech  Aschehoug, Mathilda Höög.



Una sociedad enferma de sí misma

Sick of myself o Syk pike, en su título original, nos presenta a Signe y a Thomas, una joven pareja noruega residentes en Oslo que mantiene una relación malsana y competitiva. Cuando Thomas obtiene cierta notoriedad como artista en los medios, la reacción de Signe consistirá en reinventarse a sí misma como un nuevo personaje en las redes y tratar a la desesperada de llamar la atención y suscitar la admiración y el seguimiento de las masas.

Signe (Kristine Kujath Thorp), la protagonista, en la interesante ópera prima de Kristoffer Borgli realizada en 2022, es un vivo ejemplo de hasta qué extremos están llegando muchas personas en esta sociedad de la segunda década del siglo XXI con tal de figurar y ser o hacerse famosas/os en un tiempo record. Hasta tal punto llega la obsesión por ser una persona reconocida y popular, que más de uno llega a hacer burradas que pueden poner en peligro incluso su salud y propia existencia. Todo vale con tal de ganar likes y notoriedad.  Pues está claro que no. No todo vale en la vida para triunfar. Utilizando la ironía, el cineasta noruego se vale de la historia personal de una chica que no soporta pasar desapercibida, y de su odisea individual en pos del éxito social y económico, para lograr una historia universal con una mezcla de drama y comedia negra. 


Syk pike es una “dramedia” con ese característico sello nórdico que nos están mostrando en los últimos años 
cineastas daneses, suecos y noruegos. 

Recientemente el cine nórdico ha dado títulos muy notables, como las excelentes Otra ronda (Druk, Thomas Vinterberg) y La peor persona del mundo (Joachim Trier, 2021), un filme que estuvo nominado al Óscar el año pasado, y que ya exploraba las repercusiones del egoísmo y egocentrismo que parecen caracterizar a los individuos de la generación millennial y posterior (la llamada “Z”). Generaciones obsesionadas con la repercusión de las redes sociales, más preocupadas por la notoriedad mediática y la existencia virtual, que por la propia realidad, y ávidas de conseguir para sus vidas el éxito económico y la fama en el periodo de tiempo más corto posible y al coste personal que sea.



Sick of myself se erige también, de manera indirecta, en una plataforma de crítica sobre los riesgos y el lado oscuro de esa red inabarcable, y a la que no se pueden poner límites legales, denominada Internet y que, como todo en la vida, se puede usar tanto para lo bueno como para lo malo.

La protagonista de este largometraje noruego (muy bien Kristine Kujath) soporta el peso de un papel que muestra y desgrana el proceso de bajeza moral a la que puede llegar un ser humano con tal de conseguir sus metas, transformando su bello rostro de mujer joven en un deformado y metafórico retrato, en versión femenina, de un "Dorian Gray” con el que guarda muchas similitudes. El narcisismo, la egolatría y la vanidad son tres pilares de uno de los cánceres sociales más evidentes de nuestro tiempo. En el fondo siempre han estado ahí, acompañando a la ambición humana en su tortuoso camino de autodestrucción y, de ahí, la larga tradición literaria y cinematográfica que lo ilustra, pero el cada vez mayor peso de las redes sociales en la vida de los individuos (en detrimento de una vida real y no digital), una vida falsa y sin verdaderos cimientos, basada en realidades tamizadas y virtuales, cuando no en metaversos, está teniendo ya consecuencias tan reales como terribles, provocando suicidios en jóvenes y adolescentes que no soportan un ápice de frustración, así como un incremento de la violencia y de las agresiones sexuales, grabadas y emitidas públicamente a través de alguna de estas redes.


Sick of myself es más que un triste retrato de unas generaciones educadas en el éxito rápido en lugar de 
en la cultura del esfuerzo, el tesón y la paciencia; los únicos ingredientes que han posibilitado, desde siempre, las bases para la consecución de las metas y el éxito social. 

Sick of myself contiene, además, un claro homenaje a Les yeux sans visage (Los ojos sin rostro) uno de los filmes más inquietantes y perturbadores del cine francés, que firmó, en 1960, el director galo Georges Franju, y que el cineasta manchego Pedro Almodóvar también rescató para cimentar La piel que habito (2011). 

Tantas veces se habla de que limitar Internet sería como poner “puertas al campo”, pero algo habrá que hacer para introducir códigos éticos en muchas de esas redes sociales que están resultando absolutamente dañinas y engañosas para esta sociedad y sus individuos. Una sociedad cada vez más atosigada de información y de estímulos visuales, pero cada vez más desorientada y carente de valores, principios y asideros éticos y morales para transitar por la vida. 

Kristoffer Borgli ya prepara su salto a Estados Unidos, de la mano de la productora del cineasta Ari Aster, con Dream Scenario, filme que protagonizarán Nicolas Cage y Julianne Nicholson,entre otros.

Por último, decirles que si les gustó la ya citada La peor persona del mundo, filme, a mi entender, mucho más redondo y de peso que este, Sick of myself también les va a proporcionar un buen rato de entretenimiento y, por qué no, también de reflexión, acerca de hacia dónde vamos en esta sociedad cada vez más desnortada y carente de valores.

GONZALO J. GONZALVO

Escritor y Crítico de Cine

martes, 7 de marzo de 2023

The Quiet Girl (An Cailín Ciúin) (2022)****

 Dir: Colm Bairéad

Int: Catherine Clinch, Carrie Crowley, Andrew Bennett, Michael Patric, Kate Nic Chonaonaigh, Carolyn Bracken, Joan Sheehy, Tara Faughnan, Neans Nic Dhonncha, Eabha Ni Chonaola.


La sombra de John Ford es alargada. 

Sorprendente opera prima del director irlandés Colm Bairéad, con guion suyo y de Claire Keegan, basado en su novela Foster, y que nos traslada a 1981, en la Irlanda rural. Cáit es una reservada niña de nueve años, desatendida por unos padres de familia numerosa. En silencio, afronta las dificultades, tanto en la escuela como en casa, y ha aprendido a pasar desapercibida. 

Cuando llega el verano y se acerca la fecha del nuevo parto de su madre, Cáit es enviada a vivir con una prima de su madre. Sin saber cuándo volverá a casa, se queda en el hogar de unos desconocidos sin más pertenencias que la ropa que lleva puesta. Poco a poco, y gracias a los cuidados de esa familia, Cáit realiza notables progresos y descubre una nueva forma de vivir en una casa donde no parece haber secretos.

The Quiet Girl y The Quiet Man, que conocemos en España como El hombre tranquilo (John Ford, 1952), no solo tienen en común ese guiño en su título, amén de una maravillosa fotografía que retrata las verdes zonas rurales de Irlanda.



"La niña tranquila" contiene esa magia que hace que una, en apariencia, pequeña película, crezca en cada fotograma, en cada escena, hasta hacerse grande, cine con mayúsculas.



John Ford, uno de los cineastas más importantes de la historia del séptimo arte (y al que Spielberg hace un pequeño homenaje en la maravillosa The Fabelmans) era el menor de trece hermanos de una familia de emigrantes irlandeses en busca del sueño norteamericano. En sus películas, hay una simbiosis perfecta entre los paisajes y la lucha de sus protagonistas ante situaciones vitales hostiles que les desbordan, con un concepto visual y narrativo novedoso, con aportes de una poesía fílmica y una belleza pictórica que lo consagraron como uno de los mejores narradores visuales. No quiero con esto poner al debutante Colm Bairéad a la altura de John Ford, lo que deseo con ello es exponer una serie de similitudes y virtudes que hacen de The Quiet Girl, una obra casi maestra.

Y es que An Cailín Ciúrin (título original en gaélico irlandés) es una película llena de sensibilidad y de detalles, en la que la contención y el silencio, sabiamente dosificados por una dirección, un montaje y  guion soberbios, logra un resultado realmente sorprendente, aunque muy alejado del ritmo narrativo y de los esquemas comerciales que suelen gustar al gran público. No es, por tanto, The Quiet Girl, una película para quienes busquen cine comercial o de consumo palomitero, sino un producto artístico de primer orden que todos los cinéfilos/as y amantes del buen cine sabrán paladear y disfrutar desde el primer fotograma hasta el último. 



La pequeña Cáit, interpretada, de forma magistral por la también debutante Catherine Clinch, con esa misma contención, (“es una niña que emplea las palabras justas”, así la definirá uno de los personajes clave en su proceso de cambio y crecimiento personal), consigue emocionar al espectador sin acudir a los habituales recursos fáciles, con una sobriedad que, en determinadas escenas, sobrecoge por su veracidad.

Hay también en An Cailín Ciúrin, ecos de esas infancias desvalidas y sumidas en la pobreza que tan bien retrató el escritor Charles Dickens en su novela Oliver Twist, magistralmente adaptada a la pantalla por el cineasta David Lean en 1948. Unos personajes tan huérfanos de afecto y humanidad que, atacados también por la pobreza, intentan salir adelante sacando fuerzas de flaqueza y enfrentándose a todo con una dignidad personal indestructible. 

Colm Bairéad, consigue crear un cuento moderno ambientado en la década de los ochenta del siglo veinte, un cuento sobre la importancia de los afectos en la infancia, tan duro como conmovedor, dotado de una delicadeza poco común, lleno de generosidad y sensibilidad, austero y, a la vez, profundo, que retrata a la perfección los golpes de la vida (como el pequeño Antoine Doinel en la también magistral Los 400 golpes (François Truffaut, 1959) , y en el que el espíritu de supervivencia vence frente al desamparo, de un modo absolutamente hermoso.

The Quiet Girl se las tendrá que ver, en la lucha por el Oscar 2023 a la “mejor película extranjera”, con Argentina 1985 (Santiago Mitre, 2022), Sin novedad en el frente (Edward Berger, 2022), la belga Close (Lukas Dhont, 2022), que también ahonda en los dramas de la preadolescencia); y con EO (2022), del cineasta polaco Jerzy Skolimowski; pero resulte o no ganadora de este importante galardón, que sin duda sería para su autor y todo el equipo de la película, un respaldo y una proyección internacional impagables, se merece, desde luego, que todo espectador que desee disfrutar del buen cine, se refugie en la oscuridad de la sala para asistir a una de esas ocasiones en las que, el cine y el arte se dan la mano. Unas salas en las que, como en The Quiet Girl, la soledad, comienza a resultar algo dramático y preocupante. 

La misma soledad y falta de público que uno se encuentra en exposiciones, en galerías de arte, etc. El arte, en este convulso siglo veintiuno, sobrevive, con cada vez mayor dificultad, en los pocos reductos que le quedan. Pero lleva siglos existiendo, y lo seguirá haciendo, a pesar de que una sociedad adormecida por la inmediatez, por el ruido, por la avalancha de estímulos digitales y por la confusión generada por montañas de información y desinformación, le hace pensar que podrá seguir adelante prescindiendo del arte. Si usted es de esas personas que, por el contrario, piensa y cree firmemente que apreciar el arte forma parte de su transitar por la vida, no se pierda An Cailín Ciúrin  , y sus apreciables ecos fordianos.

GONZALO J. GONZALVO