Dir: Jaco Van Dormael
Int: Benoît Poelvoorde, Yolande Moreau, Catherine Deneuve, Pili Groyne, Emylie Buxin, Cyril Perrin.
Esta reescrtitura cinematográfica del Nuevo Testamento es de Thomas Gunzig y Jaco Van Dormael, que además es el director de lo que se ha convertido en una destartalada y fallida comedia fantástica. En ella se plantean la siguiente cuestión: ¿Qué pasaría si Dios existiese y viviese en Bruselas? Dios (Benoît Poelvoorde) en la tierra es un cobarde, tiene unos códigos morales patéticos (o eso parece) y su conducta con su familia es bastante despreciable y violenta. Su hija Ea (Pili Groyne), que se aburre mortalmente en la anodina Bruselas, decide rebelarse contra su padre, entra en su ordenador, desde el que se controla el destino de todos los seres vivos, y le dice a todo el mundo el día en el que morirá, con lo que hace que cualquier misterio desaparezca; de repente todos se ponen a pensar en que hacer con los días, meses, o años que les quedan por vivir.
Una historia que a priori podría ser apasionante por su planteamiento, pero cuya plasmación es tremendamente, plana, pobre y decepcionante. En algunos momentos es, además, bastante chapucera a la hora de fusionar imágenes reales y trucos digitales. A veces, el resultado es el de bellas postales surrealistas, aunque siempre se quedan muy lejos de la capacidad de impacto de Magritte un auténtico maestro del surrealismo en la pìntura, que también era belga, y que bien podría haber inspirado alguno de los paisajes imposibles que Jaco Van Dormael construye en su film, sin llegar nunca a conmovernos...
Roberto Sánchez
-Aragonia-
miércoles, 21 de octubre de 2015
martes, 20 de octubre de 2015
Un paseo por Sitges.
El Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya ha cumplido 48 años. Ha logrado situarse por sus dimensiones e intensidad en una de las citas más importantes del mundo en cuanto al cine de temática fantástica. Los criterios amplios de selección incluyen películas que están seguramente en los límites del género. Se trata de una decisión consciente de su director Ángel Sala, que permite hacer un repaso anual a lo mejor (y lo peor) que ofrece la amplia temática de lo fantástico. Este año han podido verse, entre una abundante oferta, las últimas películas de algunos directores que a mi me interesan especialmente y que no
siempre tienen un seguimiento fácil en las salas de estreno como Takashi Miike, Apichatpong
Weerasethakul, Bernard Rose, Karyn Kusama (cuya The Invitation, ganó el Premio a la Mejor Película de la Sección Oficial), Tsui Hark, Terry Jones, Anton Corbijn, Gaspar Noé, Hou Hsiao-hsien, Paolo Sorrentino, Andrzey Zulawski (llevaba 15 años sin dirigir), Michael Almereyda o Michael Winterbotton. Después de su éxito en San Sebastián también pudo verse La novia, el segundo largometraje de la aragonesa Paula Ortíz con una valiente y bella reinterpretación de Lorca y sus Bodas de sangre.
El único defecto del Festival es que para disfrutarlo hay que tener mucho tiempo libre y dinero. La selección de títulos es muy atractiva y el atractivo del Festival no sólo está en la gran cantidad de películas "disfrutables" en variados sentidos. Hay presentaciones de libros, mesas redondas, la oportunidad de convivir con algunas figuras incuestionables del cine (esta edición con Oliver Stone), y la oferta hostelera de la ciudad y sus playas, que son un complemento ideal nada despreciable. Además la población, sus comercios y sus gentes acogen con los brazos abiertos la ingente masa de aficionados de todo el mundo que pululan con entusiasmo por las calles, terrazas y puestos de venta especializados, hablando de cine, de cómic, de libros y de sus pasiones confesables e inconfesables.Todo un paraíso para los cinéfilos.
En esta ocasión sólo pude pasar dos días en Sitges y ver tres películas. Me gustó bastante Demon (2015), una coproducción entre Polonia e Israel que terminó por llevarse el premio a la mejor fotografía (de Pawel Flis), con una interpretación brillante de todo el reparto, pero destacándose el joven actor israelí Itay Tiran, Piotr "Pyton" en la ficción, que terminará poseído por el alma de una joven asesinada y enterrada en la misma casa donde se celebra su boda. Una ocasión para imbricar en el fantástico el sentimiento de culpa del pueblo polaco, implicado igualmente en las masacres de las familias judías que también tuvieron lugar en su país antes y durante la II Guerra Mundial. La película carga con una desagradable y morbosa circunstancia: su director Marcin Wrona de 42 años (también coguionista del film junto a Pawel Maslona), se suicidó poco antes del estreno del film, truncando una interesante trayectoria que incluía ya dos cortometrajes, dos largometrajes, una serie y tres películas para la televisión.
También pude ver Night Fare (2015) del francés Julien Seri, con guión de Cyril Ferment, Julien Seri, Pascal Sid y Tarubi. Una película muy sencilla, con mucha acción (al estilo de algunas producciones de Luc Besson), pero con un giro sorprendente hacia las temáticas del manga y animé japonés. Como hacia Tarantino en Kill Bill, introduce una serie de secuencias animadas para explicar el pasaso del taxista justiciero (interpretado por todo un especialista francés en artes marciales llamado Jess Liaudin). No deberían sentir ningún tipo de pérdida si no llegan a poder verla.
Una de las citas obligatorias del Festival es en el Espai Selecta Visión (de entrada gratuita), montado en Hort de Can Falç. En él se hizo una selección de animé que incluía La chica que saltaba a través del tiempo (Toki o kakeru shôjo, 2006) de Mamoru Hosoda, una demostración de cómo las factorías de cine (y series) norteamericanas fagocitan temáticas y tendencias para empaquetarlas y venderlas por todo el mundo. Los toques de fantasía un tanto babosa, los adolescentes, los viajes en el tiempo, los primeros amores juveniles, bien mezclados, han sido fuente de inspiración directa para unas cuantas producciones y series norteamericanas en los últimos años. El único problema es que se pasan dobladas al catalán..., y no tengo nada contra ese idioma, pero sí contra el doblaje que, sea en el lenguaje que sea, me parece una salvajada...
Para el resto de la programación remito a su web http://sitgesfilmfestival.com/
Roberto Sánchez
domingo, 18 de octubre de 2015
Golpe de estado (No Escape, 2015)**
Dir: John Erick Dowdle
Int: Owen Wilson, Lake Bell, Pierce Brosnan, Sterling Jerins, Spencer Garrett, Claire Geare, Byron Gibson, Russell Geoffrey Banks, Jim Lau, Sahajak Boonthanakit, Karen Gemma Dodgson, Bonnie Zellerbach.
No Escape ("no hay escapatoria") es el título original de este Golpe de estado y, desde luego para mí, mucho más apropiado para esta trepidante historia que nos cuenta la terrorífica aventura vivida por Jack Dwyer (Owen Wilson), un ejecutivo norteamericano que trabaja para una empresa multinacional potabilizadora de agua y que viaja con toda su familia a un país asiático para iniciar una nueva vida. Producida, en parte, por los hermanos Dowdle (John Erick, el director, y Drew, ambos también guionistas) y rodada en Thailandia , este film nos ofrece una mezcla de thriller, aventura e incluso cine de terror gore en algunas secuencias en las que predomina la sangre. Golpe de Estado entronca pues también con el género fantástico y terrorífico desde el momento en el que el protagonista pasa de una situación cotidiana normal a una pesadilla vívida que ni en sus peores sueños hubiera pensado experimentar. En algunas escenas, como digo, el sadismo y la violencia lo emparentan con el subgénero gore (lo que hace que no sea apto para espectadores sensibles), estableciendo una extraña mezcla entre el violento cine asiático especialista en este tipo de crudeza y el thriller de acción netamente USA. Su director, John Erick Dowdle, se había mostrado hasta ahora como un especialista en el género del terror con filmes cómo: Quarantine (remake de la española REC de Jaume Balagueró), la interesante Recuerdos perversos, La trampa del mal o la más reciente Así en la tierra como en el infierno. En este, su anterior trabajo, el director convertía las catacumbas de París en otro escenario pesadillesco en el que sus protagonistas quedaban sumergidos al atravesar una mágica puerta hacia la dimensión de lo maligno. Este parece ser un mecanismo temático común a la mayoría de las historias desarrolladas por Dowdle, pues en todas ellas se produce un giro radical que transforma realidad en pesadilla en un solo instante, atravesando esa puerta invisible hacia el mal (algo que el director mexicano Guillermo del Toro realizó con absoluta maestría en esa maravilla titulada El laberinto del fauno).
En este No Escape, encontramos un reparto solvente encabezado por el actor Owen Wilson (al que pudimos disfrutar en la magnífica Midnight in París, del maestro Woody Allen, y Pierce Brosnam, al que va como anillo al dedo su papel de mercenario-espía canalla y borrachín ya entrado en años pero que aún goza de buena puntería con las armas. El personaje de Brosnam es lo único que aporta un toque de humor y quita hierro a esta historia truculenta y sanguinaria. El drama y la desgracia que recae inesperadamente sobre una familia bien norteamericana nos recuerda también a esa otra familia de Lo imposible, el filme del ya internacional director español Juan Antonio Bayona. Una familia que, en este caso se ve inmersa en una espiral de violencia, miedo y desgracia de consecuencias imprevisibles. Golpe de estado es un film muy entretenido que, a pesar de no ser una obra de altura artística a nivel cinematográfico, atrapa enseguida al espectador en un laberinto desasosegante sin dejarle respiro alguno y no lo suelta hasta el final. No Escape es un film pues recomendable para amantes de las emociones fuertes; del cine de aventuras, del terror y del thriller pues, de todo eso, tiene esta truculenta, inclasificable y violenta historia.
Gonzalo J. Gonzalvo
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Int: Owen Wilson, Lake Bell, Pierce Brosnan, Sterling Jerins, Spencer Garrett, Claire Geare, Byron Gibson, Russell Geoffrey Banks, Jim Lau, Sahajak Boonthanakit, Karen Gemma Dodgson, Bonnie Zellerbach.
No Escape ("no hay escapatoria") es el título original de este Golpe de estado y, desde luego para mí, mucho más apropiado para esta trepidante historia que nos cuenta la terrorífica aventura vivida por Jack Dwyer (Owen Wilson), un ejecutivo norteamericano que trabaja para una empresa multinacional potabilizadora de agua y que viaja con toda su familia a un país asiático para iniciar una nueva vida. Producida, en parte, por los hermanos Dowdle (John Erick, el director, y Drew, ambos también guionistas) y rodada en Thailandia , este film nos ofrece una mezcla de thriller, aventura e incluso cine de terror gore en algunas secuencias en las que predomina la sangre. Golpe de Estado entronca pues también con el género fantástico y terrorífico desde el momento en el que el protagonista pasa de una situación cotidiana normal a una pesadilla vívida que ni en sus peores sueños hubiera pensado experimentar. En algunas escenas, como digo, el sadismo y la violencia lo emparentan con el subgénero gore (lo que hace que no sea apto para espectadores sensibles), estableciendo una extraña mezcla entre el violento cine asiático especialista en este tipo de crudeza y el thriller de acción netamente USA. Su director, John Erick Dowdle, se había mostrado hasta ahora como un especialista en el género del terror con filmes cómo: Quarantine (remake de la española REC de Jaume Balagueró), la interesante Recuerdos perversos, La trampa del mal o la más reciente Así en la tierra como en el infierno. En este, su anterior trabajo, el director convertía las catacumbas de París en otro escenario pesadillesco en el que sus protagonistas quedaban sumergidos al atravesar una mágica puerta hacia la dimensión de lo maligno. Este parece ser un mecanismo temático común a la mayoría de las historias desarrolladas por Dowdle, pues en todas ellas se produce un giro radical que transforma realidad en pesadilla en un solo instante, atravesando esa puerta invisible hacia el mal (algo que el director mexicano Guillermo del Toro realizó con absoluta maestría en esa maravilla titulada El laberinto del fauno).
En este No Escape, encontramos un reparto solvente encabezado por el actor Owen Wilson (al que pudimos disfrutar en la magnífica Midnight in París, del maestro Woody Allen, y Pierce Brosnam, al que va como anillo al dedo su papel de mercenario-espía canalla y borrachín ya entrado en años pero que aún goza de buena puntería con las armas. El personaje de Brosnam es lo único que aporta un toque de humor y quita hierro a esta historia truculenta y sanguinaria. El drama y la desgracia que recae inesperadamente sobre una familia bien norteamericana nos recuerda también a esa otra familia de Lo imposible, el filme del ya internacional director español Juan Antonio Bayona. Una familia que, en este caso se ve inmersa en una espiral de violencia, miedo y desgracia de consecuencias imprevisibles. Golpe de estado es un film muy entretenido que, a pesar de no ser una obra de altura artística a nivel cinematográfico, atrapa enseguida al espectador en un laberinto desasosegante sin dejarle respiro alguno y no lo suelta hasta el final. No Escape es un film pues recomendable para amantes de las emociones fuertes; del cine de aventuras, del terror y del thriller pues, de todo eso, tiene esta truculenta, inclasificable y violenta historia.
Gonzalo J. Gonzalvo
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
jueves, 8 de octubre de 2015
Regresión (2015)***
Dir: Alejandro Amenábar
Int: Ethan Hawke, Emma Watson, Aaron Ashmore, Devon Bostick, David Thewlis, Dale Dickey, Aaron Abrams, Adam Butcher, David Dencik, Kristian Bruun, Matija Matovic Mondi, Janet Porter, Goran Stjepanovic.
Regresión, la última película de Alejandro Amenábar, consigue mantener la intriga y dejar nuestro juicio en suspenso, nos creemos al policía Bruce Kenner (Ethan Hawke) en crisis personal, sus sospechas e incertidumbres. Sus visiones nos manipulan, como lo hacen entre sí la familia protagonista de las supuestas posesiones diabólicas. La sugestión colectiva produce sus efectos en la intriga y también en el espectador que inevitablemente se encuentra sometido al poder de las sugerentes imágenes. La víctima (Angela Gray, interpretada por Emma Watson) que denuncia el delito no se desvela como desencadenante de esta trama satánica hasta que no la desenmascara el policía que pretende seducir.
Los sucesos reales, que se inspiran directamente en una serie de hechos ocurridos en Minnesota en 1990, son relatados con verismo por Alejandro Amenábar, y en otras manos podrían entrar de lleno en el campo de lo sobrenatural sin buscar más razonamientos. Precisamente para lograr esta fusión –entre lo verosímil y lo fantástico– y realzar el fenómeno de la sugestión colectiva que a veces generan estos temas, recurre a códigos genéricos, quizás demasiado burdos, del cine de terror. En todo caso, Alejandro Amenábar persigue denodadamente mantener el equilibrio entre la razón y la presencia de lo sobrenatural, con un tratamiento técnicamente impecable, logrando que las imágenes de un tono nacarado (el responsable de la fotografía es Daniel Aranyó) nos conecte con el peculiar universo preciosista e inquietante de las "flores del mal".
Estamos ante una de las películas más irregulares de Amenábar, pero hay que reconocerle que no haya caído en la chabacanería habitual del género durante las últimas décadas. Hay que admitir que sabe captar nuestra atención desde el principio y que, en buena medida, por el trabajo de Ethan Hawke, logre ir introduciéndonos en una historia llena de recovecos y sugerencias. Al final, todo es bastante decepcionante, pero para ese momento la película ya se ha terminado...
Antonia Bordonada
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Int: Ethan Hawke, Emma Watson, Aaron Ashmore, Devon Bostick, David Thewlis, Dale Dickey, Aaron Abrams, Adam Butcher, David Dencik, Kristian Bruun, Matija Matovic Mondi, Janet Porter, Goran Stjepanovic.
Regresión, la última película de Alejandro Amenábar, consigue mantener la intriga y dejar nuestro juicio en suspenso, nos creemos al policía Bruce Kenner (Ethan Hawke) en crisis personal, sus sospechas e incertidumbres. Sus visiones nos manipulan, como lo hacen entre sí la familia protagonista de las supuestas posesiones diabólicas. La sugestión colectiva produce sus efectos en la intriga y también en el espectador que inevitablemente se encuentra sometido al poder de las sugerentes imágenes. La víctima (Angela Gray, interpretada por Emma Watson) que denuncia el delito no se desvela como desencadenante de esta trama satánica hasta que no la desenmascara el policía que pretende seducir.
Los sucesos reales, que se inspiran directamente en una serie de hechos ocurridos en Minnesota en 1990, son relatados con verismo por Alejandro Amenábar, y en otras manos podrían entrar de lleno en el campo de lo sobrenatural sin buscar más razonamientos. Precisamente para lograr esta fusión –entre lo verosímil y lo fantástico– y realzar el fenómeno de la sugestión colectiva que a veces generan estos temas, recurre a códigos genéricos, quizás demasiado burdos, del cine de terror. En todo caso, Alejandro Amenábar persigue denodadamente mantener el equilibrio entre la razón y la presencia de lo sobrenatural, con un tratamiento técnicamente impecable, logrando que las imágenes de un tono nacarado (el responsable de la fotografía es Daniel Aranyó) nos conecte con el peculiar universo preciosista e inquietante de las "flores del mal".
Estamos ante una de las películas más irregulares de Amenábar, pero hay que reconocerle que no haya caído en la chabacanería habitual del género durante las últimas décadas. Hay que admitir que sabe captar nuestra atención desde el principio y que, en buena medida, por el trabajo de Ethan Hawke, logre ir introduciéndonos en una historia llena de recovecos y sugerencias. Al final, todo es bastante decepcionante, pero para ese momento la película ya se ha terminado...
Antonia Bordonada
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
viernes, 2 de octubre de 2015
Bienvenido Mister Loach
Bienvenido Mister Loach no es una película, ni siquiera un documental. Estamos ante una valiosa publicación en ¡papel! Ante un libro escrito por Mario Ornat para la editorial Doce Robles. Un libro que surge del encargo del editor Javier Lafuente que admira, con razón, la película Tierra y libertad (1995), de Ken Loach. El título completo de este libro aclara bastante sus intenciones: Bienvenido Mister Loach. Historia del rodaje de Tierra y libertad..., o de cómo la revolución llegó a Mirambel. Estamos ante un trabajo de estilo periodístico, pero en su mejor sentido. Capaz de profundizar en lo que fue un rodaje complejo que dejó marcado a buena parte del equipo profesional y a todos aquellos habitantes de la zona que participaron de modo activo en una actividad que en algunos momentos removió los recuerdos de un pasado lleno de aristas. Una serie de entrevistas, perfectamente asimiladas y transformadas en una narración cercana y fluida que se transforma con naturalidad en reflexiones profundas que, a su vez, van encauzando un texto que se lee de modo apasionado y con facilidad. La perfecta fusión entre las cuestiones cinematográficas (que tienen que ver con el rodaje y sus peculiaridades) y las intenciones políticas (de justicia histórica, diría yo) de este realizador inglés, siempre vinculado con las ideologías progresistas, están perfectamente imbricados en un texto que no puedo dejar de recomendar a todos los amantes del buen cine y a los de la veracidad histórica.
De todos modos escribo este texto con la intención de trasladarles una serie de sensaciones que me provocó el visionado de la película Tierra y libertad, proyectada en la sala del Teatro de la Estación que albergó la presentación previa del libro con la presencia de Mario Ornat (el autor), Vicky Calavia (responsable del prólogo y de Proyectaragón que acogió en su seno el acto), Javier Lafuente (editor) y Rosana Pastor (una de las protagonistas del film).
Después de la presentación, se proyectó el film. Hacía mucho tiempo que no lo había visto completo y me sorprendí al terminar con una profunda sensación de tristeza y pérdida. Recordaba que cuando la vi por primera vez, en 1995, y aunque la película relate con sinceridad las causas del desastre y triste final de un esperanzador movimiento revolucionario que tuvo lugar durante la Guerra Civil en algunos lugares de España, salí todavía con la esperanza de que ciertas utopías políticas eran posibles. Pasados unos años, ahora todavía envueltos en una crisis tremebunda que va mucho más allá de lo económico –y que para el partido de esta derecha que todavía nos gobierna ya ha empezado a superarse, aunque hasta ellos saben que no hacen otra cosa que mentir por razones electoralistas...– la sensación de que la película hacía una crónica del fin de la utopía, del fin de la esperanza en un futuro más justo para la clase trabajadora, era muy poderosa. Es como si el verdadero sentido del film fuera el relato del fin de la utopía, su entierro definitivo, manifestándose en la escena final, el entierro de David Carr, interpretado en el film por Iam Hart, un personaje de ficción inspirado en Staff Cottman, fallecido a los 81 años, activo militante de la izquierda en Gran Bretaña que combatió en España y conoció a George Orwell, otro ilustre testigo que nos relató de primera mano los sucesos de la Guerra Civil y de esa Revolución frustrada.
Insisto, para terminar, y siendo muy consciente de que las circunstancias económicas y políticas actuales (la escandalosa y rampante corrupción de la clase política y empresarial) han influenciado sobre mi revisión del film, les recomiendo fervientemente que ustedes hagan el mismo ejercicio: volver a ver la película de Loach (los que ya lo hicieran hace unos años), que la recuperen los más jóvenes y despistados que piensan que en el cine ya se ha dicho todo sobre la historia de la Guerra Civil; y que concluyan (o inicien) el ejercicio con la lectura de un libro apasionante sobre cine e historia, que les permitirá completar una experiencia inolvidable.
Roberto Sánchez
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