Dir: Woody Allen
Int: Timothée Chalamet, Elle Fanning, Rebecca Hall, Kelly Rohrbach, Jude Law, Annaleigh Ashford, Selena Gomez, Liev Schreiber, Suki Waterhouse, Diego Luna, Cherry Jones, Ben Warheit, Taylor Black, Griffin Newman, Liz Celeste
Nueva York y Woody Allen: un idilio sin fin.
Woody Allen nació en Nueva York, una ciudad que le fascina desde siempre. No en vano, el genio neoyorquino (como
se le suele llamar), que comenzó a dirigir allá por 1966 (nada más y nada menos que seis décadas haciendo cine), ha declarado su amor incondicional a la metrópoli USA por excelencia en muchos de sus filmes pero, especialmente, en títulos como: Manhattan (1979), Broadway Danny Rose (1984), Historias de Nueva York (1989), Misterioso
asesinato en Manhattan (1993) y, más recientemente, en Wonder Wheel (2017), donde Coney Island y su parque de
atracciones se llevaban el protagonismo, y, ahora, en esta A Rainy Day in New York (se agradece que no le hayan cambiado el título en España).
El jazz es otro de sus amores, por lo que Allen nos deleita en cada una de sus películas con una deliciosa banda sonora. En esta ocasión, he de confesarlo, con temas de uno de mis pianistas favoritos, el gran Erroll Garner, como esos maravillosos y románticos Misty o The Man I Love, que le van al pelo a la historia, además de otros de los maravillosos compositores Irving Berlin, Johnny Mercer y Hoagy Carmichael (Everything Happens To Me).
El ya octogenario genio (nacido en Brooklyn en 1935) sigue pues fiel a lo que le gusta, y también a esa comedia inteligente con su inconfundible sello personal a la que nos tiene acostumbrados. Y digo acostumbrados, porque este prolífico director y guionista, que tantos años lleva haciéndonos sonreír y reflexionar con sus historias, sabe que esperamos de él, como mínimo, un filme con humor y cerebro, bien narrado y bien rodado, y con un reparto de primera que, en tiempos más recientes, opta más por darnos a conocer a jóvenes estrellas emergentes (en esta ocasión, nombres como Timothée Chalamet, Suki Waterhouse o Selena Gómez).
Parece que con la edad, Allen se está volviendo cada vez más nostálgico y romántico, digamos que su humor ácido y corrosivo “marca de la casa Allen” se ha suavizado, aunque sigue conservando destellos de esa genialidad que le caracteriza, apoyado en brillantes diálogos y giros de guión, de unos guiones que siguen rayando a alto nivel a pesar de que algunas de sus películas sean consideradas menores y, otras, verdaderas obras maestras.
Pues eso, que Allen nunca defrauda. Así que si quieren disfrutar de una comedia inteligente, con una maravillosa fotografía, de ese Nueva York lluvioso y melancólico, firmada por otro veterano ilustre como el gran Vittorio Storaro y de unas buenas interpretaciones, no dejen de ir a ver Día de lluvia en Nueva York. Un filme romántico impregnado de una extraña melancolía pero, al mismo tiempo, de una belleza conmovedora. Y es que...el genio de la ciudad de los rascacielos se nos hace mayor…Y todos los que hemos crecido con él también...Bueno, lo dejamos aquí que me estoy poniendo melancólico yo también. Señor Allen, gracias por volvernos a despertar una sonrisa inteligente con sus historias. Sé que un día nos va a faltar. Ojalá los genios como usted no muriesen nunca. Le echaremos mucho de menos, se lo aseguro.
GONZALO J. GONZALVO
-Aragonia, Cervantes, Cinemundo (Huesca), Palafox, Yelmo-
Dir: José Luis Garci
Int: Macarena Gómez, Paula Echevarría, Cayetana Guillén Cuervo, Miguel Ángel Muñoz, Carlos Santos, Pedro Casablanc, Luisa Gavasa, Belén López, Patricia Vico, Raúl Mérida,
Raúl Mérida, Fiorella Faltoyano, Luis Varela, María Cantuel, Ramón Langa, Alfonso Delgado.
Cine negro a la española by José Luis Garci
Comenzaré diciendo que amo el género negro en toda su extensión (la cinematográfica y literaria). No en vano, el que suscribe y escribe este artículo, intenta ser mejor escritor de novela negra, desde hace ya un par de décadas, con cada nueva obra. Y dicho esto, (mi declaración eterna de amor al cine es bien sabida por todos los que me leen), expresar también, que mi nivel de exigencia con uno de los géneros rey de las letras y el cine es alto. Hasta el último instante de este artículo he estado dudando si concederle finalmente al último filme de Garci tres o cuatro estrellas. Al final he decidido otorgarle la más alta de entre las dos opciones. ¿Por qué? Por varias razones en las que ahora me extenderé. Vamos a ello.
José Luis Garci es un director valiente, que realiza el cine que el desea hacer, de un modo consecuente, huyendo del abrigo de las modas y el márketing. Con una espléndida fotografía en blanco y negro (en esta ocasión de Luis Ángel Pérez). José Luis Garci ya no tiene nada que demostrar. Ha ganado un Oscar (Volver a empezar, en 1982) y ha estado nominado a dicho premio dos veces más (por Sesión Continua, de 1994 y Asignatura aprobada, de 1987). Además, tiene un Emmy por el guión de la extraordinaria La cabina (1972), junto con Antonio Mercero, amén de muchos otros galardones y menciones que dan fe de su buen hacer como cineasta, guionista y productor.
Es cierto que el cine de Garci no gusta a todo el mundo ni es para todos los paladares. La media de edad de los espectadores que asistieron el día que yo fui a verla superaba los cuarenta años de largo, (por cierto, una maravilla poder disfrutar de una buena película de estreno sin adolescentes ruidosos, palomitas y luces de pantallas de móviles). Pero lo que también es cierto, es que este director de ascendencia asturiana sabe mucho de cine, de buena literatura y de hacer cine.
El crack cero, aunque se anuncia como una precuela de sus hermanos mayores El crack y El crack dos (1981 y 1983), podría funcionar también de forma autónoma, aunque culmina y pone el broche de oro a una trilogía que, posiblemente, sea la mejor en cuento al cine negro español.
Con un argumento típicamente policíaco (no en vano el filme está dedicado al autor norteamericano de novela negra James M. Cain), El crack cero nos introduce en el “caso Benavides”, un sastre que, aparentemente, se quitó la vida. Sin embargo, el detective Germán Areta recibirá la visita de una atractiva y enigmática mujer que no se cree esa teoría y le encargará que inicie una exhaustiva investigación. Su experiencia como ex policía de la brigada criminal y su olfato de sabueso le ayudarán a deshilvanar una compleja madeja que cada vez hace menos creíble la teoría del suicidio. Todos los elementos del cine y la novela negra están ahí: los informantes o confidentes, las mujeres fatales, los garitos de juego, los antros de boxeo. Al mismo tiempo, Garci fusiona todos esos elementos con los típicamente hispanos y autóctonos: las calles de Madrid, las tascas típicas o casas de comidas, y una época turbulenta social y políticamente como fue la década de los años setenta del siglo veinte, que la entronca también con el cine Neo Noir, aunque manteniendo una fidelidad estética en cuanto a color y fotografía más cercana al cine negro norteamericano clásico. Con todo este cóctel de elementos tenemos la fórmula mágica de Garci que crea un cine negro a la española con su particular e inconfundible estilo.
Podrá decirse que El crack cero es una película demodé, fuera de tiempo, anacrónica, extraña. Habrá opiniones para todos los gustos. A quien le guste ver cine negro clásico norteamericano de los años 40 y 50, aquel que surgió de la batuta de grandes directores como John Huston, Nicholas Ray, Robert Siodmack o Michael Curtiz, estará encantado con esta película de Garci. Un filme valiente, original, arriesgado, que no se casa con nadie y que, sin duda, pertenece a un gran director de cine que podríamos encuadrar como uno de esos directores clásicos que hicieron películas inmortales e inolvidables. Y es que, los clásicos, es lo que tienen, que sobreviven a las modas y el márketing contra viento y marea. Así que...El crack ha muerto....larga vida al crack”.
GONZALO J. GONZALVO
-Aragonia, Palafox-
Dir: Alejandro Amenábar
Int: Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Luis
Bermejo, Tito Valverde, Nathalie Poza, Patricia López Arnaiz, Inma Cuevas, Carlos Serrano-Clark, Luis Zahera, Luis Callejo, Mireia Rey, Ainhoa Santamaría, Itziar Aizpuru, Miquel García Borda.
España. Verano de 1936. El célebre escritor Miguel de Unamuno (Karra Elejalde) decide apoyar públicamente la
rebelión militar que promete traer orden a la convulsa situación del país. Inmediatamente es destituido por el
gobierno republicano como rector de la Universidad de Salamanca. Mientras tanto, el general Franco (Santi Prego) consigue sumar sus tropas al frente sublevado e inicia una exitosa campaña con la secreta esperanza de hacerse con el mando único de la guerra. La deriva sangrienta del conflicto y el encarcelamiento y asesinato de algunos de sus compañeros hacen que Unamuno empiece a cuestionar su postura inicial y a sopesar sus principios. Cuando Franco traslada su cuartel a Salamanca y es nombrado Jefe del Estado de la zona nacional, Unamuno acudirá a su Palacio, decidido a hacerle una petición de clemencia.
Alejandro Amenábar ya no es el niño prodigio del cine español, entre otras cosas por que ya tiene 47 años, y desde Tesis (1996), su primer largometraje, ya ha llovido mucho. La carrera de Amenábar está siendo irregular y su estilo, en los aspectos más formales, parece no existir. Esto último, en principio no sería grave, pues lo que parece intentar es que se vaya adaptando al tipo de historia que quiere contar. Se ha acercado a diversos géneros, aunque en sus inicios prefiere el drama y el misterio, que conviven en Abre los ojos (1997) y Los otros (2001), esta última rodada en inglés y con un reparto internacional encabezado por Nicole Kidman. Parece consagrarse en Mar adentro (2004), pero su arriesgada apuesta por Ágora (2009), una película ambientada en la antigüedad, en torno a la figura de Hipatia de Alejandría (interpretada por Rachel Weisz), no termina de funcionar , ni en taquilla, ni por sus resultados artísticos. Hasta el año 2015 no retorna a la dirección de largos en Regresión, de nuevo a la búsqueda del misterio y el terror, y otra vez en inglés. Resultados irregulares de nuevo en las valoraciones críticas y entre el público, supondrán una larga espera hasta encontrar un nuevo proyecto: Mientras dure la guerra.
Parece que hay en Amenábar una clara intención de madurar a nivel personal y también artístico, de afrontar una temática tan cruda y, en realidad, muy poco tratada en el cine como el inicio de la Guerra Civil Española. Para ello se busca una excusa (muy atractiva y potente a nivel simbólico) como la contradictoria postura ante el golpe militar de Miguel de Unamuno (1864-1936), uno de los más brillantes pensadores (desde la filosofía y la literatura) que ha dado nuestro país. En torno a él (estupendo Karra Elejalde) y las figuras de Franco (con una sutil y sugerente interpretación de Santi Prego) y Millán Astray (el espléndido Eduard Fernández), se crea un efectivo entramado dramático, que más allá de ciertos errores históricos, permite calibrar ese enfrentamiento entre la razón y ese fascismo hispano (franquismo) que se va perfilando en esos momentos, en mitad del levantamiento militar contra la República.
Quizás sorprenda algunos que comente la escasez de películas realizadas en España sobre la Guerra Civil. No quiero hacer un repaso de esa nómina, pero es evidente que los herederos directos del franquismo han logrado ir imponiendo una cierta amnesia colectiva sobre la realidad de ese terrible conflicto. Es cierto que resulta doloroso recordar y reconstruir algunos sucesos (algunas víctimas directas todavía viven), pero no es menos cierto que una sociedad democrática madura debería ser capaz de afrontar con ecuanimidad el repaso (desde la ficción, o desde el documental) de las potentes historias que provocó el conflicto a nivel interno y la evidente repercusión internacional para un periodo histórico tan importante en Europa y el Mundo como son los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Hay muchos investigadores que insisten, y con razones, en que este conflicto en suelo hispánico, fue todo un banco de pruebas, desde muchos puntos de vista que van desde las disputas ideológicas entre fascismo y comunismo, hasta lo meramente armamentístico.
Amenábar ha optado por una realización pausada, meticulosa en los detalles, con unas imágenes asépticas y con un cierto preciosismo formal (que firma Álex Catalán que viene destacando por trabajos como La isla mínima, Yuli o 1898. Los últimos de Filipinas). Es ese escenario, ganan protagonismo las sugerentes interpretaciones de todo el reparto, aunque destacan los protagonistas: Karra Elejalde, Eduard Fernández y Santi Prego. Los militares golpistas no están caricaturizados ni ridiculizados, por supuesto que sí han sido incorporados por actores capaces de mostrar, más allá del estereotipo, al ser humano que pudo haber debajo de su fachada pública.
Al final, y de un modo más próximo y comprensible, se ha vuelto al universo caótico que intentaba mostrar en Ágora: el enfrentamiento en un "templo de la cultura" (entonces fue La Biblioteca de Alejandría, ahora la Universidad de Salamanca) entre el fanatismo y la razón. Cierto es que hay más factores y es que el golpe no fue fruto de la casualidad y tampoco el ascenso de ese general gallego que llegó desde África hasta controlar la Junta Militar y ostentar el mando supremo, y bien pudo ser como se relata, con la necesaria síntesis fílmica, en esta apreciable película, que ha juzgar por el revuelo que ha levantado entre los renacidos nostálgicos del fascismo va a tener una más que apreciable trascendencia.
Tengo la agradable sensación de que Amenábar, después de unas cuantas dudas, ha renacido. Espero con ganas sus nuevas propuestas.
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, CineMundo (Huesca), Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Dir: Alfonso Cortés-Cavanillas
Int: Asier Etxeandia, Marian Álvarez, Hugo Silva, Aitor Luna. Imanol Arias, Olimpia Melinte, Ruth Díaz, Jorge Basanta, Stephanie Gil, Antonio Dechent, Manuel de Blas.
Estamos en 1944, la Guerra Civil ha terminado, pero algunos grupos de resistentes (los maquis) siguen en pie de guerra. Anselmo (Asier Etxeandia), antiguo maestro reconvertido en guerrillero, se quedo sordo después de sobrevivir a una aparatosa explosión durante la voladura de un puente. Se queda aislado e intenta escapar a la persecución del peculiar Capitán Bosch (Aitor Luna), y la no menos particular mercenaria rusa Darya Sergéevich Volkov (Olimpia Melinte).
Los guionistas de Sordo son Alfonso Cortés-Cavanillas y Juan Carlos Díaz Martín, adaptan la novela gráfica de David Muñoz y Rayco Pulido, y en ese sentido siguen los pasos del western, y quizás algunas referencias a un personaje mítico del cómic, llamado Corto Maltés. Fue creado por el italiano Hugo Pratt en 1969, y con varias adaptaciones audiovisuales en forma de series y cine de animación, más una versión reciente con personajes reales (dirigida por Christopher Gans), pero sin fecha de estreno todavía. Esa parece ser otra de las líneas de inspiración del cómic, que perdura en la reinterpretación fílmica.
Lo mejor del film de Alfonso Cortés-Cavanillas es la estupenda factura técnica. Hay que sumarle el buen trabajo de casi todo el reparto, ya que la actriz rumana Olimpia Melinte, no puede con esa atrabiliaria mercenaria rusa, ¡al sevicio del ejército franquista!, que siempre resulta inverosímil y cuyas acciones, siendo aparentemente decisivas a la hora de enfrentarse a "Sordo", son además de poco creíbles, absurdas y sin sentido..., sospecho que poco o nada ha podido hacer la Melinte para construir un personaje que no caiga casi siempre en el ridículo. Y es que la historia resulta difícil de seguir, por las continuas incongruencias de las acciones y la inverosimilitud de algunos personajes como la citada mercenaria...
La primera hora, supone un buen planteamiento de la historia que tiene un poderoso personaje en los parajes montañosos (de Santander, por cierto) como el mejor de los westerns. Incluso el parsimonioso ritmo narrativo es acertado y sugerente, reforzando una puesta en escena más cercana al clasicismo de Eastwood, que al manierismo de Tarantino, pero sin lograr nunca aproximarse al virtuosismo que suele estar presente en los guiones de los dos maestros norteamericanos.
Aunque fallida en su incongruente guion, las dos horas que dura la función, transcurren relativamente rápidas. Debe valorarse su visión cercana al cómic, al western y al cine de aventuras, con un tema tan delicado como el de la Guerra Civil que, por cierto, queda siempre diluida, como un suceso extremo que ha ido marcando el terrible destino de todos los personajes, un hado cruel que los españoles no hemos sabido cerrar todavía.
Los Españoles vencidos en esa terrible guerra no han logrado acceder a esa justicia "independiente" a la que se viene reclamando desde hace tanto tiempo. Ni los muertos, ni sus descendientes pueden descansar en paz. Los "vencedores" y sus herederos (ahora reconvertidos en ejemplo de demócratas) siguen haciendo imposible que las normas y leyes necesarias para cerrar las heridas se pongan de una vez por todas en marcha. Los crímenes de los "vencedores" siguen impunes, la tan aclamada y necesaria Democracia no ha logrado hacer justicia...
Roberto Sánchez
-Aragonia-
Dir: Carlos Vermut
Int: Ángela Boix, Miquel Insua, Klaus, Rocío León, Eva Llorach, Victoria Radonic, Ángela Villar, Petra del Rey,
Alba Guerrero, Miguel Noguera, Micaela Quesada, Teresa Soria Ruano, Javier Botet, María Cuéllar.
Violeta (Eva Llorach) está dispuesta a lo que sea por encontrar a su hija desaparecida. Elena (Ángela Villar y María Cuéllar) guarda un extraño secreto. Lola (Rocío León) quiere saldar cuentas con su pasado. Juana (Ángela Boix) necesita que alguien la quiera sin condiciones ni preguntas, y Enriqueta (María Victória Radonic) sólo busca que le hagan reír. Estas cinco mujeres tienen algo en común: todas están relacionadas con Diamond Flash (Miquel Insua), un misterioso personaje que cambiará sus vidas para siempre.
Logré ver esta película hace unos meses, la primera de Carlos Vermut (Carlos López del Rey), el director de las
excelentes Magical Girl (2014) y Quién te cantará (2018), y lo hice precisamente buscando la ópera prima de este peculiar y original creador. También fue original la manera en que lanzó su primer largometraje que no llegó a las salas, sino que se "distribuyó" directamente a través de la "red de redes".
Quedé un poco decepcionado, pero después de todo estamos ante el debut de un cineasta que estaba experimentando, probando fórmulas que ya mostró perfeccionadas en las dos películas citadas antes. Sí es cierto que ya mostraba, sobre todo en la historia protagonizada por Eva Llorach, que estábamos ante un realizador muy personal que deseo siga apostando por historias diferentes y un tratamiento visual sofisticado y delicado, al mismo tiempo.
Roberto Sánchez