jueves, 3 de diciembre de 2015

Los juegos del hambre: Sinsajo - Parte 2 (The Hunger Games: Mockingjay - Part 2, 2015)***

Dir: Francis Lawrence
Int: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Sam Claflin, Liam Hemsworth, Donald Sutherland, Julianne Moore, Natalie Dormer, Gwendoline Christie, Philip Seymour Hoffman, Robert Knepper, Stef Dawson, Elden Henson, Evan Ross, Mahershala Ali, Wes Chatham, Omid Abtahi.


La última entrega de Los juegos del hambre nos muestra a una nación en guerra, en la que Katniss (Jennifer Lawrence) se enfrenta con uñas y dientes al presidente Snow (Donald Sutherland). Con la ayuda de algunos amigos, entre ellos Gale (Liam Hemsworth), Finnick (Sam Claflin) y Peeta (Josh Hutcherson), arriesgará la vida para salir del Distrito 13 y eliminar al presidente Snow. 
La serie empezó en 2012, dirigida por Gary Ross, que también participaba en el guión, junto a la autora de la novela. En 2013, para Los juegos del hambre: En llamas, Gary Ross, es sustituido por Francis Lawrence y cambia el equipo de adaptadores guionistas que son, ahora, Simon Beaufoy y Michael Arndt. 
En las dos últimas entregas vuelven a cambiar los guionistas. En la primera y segunda parte de Los juegos del hambre: Sinsajo (2014 y 2015), escriben Peter Craig y Danny Strong, y vuelve la novelista Suzanne Collins, adaptando su propio libro.

Aunque nunca perdió cierto afán de simplificación, esta serie (y las novelas en las que se inspira) se planteaba un escenario inquietante sobre el futuro de Estados Unidos. 

Panem es un país, dominado por una dictadura que utiliza los mass media (Los juegos y su retransmisión con todo lujo de detalles, por ejemplo) para manipular y controlar a la población.
Los habitantes de los distritos son esclavos al servicio de un señor todopoderoso que vive rodeado de lujo y sofisticación.

 La serie relata el proceso de rebelión y guerra, liderado por una joven (Katniss Everdeen) ganadora de esos juegos. La autora quiere, simplificando y sintetizando al máximo, llevarnos a un escenario en el que todo son símbolos. La dictadura del Capitolio es un remedo de todas las gobiernos autoritarios de la historia. Los juegos recuerdan el "panem et circenses" de la Roma Imperial, retoman el mito de Teseo y el Minotauro, y los grandes espectáculos deportivos de la televisión norteamericana...
Lo cierto es que esta serie empezó con paso firme, pero se fue desinflando bastante en su capacidad de impacto político, aunque permitiera, sin demasiado esfuerzo, una comparativa con el poder actual de los medios y su relativo control sobre los gustos y las tendencias del consumidor/espectador medio.
 Como es habitual en el cine norteamericano se prefirió derivarlo todo hacia un relato de aventuras en las que su protagonista lucha también por mantenerse íntegra en lo que se ha convertido en una guerra sin cuartel, con muchas víctimas inocentes y los consecuentes problemas de conciencia. Las dos últimas entregas son en realidad una muy larga adaptación del último volumen de la saga (Sinsajo) y relatan una rebelión (al estilo de la Guerra de Independencia contra los británicos en el siglo XVIII, pero modernizando algo las tecnologías) contra el presidente Snow, todo muy al  gusto de los norteamericanos...

Capítulo aparte merece el trabajo, siempre soberbio, de la joven actríz norteamericana Jennifer Lawrence, que empezó en esta serie la que ya es una brillante trayectoria, con la primera entrega de la serie. En esta última, muchos de los peores momentos de una película en ocasiones estática y recurrente, se salvan gracias a su solvencia en muy diversas acciones e interpretaciones.

Roberto Sánchez


-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

miércoles, 2 de diciembre de 2015

The Assassin (Nie yin niang, 2015)***

Dir: Hou Hsiao-Hsien
Int: Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Ruan, Nikki Hsieh, Ni Dahong, Zhang Shijun, Michael Chang, Jiang Wen, Zuo Xiaoqing, Xu Fan, Tadanobu Asano, Zhou Yunin.

China, siglo VIII. Nie Yinniang (Shu Qi) regresa a casa de su familia tras años de exilio. Educada por una monja que la inicia en las artes marciales, es una auténtica justiciera cuyo objetivo es eliminar a los tiranos. Su maestro le encarga la misión de matar a su primo Tian Ji'an (Chang Chen), gobernador disidente de la provincia militar de Weibo. Nie tendrá que elegir: sacrificar al hombre que ama o romper definitivamente con la "Secta de los Asesinos”. 
La primera película que yo ví de Hou Hsiao-Hsien fue El maestro de marionetas (Xi meng ren sheng, 1993) y quedé maravillado ante el buen gusto estético y su refinado modo de narrarnos la historia de Li Tian-Lu, el maestro de marionetas. Le avalaban diez películas anteriores, y después de ella ha filmado algunos títulos periódicamente reverenciados (por la mayoría de la crítica) y denostados (por unos cuantos recalcitrantes). Como ya ocurrió con Millennium Mambo (Qian xi man po, 2001), Tiempos de amor, juventud y libertad (Zui hao de shi guang, 2005) y El vuelo del globo rojo (Le voyage du ballon rouge, 2007), su aventura francesa de la mano de Juliette Binoche, las reacciones ante su cine son muy contrastadas. Un repaso a las críticas que ha cosechado The Assassin, nos permiten hablar de ella como si fuera una obra maestra y la reinvención del género wuxia,  y, al mismo tiempo, de una película insufrible, incomprensible y plomiza. No es que quiera buscar un punto de equilibrio, pero creo firmemente que las dos posturas pueden tener algo de razón. El inicio en blanco y negro, el formato 4.3, la parsimonia estetecista de sus encuadres y movimientos de cámara, reforzados y apoyados por la música de Lim Giong y la exquisita fotografía de Mark Lee Ping Bing, nos anuncian una obra maestra. Y algo de ello hay si tenemos en cuenta el sentido estético, pero el desarrollo argumental es confuso, incluso daña y desvirtúa la historia de amor entre Nie Yinniang y Tian Ji´an, que parece ser uno de los elementos claves en la historia que Hous Hsiao-Hsien quiere transmitir. Y digo, parece, por que al final resulta fácil perderse entre la maraña de personajes que aparecen y desaparecen en un relato que carece de lógica (al menos desde una perspectiva occidental). Es cierto que este director no se había interesado hasta el momento por este género tradicional chino y también que nunca, el wuxia, destacó por su lógica narrativa, ya que en sus visiones históricas siempre prefirieron los aspectos legendarios; pero, en definitiva, el director chino ha construido un bello artefacto que, si ustedes se lo permiten, puede transportarles al misterioso universo de la decadencia de una dinastía imperial china en el siglo VIII, que nos resulta totalmente desconocido en occidente, tanto como si se tratara de un relato sobre una cultura extraterrestre: monjas asesinas, la dinastía Tang en su última época, reinos y territorios desconocidos como los de Weibo, ciudades como Chang´an o Dunhuang...

Roberto Sánchez


-Aragonia-

lunes, 30 de noviembre de 2015

Conexión Marsella (La French, 2014)****

Dir: Cédric Jimenez
Int: Jean Dujardin, Gilles Lellouche, Céline Sallette, Benoît Magimel, Guillaume Gouix, Pauline Burlet, Eric Godon, Mélanie Doutey, Xavier Alcan, John Flanders.


Segunda película del director, guionista y productor francés, nacido en 1976, Cédric Jimenez, cuya ópera prima, la 
terriblemente profética Aux yeux de tous (2012) centra la acción en un atentado terrorista en París, conformando un thriller más que interesante. Está Conexión Marsella nos habla del mundo criminal y de la eterna lucha del bien  contra el mal a través de dos figuras antagónicas: el juez Pierre Michel (Jean Dujardin), trasladado a la ciudad de Marsella a mediados de los 70 (enfrentándose de modo directo al crimen organizado, cuya base operativa está en dicha ciudad portuaria), y el capo marsellés Gaetan Zampa (Gilles Lellouche), dueño y señor del imperio de la droga en dicha localidad y promotor de lo que se llamó la "French Connection", o la "conexión francesa" en el tráfico internacional de drogas entre la mafia marsellesa y la italiana (con sede central en Nueva York), un hecho real que trató ya en la gran pantalla, en esa misma época, el director William Friedkin con su The French Connection, de 1971, y, 4 años después, John Frankenheimer con una segunda parte centrada precisamente en la ciudad de Marsella. La primera es una obra maestra del thriller policíaco, protagonizada por nuestro recordado Fernando Rey, el gran Gene Hackman, Roy Scheider y Tony Lo Bianco, que se hace de obligada revisión tras ver esta cinta, y también para todos los que no la hayan visto. 
Basado en hechos reales y con guión del propio Cédric Jimenez y de Audrey Diwan, Conexión Marsella (con dos nominaciones a los Premios César franceses y también premiada en el Festival de Cine de Toronto en Canadá), se inspira principalmente en los hechos que rodearon al asesinato del joven juez Pierre Michel, muy bien encarnado por el actor Jean Dujardin, y su enfrentamiento con el capo Gaetan Zampa, también muy bien interpretado por Gilles Lellouche. Todo un enfrentamiento "tête à tête" en la que ambos establecen una relación muy parecida a la que tenía lugar entre Al Pacino y Robert De Niro en el film Heat, de 1995, dirigido por Michael Mann, donde también coincidían cara a cara en una sola escena. Destacar igualmente la siempre impecable presencia fílmica del actor francés 
Benoît Magimel, que en esta ocasión de vida a "el loco", uno de los hampones del grupo de Gaetan Zampa. Conexión Marsella entronca directamente con la tradición del género Polar francés (con Alain Delon y Jean Gabin como principales figuras de su historia pasada), y que a su vez bebe de las fuentes del noir, ejemplificadas por El muelle de las brumas (Le quai des brumes, 1938), todo un  clásico que dirigió el magistral director francés Marcel Carné, convirtiéndose en adaptador y heredero de toda una tradición literaria de finales del XIX y principios del XX, canalizada a través de las novelas por entregas protagonizadas por personajes como el Inspector Lecoq y sus  famosos casos. 
Con una estudiada fotografía de Laurent Tangy, que clava los colores y los tonos terrosos y sepia, y el ambiente grisáceo de los filmes policíacos originales de los 70 (como el ya citado de French Connection y otros), Conexión Marsella parece apuntarse a una clara moda de homenajear y revitalizar el género policíaco y a ésta década, al igual que recientemente han hecho otros realizadores que nos han dado títulos como Black Mass y la excelente cinta protagonizada por Jessica Chastain El año más violento, dirigida por J.C. Chandor en 2014. Parece pues que tanto los años 70 y 80, como el neo-noir que les homenajea, gozan de excelente salud, algo que me congratula pues en mi particular apetencia cinematográfica se encuentran muchos de los títulos pertenecientes a este género y a está época dorada del género negro. Si son amantes del thriller policiaco con ese toque francés que tan bien se les da, no deben perderse esta La French / The Connection,  que rinde sin tapujos y hasta en su título, más que un homenaje, al The French Connection norteamericano de 1971.

Gonzalo J Gonzalvo.


-Aragonia-

lunes, 23 de noviembre de 2015

El Clan (2015)***

Dir: Pablo Trapero
Int: Guillermo Francella, Peter Lanzani, Inés Popovich, Gastón Cocchiarale, Giselle Motta, Franco Masini, Antonia Bengoechea, Gabo Correa. 


La historia se basa en el caso policial del Clan Puccio, que conmocionó a la sociedad argentina a principios de los 80. Tras la aparente normalidad de los Puccio se oculta un siniestro clan dedicado al secuestro y al asesinato. Arquímedes (un brillante Guillermo Francella), el patriarca,  lidera y planifica las operaciones. Alejandro (Peter Lanzani), el hijo mayor, estrella de un club de rugby, se sirve de su popularidad para no levantar sospechas. Los demás miembros de la familia son cómplices en mayor o menor grado de los crímenes del clan y viven de los beneficios obtenidos de los rescates que pagan los familiares de los secuestrados. 
Pablo Trapero tiene una trayectoria, como realizador, bastante sólida. De momento he podido ver, entre sus largometrajes: Mundo grúa (1999), El bonaerense (2002), Carancho (2010), Elefante blanco (2012) y El clan. En todas ellas hay un retrato feroz de la sociedad argentina, muy potente siempre en cuanto a las actitudes y la claridad el mensaje de denuncia, y actores comprometidos con unos personajes a veces, ciertamente oscuros, con historias que no ocultan los perfiles más escabrosos de su historia. Las conexiones entre las actividades de extorsión, secuestro y asesinato que Arquímedes Puccio llevaba realizando al servicio de la dictadura militar desde hacia unos cuantos años, seguirán siendo las mismas,  al subir al poder el presidente Raúl Alfonsín; ahora el poder militar disminuye y sus secuaces que se amparaban hipócritamente en la defensa de la patría para llevar a cabo sus salvajadas, pasan a tener que ocultar sus inquietantes actividades y, de algún modo, al sector privado.Hubo entonces algunos inconvenientes añadidos para mantener la actividad: primero que el paraguas de sus protectores y antiguos comitentes se ha cerrado y además las posibles víctimas de un secuestro que sea rentable tienen que pertenecer a las clases económicamente mejor situadas y, hasta cierto punto, vinculadas con las fuerzas más reaccionarias de su país. Cualquier error (y se cometen unos cuantos) se paga caro y la historia escrita por Pablo Trapero, Esteban Student, y Julián Loyola no hace concesiones. Relata con dinamismo implacable la caída en los infiernos de toda esta familia dedicada sin freno al secuestro y al asesinato. El rostro y la expresión del patriarca Puccio se mantienen sobrios, e impenetrables, y su actitud firme hasta el final...Quizás la precisión del trazo, el intento de mostrarnos el horror como algo cotidiano -y lo era en el día a día de los Puccio- tiene el problema de aproximarnos demasiado (¿identificarnos?) a esta familia  que aparentemente se mantiene en la normalidad: son educados, limpios, religiosos, cultos y 
"bienpensantes", pero ocultan y soportan al peor monstruo posible. Ofrecen una fachada de normalidad pero son monstruos deformes; y Trapero vuelve a hurgar en la herida y a pedirnos que no nos fiemos de las apariencias de esta sociedad burguesa y liberal que muy a menudo los engendra.

Roberto Sánchez

-Aragonia, Cervantes-

Nadie quiere la noche (2015)***

Dir: Isabel Coixet
Int: Juliette Binoche, Rinko Kikuchi, Gabriel Byrne, Matt Salinger, Velizar Binev, Ciro Miró, Reed Brody.


Un poco antes de su estreno en salas comerciales (el 19 de noviembre) pudimos ver en los cines Aragonia de Zaragoza, y dentro de la ceremonia de apertura del Festival de Cine de Zaragoza, la más reciente realización de Isabel Coixet. Probablemente, desde Mi vida sin mí (2003) o La vida secreta de las palabras (2005), no había dado Isabel Coixet con una historia con tantas posibilidades como la de este guión de Miguel Barros, capaz de darle la vuelta a una historia de conquista y sacrificio a la búsqueda del Polo Norte, protagonizada solo por hombres como Robert Peary  y su lugarteniente Matthew Henson. Una película producida para la televisión, titulada Glory & Honoren 1998, dirigida por Kevin Hooks, nos contaba la controvertida peripecia de la expedición, así como las serias dudas sobre la veracidad en cuanto a su llegada al Polo Norte. La historia, en el film de la Coixet, gira de modo radical hacia las mujeres, siempre ocultas en esa anterior revisión a las expediciones de Peary, que serán, ahora, personajes decisivos. Peary estará presente, como obsesión  y motivación constante, en Josephine (Juliette Binoche) -la esposa del explorador norteamericano que nos narra en primera persona su aventura boreal-, y con una calma existencial muy especial, en la de la esquimal Allaka (Rinko Kikuchi), las verdaderas protagonistas en el film de la Coixet. El trabajo de las dos actrices es impecable y nos ayuda, junto a la bella fotografía de Jean-Claude Larrieu, uno de sus colaboradores habituales, a convertir las heladas localizaciones noruegas en un pavoroso protagonista, un territorio cuya naturaleza rechaza con tozudez al hombre blanco y que solo permite, y a regañadientes, la presencia de los esquimales, los únicos humanos adaptados a ese ambiente hostil que parece negar la vida. Josephine es una mujer sofisticada, acostumbrada a un tipo de existencia que nada tiene que ver con las privaciones necesarias para poder sobrevivir en una zona tan extremada. Su fuerte personalidad decimonónica no impedirá que descubra, poco a poco, que su supervivencia sólo es posible gracias a Allaka, una esquimal muy joven, además embarazada, pero que atesora toda la sabiduría ancestral de los Inuit y que terminará por ser su única tabla de salvación cuando la naturaleza polar decide imponer sus vientos helados. El análisis psicológíco de los dos personajes femeninos es apasionante, la situación extrema en el que se sitúan permite analizar sus reacciones y  una vez más, sin alejarnos de la cortante frialdad de los páramos que sirven de escenario, Coixet construye unas imágenes cargadas, al mismo tiempo, de poesía y dureza. 




Roberto Sánchez

-Cervantes-