Dir: Tarik Saleh
Int: Fares Fares, Tareq Abdalla, Yasser Ali Maher, Nael Ali, Hania Amar, Slimane Dazi,
Ger Duany, Ahmed Abdelhamid Hefny, Ahmed Khairy, Mari Malek, Ahmed Selim, Hichem
Yacoubi, Mohamed Yousry.
Es evidente que, en el título español, se ha buscado el tirón comercial de aquella joya cinematográfica del Neo Noir de los noventa que fue L.A. Confidential (de Curtis Hanson, 1997), que adaptaba una novela de James Ellroy y en la que también había una intriga policíaca en torno a una “femme fatale”, en aquella ocasión magníficamente encarnada por Kim Basinger. El título original: The Nile Hilton Incident, nos recuerda más a Muerte en el Nilo, esa novela de la gran escritora de misterio e intriga criminal que fue Agatha Christie (creadora del inefable detective Hércules Poirot).
Este “Cairo Confidential” contiene todos los ingredientes de un buen Neo Noir. Tenemos por un lado un policía, muy bien interpretado por el actor Fares Fares, a quien ya vimos no hace mucho haciendo de policía en Redención (2016), otro filme Noir con director nórdico (Petter Moland). Un policía que, como es habitual en el cine negro más pata negra, se mueve en esa difusa línea, en esa cuerda floja que separa el mal del bien, un individuo con sus claroscuros morales pero con un código ético particular que le empuja a llegar hasta el final para resolver el caso. Por otro lado, tenemos otro de los pilares clave del Neo Noir, la ciudad grande, hostil y deshumanizada. En este caso la capital de Egipto. Un Cairo sucio, caótico y de tonos arenosos y terrosos que se convierte en un protagonista más de la historia. La violencia y la presión del sistema corrupto sobre los policías son otros dos de los ingredientes que necesita un perfecto cóctel Neo Noir, así que ya los tenemos todos si incluimos también a esa “femme fatale” que ya citaba al comienzo de este artículo.
Dentro de las referencias que podemos hallar en El Cairo confidencial, debemos recordar ineludiblemente títulos como La dalia negra (de Brian De Palma, 2006), también basado en texto de James Ellroy, así como otros ejemplos más clásicos: Laura (Otto Preminger, 1944), o guiños a Gardenia azul (Blue Gardenia, de Fritz Lang, 1953).
Tarik Saleh, el director, nacido en Suecia pero con evidentes raíces egipcias, dirige con éste su tercer largometraje, tras haber sido responsable de un telefilme y un documental. Ejerce también como guionista de esta historia sólida y bien contada. El asesinato de una hermosa cantante y las intrigas políticas conforman una madeja de la que Noredin, este policía tenaz y fumador empedernido, que por momentos parece a un Humphrey Bogart egipcio, irá tirando del hilo hasta las últimas consecuencias.
Tanto el protagonista como toda la investigación están envueltas en humo, en ese ambiente cargado y nebuloso que caracterizaba a los mejores filmes del cine negro clásico. De hecho, El Cairo confidencial podría haberse rodado perfectamente en blanco y negro, aunque los tonos arenosos y esos cielos tan sucios como todo el ambiente que rodea a la historia y a los personajes la conectan también con ese cine Neo Noir de los años setenta y ochenta que tan buenos títulos dieron al cine de esa época, de la mano de directores como Arthur Penn, Don Siegel, William Friedkin o Martin Scorsese.
Con personalidad propia, Tarik Saleh ha construido un filme notable con una atmósfera Noir llena de referencias clásicas, pero, al mismo tiempo, con una actualidad temática y política centrada en la corrupción y la guerra sucia por el poder en el Egipto actual que la convierten por derecho propio en un clásico contemporáneo que difícilmente pasará de moda. Un director aún con mucho por decir (nacido en 1972) al que habrá que seguir de cerca y que con The Nile Hilton Incident ha realizado su mejor trabajo hasta ahora.
Gonzalo J. Gonzalvo
-Aragonia-
domingo, 8 de abril de 2018
sábado, 24 de marzo de 2018
Todo el dinero del mundo (2017)***
Dir: Ridley Scott
Int: Michelle Williams, Mark Wahlberg, Christopher Plummer, Romain Duris, Charlie Plummer,
Timothy Hutton, Charlie Shotwell, Andrea Piedimonte, Marco Leonardi, Roy McCrerey, Kit
Cranston, Maya Kelly, Stacy Martin, Olivia Grant, Adam Astill, Andrew Buchan, Charlotte
Beckett, Francesca Inaudi, Giulio Base, Olivia Magnani, Maurizio Lombardi

Cuando el dinero es la única razón de vivir
Traducción literal del título original del filme All the Money in the World. Con guión de David Scarpa sobre un libro homónimo de John Pearson. Último trabajo fílmico de un director llamado Ridley Scott, que ha realizado varias de las obras maestras de la ciencia ficción del último tercio del siglo XX (Alien, el octavo pasajero, Blade Runner), amén de filmes de acción y aventuras ya míticos como Gladiator (2000) o Black Hawk derribado (2001).
Película con un rodaje agitado y polémico debido a que el papel protagonista había sido en origen para Kevin Spacey (hoy maldito y proscrito por la industria por ser acusado de acosador sexual a raíz del destapado por el productor Harvey Weinstein). El caso es que el malote de Kevin tuvo que ser borrado digitalmente en todas las escenas y fue sustituido por un octogenario y genial Cristopher Plummer que, en estado de gracia, ha conseguido realizar uno de los mejores trabajos de su ya dilatada carrera. Plummer interpreta al magnate multimillonario John Paul Getty, un ricachón avaro, cabrón y desagradable donde los haya y que, ante el secuestro de su nieto (J.P. Getty III) por parte de una banda de facinerosos italianos ligados a la Camorra napolitana, es incapaz de soltar una ínfima parte de su ingente fortuna para pagar el rescate que los delincuentes piden para liberar a su nieto.
El personaje interpretado por Plummer es tan dickensiano que es inevitable pensar en el avaro Míster Scrooge del Cuento de Navidad, de Charles Dickens, cuando lo ves hablar y actuar sin importarle otra cosa que su dinero y seguir atesorando y amontonando sus "óbolos" en montones sin fin, por el simple placer de acumular riqueza...
Siendo un thriller más que notable, Todo el dinero del mundo es también una crítica al sueño americano conseguido. A esos hombres que han llegado a amasar tanta fortuna que no saben ni lo que tienen, pero que se han convertido en máquinas sin corazón. Seres como Getty, quien no mueve un músculo cuando le comunican que su nieto ha sido secuestrado y que los delincuentes que lo tienen preso piden un rescate para liberarlo. Una suma que su madre, a pesar de estar casada con un Getty, no tiene, pues el hijo del multimillonario es, económicamente, un fracasado y un apestado para su propio padre. La película alterna a la perfección la situación y penurias del secuestrado (un joven Getty interpretado con solvencia por Charlie Shotwell) con la acción y las situaciones de suspense del más puro thriller.
Sin duda Scott es un director con oficio y, aunque esta no sea una de sus obras maestras, la fabulosa interpretación de Plummer (que fue nominado al Oscar y al Bafta por este trabajo), eleva la categoría del filme y lo dota de una clase y veracidad sobresalientes. La mansión de Getty añade al filme además un aura gótica que hace que, en algunos momentos, nos evoque también al subgénero de terror de casas encantadas (los fantasmas de las Navidades de Dickens planean de nuevo por el ambiente). El buen pulso narrativo y excelente montaje logra que el espectador no tenga un solo momento de respìro. Reseñable también el trabajo de la hermosa Michelle Williams (que saltó a la fama por encarnar en 2005 a Marilyn Monroe en el útimo biopic que se ha realizado sobre la rubia de oro de Hollywood), actriz que ya había dado muestras de su sobrado talento en la reciente y magnífica Manchester frente al mar (Kenneth Lonergan, 2016) y en Suite Francesa (2014, Saul Dibb).
Todo el dinero del mundo es por tanto un filme bien construido, bien realizado, un thriller de altura con tintes dramáticos que los amantes del género no deberían perderse. También, por albergar una de las últimas (esperemos que no la última de todas) grandes interpretaciones de uno de los mejores actores vivos que nos quedan de la edad de oro del cine, ese Getty-Scrooge llamado Cristopher Plummer ante el cual sólo queda quitarse el sombrero y hacer una reverencia.
Gonzalo J. Gonzalvo
Int: Michelle Williams, Mark Wahlberg, Christopher Plummer, Romain Duris, Charlie Plummer,
Timothy Hutton, Charlie Shotwell, Andrea Piedimonte, Marco Leonardi, Roy McCrerey, Kit
Cranston, Maya Kelly, Stacy Martin, Olivia Grant, Adam Astill, Andrew Buchan, Charlotte
Beckett, Francesca Inaudi, Giulio Base, Olivia Magnani, Maurizio Lombardi

Cuando el dinero es la única razón de vivir
Traducción literal del título original del filme All the Money in the World. Con guión de David Scarpa sobre un libro homónimo de John Pearson. Último trabajo fílmico de un director llamado Ridley Scott, que ha realizado varias de las obras maestras de la ciencia ficción del último tercio del siglo XX (Alien, el octavo pasajero, Blade Runner), amén de filmes de acción y aventuras ya míticos como Gladiator (2000) o Black Hawk derribado (2001).
Película con un rodaje agitado y polémico debido a que el papel protagonista había sido en origen para Kevin Spacey (hoy maldito y proscrito por la industria por ser acusado de acosador sexual a raíz del destapado por el productor Harvey Weinstein). El caso es que el malote de Kevin tuvo que ser borrado digitalmente en todas las escenas y fue sustituido por un octogenario y genial Cristopher Plummer que, en estado de gracia, ha conseguido realizar uno de los mejores trabajos de su ya dilatada carrera. Plummer interpreta al magnate multimillonario John Paul Getty, un ricachón avaro, cabrón y desagradable donde los haya y que, ante el secuestro de su nieto (J.P. Getty III) por parte de una banda de facinerosos italianos ligados a la Camorra napolitana, es incapaz de soltar una ínfima parte de su ingente fortuna para pagar el rescate que los delincuentes piden para liberar a su nieto.
El personaje interpretado por Plummer es tan dickensiano que es inevitable pensar en el avaro Míster Scrooge del Cuento de Navidad, de Charles Dickens, cuando lo ves hablar y actuar sin importarle otra cosa que su dinero y seguir atesorando y amontonando sus "óbolos" en montones sin fin, por el simple placer de acumular riqueza...
Siendo un thriller más que notable, Todo el dinero del mundo es también una crítica al sueño americano conseguido. A esos hombres que han llegado a amasar tanta fortuna que no saben ni lo que tienen, pero que se han convertido en máquinas sin corazón. Seres como Getty, quien no mueve un músculo cuando le comunican que su nieto ha sido secuestrado y que los delincuentes que lo tienen preso piden un rescate para liberarlo. Una suma que su madre, a pesar de estar casada con un Getty, no tiene, pues el hijo del multimillonario es, económicamente, un fracasado y un apestado para su propio padre. La película alterna a la perfección la situación y penurias del secuestrado (un joven Getty interpretado con solvencia por Charlie Shotwell) con la acción y las situaciones de suspense del más puro thriller.
Sin duda Scott es un director con oficio y, aunque esta no sea una de sus obras maestras, la fabulosa interpretación de Plummer (que fue nominado al Oscar y al Bafta por este trabajo), eleva la categoría del filme y lo dota de una clase y veracidad sobresalientes. La mansión de Getty añade al filme además un aura gótica que hace que, en algunos momentos, nos evoque también al subgénero de terror de casas encantadas (los fantasmas de las Navidades de Dickens planean de nuevo por el ambiente). El buen pulso narrativo y excelente montaje logra que el espectador no tenga un solo momento de respìro. Reseñable también el trabajo de la hermosa Michelle Williams (que saltó a la fama por encarnar en 2005 a Marilyn Monroe en el útimo biopic que se ha realizado sobre la rubia de oro de Hollywood), actriz que ya había dado muestras de su sobrado talento en la reciente y magnífica Manchester frente al mar (Kenneth Lonergan, 2016) y en Suite Francesa (2014, Saul Dibb).
Todo el dinero del mundo es por tanto un filme bien construido, bien realizado, un thriller de altura con tintes dramáticos que los amantes del género no deberían perderse. También, por albergar una de las últimas (esperemos que no la última de todas) grandes interpretaciones de uno de los mejores actores vivos que nos quedan de la edad de oro del cine, ese Getty-Scrooge llamado Cristopher Plummer ante el cual sólo queda quitarse el sombrero y hacer una reverencia.
Gonzalo J. Gonzalvo
jueves, 22 de marzo de 2018
Bajo la piel de lobo (2017)***
Dir: Samu Fuentes
Int: Mario Casas, Irene Escolar, Ruth Díaz, Quimet Pla, Josean Bengoetxea, Kandido Uranga
Martinón (interpretado por Mario Casas) es un trampero solitario, el último habitante de un remoto pueblo en las montañas. Su único contacto con otros seres humanos se produce en primavera, cuando desciende al valle para comerciar con las pieles de los animales que atrapa. Sin embargo, con la llegada de una mujer a su vida, empezará a experimentar nuevos sentimientos. Este singular encuentro le obligará a elegir entre descubrir su vulnerabilidad o abandonarse a su lado más salvaje.
Estamos ante el primer largometraje del asturiano Samu Fuentes. Como director de segunda unidad y asistente del director ya tenía cierta experiencia, por ejemplo participó como tercer asistente del director en El secreto de Marrowbone (2017), de Sergio G. Sánchez, o como primer asistente en Todo el tiempo del mundo (2014), de José Antonio Quirós.
Ha sido una grata sorpresa comprobar que estamos ante una película sencilla, que no simple, muy sólida en todos los aspectos, con una dirección impecable de actores y un dominio de los tiempos fílmicos propio de alguien con más experiencia. Mario Casas, que ha sido un acertado recurso para atraer al público (al menos a algunos sectores jóvenes), responde con eficiencia. Su personaje es muy exigente en los aspectos físicos y debe ser capaz de expresarse con gestos y actitudes mínimos y, en ese sentido este joven actor gallego ha logrado una de sus mejores interpretaciones por el momento, con un personaje muy alejado de ciertos estereotipos en los que ha estado moviéndose (su H. de Tres metros sobre el cielo o su Killian de Palmeras en la nieve). Además, Irene Escolar (Adela, en el film) y Ruth Díaz (Pascuala), sus oponentes femeninas, cumplen sobradamente, dando una réplica creíble con sus personajes.
Samu Fuentes ha logrado transmitir, dejando de lado manierismos y puntos de vista enfáticos que ahora están tan de moda, la crudeza de una vida aislada, en lugares donde no es fácil sobrevivir, en los que se impone la ley de la naturaleza. Ha logrado también que los paisajes adquieran el protagonismo necesario. Su Asturias natal y los bosques y parajes de los Pirineos (con localizaciones espectaculares en Aragón y Navarra) son fotogénicos, sin duda, pero además resultan un marco creible en el que desarrollar y mostrar la psicología de unos seres que sobreviven lo mejor que pueden en un medio natural nada complaciente.
Otra virtud evidente del film es que nos traslada a un pasado reciente, algo impreciso, que podría situarse a finales del siglo XIX o incluso en los inicios del XX. En algunas zonas aisladas por montañas y valles agrestes el tiempo se detuvo de un modo efectivo...
Roberto Sánchez
-Aragonia, Palafox, Cinemundo (Huesca)-
Int: Mario Casas, Irene Escolar, Ruth Díaz, Quimet Pla, Josean Bengoetxea, Kandido Uranga
Martinón (interpretado por Mario Casas) es un trampero solitario, el último habitante de un remoto pueblo en las montañas. Su único contacto con otros seres humanos se produce en primavera, cuando desciende al valle para comerciar con las pieles de los animales que atrapa. Sin embargo, con la llegada de una mujer a su vida, empezará a experimentar nuevos sentimientos. Este singular encuentro le obligará a elegir entre descubrir su vulnerabilidad o abandonarse a su lado más salvaje.
Estamos ante el primer largometraje del asturiano Samu Fuentes. Como director de segunda unidad y asistente del director ya tenía cierta experiencia, por ejemplo participó como tercer asistente del director en El secreto de Marrowbone (2017), de Sergio G. Sánchez, o como primer asistente en Todo el tiempo del mundo (2014), de José Antonio Quirós.
Ha sido una grata sorpresa comprobar que estamos ante una película sencilla, que no simple, muy sólida en todos los aspectos, con una dirección impecable de actores y un dominio de los tiempos fílmicos propio de alguien con más experiencia. Mario Casas, que ha sido un acertado recurso para atraer al público (al menos a algunos sectores jóvenes), responde con eficiencia. Su personaje es muy exigente en los aspectos físicos y debe ser capaz de expresarse con gestos y actitudes mínimos y, en ese sentido este joven actor gallego ha logrado una de sus mejores interpretaciones por el momento, con un personaje muy alejado de ciertos estereotipos en los que ha estado moviéndose (su H. de Tres metros sobre el cielo o su Killian de Palmeras en la nieve). Además, Irene Escolar (Adela, en el film) y Ruth Díaz (Pascuala), sus oponentes femeninas, cumplen sobradamente, dando una réplica creíble con sus personajes.
Samu Fuentes ha logrado transmitir, dejando de lado manierismos y puntos de vista enfáticos que ahora están tan de moda, la crudeza de una vida aislada, en lugares donde no es fácil sobrevivir, en los que se impone la ley de la naturaleza. Ha logrado también que los paisajes adquieran el protagonismo necesario. Su Asturias natal y los bosques y parajes de los Pirineos (con localizaciones espectaculares en Aragón y Navarra) son fotogénicos, sin duda, pero además resultan un marco creible en el que desarrollar y mostrar la psicología de unos seres que sobreviven lo mejor que pueden en un medio natural nada complaciente.
Otra virtud evidente del film es que nos traslada a un pasado reciente, algo impreciso, que podría situarse a finales del siglo XIX o incluso en los inicios del XX. En algunas zonas aisladas por montañas y valles agrestes el tiempo se detuvo de un modo efectivo...
Roberto Sánchez
-Aragonia, Palafox, Cinemundo (Huesca)-
miércoles, 21 de marzo de 2018
Gorrión rojo (2018)***
Dir: Francis Lawrence
Int: Jennifer Lawrence, Joel Edgerton, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Mary-Louise Parker,
Matthias Schoenaerts, Joely Richardson, Nicole O'Neill, Sergej Onopko, Sergei Polunin,
Kristof Konrad, Simon Szabó, Ciarán Hinds, Thekla Reuten, Joel de la Fuente, Sakina Jaffrey,
Douglas Hodge.
Es necesario hacer unas mínimas reflexiones sobre el director y el guionista de este nuevo vehículo de lucimiento para Jennifer Lawrence, una de las actrices más solicitadas del Hollywood actual.
Francis Lawrence (nacido en Viena en 1971) tiene la doble nacionalidad austríaca y norteamericana, y viene del mundo del videoclip musical trabajando desde 1997 para una extensa nómina de artistas y grupos entre los que se encuentran Green Day, Jennifer López, Aereosmith, Enrique Iglesias, Seal y muchos más. Su salto al cine se produce en Constantine (2005), adaptando un cómic al servicio de Keanu Reeves, luego, hasta las tres entregas de Los juegos del hambre (2013 a 2015), realiza un remake de El último hombre...vivo (The Omega Man, 1971), de Boris Sagal y con Charlton Heston, titulado Soy leyenda (2007), reinterpretando una historia original de Richard Matheson y al servicio de Will Smith, en este caso. También dirige la miniserie de tres episodios Reyes (Kings, 2009), Agua para elefantes (2012), la producción para la televisión Gotham (2012) y el episodio piloto de la serie Touch (2012). Este latgo preámbulo dedicado al director, tiene que ver con el marcado estilo colorista y esteticista que mantiene y que proviene seguramente de su apego a las fórmulas publicitarias que tan bien ha usado en los videoclips y también a la necesidad de contar siempre con una Star de impacto entre un público amplio como elemento central de sus creaciones. Con todo, Francis Lawrence ha logrado un estilo personal, de muy fácil acceso para todos los públicos y bastante condicionado por ese lenguaje popular (próximo al del cómic, la fantasía, la ciencia-ficción y al videoclip). Por supuesto ha rehutilizando el poderoso reclamo de Jennifer Lawrence, ya evidente en la serie de películas sobre Los juegos del hambre.
El guionista Justin Haythe, que en este caso adapta un libro de Jason Matthews, le da unos mínimos de profundidad psicológica a los personajes de una trama de espías. Haythe ha oscilado entre historias con mucha carga de profundidad psicológica y analítica como el excelente guion para el film de Sam Mendes, Revolutionary Road (2008), aquí adaptando la novela de Richard Yates, o fantasías inquietantes como La cura del bienestar (2016), de Gore Verbinsky, según una historia propia.
El género escogido ahora es el de espias, pero visualmente y por algunos de los planteamientos parece más un thriller fantástico, situado en un universo paralelo que se parece mucho al nuestro, pero no es exactamente igual...
Dominika Egorova (Jennifer Lawrence) es reclutada contra su voluntad para ser un “gorrión”, una seductora adiestrada del servicio de seguridad ruso. Dominika aprende a utilizar su cuerpo como arma, pero lucha por conservar su sentido de la identidad durante el deshumanizador proceso de entrenamiento. Hallando su fuerza en un sistema injusto, se revela como uno de los activos más sólidos del programa. Su primer objetivo es Nate Nash (Joel Edgerton), un funcionario de la CIA que dirige la infiltración más confidencial de la agencia en la inteligencia rusa. Los dos jóvenes agentes caen en una espiral de atracción y engaño que amenaza sus carreras, sus lealtades y la seguridad de sus respectivos países.
Manejando bien el ritmo y la acción, Martin Lawrence ha facturado un producto entretenido, en el que vuelve a lucirse Jennifer Lawrence y en el que no se pueden encontrar reflexiones ni análisis muy profundos sobre el espionaje y la tensión existente entre Rusia, Inglaterra y Estados Unidos. Los acontecimientos recientes en territorio británico, en concreto la muerte de Sergei Skripal, ex coronel de la inteligencia militar rusa (GRU), intoxicado con gas nervioso junto a su hija, van mucho más lejos que los recovecos y cierto verismo en las torturas y manejos poco recomendables que aparecen en la trama de la "colorista" y "resultona" Gorrión rojo.
Roberto Sánchez.
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Int: Jennifer Lawrence, Joel Edgerton, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Mary-Louise Parker,
Matthias Schoenaerts, Joely Richardson, Nicole O'Neill, Sergej Onopko, Sergei Polunin,
Kristof Konrad, Simon Szabó, Ciarán Hinds, Thekla Reuten, Joel de la Fuente, Sakina Jaffrey,
Douglas Hodge.
Es necesario hacer unas mínimas reflexiones sobre el director y el guionista de este nuevo vehículo de lucimiento para Jennifer Lawrence, una de las actrices más solicitadas del Hollywood actual.
Francis Lawrence (nacido en Viena en 1971) tiene la doble nacionalidad austríaca y norteamericana, y viene del mundo del videoclip musical trabajando desde 1997 para una extensa nómina de artistas y grupos entre los que se encuentran Green Day, Jennifer López, Aereosmith, Enrique Iglesias, Seal y muchos más. Su salto al cine se produce en Constantine (2005), adaptando un cómic al servicio de Keanu Reeves, luego, hasta las tres entregas de Los juegos del hambre (2013 a 2015), realiza un remake de El último hombre...vivo (The Omega Man, 1971), de Boris Sagal y con Charlton Heston, titulado Soy leyenda (2007), reinterpretando una historia original de Richard Matheson y al servicio de Will Smith, en este caso. También dirige la miniserie de tres episodios Reyes (Kings, 2009), Agua para elefantes (2012), la producción para la televisión Gotham (2012) y el episodio piloto de la serie Touch (2012). Este latgo preámbulo dedicado al director, tiene que ver con el marcado estilo colorista y esteticista que mantiene y que proviene seguramente de su apego a las fórmulas publicitarias que tan bien ha usado en los videoclips y también a la necesidad de contar siempre con una Star de impacto entre un público amplio como elemento central de sus creaciones. Con todo, Francis Lawrence ha logrado un estilo personal, de muy fácil acceso para todos los públicos y bastante condicionado por ese lenguaje popular (próximo al del cómic, la fantasía, la ciencia-ficción y al videoclip). Por supuesto ha rehutilizando el poderoso reclamo de Jennifer Lawrence, ya evidente en la serie de películas sobre Los juegos del hambre.
El guionista Justin Haythe, que en este caso adapta un libro de Jason Matthews, le da unos mínimos de profundidad psicológica a los personajes de una trama de espías. Haythe ha oscilado entre historias con mucha carga de profundidad psicológica y analítica como el excelente guion para el film de Sam Mendes, Revolutionary Road (2008), aquí adaptando la novela de Richard Yates, o fantasías inquietantes como La cura del bienestar (2016), de Gore Verbinsky, según una historia propia.
El género escogido ahora es el de espias, pero visualmente y por algunos de los planteamientos parece más un thriller fantástico, situado en un universo paralelo que se parece mucho al nuestro, pero no es exactamente igual...
Dominika Egorova (Jennifer Lawrence) es reclutada contra su voluntad para ser un “gorrión”, una seductora adiestrada del servicio de seguridad ruso. Dominika aprende a utilizar su cuerpo como arma, pero lucha por conservar su sentido de la identidad durante el deshumanizador proceso de entrenamiento. Hallando su fuerza en un sistema injusto, se revela como uno de los activos más sólidos del programa. Su primer objetivo es Nate Nash (Joel Edgerton), un funcionario de la CIA que dirige la infiltración más confidencial de la agencia en la inteligencia rusa. Los dos jóvenes agentes caen en una espiral de atracción y engaño que amenaza sus carreras, sus lealtades y la seguridad de sus respectivos países.
Manejando bien el ritmo y la acción, Martin Lawrence ha facturado un producto entretenido, en el que vuelve a lucirse Jennifer Lawrence y en el que no se pueden encontrar reflexiones ni análisis muy profundos sobre el espionaje y la tensión existente entre Rusia, Inglaterra y Estados Unidos. Los acontecimientos recientes en territorio británico, en concreto la muerte de Sergei Skripal, ex coronel de la inteligencia militar rusa (GRU), intoxicado con gas nervioso junto a su hija, van mucho más lejos que los recovecos y cierto verismo en las torturas y manejos poco recomendables que aparecen en la trama de la "colorista" y "resultona" Gorrión rojo.
Roberto Sánchez.
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Yo, Tonya (2017)***
Dir: Craig Gillespie
Int: Margot Robbie, Sebastian Stan, Allison Janney, Caitlin Carver, Julianne Nicholson, Bojana
Novakovic, Mckenna Grace, Paul Walter Hauser, Bobby Cannavale, Renah Gallagher, Amy Fox, Ricky Russert, Jeffery Arseneau, Bobby Akers, Suehyla El-Attar, Kaleigh Brooke Clark, Catherine Dyer, Joshua Mikel, Jason Davis.
Tonya Harding (Margot Robbie) fue la primera patinadora estadounidense en completar, en 1991, un triple salto axel en competición. Pero el éxito sobre el hielo no siempre estuvo acompañado de felicidad en su vida personal. De hecho, sus relaciones con la madre (interpretada por Allison Janney) y el que fuera su pareja (Jeff, interpretado por Sebastian Stan) fueron siempre tormentosas, marcadas por la violencia y una situación económica bastante crítica.
Un hecho lamentable marcaría toda su carrera profesional y su vida. El suceso en cuestión tuvo lugar el 6 de enero de 1994, y en el participaron de modo activo su ex-marido, Jeff Gillooly, y sus colegas Shawn Eckhardt (Paul Walter Hauser) y Shane Stant (Ricky Russert). Juntos decidieron, al parecer sin que Tonya lo supiera, atacar a Nancy Kerrigan (interpretada por Caitlin Carver) su principal rival en el Campeonato estadounidense de patinaje artístico sobre hielo. Stant la golpeó en el muslo, unas pulgadas por encima de la rodilla, con una barra de hierro. A partir de entonces Tonya Harding fue objeto de una atención mediática que terminó con su carrera como patinadora.
A partir de una serie de entrevistas televisivas en las que Tonya Harding y sus familiares, desnudaron algunas de sus intimidades, el guionista norteamericano Steven Rogers y el director australiano Craig Gillespie, han construido un apasionante retrato de una deportista marcada por una personaliodad en la que su pasado social y el entorno familiar le llevaron a un peligroso terreno. La obsesión por el triunfo, la escasa formación intelectual y el despiadado trato de la madre pueden explicar algo su manera de ser, pero quizás haya que tener en cuenta el tipo de cultura competitiva que impera en una sociedad como la norteamericana, en la que se dice que hay absoluta igualdad de oportunidades y "cualquiera" puede superar su status social, si está dispuesta a sacrificar lo necesario.
Tonya Harding lo tenía muy difícil, al menos eso puede deducirse del retrato que hacen Gillespie y Rogers de los personajes que la rodean. La frialdad y crueldad de la madre, el maltrato físico a la que su pareja Jeff, le somete y con el que aún divorciada tiene una compleja relación de amor-odio, y la de unos "amigos", Shawn y Shane que son mostrados como dos estúpidos simplones, que deberían estar bajo custodia en un psiquiatrico para evitar males mayores. Retrato entre la ironía y un cruel verismo de lo que viene en llamarse White trash (basura blanca) y en el que estos cineastas se han recreado quizás en exceso.
El trabajo de los actores es espléndido. La veterana y brillante Allison Janney, se llevó el Oscar y se lograron nominaciones para Margot Robbie y para el montaje, una sofisticada edición de Tatiana S. Riegel, capaz de transmitirnos el dinamismo de ese "resbaladizo" deporte....
Por otro lado, no estamos ante otro típico biopic deportivo. No se la pierdan, les sorprenderá.
Roberto Sánchez
-Aragonia-
Int: Margot Robbie, Sebastian Stan, Allison Janney, Caitlin Carver, Julianne Nicholson, Bojana
Novakovic, Mckenna Grace, Paul Walter Hauser, Bobby Cannavale, Renah Gallagher, Amy Fox, Ricky Russert, Jeffery Arseneau, Bobby Akers, Suehyla El-Attar, Kaleigh Brooke Clark, Catherine Dyer, Joshua Mikel, Jason Davis.
Tonya Harding (Margot Robbie) fue la primera patinadora estadounidense en completar, en 1991, un triple salto axel en competición. Pero el éxito sobre el hielo no siempre estuvo acompañado de felicidad en su vida personal. De hecho, sus relaciones con la madre (interpretada por Allison Janney) y el que fuera su pareja (Jeff, interpretado por Sebastian Stan) fueron siempre tormentosas, marcadas por la violencia y una situación económica bastante crítica.
Un hecho lamentable marcaría toda su carrera profesional y su vida. El suceso en cuestión tuvo lugar el 6 de enero de 1994, y en el participaron de modo activo su ex-marido, Jeff Gillooly, y sus colegas Shawn Eckhardt (Paul Walter Hauser) y Shane Stant (Ricky Russert). Juntos decidieron, al parecer sin que Tonya lo supiera, atacar a Nancy Kerrigan (interpretada por Caitlin Carver) su principal rival en el Campeonato estadounidense de patinaje artístico sobre hielo. Stant la golpeó en el muslo, unas pulgadas por encima de la rodilla, con una barra de hierro. A partir de entonces Tonya Harding fue objeto de una atención mediática que terminó con su carrera como patinadora.
A partir de una serie de entrevistas televisivas en las que Tonya Harding y sus familiares, desnudaron algunas de sus intimidades, el guionista norteamericano Steven Rogers y el director australiano Craig Gillespie, han construido un apasionante retrato de una deportista marcada por una personaliodad en la que su pasado social y el entorno familiar le llevaron a un peligroso terreno. La obsesión por el triunfo, la escasa formación intelectual y el despiadado trato de la madre pueden explicar algo su manera de ser, pero quizás haya que tener en cuenta el tipo de cultura competitiva que impera en una sociedad como la norteamericana, en la que se dice que hay absoluta igualdad de oportunidades y "cualquiera" puede superar su status social, si está dispuesta a sacrificar lo necesario.
Tonya Harding lo tenía muy difícil, al menos eso puede deducirse del retrato que hacen Gillespie y Rogers de los personajes que la rodean. La frialdad y crueldad de la madre, el maltrato físico a la que su pareja Jeff, le somete y con el que aún divorciada tiene una compleja relación de amor-odio, y la de unos "amigos", Shawn y Shane que son mostrados como dos estúpidos simplones, que deberían estar bajo custodia en un psiquiatrico para evitar males mayores. Retrato entre la ironía y un cruel verismo de lo que viene en llamarse White trash (basura blanca) y en el que estos cineastas se han recreado quizás en exceso.
El trabajo de los actores es espléndido. La veterana y brillante Allison Janney, se llevó el Oscar y se lograron nominaciones para Margot Robbie y para el montaje, una sofisticada edición de Tatiana S. Riegel, capaz de transmitirnos el dinamismo de ese "resbaladizo" deporte....
Por otro lado, no estamos ante otro típico biopic deportivo. No se la pierdan, les sorprenderá.
Roberto Sánchez
-Aragonia-
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