martes, 27 de enero de 2026

Nouvelle Vague (2025)****

 Dir: Richard Linklater 

Guion: Holly Gent Palmo, Richard Linklater, Laetitia Masson, Vincent Palmo Jr., Michèle Pétin

Int: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Bruno Dreyfurst, Benjamin Clery, Matthieu Penchinat, Blaise Pettebone, Pauline Belle, Paolo Luka Noé, Adrien Rouyard, Jade Phan-Gia, Jodie Ruth, Antoine Besson, Alix Bénézech,Tom Novembre. Jean-Jacques Le Vessier, Nicolas Dozol, Jonas Marmy, Roxane Rivière, Côme Thieulin, Niko Ravel, Laurent Mothe.


LARGA VIDA A LA NOUVELLE VAGUE 

¿Cómo debió ser el rodaje de Al final de la escapada (A bout de souffle, 1960) del director francés Jean Luc Godard? Con esta premisa, el cineasta Richard Linklater se zambulle en el universo de la "Nouvelle Vague" y de sus artífices.


He de confesar que, tras ver el estreno de Nouvelle Vague, ese bonito homenaje del cineasta Richard 
Linklater a aquella corriente cinematográfica que surgió en la prodigiosa década de los 60 del siglo XX de la mano de un grupo de cineastas franceses que provenían de la mítica revista "Cahiers de Cinéma", me entraron ganas de revisar el original de Jean Luc Godard A bout de souffle, cosa que hice al día siguiente para poder tener fresca la comparación entre uno y otro filme. Vaya por delante que tengo en gran estima artística a la mayoría de los directores que surgieron de la llamada "Nueva Ola francesa", en especial a François Truffaut y Claude Chabrol, cuyas filmografías me parecen de un nivel extraordinario. Sin querer menospreciar a Jean Luc Godard, autor de títulos tan míticos de la historia del cine como: Pierrot el loco (1965), Alphaville (1964) o Banda aparte (1964), y que tras su época más fructífera (décadas 60 y 70 del siglo XX), se dedicó en gran medida a realizar documentales, audiovisuales experimentales en formato digital y televisión, alternando estos con algún otro título cinematográfico, siempre lejos del cine más comercial, reconozco que  Al final de la escapada es un filme muy hijo de su tiempo, esa revolucionaria década de los 60 en la que, todas las disciplinas artísticas: la moda, la música y, por supuesto, el séptimo arte, vivieron una auténtica renovación y rompieron con todos los moldes clásicos anteriores.


Este trabajo de Godard, una de sus primeras experiencias 
cinematográficos, ha trascendido como filme de culto, y para mí ha sido excesivamente mitificado. 


Volviendo a ver Al final de la escapada, sin obviar algunas de sus genialidades, como captar en una escena el encendido de las luces nocturnas de París, su extraordinaria banda sonora de jazz y su excelente fotografía, te das cuenta de que es como una de esas reliquias que se conservan en los museos tras una urna acristalada. Un vestigio artístico testigo de su tiempo.



 Precisamente, y entrando ahora en el filme de Richard Linklater, cineasta con una interesantísima filmografía que engloba títulos como Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) o  la excelente Boyhood (2014), creo que con su reciente trabajo Nouvelle Vague, ha conseguido algo realmente difícil. Por un lado, rendir un sentido y respetuoso homenaje al original de Godard y, por ende, al grupo de cineastas que crearon la "Nouvelle Vague". Por otro, deconstruir con humor e ironía el concepto y la forma de rodar de un cineasta rebelde, Jean Luc Godard, que se saltó todas las convenciones para intentar crear un estilo propio de hacer cine. En este sentido, el trabajo de Linklater, preciso como el de un entomólogo (solamente él hubiera podido realizar un proyecto como Boyhood, filme que estuvo rodando durante una década con los mismos actores), encaja todas sus piezas como un reloj de maquinaria suiza, logrando que además el espectador cinéfilo disfrute de la nostalgia de revivir esa mágica década de los 60, y que además esboce más de una sonrisa y no se aburra en ningún momento. 


Tiene un reparto muy acertado, en el que parece que cobren vida de nuevo, Jean Luc Godard (el actor Guillaume Marbeck), la bellísima Jean Seberg 
(tristemente fallecida de modo prematuro en 1978), ahora incorporada por Zoey Deutch, y Jean Paul Belmondo (interpretado por Aubry Dullin), entonces desconocido, que gracias a Godard, despegó en el cine con una carrera larga y fructífera durante varias décadas. 



Richard Linklater consigue un filme fresco, delicioso, un precioso homenaje al séptimo arte y una sincera declaración de amor al cine. Un filme que te reconcilia con ese concepto del cine como arte y no sólo como industria de entretenimiento, y que te devuelve a esa época mágica en la que, las salas de cine, eran espacios en los que la realidad desaparecía para entrar en un universo propio donde todo era posible. Donde, a través de una gran pantalla, era posible asistir a la evolución de todas las artes, no solo del cine, sino también de la arquitectura, la música, la moda, etc. Unas décadas irrepetibles a nivel de creatividad que nada tienen que ver con la actualidad, donde prima la rentabilidad económica y la taquilla. 

Así que larga vida a la Nouvelle Vague, y larga vida a cineastas como Richard Linklater, que con su buen hacer cinematográfico aún son capaces de arriesgarse con proyectos como éste. Y, por supuesto, larga vida al séptimo arte. Y es que, el iconoclasta Michel Poiccard, no murió en vano. 

Gonzalo J. Gonzalvo 

Escritor y crítico de Cine.

martes, 2 de diciembre de 2025

Drácula (Dracula: A Love Tale, 2025)***

Dirección: Luc Besson. 

Int: Caleb Landry Jones, Zoë Bleu Sidel, Christoph Waltz, Matilda De Angelis, David Shields, Guillaume de Tonquedec, Ewens Abid, Jassem Mougari, Bertrand-Xavier Corbi, Raphael Luce, Salomon Passariello, Ivan Franek, Haymon Maria Buttinger, Nicolas de Lavergne, Joséphine Berry, Liviu Bora, Romain Levi. Anne Kessler, Thalia Besson, Karim Rakrouki, Arben Bajraktaraj, Nicola Puleo.



Los viejos monstruos nunca mueren 

No deja de ser curioso que, en esta recta final del 2025, se hayan estrenado en la gran pantalla nuevas versiones de los dos monstruos clásicos y góticos de la literatura y del cine clásico por excelencia: Frankenstein y Drácula. Tras el estreno de la espectacular versión del cineasta mexicano Guillermo del Toro de ese Frankenstein, a modo de puzzle de cadáveres humanos, revivido por un peculiar científico convertido en demiurgo perturbado, nos llega ahora la particular visión del director galo Luc Besson,sobre el vampiro más universal, nacido de la prodigiosa pluma de Bram Stoker. 


Dos cineastas muy diferentes, sin duda, pero que tienen en común ese sello inconfundible de "cine de 
autor" (tan controvertido en muchas ocasiones) en sus trabajos cinamatográficos. Dos directores con unas personalidades muy acentuadas que, desde luego, cuando estamos disfrutando de una de sus películas, sabemos que estamos ante una de sus obras por su particular estética, cromatismo, sentido del ritmo y montaje.



Centrándonos ahora en Luc Besson, deseo hacer un repaso por la trayectoria de este cineasta parisino de dilatada carrera (nacido en 1959), y cuya extensa y variada filmografía ha estado bastante influenciada por la música, la moda y el estilo visual del videoclip, especialmente en sus trabajos de las décadas ochenta y noventa. Besson comenzó su aventura en el cine, con apenas veinte años, con el documental L'avant dernier (1981), de la mano de Jean Renó, que se iba a convertir en uno de los actores fetiche de su carrera. Esa misma temática nuclear y apocalíptica le inspiró su primer largometraje, Le dernier combat (1983), conocida en España como Kamikaze 1999, filme con el que obtiene el Premio César francés a "mejor director novel" y el de mejor director en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, entre otros importantes galardones, con solo veintitrés años de edad, lo que le pone, de inmediato, en el panorama internacional. A partir de ahí, realiza un video musical para la hermosa Isabelle Adjani y, dos años más tarde, la dirige en la curiosa Subway, en busca de Fredy (1985), un thriller underground con una estética muy ochentera. Termina esa década con El gran azul (1988), filme new age, cuya banda sonora fue un gran éxito comercial. Besson arranca en los 90 con la explosiva Nikita, dura de matar (1990), protagonizada por una sexy Anne Parillaud que reventará las taquillas interpretando a una letal asesina a las órdenes del gobierno. Con El profesional (León) (1994), otro thriller protagonizado por Jean Reno, alcanza la cima de su carrera, cima que trabajos posteriores como El quinto elemento (1997), Juana de Arco (1999) o Lucy (2014), no consigue superar a pesar de contar con grandes estrellas en sus repartos como Mila Jovovich, Bruce Willis, John Malkovich o Scarlett Johansson. Habrá que esperar hasta 2023, para que Besson firme otra original y controvertida obra con Dogman, un bizarro e inclasificable thriller con una gran interpretación del actor Caleb Landry Jones con el que Besson consigue ser nominado al León de Oro de Venecia en la categoría de Mejor Película. Y así llegamos a este 2025 con una nueva versión del inmortal (nunca mejor dicho) Drácula de Bram Stoker, en el que, de nuevo, Besson recurre a Landry Jones, que vuelve a cumplir de manera más que notable con su papel (sin duda el puntal de la película).



Como todo el cine de Besson, este Drácula tiene sus virtudes y sus defectos y, le guste a uno más o menos el particular estilo del cineasta galo, sin duda funciona bien y, he de decir, que ha superado mis expectativas. Besson retorna sabiendo jugar sus bazas, haciendo lo que sabe que se le da bien, y consigue un filme atmosférico, apoyado en una estupenda fotografía de Colin Wandersman, una buena dirección artística y, todo ello, arropado por una excelente partitura del gran compositor de cine Danny Elfman (autor, entre otras, de las bandas sonoras de Pesadilla antes de Navidad, El indomable Will Huntingde la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton).



A pesar de que la historia de Drácula es bien conocida por todos los lectores y seguidores de sus adaptaciones cinematográficas, Besson consigue enganchar al espectador desplegando toda la artillería en las escenas bélicas y de combate pero, especialmente, desarrollando una historia de amor romántico y pasional muy al estilo "Besson", con un erotismo salvaje y divertido. Así, el vampiro más universal, el príncipe Vlad Dracul, conocido como "El empalador", el conde Drácula (Caleb Landy Jones), vuelve a renunciar a Dios, y es por ello maldecido y condenado a la inmortalidad, vagando en solitario a lo largo de los siglos en busca de Elisabeta, su gran amor perdido.

Me parece injusto que se la considere una copia del Drácula que Francis Ford Coppola realizó allá por 1992. Bien es cierto que la ambientación y estética es similar, como también es similar la época del XIX que ambos filmes intentan plasmar con una espectacularidad visual que no se había logrado hasta la versión del director de El Padrino. En cuanto al personaje protagonista, Caleb Landry Jones compone un Príncipe Vlad mucho menos histriónico que el de Gary Oldman de los noventa (para mí excesivamente sobreactuado, incluso hilarante en muchas de las secuencias), y mucho más creíble, en cuanto a su físico, en las escenas de combates bélicos. 



¿Comparar a Luc Besson con Francis Ford Coppola? Pues es lo mismo que comparar los huevos con las castañas. Son creadores y cineastas muy diferentes, y no voy a afirmar que este Drácula del cineasta galo sea globalmente mejor que el del Coppola de los 90, pero es indudable que Besson ha sabido jugar muy bien las bazas de su estilo apoyado en un gran actor protagonista. Sin él, estaríamos hablando de otra película (y seguramente Dogman hubiera resultado un verdadero desastre).


Si son amantes del personaje que encarna al vampiro más gótico y universal y, ya no digamos, si les 
gusta el estilo cinematográfico del cineasta Luc Besson, mi consejo es que vayan a disfrutarla compartiendo tinieblas y oscuridad en una sala de cine, a ser posible con una gran pantalla. La excelente banda sonora del gran Danny Elfman es otra de las excusas para ir a verla (aún se hubiera lucido más con Dolby Atmos, pues es una película que se prestaba a disfrutarla con este espectacular sistema de sonido).

Y recuerden,...el amor...nunca muere.



GONZALO J. GONZALVO 

viernes, 7 de noviembre de 2025

La Muestra Cinematográfica de Moyuela, invitada en la el Festifal (Urrea de Gaén)

 

Este año, se celebra el Festifal (Festival de Cortos de Temática Rural de Urrea de Gaén), los días 7, 8 y 9 de noviembre de 2025. En su sesión de clausura la Muestra Cinematográfica de Moyuela, es el Festival Invitado, y en la ella se proyectarán los dos cortometrajes que más gustaron al público asistente a la Muestra, y además se hará una charla sobre su trayectoria y el impacto que ha tenido en los habitantes de Moyuela. En el acto estarán: Antonia Bordonada y Roberto Sánchez –coordinadora y director-, Juan Carlos Alcalá (Asociación cultural Arbir-Malena de Moyuela- y Jorge Asín –actor que estuvo presente en la Primera Edición y en la XI, la última, por ahora.




Frankenstein (2025)****

Dir: Guillermo del Toro

Int: Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz, Felix Kammerer, Lars Mikkelsen, Charles Dance, Christian Convery, David Bradley, Sofia Galasso, Ralph Ineson, Burn Gorman, Joachim Fjelstrup, Nikolaj Lie Kaas, Lauren Collins.



El regreso del monstruo gótico por excelencia.

Los cinéfilos saben que, desde hace tiempo, el gran cineasta mexicano Guillermo del Toro, llevaba en su privilegiada mente la idea de llevar a la pantalla a uno de sus monstruos favoritos, nada más y nada menos que Frankenstein, uno de los mitos de la literatura y el cine de terror. Y, decidido por fin a hacer realidad ese proyecto, se ha enfrentado a una empresa difícil con un filme colosal, y no solo por las proporciones físicas de la criatura creada por el doctor Víctor Frankenstein. 


Muchas han sido las versiones (más de cien) del inmortal relato, surgido en aquella mágica noche del 
verano de 1816, por parte de Mary Shelley, acompañada por Lord Byron y Polidori, en una mansión de Ginegra en la que reunieron para hablar de historias de terror. Ya en 1910, Searle Dawley, en la época del cine silente, realizó un cortometraje adaptando esta fantástica historia. Habría que esperar al año 1931 y a El doctor Frankenstein para que la Universal Pictures, de la mano de James Whale, realizase la primera gran versión cinematográfica del Moderno Prometeo, a la que seguiría en 1935, La novia de Frankenstein, también de la mano de Whayle, sin duda dos obras maestras indiscutibles de la historia del cine. En 1995, Kenneth Branagh, realizó una versión más que notable (con el gran Robert De Niro encarnando al monstruo), cuya atmósfera gótica utilizando ya el color, y con una fotografía oscura y una banda sonora impactante, es la que más entronca con el estilo visual de esta reciente versión de Guillermo del Toro. Incluso Mel Brooks se permitió realizar su mejor comedia con la deliciosa El jovencito Frankenstein en 1974.



Este nuevo Frankenstein, nos presenta en su primera parte a un monstruo terrorífico, terrible y vengativo, para después mostrarnos un proceso de humanización de la criatura pergeñada por la mente tan brillante como trastornada del que, en realidad, es el verdadero monstruo de la historia: El doctor Víctor Frankenstein. Un científico que decide jugar a ser Dios con todas las terribles consecuencias que de ello se va a derivar. Es visible en el filme toda la coherencia estética y cromática de los filmes fantásticos del director mexicano, con muchas similitudes, en ese sentido con La cumbre escarlata (2015). También en la relación femenina de amor hacia el monstruo, que era aún mucho más patente en La forma del agua (2017), la particular versión de Del Toro de La mujer y el monstruo (Jack Arnold, 1954), otro clásico de la edad del oro de los monstruos de la Universal.



El Frankenstein de Guillermo del Toro es, como todas sus grandes obras: monumental, brillante, romántica, gótica, colorista y, casi excesiva; consiguiendo un filme espectacular que, no obstante, aunque transcurre muy fiel al relato de la jovencísima Shelley, puede que no guste demasiado al espectador amante de la versión clásica en blanco y negro de los años treinta de la Universal. Se podría establecer, en este sentido, una discusión sin fin a favor y en contra de cual de las dos es mejor. Son sin duda, dos versiones muy diferentes, y quien sabe si James Whale, con los medios y la tecnología de hoy, hubiese realizado una versión similar o no a la del genial cineasta mexicano.


Con 120 millones de dólares de presupuesto (una co-producción millonaria USA/México con el respaldo 
de NETFLIX, lo que ha creado cierta polémica), Del Toro se ha podido explayar a sus anchas y sin límites, apoyado en un gran reparto en el que destacan Oscar Isaac, el siempre impecable Christoph Waltz, la inquietante y magnética Mia Gotz, y un solvente Jacob Elordi como "la criatura". La extraordinaria banda sonora del siempre brillante Alexandre Desplat, la extraordinaria fotografía de Dan Laustsen, el preciso montaje de Evan Schiff y el diseño de producción/producción artística de Tamara Deverell y Brandt Gordon, amén de un equipo de más de veinte maquilladores, unos impecables efectos especiales. Todo un ejército de profesionales a las órdenes del general Del Toro. Qué podía salir mal. Como producto de entretenimiento a nivel de espectáculo y cine comercial, este Frankenstein es absolutamente impecable.


Conste que, a mí, vaya por delante, me encanta el estilo de cine y los filmes de Guillermo del Toro, 
pero a nivel de adaptación al cine como obra de arte, me sigo quedando con el El doctor Frankenstein (en su título original: Frankenstein. The Man Who Made A Monster) de James Whale. Aún así, esta versión de 2025 me parece un extraordinario trabajo fílmico, como lo son la mayoría de los del realizador mexicano. Si son amantes del cine fantástico y de terror, y además, del personaje que salió de la brillante mente de la joven escritora Mary Shelley, disfruten en la gran pantalla de esta gran superproducción. Si son muy amantes del cine clásico y de sus obras maestras, es posible que cuestionen este nuevo Frankenstein tantas veces versionado en el séptimo arte. Pero, si no van a verlo, nunca sabrán cual les convence más.



Larga vida al "monstruo", porque el que fue creado de pedazos de cuerpos muertos y se convirtió en un ser vivo nunca morirá, porque las ideas geniales de las mentes creativas del ser humano no conocen límites.

GONZALO J. GONZALVO

Escritor y Crítico de Cine 

martes, 4 de noviembre de 2025

Los domingos (2025)****

 Dirección y guion de Alauda Ruiz de Azúa

Int: Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz, Miguel Garcés,Juan Minujín, Nagore Aranburu, Mabel Rivera, Lier Alava, Itziar Aizpuru, Noe Chiroque, Bego Arístegui.


Los caminos de la Fe son inescrutables 

Tercer largometraje de la directora, realizadora y guionista vasca Alauda Ruiz de Azúa, quien, tras Cinco lobitos (2022) y Eres tú (2023), sigue en su proceso de exploración creativa con los temas troncales de su filmografía: La familia y su universo de sentimientos de culpa y redención en torno a sus protagonistas.



Y, ¿Qué es lo que nos cuenta Los domingos. Pues, en efecto, una historia intimista y familiar que sirve para introducir el debate sobre la Fe y la creencia religiosa, en una sociedad y una época cada vez mas materialista y secularizada, en la que la religión parece perder cada vez más adeptos en favor de sectas diversas y dietas "saludables", veganismo y vigorexia a golpe de pesa de gimnasio. 

En Los domingos descubrimos a Ainara (interpretada por Blanca Soroa), una joven idealista y brillante de 17 años, que se encuentra en la encrucijada de qué carrera universitaria elegirá. Sin embargo, la chica manifiesta que se siente cada vez más cerca de Dios y que se plantea abrazar la vida de monja de clausura. La noticia pilla por sorpresa a toda la familia, provocando una revolución en el seno de la misma y una prueba de fuego para todos en la que chocarán diversas posturas sobre la situación que se les plantea.



Alauda Ruiz de Azúa, nos muestra, desde un aséptico distanciamiento, sin tomar partido por uno u otro personaje, las diversas situaciones que van surgiendo en base a los conflictos de pensamiento de los distintos miembros de la familia de Ainara. Que se ve atrapada entre la opción de seguir estudiando para contentar a su familia o hacer caso a su corazón y seguir el camino que la Fe en Dios le está marcando como guía.

Tengo que confesar que, a pesar de su estupenda factura cinematográfica, Cinco lobitos no me conquistó como lo ha hecho Los domingos. Ya en su opera prima, la cineasta española mostraba una madurez y un rigor técnico más que notables, pero en este su último trabajo fílmico, Azúa (nacida en 1978), se ha superado, logrando lo que, a mi entender, es una película verdaderamente redonda que funciona como un reloj suizo. Todo en ella fluye con una sencillez y, a la vez, con una perfección que va atrapando al espectador más variopinto (independientemente de su nivel de fe o creencia religiosa) desde el primer minuto de metraje y hasta el final. Un final (sin spoilers), que emociona a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.



Y todo ello es mérito, principalmente de la cineasta (a la que habrá que seguir muy de cerca a partir de ahora), pero también de un guion preciso y certero y de una selección de reparto muy acertada en la que destacan (aparte de la deslumbrante, en su debut actoral, Blanca Soroa), una soberbia Patricia López Arnaiz (la tía), Miguel Garcés y Nagore Aramburu, principalmente.



Es realmente admirable como Ruiz de Azúa se ha lanzado a diseccionar visual y cinematográficamente, un tema tan difícil, complejo y espinoso como este, saliendo más que airosa de la batalla. Sobresaliente diría yo. Todo ello tratado con un respeto y neutralidad exquisita, y con una perfección a nivel técnico en la que destaca también la extraordinaria fotografía de la británica Bet Rourich.

Los domingos es una película en la que, las mujeres, tienen una fuerza y un protagonismo especial (como ya ocurría en Cinco lobitos), reflejo de esa sociedad matriarcal tan arraigada en el país vasco. En ese sentido, presenta nexos de unión con el también cineasta vasco Juanma Bajo Ullóa, que en filmes como Alas de mariposa (1991), La madre muerta (1993) o Baby (2020), también exploraba los conflictos familiares aunque con un mayor peso envolvente, en su ambientación y atmósfera artística, de las tradiciones y el folclore vasco.



Independientemente de si usted es una persona con o sin fe, creyente en la religión católica o no, o creyente en otras religiones y credos diversos; si es una persona amante del cine, como arte y disciplina artística, no debería perderse Los domingos. Porque estamos ante Cine con mayúsculas y, muy posiblemente, ante la mejor película del cine español de los últimos años con permiso del también extraordinario cineasta Oliver Laxe que, con su magnético Sirat (2025), también me ha impactado y conquistado, aunque de un modo diferente al de Alauda Ruiz de Azúa, una directora que con este trabajo ha conseguido casi una obra maestra. Aprovechen la actual "Fiesta del Cine" y, por favor, no se la pierdan.

GONZALO J. GONZALVO