sábado, 25 de septiembre de 2021

Dune (2021)***

 Dir: Denis Villeneuve

Int: Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Josh Brolin, Jason Momoa, Stellan Skarsgård, Zendaya, Javier Bardem, Sharon Duncan-Brewster, Charlotte Rampling, Chang Chen, Stephen Henderson, Dave Bautista, Babs Olusanmokun, David Dastmalchian, Golda Rosheuvel, Benjamin Clémentine, Souad Faress.


En el mismo año que se estrenaba la adaptación de David Lynch (1984), yo leí la primera novela de Dune, unos meses antes del visionado de la película. Dune es la primera entrega de una extensa serie de novelas que Frank Herbert inicio en 1965 y que ha terminado por convertirse en toda una leyenda con seis entregas directas y al menos ocho novelas más a cargo de su hijo Brian Herbert y Kevin J. Anderson. El impacto que me produjo la trilogía inicial, que devoré embebido y transportado al universo de Arrakis (el nombre real del planeta Dune), me hizo desear con pasión su adaptación al cine. Y, ante mi sorpresa, uno de los directores que más me gustaban (y me gustan), afrontó la compleja adaptación. La película, resultó fallida, pasó a convertirse en una leyenda igualmente, todo lo que le faltaba (o le sobraba) se lo añadía el espectador que, como en mi caso, ya era un iniciado si había leído la primera entrega. Luego, con el tiempo, nos enteramos de la desavenencias entre Lynch y el productor Dino de Laurentiis que no habían favorecido el resultado final de esta aproximación entre los visionarios y complejos universos de Lynch y Herbert. 



La estupenda traducción de Domingo Santos (1949-2018), uno de los mejores novelistas españoles del género, para la edición de Ultramar de 1982 que yo devoré con pasión, en su versión de bolsillo (abril de 1984), abría las puertas a muchas cuestiones como la ecología, la historia de las religiones, las estrategias políticas y militares, las disputas por el control de materias estratégicas y una rica descripción de una extensa galería de personajes.


La fascinación por la novela atrajo igualmente al polifacético artista y director chileno de culto Alejandro Jodorowsky que en 1975 soñó con su adaptación. Empezó a elaborar el proyecto junto al guionista de Hollywood y maestro de efectos especiales Dan O'Bannon, H. R. Giger, el (futuro) diseñador de Alien (Ridley Scott, 1979), y el artista de cómics Jean “Moebius” Giraud, todos bajo su dirección. Este proyecto era una superproducción cuyas cotas de ambición sobrepasaban todos los límites. Un sueño que se derrumbó antes de poder alzarse. Tras cuatro décadas, el documental Jodorowsky's Dune (2013) de Frank Pavich desvela el film que pudo ser el Dune de Alejandro Jodorowsky, con un tratamiento similar a Lost In La Mancha (2002) de Keith Fulton y Louis Pepe, o cómo narrar el fracasado primer intento de Terry Gilliam adaptando El Quijote, y que nos permite descubrir entrevistas con sus principales artífices y una inmersión en todo el trabajo de pre-producción creado para una película nunca hecha. 

Antes de la expansión e imposición de las plataformas audiovisuales hubo dos intentos (también fallidos, ahora por sus resultados) de adaptar las novelas de Herbert para la televisión. Ni Dune, la leyenda (John Harrison, 2000), serie de 3 episodios (con algo más de 4 horas), ni Hijos de Dune (Greg Yaitanes, 2003), con otros tres episodios (también con más de 4 horas), lograron tener éxito.



Este extenso preámbulo, explica, en realidad, que la industria todavía podía apostar de nuevo por las historias relatadas en la saga de Dune. Y, en principio y teniendo en cuenta los resultados iniciales de taquilla, parece que se ha dado con algunas de las claves para su éxito. El guion ha sido concebido por el propio director Denis Villeneuve, junto a Eric Roth y Jon Spaiths. Roth, nacido en Nueva York en 1945 tiene ya una larga trayectoria como productor y guionista desde 1970, destacando en trabajos como Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), Munich (Steven Spielberg, 2005), El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008); Jon Spaihts, también neoyorquino, está más relacionado con géneros como la fantasía y la ciencia ficción, desde su primer guion La hora más oscura (Chris Gorak, 2011), pasando por Prometheus (Ridley Scott, 2012) o Doctor Strange (Doctor Extraño) (Scott Derrickson, 2016); y el canadiense Villeneuve, con trabajos como Incencios (2010), en el que dirige y guioniza la obra teatral de Wajdi Mouawad, Prisioneros (2013), Enemy (2013), una adaptación de un texto de José Saramago en manos de Javier Gullón, o Sicario (2015). Y dentro del género de la ciencia ficción: La llegada (Arrival) (2016) y Blade Runner 2049 (2017), que retoman la ciencia ficción adulta, la primera, un guion de Eric Heisserer adaptando una historia de Ted Chiang, y la segunda, arriesgada apuesta al retomar el espíritu de ¿Sueñan los androides con ovejas elécticas? de Philip K. Dick, adaptado ahora por Hampton Fancher y Michael Green.


El equipo de guionistas han logrado, sacrificando algunos aspectos y contextualizaciones (parece inevitable), transportarnos al universo de Dune, han logrado crear un ritmo narrativo que huye de lo contemplativo e introduce la complejidad de las diversas tramas con fluidez. Villeneuve es un director con personalidad pero que no entra en contradicciones graves con la Industria (algo que si le pasó a Lynch) y por eso ha logrado recrear el universo de Herbert acercándolo al gusto de la mayoría. Conociendo sobradamente la trama, las 2 horas y 35 minutos de esta primera entrega se me han pasado como un suspiro (con el pesar de la obligatoria mascarilla). 



El reparto cumple bien su cometido de hacer realidad una galería de personajes extensa que se quedará en la mítica del cine de ciencia ficción. La segunda parte debe resolver las tramas que inevitablemente han quedado abiertas y,  rellenar las lagunas planteadas al no explicar suficientemente la cronología o conceptos decisivos para entender el contexto sociopolítico como el "Jihad Butleriano" o la existencia de una Biblia Católica Naranja. Si no se explican mínimante en un futuro, les remito a la lectura del libro que a pesar de sus fechas de concepción no ha perdido vigencia...



  A la gente cuyo trabajo va más allá del campo de

las ideas y penetra en la "realidad material": a los

ecólogos de las tierras áridas, dondequiera que estén,

en cualquier tiempo donde trabajen, dedico esta ten-

tativa de extrapolación con humildad y admiración.

(Frank Herbert, dedicatoria inicial de la novela Dune)


Roberto Sánchez.


jueves, 2 de septiembre de 2021

Annette (2021)****

Dir: Leos Carax

Int: Adam Driver, Marion Cotillard, Simon Helberg, Dominique Dauwe, Kait Tenison, Latoya Rafaela, Rebecca Dyson-Smith, Timur Gabriel, Kevin Van Doorslaer, Devyn McDowell, Ornella Perl, Christian Skibinski, Marina Bohlen, Nino Porzio, James Reade Venable, Charlotte Brand, Colin Lainchbury-Brown, Kristel Goddevriendt, Filippo Parisi, Michele Rocco Smeets, Elke Shari Van Den Broeck.


El director francés Leos Carax (nacido en 1960) no es muy prolífico. Desde 1980, año en el que se inició en 
la dirección cinematográfica, sólo ha firmado siete largometrajes de ficción. En 1991 triunfa con la memorable Los amantes del Pont-Neuf, protagonizada por Juliette Binoche y Denis Lavant. En 2012, provoca no pocas controversias con Holy Motors, en la que su vertiente surrealista es más que patente y se va a reforzar en el siguiente trabajo al que hubo que esperar hasta 2021. 


Carax, suele ser el guionista de sus películas, pero con buen criterio aquí dejará esa función a otros. 
Puesto que estamos ante un musical, serán Ron Mael y Russell Mael (Sparks), los que firman música y guion, o mejor dicho, el "libreto" de esta ópera pop-rock. Su habitual colaboradora, la directora de fotografía Caroline Champetier, potencia el sentido onírico de la historia.



Henry (Adam Driver) es un monologuista cómico de humor incisivo. Ann (Marion Cotillard), una cantante de renombre internacional. Centro de todas las miradas, juntos forman una pareja feliz rodeada de glamur. El nacimiento de su primogénita, Annette, en un juego surrealista que aceptas (o abandonas la película), es interpretada por una serie de títeres creados por Estelle Charlier y Romuald Collinet, quienes crearon nueve cuerpos diferentes para la ‘bebé Annette’, a quien vemos en la película evolucionar desde el nacimiento hasta convertirse en una niña de cinco años interpretada por Devyn McDowell, en una de las escenas finales. Annette es una niña misteriosa con un destino excepcional que les cambiará la vida.


Las "salidas de tono" de Henry, quieren ser un pálido reflejo de míticos monologistas como Lenny Bruce, al que se dedicó el inquietante biopic titulado Lenny (1974), dirigido por Bob Fosse. Como ocurría con aquel, hay un aura autodestructiva y sociópata en esta estrella de la "nada" (un signo de nuestros tiempos), que llevará mal su comparación (inevitable) con el arte aparentemente sublime de Ann. Creo que conscientemente (con Carax, siempre es difícil saberlo), el protagonismo de Adam Driver, termina por devorar a todos los personajes, a sí mismo, e incluso a los inquietantes títeres que serán Annette durante casi todo el metraje.



Visualmente brillante, hay que insistir en que estamos ante un musical con una historia que podría resumirse en unos pocos renglones, este último trabajo de Leos Carax, supone una apuesta por un cine de un surrealismo personal e intransferible, que aceptas u odias y que lo sitúa en un territorio incómodo pero muy atractivo para los que no quieren adocenarse. La forma de contar es decisiva, la historia no importa demasiado, sí los retos y provocaciones que Henry / Leos nos proponen. Música, títeres, muerte, redención...Si no te atreves con este film oscuro (por los senderos tortuosos de Edgar Allan Poe) y romántico, no vuelvas al cine...


¡Ah, ya lo olvidaba!, en la polémica habitual con las películas de Carax, yo he decidido que soy de su bando...¡Viva el cine!

Roberto Sánchez

 

Jinetes de la justicia (Retfærdighedens ryttere, 2020)****

 Dir: Anders Thomas Jensen

Int: Mads Mikkelsen, Nikolaj Lie Kaas, Gustav Lindh, Roland Møller, Nicolas Bro, Lars Brygmann, Albert Rudbeck Lindhardt, Morten Suurballe, Jakob Ulrik Lohmann, Rikke Louise Andersson, Jesper Groth, Gustav Dyekjær Giese, Henrik Noél Olesen, Jesper Ole Feit Andersen, Kaspar Velberg, Rigmor Ranthe, Anne Birgitte Lind, Peder Holm Johansen, Raivo Trass, Johanne Dal-Lewkovitch, Andrea Heick Gadeberg.



Thriller y humor con sello nórdico.  

Quinto largometraje del danés Anders Thomas Jensen. Una deliciosa película que mezcla con verdadera sabiduría narrativa y un estilo propio el thriller de acción, la comedia y el drama humano. Con un reparto de actores en estado de gracia, liderado por esa bestia fílmica llamada Mads Mikkelsen, extraordinario actor al que, no hace mucho, pudimos disfrutar en Otra ronda (Thomas Vinterberg, 2020), otro maravilloso filme nórdico y que, en mi opinión, está en el esplendor de la madurez de su carrera cinematográfica. 

Jinetes de la justicia nos cuenta la dura historia del militar Markus, que debe regresar a casa con Mathilde, su hija adolescente, cuando su esposa muere en un trágico accidente de tren. Todo parece ser fruto de la mala suerte, hasta que Otto, un experto en matemáticas y estadística de seguros y también pasajero del tren siniestrado, aparece con sus dos excéntricos colegas, Lennart y Emmenthaler. Otto está convencido de que alguien está detrás de todo y que lo que ocurrió no fue un accidente casual. El actor Nikolaj Lie Kaas, es otro de los protagonistas. Conocido por interpretar la saga policíaca nórdica compuesta por la tetralogía de Los casos del departamento Q: Misericordia (2013), Profanación (2014), ambas dirigidas por Mikel Norgaard, Redención (Hans Petter Moland, 2016), y El expediente 64 (Christoffer Boe, 2018), acompaña al inmenso Mads Mikkelsen con dignidad, siendo ellos dos los que sostienen el peso de la trama de Jinetes de la justicia (su título original en danés-noruego es Retfærdighedens ryttere, algo bastante impronunciable).


Estamos ante un fantástico guion firmado por el propio director (experimentado guionista en numerosos filmes) y 
por Nicolaj Arcel, que transita de forma admirable entre los géneros, saltando del thriller a la comedia y al drama en momentos puntuales pero sin que chirríe nada, muy al contrario, enriqueciendo la historia y dotando a los personajes de una humanidad que los aleja de las típicas películas norteamericanas llenas de adrenalina y explosiones y protagonizadas por machos alfa llenos de testosterona. Aquí, el macho alfa, aunque igual de letal para sus enemigos, muestra su corazoncito ante sus compañeros de aventura y también ante el espectador. 

Una película que entretiene con humor e ingenio, que también, indudablemente, contiene escenas trepidantes. Un filme que parece de un metraje inferior, y deja al espectador con ganas de más (cuando uno se lo está pasando tan bien en el cine… quien quiere salir…).


Jinetes de la justicia es una película atípica. Estaría dentro del subgénero del cine policíaco de 
“justicieros”, pero, en este caso, su entidad y trasfondo es mayor que el habitual en este tipo de filmes. La culpa y la redención son temas fundamentales en un filme que, con un sello genuinamente nórdico, posee una humanidad y un aura de espiritualidad en sus personajes que, unido a la calidad interpretativa de sus actores y actrices, hace que juegue en otra liga y trascienda a la típica película norteamericana de venganzas y justicieros/as. 

Un gran guionista que, ante las cámaras, ha demostrado un gran pulso narrativo y un humor bastante especial. Pero es que, cuando el humor es bueno, da igual de que latitud venga. Yo que ustedes, no me perdería las andanzas de estos curiosos y extraños Jinetes de la justicia. Sin duda, una de las películas más refrescantes y entretenidas de este extraño y canicular verano en el que las sempiternas mascarillas nos siguen imposibilitando disfrutar del cine en las grandes salas con la comodidad con la siempre lo hemos conocido. 

Esperemos que la tan anhelada y vieja normalidad se imponga por fin en el año venidero a esta extraña y tediosa “nueva normalidad”. Y que las risas y los suspiros que caracterizan a los seres humanos, regresen de nuevo a nuestros cines sin miedo a mostrarse. 

GONZALO J. GONZALVO

lunes, 9 de agosto de 2021

Tiempo (Old, 2021)***

 Dir: M. Night Shyamalan

Int: Gael García Bernal, Vicky Krieps, Thomasin McKenzie, Rufus Sewell, Abbey Lee, Ken Leung, Alex Wolff, Eliza Scanlen, Embeth Davidtz, Gustaf Hammarsten, Nolan River, Alexa Swinton, Aaron Pierre, Nikki Amuka-Bird, Emun Elliott, Jeffrey Holsman, Daniel Ison, Francesca Eastwood.


Tempus fugit

Manoj Nelliyattu Shyamalan es su nombre real, pero es mucho más conocido como M. Night Shyamalan, un nombre extraño y difícil, pero que no se olvida. Se queda en la memoria. Así son también las obras de este cineasta, guionista, productor y actor ocasional de origen hindú afincado en Estados Unidos. Admirador de Steven Spielberg y de Alfred Hitchcock (de ahí sus cameos fílmicos en varias de sus películas). 


Su forma de rodar y sus planteamientos visuales logran unos filmes con una profundidad poética y espiritual que no dejan 
indiferente a nadie. Por esta misma razón, Shyamalan tiene fanáticos seguidores que le adoran y, también, férreos detractores de su cine. Este escritor y crítico cinematográfico estaría más hacia el bando de los primeros, aunque bien es cierto que el director hindú ha tenido patinazos de órdago, como en el caso de Airbender, el último guerrero (2010) o Afther Earth (2013). También es cierto que Shyamalan ha tenido grandes éxitos, lo que le ha situado entre los directores más taquilleros de las dos últimas décadas desde que, en 1999, estrenase El sexto sentido, filme con el que inaugura un estilo muy personal de narrar historias que mezclan géneros, combinando con maestría el thriller y el terror al más puro estilo “Shyamalan”.




Con cais veinte trabajos fílmicos a sus espaldas entre cine y televisión, Tiempo (Old es su título original), supone su largometraje número catorce. Con guion del propio Shyamalan y de Pierre-Oscer Lévy, adapta a la gran pantalla Sandcastle, la novela gráfica del propio Lévy y Frederik Peeters (aparecida en inglés en 2011). 


Su admiración por el cómic, así como por los cineastas ya nombrados, configuran un estilo clásico e 
innovador al tiempo, visualmente hipnótico, que le aleja de los parámetros actuales de ritmo desenfrenado y continuos efectos especiales del olvidable cine fantástico de consumo del siglo XXI. Su estilismo y elegancia a la hora de narrar visualmente, le entronca más con directores ya considerados clásicos de los 70 y 80, como el Peter Medak de Al final de la escalera (1980) o ese Spielberg de sus comienzos con títulos como El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) o Tiburón (1975).


Old (título de fácil y, a la vez, complicada traducción para lograr un título comercial en español) es una historia 
tan extraña como fascinante. Un “gran hermano” fantástico y terrorífico, donde un grupo de personas desconocidas entre sí se ven atrapadas en una paradoja espacio temporal a la que no saben cómo hacer frente. Hay connotaciones, guiños y referencias a temas de trasfondo ecológico y social. La naturaleza, agredida durante siglos por los humanos, se defiende pagándole con la misma moneda (lo estamos viendo cada día con las devastadoras consecuencias del cambio climático en inundaciones, terremotos, tsunamis, incendios terribles, etc..., que están afectando a los cinco continentes). El “tiempo”, como dimensión relativa, como bien demostró Albert Einstein con su “teoría de la relatividad”, es capaz de transformar un segundo de tiempo en años en distintos lugares del universo (esto también lo veíamos en Contact, novela de Carl Sagan, convertida en película por Robert Zemeckis, en 1997, donde una científica, interpretada por Jodie Foster, podía incluso reencontrarse en otra dimensión espacio-temporal con su querido padre fallecido. 


Este poder del tiempo (no en vano, tiene en Cronos a su dios implacable en la mitología griega), es un arma que 
Shyamalan utiliza como un pretexto o “McGuffin”, como diría el maestro del suspense, para dotar a esa playa maldita de poder, empoderarla y elevarla a la categoría de personaje “malvado” del filme. Los personajes humanos, no despiertan empatía alguna con el espectador, que está deseoso de ver cómo ese hermoso paraje natural los vaya devorando sin piedad, al igual que ocurría en La niebla, historia creada por la genial mente del novelista Stephen king y que ha sido llevada al cine por John Carpenter en 1980 y Frank Darabont en 2007.  Esa historia sería a mi entender, una de las más claras referencias para este Old de Shyamalan, aunque también puede pensarse en otros filmes de serie B del fantástico como The Blob (Irving Yeaworth Jr., 1958) , donde fuerzas de origen desconocido sin cuerpo ni forma definida, atacan a los humanos sin previo aviso y sin piedad alguna

 Shyamalan, con sus últimos tres trabajos, La visita (2015), Múltiple (2016) y Glass (2019), parece haber recuperado gran parte de la esencia de sus grandes títulos como El sexto sentido (1988), El protegido (2000), Señales (2002) o El bosque (2004), y creo que debido a su edad (nacido en 1970) y, si el tiempo no lo trunca (tempus fugit), el cineasta hindú, criado en Philadelphia, nos entregará en esta década y la siguiente buenos trabajos con los que disfrutar de ese misterio, suspense, terror y thriller que le caracterizan, marca de la casa. 

Pienso que es un cineasta al que hay que seguir porque te puede sorprender en cualquier momento, como a los incautos visitantes de esa playa tan oculta como peligrosa.

GONZALO J. GONZALVO

lunes, 2 de agosto de 2021

Summer of Soul (...Or, When the Revolution Could Not Be Televised) (2021)****

 Dir: Questlove 

Documental con Stevie Wonder, B.B. King, Nina Simone, Abbey Lincoln, Mahalia Jackson, Moms Mabley, Jesse Jackson, Mavis Staples, David Ruffin, Cal Tjader, The 5th Dimension, Sly and The Family Stone, Hugh Masekela, Max Roach, Herbie Mann, The Chambers Brothers, Babatunde Olatunji, Gladys Knight, The Pips, John V. Lindsay, Ray Barretto, The Edwin Hawkins Singers, Mongo Santamaria.

Questlove (es decir, Ahmir Khalib Thompson), el director y productor de este documental nació un 20 de enero de 1971 en Philadelphia (Pennsylvania, USA). Es músico (para más señas batería y percusionista) e hijo de músico y su relación con el cine había sido hasta el momento limitada, como responsable de la música, junto a Ludwig Göransson, en Top cinco (2014) de Chris Rock, y colaborador en la selección de lo mejor de la música negra que suena en Detroit (2017) de Kathryn Bigelow, un guion de Mark Boal sobre los disturbios de esa ciudad en 1967.

Explora el legendario Harlem Cultural Festival celebrado en los Estados Unidos en 1969. En él se rindió homenaje a la cultura y música afroamericana, además de promover el 'black pride' y la unidad entre personas de una misma raza. Este trabajo rescata, medio siglo después, las filmaciones de ese Festival, cinco conciertos gratuitos que incluyeron a grandes representantes de la mejor música afroamericana durante esos años: cinco conciertos celebrados en otros tantos domingos entre el 29 de junio y el 17 de agosto. El cartel oficial, que no refleja todos los artistas que finalmente desfilaron por el escenario del Mount Morris Park, revela que hubo jornadas donde dominó el jazz, el góspel o la música latina.



Todas eran figuras de nivel, aseguradas por contrato y pagadas de acuerdo con su caché. Parece que falló la cobertura audiovisual. Hal Tulchin, productor de TV, desplazó a su modesto equipo a grabar lo que allí ocurriera cada domingo. Sin recursos financieros, no consiguió que los artistas cedieran los derechos de emisión de sus conciertos. La esperanza de que alguna cadena de televisión nacional comprara la idea se desvaneció cuando los ejecutivos vieron, por ejemplo, a una furiosa Nina Simone prácticamente incitando a los habitantes de Harlem a alzarse en armas. Uno de los muchos momentos emotivos y significativos que Questlove ha potenciado en el montaje de su documental. Seguramente no favorecieron en nada su difusión esas escenas y otras en las que algunos grupos políticos como el Black Panther Party o los Young Lords, son alabados por los que aparecen entrevistados, en su mayoría personas que vivieron directamente el evento, desde la organización, como espectadores o algunos de los protagonistas que rememoran esos momentos con una emoción sincera.



Durante medio siglo, las cintas del Harlem Cultural Festival estuvieron almacenadas, enterradas por la pesadilla que suponía resolver las licencias. Se filtraron algunos fragmentos, disponibles en baja calidad en YouTube; el show de Sly Stone se editó en DVD, de forma pirata. Solo tras la muerte de Tulchin, en 2017, se logró adquirir aquel legado de unas 50 horas de filmaciones, que corrían el peligro real de terminar en un basurero. Cuando Questlove fue tentado con el proyecto, inmediatamente pensó en seleccionar lo más interesante; como Amazing Grace, el recital góspel de Aretha Franklin que rodó Sydney Pollack en 2018, quedaría como un documento de su tiempo. Había suficientes maestros de la percusión ―Max Roach, Ray Barretto, Mongo Santamaría― para satisfacer la curiosidad personal de Questlove; de hecho, la película comienza con un asombroso solo de batería a cargo de Stevie Wonder. Pero Questlove también detectó rabia, tanto en las interpretaciones ―mención especial para el guitarrista Sonny Sharrock― como en las reacciones de los espectadores: un año después del asesinato de Martin Luther King, en Harlem no se detectaba entusiasmo por el alunizaje del Apolo 11, que coincidió precisamente con el concierto de estrellas de Motown.



Diego A. Manrique nos da esta información y más detalles en un artículo reciente de El País (que puede consultarse en https://elpais.com/cultura/2021-06-26/el-woodstock-negro-ve-al-fin-la-luz.html). 


Cuando comienza el film, aparece un joven de 19 años llamado Stevie Wonder, y con su música (y ese solo de batería que cita Manrique) provoca en cualquier alma sensible un escalofrío que te transporta directamente a un lugar lleno de vibraciones y a una época. Si tengo que destacar algunos momentos más, me quedo con las apariciones de Sly and The Family Stone, The 5th Dimension, Mahalia Jackson y Nina Simone. Eso sí, todos y todas transmiten, pasión y emoción, más allá de la calidad musical, nos muestran vida y compromiso...

Es cierto, las carteleras de cine no están demasiado bien, pero cometerían un grave error si desprecian este soberbio ejercicio de música y cine que combinados nos permiten disfrutar de lo mejor de dos artes íntimamente conectadas. Es la primera vez durante una proyección en el último año y medio que me he olvidado de esa mascarilla que amenaza con seguir con nosotros eternamente.

Roberto Sánchez