miércoles, 28 de noviembre de 2018

El infinito (The Endless, 2017)** Referencia esprés 25

Dir: Justin Benson, Aaron Moorhead
Int: Aaron Moorhead, Justin Benson, Tate Ellington, Callie Hernandez, James Jordan, Lew Temple. 

Años atrás, los hermanos Justin (Justin Benson) y Aaron (Aaron Moorhead) lograron escapar de la secta donde se habían criado. Ahora, malviven en un apartamento de Los Ángeles, hasta que un día reciben una cinta de vídeo de aquella secta, y a Aaron le entran las dudas de si deberían volver al campamento del que huyeron. 

Una película no estrenada en las salas zaragozanas, cuyo gran éxito crítico en España (le dan una elevada calificación Jordi Costa, Nando Salvá o Antonio Trashorras, entre otros), me impulsó a verla.  Indaga en el mundo de las sectas desde la perspectiva del fantástico. Un cine, el de Benson/Moorhead que apuesta por la sutileza y que quizás por los bajos presupuestos, prefiere el camino de la sugerencia. Por otro lado, estamos ante un producto que fue seleccionado en Sitges y en Tribeca en 2017. 

Es tan sutil en los planteamientos que el resultado a mi me pareció en exceso superficial e inane, pero hay que reconocerles que te dejan con ganas de saber más...

Roberto Sánchez.

Museo (2018)***

Dir: Alonso Ruizpalacios
Int: Gael García Bernal, Leonardo Ortizgris, Alfredo Castro, Simon Russell Beale, Bernardo Velasco, Leticia Brédice, Ilse Salas, Lisa Owen, Lynn Gilmartin, Maite Suarez Diez, Gabriel Nuncio.

La película cuenta una historia tan aparentemente absurda que sólo puede ser real. Se trata de indagar en las circunstancias que rodearon al robo de varios objetos prehispánicos del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México en 1985, y la sorpresa de las autoridades al descubrir que los autores de semejante hazaña habían sido dos jóvenes marginales de los suburbios, Carlos Perches y Ramón Sardina, en lugar de los ladrones profesionales de arte a los que se le atribuía la sustracción de los objetos.

Alonso Ruizpalacios y Manuel Alcalá, desde el guion, intentan descubrirnos las motivaciones de estos dos jóvenes, en la ficción llamados Juan Nuñez (Gael García Bernal) y Benjamin Wilson (Leonardo Ortizgris), para decidirse a robar estas piezas arqueológicas de un valor económico difícil de evaluar, pero con una carga simbólica todavía mayor, ya que forman parte de ese tesoro cultural anterior a la llegada de los españoles que ayuda a definir la personalidad del país.



Alonso Ruizpalacios tiene mucha experiencia en series para la televisión y algunos cortometrajes previos. En Museo afronta su segundo largo de ficción y ya tenía en Güeros (2014), un más que interesante precedente que lo situaba entre los realizadores más interesantes de México que de momento no se han pasado al lado norteamericano y que apuestan por desarrollar un estilo personal al margen de la narrativa comercial imperante. 

Museo describe el robo de las piezas arqueológica con un estupendo ritmo, con una planificación aceptable para los parámetros genéricos aceptados, pero no se queda ahí. Apoyándose en el buen nivel interpretativo de sus actores, en especial Gael Gaecía Bernal, Leonardo Ortizgris y Alfredo Castro (el Dr. Nuñez, padre de Juan), profundiza en la psicología de unos personajes que se formaron en la universidad (en este caso en veterinaria) pero cuyos horizontes laborales y su futuro es dudoso, analiza sus ansías por llamar la atención, por destacar, la aparente ligereza  de un atraco perfecto, sin sentido.



Alejandro Ruizpalacios, nacido en 1978, se sitúa en una órbita cercana a la de Carlos Reygadas, quizás con algo menos de radicalidad formal que la del realizador de Batalla en el cielo (2005), o la reciente Nuestro tiempo (2018). Un cine situado en una vanguardia formal en las antípodas del cine-ocio actual de raigambre anglosajona, y  además está muy preocupado por la realidad que acosa al México actual, a sus tradiciones contradictorias (lo indio versus lo hispano, la presión del gigante del Norte) y a las tensiones de una sociedad marcada por el capitalismo salvaje.



Un cine de gran categoria formal y de cuidado análisis psicológico de sus personajes que está pasando desapercibido al "gran público" en las salas comerciales españolas, pero que merece más atención que la de los críticos y los Festivales. Si están interesados en conocer lo último del cine mexicano, deberán darse prisa, ya que su escasa acogida limitará el tiempo de su presencia en salas. 

Que la cinematografía mexicana tiene buena salud parece evidente por esta película, pero también por la reciente Pacífico Norte (2018), ópera prima de Valentina Sachetti, que nos ha dejado ver la selección del Festival de Cine de Zaragoza en Edición 23; o por la deseada y multipremiada Roma (2018),de Alfonso Cuarón, que al ser de la marca Netflix, corre el riesgo de no llegar a las salas zaragozanas, lo que sería una pena... 

Roberto Sánchez

-Palafox-

sábado, 24 de noviembre de 2018

Jaulas (2018)****

Dir: Nicolás Pacheco.   
Int: Estefanía de los Santos, Belén Ponce de León, Antonio Dechent, Manuel Tallafé, Manolo Caro, Marta Gavilán, Manuel Cañada, Antonio Estrada, Stefan Mihai, Manuel Cañadas, Mila Fernández, Carlos Tirado.

Vidas enjauladas  


En una de las sesiones especiales de preestreno de este Festival de cine de Zaragoza 2018 (23 edición), he tenido el placer de visionar el trabajo que supone la puesta de largo del joven director sevillano Nicolás Pacheco. Formado en las escuelas de dirección cinematográfica de Barcelona y Madrid, y en la especialidad de guión en la de La Habana (Cuba), Pacheco posee una voz narrativa muy personal que confiere a sus trabajos fílmicos un sello característico. La ambientación en escenarios vitales duros alejados del glamur del centro de las grandes ciudades y la fuerza y el carácter de los personajes que habitan estos mundos, lo emparenta con directores como los mexicanos Ripstein o Iñárritu, con el Buñuel (sobre todo de la etapa mexicana) e incluso contiene guiños al neorrealismo italiano de los cincuenta. 



Jaulas es una obra inclasificable, por un lado por la mezcla de géneros que contiene (aunque predomine el drama social), y que también ofrece al espectador momentos de comedia y de thriller de acción. Por otro lado, por el realismo mágico que la impregna de principio a fin, dotando a la historia de un aura de cuento o fábula que la entronca también con películas como Blancanieves (2012), de Pablo Berger, o la francesa The Artist (2011), de Michel Hazanavicius. 

La falta de libertad, la violencia machista, el terror al patriarcado en culturas que aún tienen ese poder masculino muy patente (como la Gitana) son puntales de este retrato social de personas que tienen sus vidas literalmente enjauladas, por lo que el título es perfecto para describir la historia que nos narra con originalidad y acierto el director sevillano. Por otro lado, tenemos la fuerza de estas mujeres, que a pesar de tener las peores cartas de la baraja, no se rinden, e intentan tirar para adelante como sea, aunque se dejen la vida por el camino. 

Jaulas tiene mucha fuerza. Fuerza visual y narrativa, que reside fundamentalmente en un conjunto de actrices que, unidas, conforman una alianza interpretativa más que poderosa, destacando entre ellas, la espléndida Estefanía de los Santos (Concha), sin olvidar a Belén Ponce de León y a la joven Marta Gavilán, que interpreta a Adela, la hija de Concha. En cuanto a la parte masculina, también están impecables el siempre sólido Antonio Dechent (que interpreta el lado masculino “bondadoso” aunque ciertamente manipulador) y otro Antonio, de apellido Estrada, que encarna al terrible y violento “Canario”. Manuel Cañadas como el entrañable “Antoñito” y Manuel Tallafé (“Cansino”) también cumplen con holgura sus papeles, redondeando un reparto que, en conjunto, da vida perfectamente a este microcosmos marginal teñido de violencia que, en el fondo, es también el retrato de los defectos morales de una gran parte de la sociedad actual que, a pesar de sus diferentes clases sociales y edades, sigue teniendo por desgracia los comportamientos machistas aún bastante enraizados. 



Jaulas desempeña pues el papel de un cine de denuncia y crítica social, mostrando un drama de vidas descarnadas y prisioneras de su propia condición y destino, pero lo hace desde las tripas, sin caer en la complacencia del cine político o panfletario; sin abanderar otros colores que los de mostrar una realidad que es tan dura, tan gris y tan polvorienta, que cuando algo intenta aportarle color y magia, se escapa de entre los dedos como un manojo de globos de las manos de una niña en una luminosa mañana de feria. En una de esas ferias de tantos y tantos pueblos que retratan la vida de una España que, en pleno siglo XXI, sigue teniendo más sombras y claroscuros que los que serían deseables.

GONZALO J. GONZALVO

-Aragonia, Festival de Cine de Zaragoza-

jueves, 22 de noviembre de 2018

La cámara de Claire (Keul-le-eo-ui Ka-me-la, 2017)*** Referencia esprés 24

Dir: Sang-soo Hong
Int: Isabelle Huppert,  Kim Min-hee,  Shahira Fahmy,  Jang Mi-Hee,  Jeong Jin-Yeong. 

Durante un viaje de negocios al Festival de Cannes la joven Manhee (Kim Min-hee), asistente de ventas de una distribuidora, es despedida por su jefa acusada de ser deshonesta, pero en el fondo lo que hay es una cuestión de celos. Por suerte, conocerá allí a una profesora llamada Claire (Isabelle Huppert), que hace fotos con su cámara Polaroid. Cada una de ellas tiene una peculiar visión de la vida, y juntas lograrán entender sus mundos. 

Con sutileza, el director coreano, construye con muy pocos elementos una reflexión sobre ese cine que quiere aproximarse tanto a la "vida" que termina por abrasarse en la realidad. Además, otro filme a sumar a ese género oculto que habla del cine dentro del cine. Una "delicatessen" que Sang-soo Hong "improvisó" durante su estancia en Cannes, un festival en el siempre ha tenido una muy buena acogida.


Roberto Sánchez.

Lazzaro feliz (2018)****

Dir: Alice Rohrwacher
Int: Alba Rohrwacher, Adriano Tardiolo, Agnese Graziani, Luca Chikovani, Sergi López, Natalino Balasso, Tommaso Ragno, Nicoletta Braschi, Leonardo Nigro.

Lazzaro (Adriano Tardiolo), un joven campesino de excepcional bondad, vive en La Inviolata, una aldea que ha permanecido alejada del mundo y es controlada por la marquesa Alfonsina de Luna (Nicoletta Braschi). Allí, la vida de los campesinos no ha cambiado nunca; son explotados, y ellos, a su vez, abusan de la bondad de Lazzaro. Un verano, se hace amigo de Tancredi (interpretado por Luca Chikovani, en su juventud, y ya adulto por Tommaso Ragno), el hijo de la Marquesa. Entre ellos surge una amistad tan preciosa, al menos para Lazzaro, que le hará viajar a través del tiempo y le llevará a conocer el mundo moderno.

Alice Rohrwacher, nacida en Fiesole (Toscana, Italia) en 1982, ya ha mostrado en Corpo celeste (2011) y, sobre todo en El país de las maravillas (Le meraviglie, 2014), su capacidad para hacer un cine de calidad y bastante original en el panorama europeo.



La crítica ha sacado a relucir, a propósito de Lazzaro felice, los nombres de prestigiosos maestros del cine italiano como Ermanno Olmi (1931-2018) o Pier Paolo Pasolini (1922-1975). Y a mi me parece que esas citas están justificadas. Alice Rohrwacher está construyendo (con éxito) un estilo personal que no reniega de sus raices. Arañando un poco más, pueden encontrase inteligentes guiñosa al cine de Luchino Visconti (1906-1976) e  incluso al de Luis Buñuel (1900-1983) y sus "Olvidados". De todo ese esplendoroso pasado cinéfilo, Alice Rohrwacher ha sacado "oro puro".



Hacía tiempo que veía una película tan compleja en un envoltorio tan sencillo y directo. Alice Rohrwacher ha logrado transmitir el misterio, la denuncia de una situación de explotación que persiste, mediante un personaje-símbolo (nuestro Lazzaro) de una candidez peligrosa. La bondad transfigurada en carne viva y eterna que nos obliga a pensar quiénes somos y hacia dónde vamos.



Una película que nos obliga a mirarnos el ombligo, a mirar más allá de las apariencias, mediante un relato transparente, limpio de trampas conceptuales y trucos innecesarios y que parece abrir (si es que el público se entera y se libra de la maraña del ocio-espectáculo con el que nos bombardean a diario, a veces en forma de cine) una nueva senda a un cine neo neorealista, con enriquecedoras notas de una delicada fantasía...



Una vez más, el mejor cine casi pasa desapercibido. Para verlo en salas en Zaragoza deberían darse prisa ya que desaparecerá en breve. De todos modos, apúntenla en su agenda e intenten verla aunque sea por otros medios. Este cine parece que está condenado al consumo casero. Una pena, ya que las salas de cine, siguen siendo el mejor lugar para el cine...

Roberto Sánchez

-Aragonia-