jueves, 25 de octubre de 2018

Burning (Buh-ning, 2018)****

Dir: Chang-dong Lee
Int: Ah-In Yoo, Steven Yeun, Jong-seo Jeon, Soo-Kyung Kim, Seung-ho Choi, Seong-kun Mun

De modo habitual, el director coreano Chang-dong Lee ha escrito los guiones de sus películas. Nacido en 1954, sólo ha firmado seis largometrajes. No era extraño que le llamara la atención el cuento Barn Burning del japonés Haruki Murakami, incluido en el libro de relatos El elefante desaparece, de 2005, aunque en España, traducido, no se editó hasta el año 2016. Barn Burning (literalmente sería "quemando el granero"), por cierto, también es el título de un relato corto de William Faulkner (editado en 1939), escritor que gusta bastante a Murakami, y también a su protagonista, recreado por Chang-dong Lee y Jungmi Oh (los adaptadores al cine del relato), que ahora se llama Jong-su Lee, interpretado con la habitual eficiencia de los actores coreanos por Ah-In Yoo.  No era extraña la coincidencia por que las historias de Murakami y Chang-dong Lee suelen caracterizarse por un obsesivo fatalismo que como una maldición divina, se impone sobre el destino de sus personajes.



Jong-su Lee (escritor aficionado y granjero por herencia familiar) se gana la vida como puede en la ciudad haciendo de mensajero. Al hacer una entrega, se encuentra por casualidad con Shin Hae-mi (Jong-seo Jeon), una chica que vivía en su vecindario y de la que se enamora a primera vista. La joven le pide que cuide a su gato durante un viaje a África. A su regreso, Hae-mi le presenta a Ben (Steven Yeun), un joven misterioso y con dinero que conoció allí. Un día, Ben revela a Jong-su Lee un pasatiempo muy extraño... 



El tejido narrativo creado por Chang-dong Lee es un sólido tapiz, preciso en su diseño, implacable en su destino, pero se las arregla para ir sugiriendo dibujos inquietantes. Bajo ese tapiz hay otros mundos insospechados. El casi autismo de Jong-su, la eterna sonrisa de Ben, la desesperación vital de Hae-mi, oculta trás su escapada continuada (a África, etc.), y propensa a aislarse de la realidad, el gato que está pero no está..., en fin una de las películas más sugerentes del año.



Por si fuera poco, en una de las mejores secuencias del film (deben descubrirla por su 
cuenta) el fondo musical escogido es un tema de Miles Davis, que nos habla de la estudiada 
perfección de un encaje artístico, de la fusión entre la imagen y la música que es en ocasiones sublime (entre el cine y el jazz, en este caso), puro cine. Además, estamos ante todo un homenaje a Murakami que ama profundamente este estilo musical como ha dejado claro en algunos de sus escritos (y en especial en su ensayo Retrato en jazz, de 1997).



Los que tengan algún reparo al cine coreano deben superarlo, seguramente estamos ante una de las cinematografías con mejor estado de salud del planeta. Además de Chang-dong Lee, yo les recomiendo que se apunten los siguientes nombres: Sang-Soo Hong, Ki-duk Kim, Chan-wook Park, Joon-ho Bong y Sang-ho Yeon, que son la punta de un inmenso iceberg, realizadores con sensibilidades y estilos muy variados que van desde el cine de géneros (terror y ciencia ficción) a la experimentación, pero siempre con miradas bastante personales y una calidad formal incuestionable.

Roberto Sánchez

-Aragonia-

miércoles, 24 de octubre de 2018

Ha nacido una estrella (A Star Is Born, 2018)**

Dir: Bradley Cooper
Int: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Rafi Gavron, Andrew Dice Clay, Anthony Ramos, Bonnie Somerville, Dave Chappelle, Michael Harney, William Belli, Rebecca Field, D.J. Pierce, Steven Ciceron, Andrew Michaels, Jacob Taylor, Geronimo Vela, Frank Anello, Germano Blanco, Ron Rifkin, Alec Baldwin

La autodestrucción del ser humano 

Bradley Cooper es un conocido y exitoso actor y, recientemente, también director y guionista (además de haber participado como productor en más de una decena de series de televisión y largometrajes) que se dio a comocer 
(allá por el año 2001) a través de la serie Alias del mago J.J. Abrams. Desde el comienzo del nuevo milenio hasta hoy, su filmografía como actor es bastante irregular, abundando en series y títulos comerciales como De boda en boda (David Dobkin, 2005), Boda por contrato (Tom Day, 2006), Resacón en Las Vegas (Todd Philips, 2009), etc. Unos pocos títulos destacables, como La gran estafa americana (David O Russell, 2013) y, especialmente, El francotirador (Clint Eastwood, 2014), hacen subir su caché como actor. Lo que aprovecha para incrementar su cuenta corriente con, de nuevo, la comercial saga de Guardianes de la galaxia I y II (2014 y 2017), aunque sólo ponga en ella la voz de Rockett, y con Vengadores: Infinity War (2018). 



Hago esta exposición previa porque, además de avispado, (en el filme de Eastwood también metió pasta como productor, lo que seguro que le rentó lo suficiente para poder lanzarse ahora a la producción de sus propios proyectos), está claro que a Bradley le gusta mucho el dinero, y ha visto en la revisión y remake de un clásico melodrama como Ha nacido una estrella (del que ya existían  tres versiones que ahora pasaré a comentar), una clara oportunidad comercial jugando a lo seguro y, además, captando al público joven y adolescente mediante la incorporación de la popular estrella de la canción pop actual Lady Gaga a este proyecto fílmico en el que se estrena como director sin arriesgar demasiado. 



Ha nacido una estrella (traducción literal del título original en inglés A Star Is Born), es una historia que mezcla el melodrama al estilo tradicional de Hollywood con el cine musical, fusión que ha dado dos obras maestras. La primera de ellas, data de 1937, y la dirigió William A. Wellmann sobre una historia original creada por él mismo y por Robert Carson. La pareja estuvo formada por Fredric March (Norman Maine) y Janet Gaynor (Esther Blodgett), y, además de ganar el Oscar al Mejor Guión original obtuvo 7 nominaciones más en los premios Oscar. 



Habría que esperar hasta 1954 para que otro gran director, George Cukor, reuniera a una gran pareja formada por Judy Garland y James Mason  para resucitar al artista fracasado Norman Maine y a Esther, una cantante en alza (¿les va sonando el argumento y los nombres respecto al filme de Cooper, verdad?). El guión corría de nuevo a cargo de William A. Wellman y Robert Carson, que contaron también con las aportaciones de Moss Hart, Dorothy Parker y Alan Campbell. Esta vez fueron 6 las nominaciones a los Oscar, destacando las de los protagonistas Garland y Mason (también Globos de oro y muchos otros premios). 



Y llegamos así hasta los años 70 para que a mediados de dicha década, la mina de oro creada por Wellmann y Carson volviera a llevarse a la pantalla de la mano del director y actor Frank Pearson, que juntó a la gran cantante Barbra Streisand (en la cima de su carrera) y al también actor y cantante Kris Kristofferson para dar vida a Esther y a Norman (ésta vez John Norman, van alternando nombre y apellido para despistar un poco). En esta ocasión, Kristofferson encarna a un cantante rockero alcohólico pero también adicto a las drogas (como era de esperar en los 70). Aunque artísticamente no es la más brillante, la pareja musicalmente es de altura (Oscar a la Mejor canción más 4 nominaciones más) y, para mí (aunque tendría que revisarla) superan de largo a la pareja Gaga/Cooper si sumamos sus cualidades vocales y actorales (estamos hablando de la Streisand que, además de ser una bestia vocal ha sido una actriz con una filmografía más que destacable). 



Y así llegamos a este 2018 con esta “nueva” versión de Bradley Cooper (bastante talludito ya para ser pareja de una Lady Gaga, que ha cumplido tan solo 32 añitos). Predecible y repetitiva (los cinéfilos que hemos visto las anteriores nos sabemos de memoria la historia), su metraje se hace además excesivo (dos horas y cuarto para contar algo que en hora y media sería más que suficiente). La primera parte aguanta, pero a mitad se comienza a desinflar y a perder fuelle, al igual que el papel de Cooper, que le va dejando un progresivo protagonismo a la Gaga mientras él se diluye como un azucarillo. La larga duración es el soporte o excusa para meter bastantes números musicales bien ejecutados tanto por Cooper como por la Gaga, pero pesando más la parte musical que el drama, el conjunto se hace bastante pesado a pesar del espectacular Dolby Atmos y la garganta prodigiosa de Lady Gaga, que por otra parte, en su primer papel en la pantalla grande, sorprende por las ganas, fuerza y calidad de una cantante a la que hasta ahora no se la podía considerar actriz, a pesar de haber participado ya en series de televisión y cuidar bastante el aspecto interpretativo en sus shows y videoclps. 



El filme de Cooper (que seguro que ha aprendido buenas maneras de Clint Eastwood cuando coincidieron en El francotirador) es muy parecido al de 1976, especialmente por el rollo rockero y anfetamínico y por eso del revival setentero que vivimos en el cine, y poco o nada aporta ya a una historia magistralmente narrada por directores de la talla de George Cukor o William A. Wellmann. Quizá Clint Eastwood hubiera logrado un melodrama de mayor profundidad, con una excelente banda sonora y con esa magia tan especial que hace que él sea el útimo gran director clásico que le queda al cine norteamericano. Quizá Cooper se lo propusiera antes a Eastwood, que bien le pudo responder: “Oye, chaval….eso ya lo han hecho otros...y muy bien, antes que yo...pero tú que eres joven y estás empezando,…adelante...en estos tiempos la memoria cinematográfica del espectador es como la de un mosquito...”. 

Pues eso,...que los que tenemos memoria cinematográfica y artística tenemos ese “inconveniente”. Aún así, le doy a Cooper un aprobado alto, pero no pretendan que le dé la misma nota que a Cukor o Wellmann. Como diría el tio Clint….”Muchacho….esos juegan en otra liga...”. Y él también. Eastwood...te echo de menos.

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo- 

lunes, 22 de octubre de 2018

Climax (2018)**

Dir: Gaspar Noé
Int: Sofia Boutella, Romain Guillermic, Souheila Yacoub, Kiddy Smile, Claude Gajan Maull, Giselle Palmer, Taylor Kastle, Thea Carla Schott, Sharleen Temple, Lea Vlamos, Alaia Alsafir, Kendall Mugler, Lakdhar Dridi, Adrien Sissoko, Mamadou Bathily. 

A Gaspar Noé (nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1963) le gusta la provocación y la polémica. Sus apuestas cinematográficas casi siempre escogen caminos complejos y temas tratados desde su vertiente más desagradable. Ha desarrollado su carrera profesional en Francia y su película Irreversible (2002), causó no pocos rechazos por la larga y difícilmente soportable escena de una violación (protagonizada por Monica Bellucci). Enter the Void (2009) y Love (2015), sus dos siguientes largometrajes, sin ser tan polémicos han despertado entre la crítica y el público más de una controversia. Para calificar su obra parecen ser igualmente válidos terminos como experimentación, cine primario y burdo, o cine sensible y delicado. Ahora con Climax, de nuevo, ha provocado más de una polémica, con numerosas deserciones entre sus espectadores, aunque en el Festival de Sitges (2018) ha logrado recientemente ser la ganadora del Premio a la Mejor Película.



De nuevo ha logrado provocar variados comentarios con su personal visión y reconstrucción de lo que fue un suceso real. A mediados de los años noventa, veinte jóvenes bailarines de danza urbana que se habían reunido para unas jornadas de tres días de ensayos en un internado en desuso situado en el corazón de un bosque, hacen su último baile común y luego festejan una última fiesta de celebración alrededor de una gran fuente de sangría. Pronto, la atmósfera se vuelve eléctrica y una extraña locura los atrapará toda la noche. Les parece obvio que han sido drogados, pero no saben por quién o por qué.



La situación caótica en la que se ven envueltos estos personajes le permite a Noé poner en funcionamiento toda una batería de recursos efectistas: iniciar el filme por la secuencia final y por los "créditos finales", utilizar unas grabaciones en vídeo del supuesto casting de los bailarines y así presentarnos a la variopinta galería de personajes con un punto de vista "televisivo" y confesional, insertar textos más o menos explicativos de algunas situaciones, invertir el punto de vista de la cámara, marearnos con ciertos desplazamientos de cámara  y apostar siempre por una grandilocuencia expresionista tenga sentido o no para la lógica de la narración.



Lo importante para Noé es transmitir el mareo, dejar que nos identifiquemos con la afloración de los más bajos instintos en un grupo de personas arrastradas por el frenesí, por la locura inducida por las drogas. 

A Gaspar Noé, casi siempre muy cuidadoso y aplicando a sus imágenes una cierta idea de lo verosímil, ha querido deslizarnos hacia la locura y el descontrol, afectando de manera demasiado evidente (y poco o nada original) a una puesta en escena deslabazada, rota y en la que los actores parecen tan desorientados como sus personajes después de ingerir el brebaje-sangria.



No es imposible de soportar (aunque las últimas secuencias decidídamente están concebidas para marear al espectador), así que aquellos que ya hayan visto alguna de sus películas y no se hayan sentido escandalizados, deberían volver a intentarlo. Los más pusilánimes deberían abstenerse. 
A mi, me ha gustado mucho menos que la dura e impactante Irreversible, aquí creo que hay "mucho ruido y pocas nueces". 

Roberto Sánchez

-Aragonia- 

viernes, 19 de octubre de 2018

La sombra de la ley (2018)**

Dir: Dani de la Torre
Int: Luis Tosar, Michelle Jenner, Vicente Romero, Ernesto Alterio, Paco Tous, Manolo Solo, Jaime Lorente, Pep Tosar, Fernando Cayo, William Miller, Adriana Torrebejano, Xosé Barato, Ricardo de Barreiro, José Manuel Poga, Elías Pelayo, Paula del Río, Albert Pérez. 

El director gallego Dani de la Torre (nacido en 1975) debutó en el largometraje con la alabada película de acción El desconocido (2015), con guion de Alberto Marini. Ahora, decide emular a grandes maestros del cine de gangsters como Martin Scorsese en La sombra de la ley, con guion de Patxi Amezcua que ha intentado trasladar esta trama típica del cine negro, un tanto inconexa, a la Barcelona de los años veinte. 





En concreto a 1921, en la que España vive un momento agitado y caótico: son los años del plomo, fruto de los violentos enfrentamientos callejeros entre matones y anarquistas. Ese momento parecía especialmente adecuado para incluir los pertinentes tiroteos y persecuciones. El gansterismo y los negocios ilegales están instalados en la sociedad. En esta situación de disturbios, Aníbal Uriarte (Luis Tosar) es un policía enviado a Barcelona para colaborar en la detención de los culpables del robo a un tren militar. Aníbal, recién llegado, parece adaptarse bien a las formas mafiosas del inspector Rediú (Vicente Romero), ganándose su confianza, pero enseguida comenzarán los enfrentamientos y desconfianzas. Aníbal entrará en contacto no sólo con los bajos fondos de la sociedad barcelonesa, en los que destaca un personaje especialmente repulsivo, conocido como El Barón (interpretado de modo muy convincente por un excelente Manolo Solo), sino también con el mundo anarquista más radical, dispuesto a todo para conseguir sus objetivos. Allí conocerá a Sara (Michelle Jenner), una joven luchadora y temperamental, cuyo encuentro tendrá consecuencias inesperadas para ambos.



Para contar esta historia, ambientada de modo muy libre en los Años de plomo, de la Barcelona de los años veinte en los que los pistoleros y matones contratados por la patronal, por un lado, y la acción directa de los sindicatos obreros anarquistas, por otra, convirtieron la ciudad en un reguero continuo de violencia, Dani de la Torre ha decidido mover la cámara con desenfreno (y yo diría que descontrol) para mostrarnos ese frenesí y sin razón que definía la situación. Ha optado por un estilo grandilocuente y una reconstrucción ambiental espectacular (esta sí muy destacable) que nos permite viajar a los años veinte, pero acercándonos más que a la Barcelona de esa época, a la visión "idealizada" de la Norteamérica que nos daba la serie Boardwalk Empire (2010-2014), creada por Terence Winter, producida, entre otros, por Martin Scorsese que también dirigió alguno de los capítulos iniciales.



Al final, podría ser un capítulo (algo largo) de esa serie que igualmente destacaba por un diseño de producción espectacular en la que la acción, ahora, es algo más hispana, mostrándonos de soslayo el movimiento obrero y las primeras reivindicaciones de las mujeres trabajadoras. Los actores hacen un esfuerzo de caracterización elogiable, aunque a mi me siguen pareciéndo algo forzados y ridículos, en su afán por aproximarse a los modelos estereotipados del cine norteamericano de gangsters. En definitiva, un quiero y no puedo, que a pesar de todo alberga algunos valores. Dani de la Torre parece estar haciendo un muestrario de las posibilidades de la cámara en movimiento, de lo bien que se maneja para trabajar con los numerosos figurantes que rellenan las escenas y del manejo de los trucajes digitales para retroceder en la historia hasta la arquitectura y urbanismo de la época retratada.




Muchos juegos de artificio y muy poca profundidad en los personajes y en la historia.

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

jueves, 18 de octubre de 2018

Carrasca (2018)*** Referencia esprés 19

Dir: Alejandro Cortés


Un testamento en vida y una road movie sobre ser mujer, artista, abuela, madre y esposa, y sobrevivir a ello en un mundo de hombres. La veterana pintora Teresa Ramón nos transporta al corazón del proceso creativo, a sus renuncias y retos, en el viaje de vuelta de su experiencia con la muerte. 

El responsable en el guion, la producción y la dirección es Alejandro Cortés, joven realizador aragonés, formado en la Universidad del Cine de Buenos Aires, con un interesante largometraje de ficción titulado Refugios (2015), previo a esta aventura documental, marcada por el cuidado estético y el respeto a la trayectoria vital y creativa de una artista plástica oscense, de reconocido prestigio pero que decidió quedarse en Huesca, ser madre, abuela y nunca renunciar a su faceta artística y docente. 

Pude disfrutarla, durante el pasado Festival de Huesca (Edición 46, de 2018) y sigue proyectándose en muestras y festivales por todo el mundo. Recientemente, el día 16 de octubre de 2018, se ha visto en la Sección Oficial del 27º Festival de Cine de Madrid, ..

Roberto Sánchez.