Dir: Fernando González Molina
Int: Mario Casas, Adriana Ugarte, Macarena García, Alain Hernández, Berta Vázquez, Emilio Gutiérrez Caba, Celso Bugallo, Laia Costa, Fernando Cayo, Djedje Apali, Emilio Buale.
La película de Fernando González Molina apuesta de modo descarado por un tratamiento de superproducción grandilocuente, partiendo de los materiales que le ofrece el best seller de Luz Gabás. De entrada ha logrado tener a la Warner como distribuidora y una campaña publicitaria potente que parece estar garantizando unos buenos rendimientos en taquilla; y como puede comprobarse se ha estrenado en seis salas de la ciudad de Zaragoza, como cualquier superproducción norteamericana.
Historia de nuestro pasado colonial en África, nueva en nuestras pantallas y a priori atractiva para el público español, contada a la americana, simplificada y sin sorpresas. Por cuestiones de producción (y quizás también para evitar problemas político-administrativos) se ha rodado entre las Islas Canarias y Colombia, además de las necesarias localizaciones pirenaicas.
A nosotros nos hubiera gustado que se rodara realmente en África, en Guinea. Al menos hubiera sido un paso adelante en el tratamiento cinematográfico de las novelas de tema colonial ambientadas en el golfo de Guinea.
La novela de George Simenon Le coup de lune, escrita en 1933, ambientada en Gabón, fue adaptada al cine en Équateur, un film de Serge Gainsbourg del año 1983, protagonizado por Francis Huster y Barbara Sukowa, rodado en efecto en localizaciones en Gabón, pero dándole máximo protagonismo a los actores blancos y sus tórridas relaciones sexuales. Menos tiempo hace de la segunda adaptación de la novela titulada Adela, dirigida por el argentino Eduardo Mignona en el año 2000, una coproducción entre Argentina y España, que sitúa la acción en Bolivia (rodada en realidad en los parajes de Jujuy en Argentina y en Barcelona), traspasando la historia de Simenon a un ambiente latinoamericano, provocando tal acumulación de desatinos que la convierten en fallida. En esta adaptación cinematográfica están presentes algunos tópicos propios de la novela colonial, convenientemente adaptados al caso hispano, que nos evocan la novela de Simenon y sus dos versiones cinematográficas.
Con Palmeras en la nieve, partimos de la situación previa a la descolonización en la Guinea española y volvemos en la actualidad, acompañando a Clarence (Adriana Ugarte), la heredera del hijo mayor (Jacobo, interpretado por Alain Hernández) de Antón (Emilio Gutiérrez Caba), el patriarca, que nunca volvería a la tierra, entre las nieves, que le vio nacer.
Primero Luz Gabás en su novela, y ahora Sergio G. Sánchez, el habitual guionista de Fernando González Molina, que ha adaptado la novela de la escritora oscense, han vuelto al Golfo de Guinea, ahora ambientando la acción entre Bioko (Fernando Poo), y los nevados paisajes del Pirineo Aragonés. Pero el rodaje, como dijimos, no ha tenido lugar en África y aunque se ha recurrido a localizaciones en las Islas Canarias y Colombia de gran belleza, no resultan suficientemente convincentes y se termina por echar en falta los auténticos paisajes africanos, a pesar de que en general la ambientación es correcta, salvo por algunos detalles en cuanto a comportamientos sociales que han sido suavizados o "modernizados".
Mario Casas (Killian, en la ficción) es un actor joven de gran popularidad, por otro lado muy querido del director con el que ya incorporó a "H" en dos de sus éxitos (Tres metros sobre el cielo, en 2010, y Tengo ganas de ti, en 2012) y de ahí su protagonismo. A veces, popularidad y atractivo físico están alejados de la calidad interpretativa, y éste es un buen ejemplo. Con diferencia es el personaje menos creíble y buena culpa la tienen actor y director, que probablemente pensaban en atraer también a un público más joven -el que ya acudió a ver a Mario Casas en las citadas películas- que no ha leído la novela.
Con todo, la película aporta alguna que otra virtud a la hora de transmitir ciertas realidades de nuestro pasado colonial reciente, y, a pesar de apostar por un tono melodramático algo cargante y algunas secuencias más pensadas para vender unas vacaciones en los trópicos que otra cosa, el resultado final es medianamente entretenido.
Un lugar donde volver...
Antonia Bordonada
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Aragonia, Cervantes, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Dir: Pablo Larraín
Int: Roberto Farias, Antonia Zegers, Alfredo Castro, Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell, Marcelo Alonso.
No nos gusta en "Los cines de Robersan" hacer balances, pero resulta necesario destacar el valor de esta película del chileno Pablo Larraín. Y lo decimos por que seguramente estamos ante la mejor realización del año. Estuvo poco tiempo en la cartelera comercial zaragozana, pero con un criterio excelente, la recuperó la programación del cine club Cerbuna de la Universidad de Zaragoza. Allí fue donde pudimos ver esta estupenda creación cinematográfica. El 24 de diciembre, "Días de cine", espacio dedicado al cine de RTVE, también la situó como primera en su ranking de las mejores películas internacionales del año y, en general, la crítica especializada la ha valorado entre las mejores.
El cine latinoamericano atraviesa un buen momento y la trayectoria del chileno Pablo Larraín no hace más que ratificarlo. Ya nos parecieron muy destacables sus trabajos anteriores, sobre todo, Tony Manero (2008) y No (2012).
En El Club nos encontramos con cuatro hombres mayores (El Padre Vidal / Alfredo Castro, El Padre Silva / Jaime Vadell, El Padre Ortega / Alejandro Goic y El Padre Ramírez / Alejandro Sieveking), residentes en una casa afincada en un pueblo costero de la zona central de Chile, donde no pasa mucho. Una monja (La Hermana Mónica / Antonia Zegers) se encarga de que respeten un régimen bien definido, que en teoría incluye horarios estrictos y oración en abundancia. La mayor distracción permitida consiste en asistir a las carreras de galgos que se efectúan en el pueblo, en las que apuestan con su posesión más preciada. Pero la quietud a la que están acostumbrados se ve amenazada cuando a la casa llega el Padre Lazcano (José Soza). Así, rutinas y hábitos, crímenes y pasado, se verán removidos por encima de sus deseos. Pablo Larraín, Guillermo Calderón y Daniel Villalobos han escrito un guión de gran perfección, que funciona como un mecanismo de relojería.
Han sido capaces de enlazar varios elementos temáticos con habilidad y eficiencia. La reciente historia de Chile (muy marcada por el golpe de estado y el régimen de Pinochet), los numerosos casos de pedofilia en la Iglesia Católica y el conocimiento de indagaciones tan sólidas en las profundidades de la psicología humana como las que ofrece Jean-Paul Sartre en A puerta cerrada (Huis Clos), una pieza teatral de 1944, que, aunque sea lejanamente, les da a los guionistas un escenario interior y exterior. Una de las frases más célebres de Sartre, procede de esta obra y podría aplicarse muy bien a El Club: "El infierno son los otros" ("L´enfer, c´est les autres"). La obra teatral de Sartre fue adaptada unas cuantas veces al cine, destacándose la dirigida por Jacqueline Audry en 1954, que no tuvo estreno comercial en España. Ni el guión, ni la realización pretenden adaptar la obra de Sartre, pero logran aunar la profundidad de análisis psicológico, que algo le debe al filósofo y dramaturgo francés, con aspectos argumentales de actualidad, habitualmente obviados por los poderes establecidos y sus medios de comunicación que prefieren olvidar o sepultar mediante toneladas de naderías espectaculares y vacías de sentido.
Con una gran precisión y sin concesiones va mostrándonos las retorcidas personalidades de unos seres aparentemente normales, pero cuyos crímenes se adentran en los territorios del horror más profundo, aunque no por ello la película pierda un ápice de su realismo. Una sólida y brillante interpretación de actores y un trabajo fotográfico que nos transporta a una tierra de grises y penumbras (de Sergio Armstrong, habitual director de fotografía de Larraín), imágenes que nos atrapan y nos sujetan a un ámbito en el que no queremos estar, pero al que Larraín nos obliga a seguir mirando.
Estos "curitas" son culpables de pedofilia, secuestro y tráfico de niños, y en algún caso de colaboración directa en los asesinatos del régimem de Pinochet; una colección de deformidades, las de estos sacerdotes que durante demasiados años fueron toleradas (y convenientemente ocultadas), pero con las que Larraín (y sus guionistas) no están dispuestos a transigir. La postura oficial, todavía no demasiado clara, de la Iglesia ante estos individuos queda también retratada en la figura del Padre García (Marcelo Alonso), que llegará a la casa para intentar cerrarla y poner "orden" después de unos sucesos que han removido las "aguas sucias" de estos peculiares inquilinos...
Por su valor simbólico, por la eficiencia de sus actores y por la magnífica realización de Larraín, sin duda la mejor película de 2015.
Roberto Sánchez
Antonia Bordonada
Dir: J.J. Abrams
Int: Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Carrie Fisher, Oscar Isaac, Adam Driver, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Gwendoline Christie, Lupita Nyong'o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Mark Hamill, Peter Mayhew, Kenny Baker, Katie Jarvis, Christina Chong, Miltos Yerolemou, Warwick Davis, Daniel Craig
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Esta "franquicia" cinematográfica ha logrado, desde hace muchos años, despertar una gran espectación. El estreno reciente del que será el episodio VII, ha provocado todo un revuelo publicitario y un éxito masivo más allá de cualquier consideración crítica. Como consecuencia de ello, incluimos dos puntos de vista sobre el film bastante opuestos, con sus respectivas valoraciones.
Bajo el punto de vista de Gonzalo J. Gonzalvo ****
Hace mucho mucho tiempo...en una galaxia muy muy lejana...Un director de cine llamado George Lucas hizo soñar a toda la humanidad con un film de ciencia ficción titulado La Guerra de las Galaxias. Ahora, terminando el año 2015, un año que en nuestra niñez y adolescencia nos remitía sin duda a un futuro galáctico con naves espaciales, descubrimiento de nuevos planetas y coches voladores, ha llegado de nuevo a nuestras pantallas y a nuestra vida Star Wars: El despertar de la fuerza. Continuando la historia justamente después de lo que nos contaba la primera trilogía, 30 años después de El Retorno del Jedi (el episodio VI en el cómputo de toda la saga galáctica), la galaxia sigue en conflicto. La "Primera Orden" ha sustituido al siniestro Imperio de Darth Vader, y la República reorganiza la resistencia con nuevos personajes clave (entre ellos un simpático androide, un soldado de choque desertor de la Primera Orden y una joven chatarrera). Todos ellos deberán enfrentarse a las fuerzas del mal comandadas por Kylo Ren, un digno admirador de la figura tenebrosa de Darth Vader. Con una dirección experta en manos de J.J.Abrams, que ya demostró su pericia reactivando y renovando la saga galáctica de Star Trek, y un guionista archipremiado y también experto, como Lawrence Kasdan (Fuego en el cuerpo, Reencuentro, Grand Canyon, etc.), El despertar de la Fuerza es un film que devuelve la magia y la ilusión a todos los espectadores que crecieron con la trilogía original, y estoy seguro de que captará numerosos adeptos a "la fuerza" entre las nuevas generaciones. Todo ello es mérito de Abrams y de Kasdan; pero también de todos los actores veteranos, de los nuevos, y de todo el ingente personal técnico que ha trabajado para lograr que esta película respire y transmita un respeto y un profundo amor hacia la trilogía clásica que comenzaba en el episodio IV (La guerra de las Galaxias) y continuaba con El imperio contraataca, finalizando en El retorno del Jedi. Una nueva y fascinante trilogía arranca pues aquí; una nueva trilogía que, sin duda, hará casi prescindible a la anterior (episodios 1 a 3). En definitiva, cine de aventuras y de ciencia ficción unidos al alimón con mayúsculas. Los temas universales que siempre triunfan (la lucha del bien contra el mal); la figura del héroe legendario y de la heroína (estupenda la chatarrera Rei encarnada por Daisy Ridley). El film introducen también la transición y el relevo entre un héroe clásico de la saga (el Han Solo interpretado por Harrison Ford) y otro nuevo (el piloto de caza espacial Dameron). Queda por ver sí, dentro de los nuevos personajes, su carisma llegará a la altura de un Luke Skywalker, la Princesa Leia, el siniestro Darth Vader o el propio Han Solo. De entre las nuevas figuras, hay para mí una que ha nacido con indudable carisma, y me refiero a Rei, la guerrera chatarrera interpretado por la actriz Daisy Ridley. En El despertar de la fuerza, la nostalgia y la emoción conviven a partes iguales con el entretenimiento. Personajes legendarios como el robot C3PO, interpretado nuevamente por Anthony Daniels, el Han Solo encarnado de nuevo por Harrison Ford ; o una princesa Leia que reconocemos perfectamente (con unos cuantos años más), en la piel de Carrie Fisher, aportan el peso y el carisma de unos veteranos (a los que se añade la clase y magnetismo indiscutible del gran Max Von Sydow). Y todos ellos comparten escenas y pantalla con las nuevas figuras. Todo un ejercicio de respetuosa puesta en escena que actúa sobre el espectador como un arma fílmica y de atracción tan poderosa como la Estrella de la Muerte, o la propia "Fuerza", encandilando a espectadores de todas las edades.
Les aconsejo que vayan a las salas a disfrutar de El despertar de la fuerza y vuelven a ser niños, adolescentes y jóvenes. Esos que fuimos y que aún somos en nuestro interior. Y que, por supuesto, a todos "La Fuerza" les acompañe siempre para vencer al mal y las tinieblas.
Bajo el punto de vista de Roberto Sánchez **
No es lo más habitual, pero puede ocurrir que no coincida con la opinión sobre una película de nuestro colaborador Gonzalo J. Gonzalvo. Que conste que aún respetando su valoración y su justificación, a mi esta nueva entrega de Star Wars me parece muy muy floja y muy muy vieja. De hecho, la insidiosa y machacona campaña publicitaria y todo el merchandising que la rodea, supone una poderosa pantalla que emborrona la verdad sobre esta inane y poco original recuperación de la Saga Galáctica. En realidad estamos ante la más floja realización, de momento, de J. J.Abrams y uno de los peores y más torpes guiones de Lawrence Kasdan (en general un buen guionista, pero que ya ha cometido errores en más de una ocasión, y este es uno de ellos) en colaboración con Michael Arndt y el mismo Abrams. Todos (Abrams, Kasdan y Arndt) han seguido las órdenes de la nueva propietaria de la franquicia (la Disney) aunque se cayera en la vulgaridad más absoluta: acrecentar la "simploneria", la infantilización y la repetición (casi sumisión) a la línea argumental que se pudo ver en la ya legendaria primera entrega que dirigiera George Lucas en 1977, y que, con el tiempo, en lo que respecta a sus valores cinematográficos, ha sido cada vez más puesta en entredicho. Las semejanzas son tales que no puedo entender como Kasdan, Arndt y Abrams (Kasdan ya escribió El imperio contraataca, junto a Leigh Bracket, en 1980, logrando que se la considerase como la mejor película de toda la saga) hayan cobrado, simplemente por ir “remozando” los sucesos que se cuentan en la trilogía inicial (en realidad los capítulos IV, V y VI). La falta de originalidad, los chistes facilones, el ñoño e insufrible nuevo robot (BB-8) que, por cierto, le debe mucho a otro producto infantilizador del género como WALL.E (el personaje de Andrew Stanton y Pete Docter convertido en película en el año 2008), hacen que los que ya vamos teniendo canas tengamos la sensación de que se nos ha tomado el pelo. El que firma esto fue a ver el film con ilusión, es un devoto de la buena ciencia-ficción, sitúa a 2001: Una odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, entre las mejores películas de toda la historia, incluso confiaba en el trepidante sentido del ritmo de J. J. Abrams, capaz de recuperar otra saga fantacientífica como la de Star Trek con buen criterio y respeto, o de mantenernos en vilo a medio planeta con las seis temporadas de la serie Perdidos; a pesar de todo ello, solo pude admirar, en todo el lío de idas y venidas de las naves en combate (seguro que muy reaprovechables en los videojuegos), la capacidad que tiene para copiarse a sí mismo el compositor John Williams, con nuevos arreglos de melodías y fanfarrias sobradamente conocidas. Tengo la sensación de que esos, precisamente, han sido los planteamientos de los continuadores de la saga: ¿Para qué crear nada nuevo, si lo que ya estaba hecho en 1977, funcionaba tan bien?
Los padres y abuelos que hayan acompañado a su parentela, y hayan olvidado las viejas entregas no tienen que preocuparse. Estamos ante una fotocopia idéntica (aunque convenientemente digitalizada). Ni siquiera los gráficos y trucajes nos pueden sorprender demasiado, aunque hay que reconocer que se han gastado un poco más que en los chapuceros trabajos de digitalización para el reestreno que tuvo la primera trilogía y el rodaje de la segunda. Con todo, ya nos habían acostumbrado a ver con un nuevo "look" el universo Star Wars.
Atendiendo a los valores más puramente cinematográficos esta película es un desastre y no augura nada bueno para sus continuaciones (mínimo, otras dos). En cuanto a sus rendimientos en taquilla, seguramente es fácil predecir que batirá récords importantes, hará más ricos a Abrams y a la Disney. Hollywood ha logrado convencernos, desde hace muchos años, de que su basura es pura delicia y, si está bien empaquetada y superficialmente brilla lo suficiente, nos abalanzamos a consumirla aunque apeste a lo peor de una cultura reaccionaria que pretende embrutecernos y convertirnos en seres sin capacidad de discernimiento, una capacidad del ser humano –la de razonar– que, aunque no lo crean, también es útil a la hora de la diversión. La "fuerza", lamentablemente, no nos acompaña...
Dir: Matteo Garrone
Int: Salma Hayek, Vincent Cassel, Toby Jones, John C. Reilly, Alba Rohrwacher, Bebe Cave, Shirley Henderson, Hayley Carmichael, Stacy Martin, Jessie Cave.
El elaborado y esforzado guión ha sido escrito por Matteo Garrone, Edoardo Albinati, Ugo Chiti y Massimo Gaudioso, e intenta, con un dudoso éxito, adaptar libremente al napolitano Giambattista Basile (1575-1632), escritor responsable de una colección de cuentos, Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille que publicó póstumamente su hermana en dos volúmenes en 1634 y 1636. Fueron escritos siguiendo el modelo del Decamerón de Boccaccio, por lo que es conocido como el Pentamerón desde 1674.
Ambientada en un Barroco reinventado, tomando elementos de cineastas tan dispares como Federico Fellini o Pasolini, narra, con tintes fantásticos, la historia de tres reinos y sus respectivos monarcas. Los de la Reina de Longtrellis (Salma Hayek) y su marido (John C. Reilly), la de dos misteriosas hermanas que encienden la pasión del Rey de Strongcliff (Vincent Cassel), y la del Rey de Highhills (Toby Jones), obsesionado con una pulga gigante, que le lleva a romper el corazón de su joven hija que termina en los brazos de un terrible Ogro. Libre adaptación de la citada obra del napolitano Giambattista Basile, rodada con elegancia, plasticidad y un brillante colorido, Garrone ha querido, parece, huir de los ambientes saturados de odio y realidad de sus últimos trabajos: Gomorra (2008) o Reality (2012). Pero lo cierto es que esta revisión "barroquizante" de las fábulas de Giambattista Basile ha querido incidir en los elementos más sucios y desagradables, en el "barro" y la porquería que habita tras los cortinajes y escenarios de ensueño, en esos mundos que más parecen de pesadilla y terror que de tierna fábula fantástica, y que intentan alejarse de una infantilización latente, y un tanto inevitable, que siempre acompaña al uso de efectos y trucajes que, a su vez, permiten visualizar esa pulga gigante, los variados monstruos y otras criaturas fantásticas que aparecen en el film.
Una pequeña decepción, producida sobre todo por el poco sentido de la medida en la duración de algunas secuencias, que devienen totalmente vacías de sentido, y por elegir esa estructura de entrelazamiento entre tres historias que podrían haberse contado perfectamente de modo independiente...
Roberto Sánchez.
-Aragonia-
Dir: Emilio Martínez-Lázaro
Int: Dani Rovira, Clara Lago, Karra Elejalde, Carmen Machi, Berto Romero, Belén Cuesta,
Rosa María Sardà, Alfonso Sánchez, Alberto López, Agustín Jiménez.
Las alarmas de Koldo (Karra Elejalde) se encienden cuando se entera de que su hija Amaia (Clara Lago), tras romper con Rafa (Dani Rovira), se ha enamorado de un catalán (Berto Romero). Decide entonces poner rumbo a Sevilla para convencer a Rafa de que lo acompañe a Cataluña para rescatar a Amaia de los brazos del joven y de su ambiente.
Este nuevo guión de Borja Cobeaga y Diego San José, pretende y logra darle continuidad a Ocho apellidos vascos (2014), que también dirigió Emilio Martínez-Lázaro. Mezclando el estilo de las comedias norteamericanas de éxito más inanes y superficiales, al de gloriosas figuras de la comedia hispana más rancia como las facturadas por los Ozores o Paco Martínez Soria, y después del aparatoso éxito de público, a los productores, Álvaro Augustín y Gonzalo Salazar-Simpson, no les ha quedado otro remedio que repetir la fórmula, y parece que los resultados económicos volverán a ser excelentes, al igual que en la primera entrega.
Afrontar crítica de un producto de estas características, no es sencillo. Si hubiera que valorar los aspectos más creativos (entiéndase artísticos), habría que puntuarla seguramente más abajo del cero, pero es necesario reconocer que el cine es también un modo de ocio y entretenimiento. Para muchos, no debería ser otra cosa y por tanto, dentro de sus planteamientos de búsqueda de puro entretenimiento (al que se suma un ¿estudiado? proceso de atontamiento del público medio), ésta sería una película sobresaliente. Y desde la vertiente más puramente económica (el cine también es industria) supone un éxito pleno, que probablemente provocará más secuelas e imitaciones.
Les prometo que está será la última crónica que yo le dedique a esta saga, si se cumple el augurio de su continuidad directa o indirecta.
Insisto, para mi, es difícil de valorar una película que se aleja conscientemente de la creación, para entregarse a la producción meramente artesanal de un espectáculo de ocio intrascendente, y lo que es peor, profundamente deformador de una realidad tan dura como la que está viviendo España. Ah, y es tan poco recomendable como la de los apellidos vascos.
Al final, me he decidido a valorarla del mismo modo que la primera entrega, por que algunos de los excelentes profesionales que la han construido siempre merecen un respeto. La suma al reparto actoral de Rosa María Sardà, y su parodia de lo que puede ser una "señorona" catalana; a lo que hay que añadir los bellos arreglos musicales de Roque Baños, con su peculiar remembranza sinfónica -que resulta irónica al mismo tiempo- de las melodías tradicionales vascas, catalanas y andaluzas, merecen reconocimiento, y me hicieron medianamente soportable "el producto". De todo lo demás, mejor no hablar...
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-