jueves, 8 de noviembre de 2018

Quién te cantará (2018)****

Dir: Carlos Vermut
Int: Najwa Nimri, Eva Llorach, Carme Elías, Natalia de Molina, Julián Villagrán, Vicenta N'Dongo, Inma Cuevas, Ignacio Mateos, Catalina Sopelana.

Lila Cassen (Najwa Nimri) era la cantante española con más éxito de los noventa hasta que desapareció misteriosamente de un día para otro. Diez años después, Lila prepara su triunfal vuelta a los escenarios pero, poco antes de la esperada fecha, pierde la memoria al sufrir un accidente. Violeta (Eva Llorach) vive dominada por su conflictiva hija Marta (Natalia de Molina). Cada noche escapa de su realidad haciendo lo único que la hace feliz: imitar a Lila Cassen en el karaoke donde trabaja. Un día Violeta recibe una fascinante propuesta: enseñar a Lila Cassen a volver a ser Lila Cassen.

Una impecable banda sonora de Alberto Iglesias acompaña las sugerentes imágenes de este hipnótico film. Alberto Iglesias también se ha ocupado de arreglar temas como "Procuro olvidarte", de Manuel Alejandro y Ana Magdalena, importantes para embellecer y centrar una trama envolvente, preciosista pero oscura, que interpretan las voces de Eva Amaral (cuando canta Violeta/Eva Llorach) y Najwa Nimri,  "Quién te cantará" de Juan Carlos Calderón (que también suena en las voces de los que lo popularizaron en su momento: Mocedadades), o "Ni tú, ni nadie", de Nacho Canut y Carlos García Berlanga.



Carlos Vermut, o lo que es lo mismo Carlos López del rey, tiene una trayectoria como director todavía poco extensa que se limita a tres cortometrajes y tres largometrajes. Diamond Flash (2011), su primer largo tuvo una distribución limitada a internet, pero le permitió darse a conocer a la industria, además de mostrtar a una actriz estupenda como Eva Llorach, que ahora repite; Magical Girl (2014), supuso un aldabonazo, tanto por la historia  como por los trabajos de sus protagonistas Luis Bermejo y Bárbara Lennie. Con esta película, Vermut convova, como en un sortilegio, los nombres de realizadores tan atractivos y complejos como Stanley Kubrick o Michael Haneke, pero no los plagia, al contrario logra una síntesis que da como resultado un estilo bastante personal. 



Vermut, acostumbrado a las síntesis narrativas del arte del cómic, en el que desarrolló sus habilidades artísticas previamente a su salto cinemático, vuelve a tomar aspectos de otros maestros del cine (sin plagiar, sin copiar) como Luis Buñuel, Pedro Almodóvar o Ingmar Bergman. Los cinéfilos más avispados serán capaces de localizar esos guiños, pero deberán reconocer que Vermut está logrando construir una mirada muy personal y con evidentes cualidadades hipnóticas en la cadencia y el ritmo de sus imágenes, en el desarrollo azaroso de sus argumentos, siempre escritos por el mismo, siempre trufados de un humor sutil, acerado, capaz de indagar en las heridas que va provocando la vida.



Una vez más, ha logrado un excelente rendimiento en sus actores que logran enfrentarse a la complejidad de sus personajes, nunca monolíticos, siempre entrañables, aún en las situaciones más terribles. 

El cine español puede seguir confiando en Carlos Vermut...

Roberto Sánchez

-Aragonia, Palafox-

martes, 6 de noviembre de 2018

El ángel (2018)****

Dir: Luis Ortega
Int: Lorenzo Ferro, Chino Darín, Mercedes Morán, Daniel Fanego, Luis Gnecco, Peter Lanzani, Cecilia Roth, William Prociuk, Malena Villa. 

Carlitos (Lorenzo Ferro) es un joven de diecisiete años con fama de estrella de cine, rizos rubios y cara de bebé, algunos dicen que se parece a Marilyn Monroe. Ya en su adolescencia manifestó su verdadera vocación: ser un ladrón. Cuando conoce a Ramón (Chino Darín) en su nueva escuela, Carlitos se siente inmediatamente atraído por él y quiere llamar su atención. Juntos se embarcarán en un viaje de descubrimientos, amor y crimen. Debido a su apariencia angelical, la prensa llama a Carlitos 'El ángel de la muerte', y no le falta algo de razón. Llama la atención por su belleza, pero también por su "angelical" modo de matar con una "inocencia" sin límites, y se convierte en una celebridad de la noche a la mañana. En total, se cree que cometió más de cuarenta robos y once homicidios. Hoy, después de más de cuarenta y  cinco años en la cárcel, Carlos Robledo Puch es el preso que más tiempo lleva en prisión en la historia de Argentina.




No es extraño que el joven realizador argentino Luis Ortega (nacido en 1980), se interesara por este personaje y construyera, junto a Sergio Olguín y Rodolfo Palacios, una brillante y espectacular guion que resulta, gracias a la apabullante puesta en escena, una película excitante, inquietante y muy entretenida.




Casi todo encaja en esta película de Luis Ortega, por cierto hijo del conocido cantante y compositor Palito Ortega, que también suena en la estupenda selección musical que acompaña esta película ambientada en los trepidantes años setenta en Argentina. Además, con una sinergia extraordinaria, hay temas del extraño Moondog (1916-1999), músico, compositor e inventor, que se llamaba en realidad Louis Thomas Hardin, ciego desde los 16 años, y residente durante años en Nueva York en las que adquirió como músico callejero el apodo de "The Viking of 6th Avenue", debido a sus peculiares disfraces; del mismo Palito Ortega es una versión apoteósica en español de La casa del sol naciente, algún poderoso blues de la banda argentina Pappo´s Blues y la oportuna Milonga del Ángel de Astor Piazzola. Insisto en su música, ya que junto al trabajo del prestigioso director de fotografía argentino Julián Apezteguia, han logrado elaborar un ambiente denso, inquietante pero morbosamente atractivo.




Todos los protagonistas (sobre todo Carlitos, Ramón y sus padres) tienen esa extraña cualidad. Son, al mismo tiempo, atractivos y repelentes, sus actividades delictivas, sus planteamientos vitales son antisociales, violentos e irresponsables, pero parecen encajar perfectamente en una época caótica de la que serían sus mejores representantes. El ritmo narrativo es literalmente musical, intenso, efectivo y brillante. 







Debo confesar que es el primer trabajo que veo de este realizador y estoy entusiasmado, ahora mismo tengo ganas de repasar una filmografía que se me antoja apasionante. Ya firmó con 19 años, Caja negra (2002), su primer largometraje al que seguirían cinco más (incluido el que nos ocupa) y varias series de televisión entre las que la crítica ha destacado Historia de un clan (2015). Los que si parecían muy bien informados fueron Pedro y Agustín Almodóvar que apostaron por él con su productora El Deseo. 

Una muestra más de que Argentina sigue siendo un vivero excelente de la creación audiovisual en Español. No deberían dejarla pasar de largo...

Roberto Sánchez

-Aragonia-

jueves, 1 de noviembre de 2018

La noche de Halloween (Halloween, 2018)****

Dir: David Gordon Green
Int: Jamie Lee Curtis, Nick Castle, Judy Greer, Miles Robbins, Virginia Gardner, Will Patton, Toby Huss, Haluk Bilginer, Jefferson Hall, Andi Matichak, Christopher Allen Nelson.

Michael Myers siempre estuvo ahí

Allá por el año 1978 (yo tenía 12 añitos para 13 y no pude verla en pantalla grande hasta bien entrados los años 80 y en un cine de reestreno), un genio del cine llamado John Carpenter dirigió, produjo, escribió el guion (junto a Debra Hill, por cierto nacida en Haddonfield, la localidad donde tiene lugar la terrible historia, y que temía entonces 28 años) y también compuso una de las partituras musicales más terroríficas y recordadas de este género junto a la de Psicosis de Bernard Herrmann. Esto no es casualidad, pues La noche de Halloween (al Igual que el Psicosis de Hitchcock en su momento) innovó y marcó un antes y un después dentro del género del cine de terror, y creó un asesino en serie, un psicópata o psico-killer (como dicen en USA) sobrehumano tanto por su maldad como por su fuerza y su capacidad para moverse, aparecer y desaparecer como un ente casi irreal y fantasmagórico pero, a la vez, muy real y corpóreo cuando ataca a sus víctimas. 

Un asesino sobrenatural que entronca con esa tradición oral del “monstruo” mata niños: el hombre del saco. Está en todas partes y nunca sabes cuando va a aparecer ante ti. Quizá esté en tu mente y seas tú mismo, con el miedo o la curiosidad morbosa volcada sobre él, el que lo convierta en una realidad (que es, en definitiva, lo que les pasa a los periodistas de este Halloween 2018). 

La noche de Halloween (Halloween, 2018), no sólo conserva una extrema fidelidad al original de 1978, sino que además, la mano del propio John Carpenter y de Jamie Lee Curtis (ambos como productores) y Carpenter como compositor, de nuevo, de una magnífica banda sonora (con la ayuda de su hijo Cody), han sido sin lugar a dudas una clara guía para su director, David Gordon Green, que sin tener hasta ahora una filmografía destacable, con su anterior trabajo Stronger (2017) y este Halloween,  ha realizado los dos mejores de su carrera. La sombra de Carpenter y de Michael Myers demuestran ser alargadas e incombustibles, y ambos son ya parte de la historia del cine y también dos iconos del cine de terror. Si no existiera el original de 1978, es muy posible que este Halloween, cuarenta años después (hay que ver como pasa el tiempo) se convirtiera rápidamente en un filme de culto, aunque es muy posible que vaya a serlo para las nuevas generaciones de aficionados al género, a la vez que les haya redescubierto el original y les haga volver la vista a los “clásicos” del cine, pues el Halloween de 1978 ya lo es por derecho propio. 




Además de estas virtudes, el nuevo Halloween tiene muchas otras que lo vuelven a emparentar con el original mientras que, al mismo tiempo, actualiza el mito Myers con acierto, al igual que la figura del Dr. Loomis, ahora llamado Dr. Sartain, e interpretado por el turco Haluk Bilginer (siempre a la sombra de Myers pero no menos importante en la trama). Aquí, tenemos un Dr. mucho más en sintonía con el Doctor Frankentein (otro clásico inmortal), que defiende a su “criatura” incluso poniendo en juego su propia vida. El filme posee un comienzo inquietante y lleno de fuerza, que nos hace temer a ese “hombre del saco” llamado Michael Myers desde el primer fotograma. He de decir que, de toda la saga de Halloween, el filme que más me gustaba hasta ahora (junto con el original), era Halloween. El origen (de Rob Zombie, 2007), filme que nos mostraba más a fondo al Myers niño y nos explicaba su terrible infancia junto a un padre alcohólico y maltratador y una madre bailarina de streaptease. Como sucede en muchos otros casos de asesinos múltiples, el verdugo fue antes víctima, y aunque esto no justifique que sea un ser que se dedique a matar, si que es un lento detonante que prende la mecha del mal en su interior hasta explotar y que explica en parte también esa auto anulación de su propia humanidad, su silencio total, su falta de diálogo y de empatía, y ese ocultarse tras la máscara (como ya hicieron otros personajes clásicos del horror en El fantasma de la ópera (con variadas versiones que van desde la de 1925 con Lon Chaney al musical de 2004, dirigido por Joel Schumacher) o su primo hermano slasher más reciente, el Jason Voorhees de Viernes 13 (de Sean S. Cunninghan,1980) y unas cuantas entregas más de otra franquicia terrorífica no menos exitosa. La figura del asesino Michael Myers retoma en este Halloween 2018 toda su fuerza y terrible poder maligno y aniquilador. De nuevo (como también ocurría en 1978), Michael se fuga aprovechando un traslado desde el centro psiquiátrico donde lleva 40 años recluido; una escena que supone un claro homenaje a La noche de los muertos vivientes (1969), de George A. Romero, con los locos deambulando como zombies en medio de una noche brumosa)





Aunque han pasado los años y lo percibimos en las tomas iniciales, su vigor y ansia por matar están igual de intactos y vitales. Los largos travellings, la profundidad de campo en las tomas generales, sello de la "casa Carpenter", y la perfecta alianza de la música junto a las diversas secuencias, la emparentan con su hermano clásico de 1978 de manera indudable para placer de cinéfilos y fans del género. 



John Carpenter (nacido en 1948), al igual que el ya citado George A. Romero, y otros ya míticos directores del terror de los 70 y 80 como Wes Craven, juegan con las dimensiones del sueño y de la realidad (recordad Pesadilla en Elm Street, de 1984), con lo que parece irreal e inexplicable pero puede suceder y sucede, volviendo la vista atrás a los mismos orígenes del género fantástico y la definición más pura de dicho término, pero al mismo tiempo innovando con unos “monstruos” mucho menos góticos y más reales, a pesar de que sus facultades para aterrorizar y matar sobrepasen todo lo humano. Es eso mismo lo que les dota de un carácter y un aura mítica, y lo que les hace mucho más temibles y terroríficos, puesto que no podemos apartarlos de nuestra mente y siempre formarán parte de nuestras más terribles pesadillas, como ese “hombre del saco” o “sacamantecas” de cuando éramos niños, pero al que no sabíamos poner cara. 

Es cierto que, desde un punto de vista comercial, se abusó en exceso de la saga Halloween, creando una franquicia que (como ya he apuntado) hizo las delicias de sus fans pero con una calidad mediocre (excepto en el original), hasta que llegó hace 11 años Halloween. El origen (2007), también citada en este artículo. Nada más y nada menos que 10 títulos desde 1981 (sin contar el original de 1978) hasta este La noche deHalloween (2018), siendo la segunda (secuela con guión de Carpenter y Hill nuevamente) la más decente hasta la explicación por parte de Rob Zombie del origen de Myers y este, vamos a llamar, “renacimiento” del asesino en serie más letal del cine de los 70 y 80. 



El papel guerrero de las mujeres, en este caso del personaje de Laurie Strode, encarnado por una Jamie Lee Curtis que, a pesar de su edad (han pasado 40 años), está en plena forma, es una de las cosas que más marca esta vez al personaje protagonista femenino, dando continuidad al original de Carpenter, en el que Laurie ya le plantaba cara a Myers con esa aguja de hacer punto o con cualquier otro objeto punzante. Una Jamie Lee Curtis que comenzó a destacar precisamente en esta saga y que, por cierto, era hija de Tony Curtis y Janet Leigh, quien encarnó a Marion Crane, la protagonista femenina del Psicosis  de Hitchcock, otra curiosa e interesante coincidencia. 




Laurie/Lee Curtis demuestra de nuevo tener una conexión mental o extrasensorial con Michael Myers, percibiendo su cercanía y sabedora de que su destino está ligado de manera indefectible al de él, y que ella no descansará en paz hasta que Myers sea destruido. En este sentido, Laurie se erige en el elemento que impartirá justicia y equilibrio entre las fuerzas del bien y del mal, aunque ya sabemos que la esencia del mal o “el mal absoluto” (como así definía a Myers el propio doctor Loomis en 1978) nunca puede morir del todo, pues forma parte, al igual que el bien, del equilibrio de fuerzas que rigen la naturaleza y el universo (de esto sabe mucho también el director George Lucas). 



Y que más puedo decirles, que yo he disfrutado con este Halloween 2018. Que me ha reencontrado y mostrado de nuevo a ese terrible “hombre del saco” de nuestras pesadillas con una fuerza visual y un respeto al filme de 1978 que hace que me quite el sombrero (estoy seguro que hay mucho de Carpenter en él, pues también aparece acreditado como productor ejecutivo además de compositor). Que ya con el comienzo de los títulos de crédito (muy similares a los de 1978) y con esas primeras notas musicales, se te ponen los pelos de punta y te entran ganas de tararear su magnífica partitura. En fin, que si son fans de la saga o amantes del género no se la pierdan. Y si pueden verla en V.O.S.E aún mejor. Y es que, Myers ha vuelto con toda su fuerza y malignidad. En realidad, ténganlo por seguro, Michael Myers siempre ha estado ahí, frente a nuestra ventana, frente al espejo de nuestras peores pesadillas. 

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

jueves, 25 de octubre de 2018

Burning (Buh-ning, 2018)****

Dir: Chang-dong Lee
Int: Ah-In Yoo, Steven Yeun, Jong-seo Jeon, Soo-Kyung Kim, Seung-ho Choi, Seong-kun Mun

De modo habitual, el director coreano Chang-dong Lee ha escrito los guiones de sus películas. Nacido en 1954, sólo ha firmado seis largometrajes. No era extraño que le llamara la atención el cuento Barn Burning del japonés Haruki Murakami, incluido en el libro de relatos El elefante desaparece, de 2005, aunque en España, traducido, no se editó hasta el año 2016. Barn Burning (literalmente sería "quemando el granero"), por cierto, también es el título de un relato corto de William Faulkner (editado en 1939), escritor que gusta bastante a Murakami, y también a su protagonista, recreado por Chang-dong Lee y Jungmi Oh (los adaptadores al cine del relato), que ahora se llama Jong-su Lee, interpretado con la habitual eficiencia de los actores coreanos por Ah-In Yoo.  No era extraña la coincidencia por que las historias de Murakami y Chang-dong Lee suelen caracterizarse por un obsesivo fatalismo que como una maldición divina, se impone sobre el destino de sus personajes.



Jong-su Lee (escritor aficionado y granjero por herencia familiar) se gana la vida como puede en la ciudad haciendo de mensajero. Al hacer una entrega, se encuentra por casualidad con Shin Hae-mi (Jong-seo Jeon), una chica que vivía en su vecindario y de la que se enamora a primera vista. La joven le pide que cuide a su gato durante un viaje a África. A su regreso, Hae-mi le presenta a Ben (Steven Yeun), un joven misterioso y con dinero que conoció allí. Un día, Ben revela a Jong-su Lee un pasatiempo muy extraño... 



El tejido narrativo creado por Chang-dong Lee es un sólido tapiz, preciso en su diseño, implacable en su destino, pero se las arregla para ir sugiriendo dibujos inquietantes. Bajo ese tapiz hay otros mundos insospechados. El casi autismo de Jong-su, la eterna sonrisa de Ben, la desesperación vital de Hae-mi, oculta trás su escapada continuada (a África, etc.), y propensa a aislarse de la realidad, el gato que está pero no está..., en fin una de las películas más sugerentes del año.



Por si fuera poco, en una de las mejores secuencias del film (deben descubrirla por su 
cuenta) el fondo musical escogido es un tema de Miles Davis, que nos habla de la estudiada 
perfección de un encaje artístico, de la fusión entre la imagen y la música que es en ocasiones sublime (entre el cine y el jazz, en este caso), puro cine. Además, estamos ante todo un homenaje a Murakami que ama profundamente este estilo musical como ha dejado claro en algunos de sus escritos (y en especial en su ensayo Retrato en jazz, de 1997).



Los que tengan algún reparo al cine coreano deben superarlo, seguramente estamos ante una de las cinematografías con mejor estado de salud del planeta. Además de Chang-dong Lee, yo les recomiendo que se apunten los siguientes nombres: Sang-Soo Hong, Ki-duk Kim, Chan-wook Park, Joon-ho Bong y Sang-ho Yeon, que son la punta de un inmenso iceberg, realizadores con sensibilidades y estilos muy variados que van desde el cine de géneros (terror y ciencia ficción) a la experimentación, pero siempre con miradas bastante personales y una calidad formal incuestionable.

Roberto Sánchez

-Aragonia-

miércoles, 24 de octubre de 2018

Ha nacido una estrella (A Star Is Born, 2018)**

Dir: Bradley Cooper
Int: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Rafi Gavron, Andrew Dice Clay, Anthony Ramos, Bonnie Somerville, Dave Chappelle, Michael Harney, William Belli, Rebecca Field, D.J. Pierce, Steven Ciceron, Andrew Michaels, Jacob Taylor, Geronimo Vela, Frank Anello, Germano Blanco, Ron Rifkin, Alec Baldwin

La autodestrucción del ser humano 

Bradley Cooper es un conocido y exitoso actor y, recientemente, también director y guionista (además de haber participado como productor en más de una decena de series de televisión y largometrajes) que se dio a comocer 
(allá por el año 2001) a través de la serie Alias del mago J.J. Abrams. Desde el comienzo del nuevo milenio hasta hoy, su filmografía como actor es bastante irregular, abundando en series y títulos comerciales como De boda en boda (David Dobkin, 2005), Boda por contrato (Tom Day, 2006), Resacón en Las Vegas (Todd Philips, 2009), etc. Unos pocos títulos destacables, como La gran estafa americana (David O Russell, 2013) y, especialmente, El francotirador (Clint Eastwood, 2014), hacen subir su caché como actor. Lo que aprovecha para incrementar su cuenta corriente con, de nuevo, la comercial saga de Guardianes de la galaxia I y II (2014 y 2017), aunque sólo ponga en ella la voz de Rockett, y con Vengadores: Infinity War (2018). 



Hago esta exposición previa porque, además de avispado, (en el filme de Eastwood también metió pasta como productor, lo que seguro que le rentó lo suficiente para poder lanzarse ahora a la producción de sus propios proyectos), está claro que a Bradley le gusta mucho el dinero, y ha visto en la revisión y remake de un clásico melodrama como Ha nacido una estrella (del que ya existían  tres versiones que ahora pasaré a comentar), una clara oportunidad comercial jugando a lo seguro y, además, captando al público joven y adolescente mediante la incorporación de la popular estrella de la canción pop actual Lady Gaga a este proyecto fílmico en el que se estrena como director sin arriesgar demasiado. 



Ha nacido una estrella (traducción literal del título original en inglés A Star Is Born), es una historia que mezcla el melodrama al estilo tradicional de Hollywood con el cine musical, fusión que ha dado dos obras maestras. La primera de ellas, data de 1937, y la dirigió William A. Wellmann sobre una historia original creada por él mismo y por Robert Carson. La pareja estuvo formada por Fredric March (Norman Maine) y Janet Gaynor (Esther Blodgett), y, además de ganar el Oscar al Mejor Guión original obtuvo 7 nominaciones más en los premios Oscar. 



Habría que esperar hasta 1954 para que otro gran director, George Cukor, reuniera a una gran pareja formada por Judy Garland y James Mason  para resucitar al artista fracasado Norman Maine y a Esther, una cantante en alza (¿les va sonando el argumento y los nombres respecto al filme de Cooper, verdad?). El guión corría de nuevo a cargo de William A. Wellman y Robert Carson, que contaron también con las aportaciones de Moss Hart, Dorothy Parker y Alan Campbell. Esta vez fueron 6 las nominaciones a los Oscar, destacando las de los protagonistas Garland y Mason (también Globos de oro y muchos otros premios). 



Y llegamos así hasta los años 70 para que a mediados de dicha década, la mina de oro creada por Wellmann y Carson volviera a llevarse a la pantalla de la mano del director y actor Frank Pearson, que juntó a la gran cantante Barbra Streisand (en la cima de su carrera) y al también actor y cantante Kris Kristofferson para dar vida a Esther y a Norman (ésta vez John Norman, van alternando nombre y apellido para despistar un poco). En esta ocasión, Kristofferson encarna a un cantante rockero alcohólico pero también adicto a las drogas (como era de esperar en los 70). Aunque artísticamente no es la más brillante, la pareja musicalmente es de altura (Oscar a la Mejor canción más 4 nominaciones más) y, para mí (aunque tendría que revisarla) superan de largo a la pareja Gaga/Cooper si sumamos sus cualidades vocales y actorales (estamos hablando de la Streisand que, además de ser una bestia vocal ha sido una actriz con una filmografía más que destacable). 



Y así llegamos a este 2018 con esta “nueva” versión de Bradley Cooper (bastante talludito ya para ser pareja de una Lady Gaga, que ha cumplido tan solo 32 añitos). Predecible y repetitiva (los cinéfilos que hemos visto las anteriores nos sabemos de memoria la historia), su metraje se hace además excesivo (dos horas y cuarto para contar algo que en hora y media sería más que suficiente). La primera parte aguanta, pero a mitad se comienza a desinflar y a perder fuelle, al igual que el papel de Cooper, que le va dejando un progresivo protagonismo a la Gaga mientras él se diluye como un azucarillo. La larga duración es el soporte o excusa para meter bastantes números musicales bien ejecutados tanto por Cooper como por la Gaga, pero pesando más la parte musical que el drama, el conjunto se hace bastante pesado a pesar del espectacular Dolby Atmos y la garganta prodigiosa de Lady Gaga, que por otra parte, en su primer papel en la pantalla grande, sorprende por las ganas, fuerza y calidad de una cantante a la que hasta ahora no se la podía considerar actriz, a pesar de haber participado ya en series de televisión y cuidar bastante el aspecto interpretativo en sus shows y videoclps. 



El filme de Cooper (que seguro que ha aprendido buenas maneras de Clint Eastwood cuando coincidieron en El francotirador) es muy parecido al de 1976, especialmente por el rollo rockero y anfetamínico y por eso del revival setentero que vivimos en el cine, y poco o nada aporta ya a una historia magistralmente narrada por directores de la talla de George Cukor o William A. Wellmann. Quizá Clint Eastwood hubiera logrado un melodrama de mayor profundidad, con una excelente banda sonora y con esa magia tan especial que hace que él sea el útimo gran director clásico que le queda al cine norteamericano. Quizá Cooper se lo propusiera antes a Eastwood, que bien le pudo responder: “Oye, chaval….eso ya lo han hecho otros...y muy bien, antes que yo...pero tú que eres joven y estás empezando,…adelante...en estos tiempos la memoria cinematográfica del espectador es como la de un mosquito...”. 

Pues eso,...que los que tenemos memoria cinematográfica y artística tenemos ese “inconveniente”. Aún así, le doy a Cooper un aprobado alto, pero no pretendan que le dé la misma nota que a Cukor o Wellmann. Como diría el tio Clint….”Muchacho….esos juegan en otra liga...”. Y él también. Eastwood...te echo de menos.

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-