jueves, 10 de mayo de 2018

Lucky (2017)****

Dir: John Carroll Lynch
Int: Harry Dean Stanton, Ed Begley Jr., Beth Grant, James Darren, Barry Shabaka Henley, Yvonne Huff, David Lynch, Hugo Armstrong, Bertila Damas, Ron Livingston, Ana Mercedes, Sarah Cook, Amy Claire, Ulysses Olmedo, Mikey Kampmann, Otti Feder, Mouse, Pam Sparks, Tom Skerritt.

En el cine, en ocasiones, suceden pequeños milagros. O quizás no tan pequeños. Mi fe, mi pasión por el cine, por ese 7º Arte que conmovió y definió todo un siglo (el XX), sigue inquebrantable. A pesar de los numerosos reveses, de vez en cuando suceden cosas. Harry Dean Stanton (nacido un 14 de julio de 1926, en  West Irvine, Kentucky, USA), falleció el 15 de septiembre de 2017 en Los Angeles. Con más de 200 intervenciones como actor en el cine y la televisión, que se remontan a 1954 (la primera fue en un episodio de la olvidada serie de terror de la NBC norteamericana titulada Inner Sanctum) volvió, gracias a la magia del cine, a darnos una lección de interpretación. Un moribundo, y sin embargo muy vivo, Lucky, en la piel de Harry Dean Stanton, brilla de modo inusitado en esta parábola que  transcurre en territorios fronterizos...



Harry Dean Stanton se había convertido, en papeles casi siempre secundarios, en todo un fetiche para directores especialemente valiosos como David Lynch (interpreta en esta película a Howard, un buen amigo de Lucky) que recientemente contó con él en cinco episodios de la que quizás sea su obra maestra, la tercera entrega de Twin Peaks (2017); o en títulos tan destacados como Alien, el 8º pasajero (1979), de Ridley Scott, La milla verde (1999), de Frank Darabont, o en Paris, Texas (1984), una de las más brillantes aportaciones del alemán Win Wenders a la historia del cine, en la que Harry Dean Stanton coprotaganizó el film al lado de Nastassja Kinski. En fín, un actor de 91 años que merecía un homenaje en forma de película y "milagrosamente" lo ha tenido.



Ha sido otro actor que debuta como director, Jon Carroll Lynch, el que ha creado el vehículo adecuado, junto a Logan Sparks y Drago Sumonja (ambos se habían movido más en el campo de la producción y la actuación) que han escrito el guion. Cine fronterizo en todos los sentidos. Además de David Lynch (aquí como actor, ya lo dijimos), otros brillantes intérpretes, que son sobre todo efectivos secundarios, acompañan a Stanton: Ed Begley Jr. es el Dr. Christian Kneedler, Tom Skerritt es Fred, otro veterano de guerra (como él), Barry Shabaka Henley es Joe "el barman", o Beth Grant, Elaine, la propietaria del bar dónde ceremoniosamente Lucky lleva años desayunando. 


El paisaje, el territorio desértico, desolado y fronterizo, es otro personaje clave sin el que no se entendería a Lucky, y probablemente tampoco a Stanton. Personaje y actor se fusionan a la perfección. En ese sentido, los paseos rituales, por los paisajes que ya retrató con una poética y melancólica mirada Wenders, vuelven a ser los protagonistas. Y a vueltas con la frontera (y el ritual de la vida), nuestro Lucky/Stanton, despierta todas las mañanas con una ranchera (en la voz de Pedro Infante, por ejemplo), los mariachis suenan, el director añade un tema de Johny Cash y el mismo Lucky, se enamora de una bella dama a la que dedica la canción "Volver, volver", cantada por él mismo, con mucho estilo y sentimiento y debidamente acompañado por mariachis,...la frontera es permeable y la que limita Estados Unidos y México, a pesar de los muros levantados por los integristas yankees, está llena de conexiones y relaciones. Inglés y castellano conviven en esa frontera y la gente normal se entiende y sobrevive por encima de la sinrazón, aunque las puertas de la muerte estén ahí al lado para Lucky, la vida sigue...

Roberto Sánchez

-Aragonia-  

miércoles, 9 de mayo de 2018

7 días en Entebbe (Entebbe, 2018)***

Dir: José Padilha
Int: Rosamund Pike, Daniel Brühl, Eddie Marsan, Ben Schnetzer, Kamil Lemieszewski, Denis Menochet, Mark Ivanir, Natalie Stone, Andrea Deck, Vincent Riotta, Peter Sullivan, Lior Ashkenazi, Flynn Allen, Brontis Jodorowsky, Angel Bonanni, Noof McEwan, Ingrid Craigie, Yiftach Klein, Omar Berdouni, Uriel Emil, David Annen, Frida Cauchi, Laurel Lefkow, Daniel Ben Zenou, Antonella Axisa, Jonathan Pyatt 

El terrorismo hippy de los 70.

El revival de los años sesenta y, sobre todo, de los setenta, es un filón para el cine actual, especialmente en 
cuanto al drama político y, de modo destacado, para el thriller de acción y policíaco. Y a esta moda de recuperar historias basadas en hechos reales, como ya hizo Ben Affleck con la sensacional Argo (2012), con memorables secuencias aeroportuarias, se ha apuntado el brasileño José Padilha, a la sazón director de la reciente y exitosa serie Narcos de Netflix, sobre la figura de Pablo Escobar. 

Padilha realizó un excelente thriller sobre el BOPE, batallón especializado de la policía brasileña que hacía incursiones en las peligrosas favelas de Río de Janeiro en Tropa de élite (2007), y que tuvo una exitosa continuación en 2010. Su protagonista era el actor Wagner Moura, que también curiosamente encarnó magistralmente a Pablo Escobar en la ya citada Narcos. José Padilha es, por tanto, un director que conoce los resortes del thriller, demostrándolo con creces en esos títulos que he citado, por lo que 7 días en Entebbe podría haber sido un filme excepcional. Digo excepcional, porque a pesar de las malas críticas que ha recibido, a mí no me parece una mala película. Es cierto que Padilha ha intentado hacer un filme más introspectivo que de pura acción, quizá intentando emular a ese maestro llamado Clint Eastwood haciendo una extraña mezcla entre Sully (2016) y El francotirador (2014), y con ese toque setentero de la también ya citada Argo. El resultado es un retrato excesivamente “happy flower”, naíf y hippy de los terroristas pertenecientes a la banda alemana setentera “Baader-Meinhof” (o Rote Armee Fraktion o RAF; Facción del Ejército Rojo, en Español).



La historia que nos cuenta Padilha tuvo lugar en 1976. Ese fatídico año de secuestros y accidentes aéreos, un avión de Air France, con 248 pasajeros a bordo, fue secuestrado por dos palestinos del Frente Popular para la Liberación de Palestina y dos alemanes de las células revolucionarias alemanas (la citada "Baader-Meinhof"), siendo desviado al Aeropuerto Internacional de Entebbe, en Uganda, país caótico, regido entonces por el dictador militar y caníbal declarado Idi Amín Dada. Los secuestradores exigieron la liberación de más de 50 terroristas palestinos detenidos en diferentes países. 



7 días en Entebbe está bien hecha, bien rodada. Cuenta con escenas de acción (sobre todo en su tramo final) y abundante tensión política en toda la preparación de la operación militar, gestionada por Israel, un país que cuenta desde hace décadas con un ejército y un servicio secreto brillantes, y alberga un reparto de actores y actrices de la talla de Rosamund Pike, el español, con raíces alemanas, Daniel Brühl, el gran secundario francés Denis Menochet, recientemente visto en la excelente Custodia compartida, o el siempre sólido actor judío Lior Ashkenazi. 



¿Qué le ocurre a Entebbe para no ser un filme sobresaliente? Pienso que Padilha, al que muchos acusaron de excesiva dureza y violencia en Tropa de élite, ha querido dulcificar y hacer más asequibles a los “malos” y se ha perdido en la caracterización de los personajes con un idealismo y unos clichés que, sin embargo, me parecen bastante acertados tanto en la descripción de Shimon Peres, como en la encarnación del robusto y manipulador líder ugandés por parte del actor inglés de origen africano Nonso Anozie. 

A pesar de no ser perfecta, 7 días en Entebbe entretiene y se disfruta con agrado. Se echa en falta algo más de pegada en este thriller de acción con secuestros aéreos, pero está bien realizada aunque no pasará a la historia por ser de los mejores trabajos de un director, productor y guionista, llamado José Padilha, que seguro que aún nos ofrecerá buenos trabajos en el futuro. 

Gonzalo J. Gonzalvo              

-Aragonia, Palafox-  

sábado, 5 de mayo de 2018

Barbara (2017)***

Dir: Mathieu Amalric
Int: Jeanne Balibar, Mathieu Amalric, Vincent Peirani, Fanny Imber, Aurore Clément, Grégoire Colin.

Yves Zand, director de cine, interpretado por Mathieu Amalric, que en la realidad es un reconocido director (con 7 largometrajes a su cargo entre el cine y al televisión) y actor francés (más de 100 intervenciones lo avalan) quiere hacer un biopic sobre la cantante Barbara, magistralmente incorporada por Jeanne Balibar, actriz quizás poco seguida en España, pero que ya tiene más de 50 trabajos en su haber (para Arnaud Desplechin, Olivier Assayas o Jacques Rivette, entre otros). 

El director (Yves) y la actriz (Brigitte) trabajan juntos, con cercanía y Amalric y Balibar, nos proponen una estructura un tanto compleja, en la que parecen interpretarse a si mismos, para aproximarnos obsesivamente a la figura de la compositora y cantante Barbara, nacida en Paris en 1930 y fallecida en Neuilly-sur-Seine, un 24 de noviembre de 1997. Su verdadero nombre era Monique Andrée Serf e inició su carrera en pequeños cabarets de Bélgica, para debutar en Paris en 1958. Sus versiones de las canciones de Georges Brassens y Jacques Brel siempre fueron espléndidas y además con Brel tuvo una buena amistad y un serio compromiso artístico, que le llevó a coprotagonizar junto a él la película Franz (1972), dirigida por el mismo Brel. Recuperó y reinterpretó las canciones de autores franceses de principios de siglo, sobre todo Xarnof (autor del Fiacre) y Fragson, componiendo además unas cuantas canciones, como Ma plus belle histoire d’amour, convertidas en símbolos imperecederos de la Chanson y que la película recoge con delicadeza y pasión.



Amalric y Balibar logran que conozcamos un poco mejor la poderosa figura de Barbara, su capacidad lírica y dramática, su puesta en escena brillante e impactante, aunque en el escenario sólo estuvieran ella y su piano. Esa estructura compleja, una suerte de puzzle que escenifica el guion de Mathieu Amalric y Philippe Di Folco (a partir de una idea original de Renaud Legrand y Pierre Léon) va adquiriendo sentido poco a poco y termina por tener gran solidez dramática y transmitir un evidente goce estético y musical. Jeanne Balibar comienza siendo Brigitte, la actriz, pero en el proceso de asimilación de lo que fue la persona y la cantante, elegántemente contado por Amalric, termina por ser también Barbara. Amalric, con una lógica narrativa más consistente de lo que aparenta la estructura entrecortada, incluye fragmentos documentales en los que vemos y escuchamos a la verdadera Barbara, y comprobamos que la metamorfosis de Jeanne Balibar es perfecta, disfrutando y sufriendo en el proceso, junto a ella y al director. Cine, dentro del cine, proceso creativo en efervescencia...



En Zaragoza, pudo verse en las salas Aragonia, también en versión original (no debería hacerse de otro modo) y supuso todo un regalo para los sentidos y el intelecto. El cine francés, más allá de sus productos comerciales (los que más nos llegan), bastante mediocres, muestra ocasionalmente apuestas por el buen gusto y la calidad artística (en su sentido más amplio). 

Mathieu Amalric ha demostrado sobradamente su capacidad como actor (incluso en el sector internacional) y habrá que empezar a valorarlo también como realizador. La película que nos ocupa, Tournée (2010) y El cuarto azul (2014), que pudieron verse en Zaragoza, demuestran que tendremos que seguir muy atentos su trayectoria.

Roberto Sánchez.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Vengadores: Infinity War (2018)***

Dir: Anthony Russo y Joe Russo
Int: Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Benedict Cumberbatch, Chris Evans, Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Chris Pratt, Tom Holland, Josh Brolin, Elizabeth Olsen, Chadwick Boseman, Pom Klementieff, Terry Notary, Dave Bautista, Karen Gillan, Tessa Thompson, Zoe Saldana, Gwyneth Paltrow, Tom Hiddleston, Cobie Smulders, Paul Bettany, Sebastian Stan, Peter Dinklage, Samuel L. Jackson, Benicio del Toro, Danai Gurira, Benedict Wong, Anthony Mackie, Don Cheadle, Idris Elba, Vin Diesel, Bradley Cooper, William Hurt.

El todopoderoso Thanos (aunque muy transformado por la magia del maquillaje y el trucaje digital, detrás del personaje tenemos a Josh Brolin, capaz de aportarle unos cuantos matices) ha despertado con la promesa de arrasar con todo a su paso, portando el Guantelete del Infinito, que le confiere un poder incalculable, al ir reuniendo las diferentes gemas del infinito (que suponen controlar: poder, tiempo, alma, realidad, mente, y espacio). Los únicos capaces de pararle los pies son los Vengadores y el resto de superhéroes de la galaxia, que deberán estar dispuestos a sacrificarlo todo por un bien mayor. Capitán América (Chris Evans) e Iron Man (Robert Downey Jr.) deberán limar sus diferencias, Black Panther (Chadwick Boseman) apoyará con sus tropas desde Wakanda, Thor (Chris Hemsworth) y los Guardianes de la Galaxia (es decir: Gamora/Zoe Saldana, Star-Lord/Chris Pratt, Drax/Dave Bautista, Groot/la voz de Vin Diesel y Rocket/la voz de Bradley Cooper) e incluso Spider-Man (Tom Holland) se unirán antes de que los planes de devastación y ruina pongan fin al universo.¿Serán capaces de frenar el avance del titán del caos?




Los hermanos Russo, en la dirección y los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, que vienen colaborando en la elaboración de Capitán América y Vengadores y en su metamorfosis cinematográfica, han construido un film mastodóntico, pero sorprendentemente ágil. Con el que han logrado varias hazañas complejas, siendo fieles a los personajes del cómic y a sus reelaboraciones. 




Siguiendo la senda de Stan Lee (que tiene, cómo no, su cameo habitual), coordinando a Jack Kirby, Joe Simon, Jim Starlin, Steve Englehart, Steve Gan, Bill Mantlo, Keith Giffen, Larry Lieber o Don Heck, entre otros muchos de los guionistas y creadores de la mayoría de los superhéroes de la factoría Marvel, los Russo (y sus guioistas) organizan un concierto con una pléyade casi infinita de personajes, que al igual que el soporte de papel, terminan por coincidir de un modo sorprendemente coherente en más de una de las aventuras . Con un impulso semejante, Marvel Studios lleva ya unos años tejiendo en el cine un tapiz de superhéroes muy parecido al de los cómics. 

En el caso que nos ocupa, la inspiración parte de La Guerra del Infinito, una serie limitada de historietas de seis números publicados por Marvel Comics en 1992. La serie fue escrita por Jim Starlin y dibujada por Ron Lim, Ian Laughlin, Al Milgrom, Jack Morelli y Christie Scheele. La historia es una secuela directa del crossover de 1991 Guantelete del Infinito, y fue seguido por Cruzada del Infinito en 1993. Lograr que ese galimatías de tramas, subtramas y personajes adquiera sentido en las 2 horas y 29 minutos del film, se antoja milagroso. Los hermanos Russo, apoyándose firmemente en los guionistas ya citados, lo han logrado.




Ayuda mucho a asimilar toda la parafernalia de situaciones, personajes, diálogos y acciones espectaculares, el sentido del humor que aporta el soberbio Robert Downey Jr., al que secundan con habilidad, Mark Ruffalo y el jovenzano Tom Holland. Hay más chistosos en el reparto, como Chris Pratt (y en general casi todo el equipo de Los Guardianes de la Galaxia), el musculoso Chris Hemsworth, y los trascendentes Dr. Strange (Benedict Cumberbatch) o Visión (Paul Bettany), con un halo a lo Shakespeare, que refuerzan estos sólidos actores  ingleses. Además, las relaciones complejas y tormentosas entre los personajes (Capitán América con Iron Man, Gamora con Thanos, etc.), el amor sin futuro pero entregado  entre Visión y La Bruja Escarlata, nos aproxima igualmente al melodrama en su más alta gama, y mejor que peor todo va encajando en un engranaje que aparentaba ser demencial, pero que termina siendo memorable en muchos sentidos. De hecho, incluso el supervillano parece tener sentimientos y ambivalencias, o, en todo caso, podemos llegar a vislumbrarlos en algunas de sus actitudes...




Mi etapa de lector de cómics Marvel quedó muy atrás en el tiempo, y siempre lamenté que durante mi adolescencia las adaptaciones al cine fueran escasas y, permítanme la expresión, "cutres de solemnidad". Ahora, en general, suelen ser bastante pueriles e infantiloides, pero la sofisticación en los trucajes digitales, y de vez en cuando la habilidad de los guionistas, han logrado hitos cinematográficos para mi atractivos y sugerentes. Al menos desde X Men (2000), de Bryan Singer, no había tenido esa sensación de contemplar un espectáculo cinematográfico Marvel con un "algo de trascendencia" y que aún durando más de dos horas transcurriera como un suspiro. Seguramente, los más jóvenes, o aquellos que han continuado consumiendo las sagas de cómics y, ahora también, sus adaptaciones cinematográficas pertinentemente seriadas, habrán disfrutado mucho y por supuesto esperaran la próxima entrega con pasión, casi tanta como la que pusieron en sus primeros pases en las salas de todo el mundo (o casi)...

Roberto Sánchez

-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-

Custodia compartida (Jusqu'à la garde, 2017)****

Dir: Xavier Legrand
Int: Léa Drucker, Denis Ménochet, Thomas Gioria, Mathilde Auneveux, Coralie Russier

Como la vida misma

Como siempre digo, el cine francés, de forma habitual, raya a gran altura en cuanto a su calidad artística y su gran elenco de actrices, actores y directores. Creadores del “Film Noir” (Cine negro) que pronto copiaron los cineastas norteamericanos con el mismo término, se nota que los cineastas franceses han mamado de este género de mano de los  mejores maestros (desde Marcel Carné, pasando por el Polar francés de los 70 y, posteriormente, con la madurez creativa de directores de la Nouvelle Vague como Jean-Luc Godard, François Truffaut y  Claude Chabrol, quizás el más sofisticado y especializado en el género, con maravillas como Gracias por el chocolate (2000) o La flor del mal (2003), por citar unas pocas de una extensa producción en la que la habilidad de Chabrol para fusionar el subgénero de crímenes y  la crítica social (en especial a la burguesía) rayan a gran altura. 



Custodia compartida (cuyo título original en francés hace un juego de palabras con las diversas acepciones de significado del término “garde”, que tanto puede aludir a la “custodia” como a la “detención”, por lo que el título original francés se podría traducir tanto como “Hasta la custodia”, como por “Hasta la detención”) es un drama procesal que bebe también del Noir francés (sobre todo en su tramo final) muy realista. Un film seco y aséptico que, sin ningún tipo de concesión o artificios dramáticos, nos conduce con firmeza por la senda del desasosiego y esa incertidumbre que tan bien caracteriza a los grandes filmes de suspense. 



Sabemos que algo va a pasar porque las cosas no van bien, pero como espectadores, ignoramos hasta el último momento que final va a tener esta historia. Una historia que tiene como protagonistas al matrimonio formado por Myriam y Antoine Besson, padres de dos hijos (una hija de unos 18 y Julien, un niño de unos 10, que recuerda un tanto al Antoine Doinel de la magnífica Los 400 golpes (1959), de Truffaut. 

En pleno proceso de divorcio, ella solicita la custodia exclusiva de su hijo para protegerlo de un padre al que acusa de violento. Antoine defiende su caso como un padre ignorado y menospreciado. Finalmente, la juez del caso sentencia a favor de la custodia compartida, con una gran frase: “No sé quien miente más de ustedes dos”. Rehén del creciente conflicto entre sus padres, el joven Julien se encuentra entre la espada y la pared, teniendo que verse con ambos progenitores sin que cuenten sus decisiones. 



Como en los grandes filmes Noir (por eso digo que esta película bebe mucho de ellos), los protagonistas se mueven en esa difusa línea en la que ninguno parece tan bueno ni tan malo, esa escala de grises humana tan real como la vida misma. El actor y director, Xavier Legrand, con este su primer largometraje, maneja a la perfección el tempo y sabe extraer petróleo retratando esos instantes de la vida cotidiana que, a priori, no resultan emocionantes para nadie si pensamos en trasladarlos de la vida real al cine. Muy al contrario, Legrand introduce dosis de intriga y suspense en esa evolución de la historia y de los propios personajes, con elegancia y sabiduría. Sin recurrir nunca a la lágrima fácil, al sentimentalismo o al amarillismo. No en vano, con su anterior trabajo: Antes que perderlo todo, cortometraje nominado a los Oscar de 2013 y ganador del César francés al mejor corto ese mismo año (no olvidemos señores y señoras que los cortometrajes también son cine, y que pueden tener una gran calidad artística) ya exploraba este mismo tema que, ahora, ha decidido trasladar al largometraje con un reparto de actores no demasiado conocidos pero que están fantásticos. Ninguno de los dos protagonistas son grandes estrellas de la gran pantalla, lo que en lugar de "restar", potencia su verosimilitud, al aparecer como personas normales y corrientes que intentan sobrevivir y tirar para delante en su día a día. En definitiva, se trata lde darles una textura de “carne y hueso”, muy real.  En este sentido, tanto Denis Ménochet (que no obstante cuenta con una extensa filmografía, aunque más como actor secundario en filmes franceses y norteamericanos) como Léa Drucker (actriz curtida en numerosos cortos y series de TV) dan vida de forma solvente a los padres; mientras que Thomas Gioria y Mathilde Auneveux, encarnan a la perfección a los hijos de éstos y muestran con una expresividad contenida y muy realista los difíciles momentos que tienen que vivir. 

Por otro lado, el espectador recibe en sus propias carnes, sin coraza ni protección alguna,todo el realismo y la dureza de estas situaciones terribles lamentablemente tan cotidianas que, cada día, vemos saltar a los medios de comunicación, en las calles e incluso podemos padecer en nuestra propia vida (quien no ha sufrido una separación o una ruptura dolorosa, con o sin hijos). En este sentido, el filme es tan crudo y real como la vida misma. 

Jusqu'à la garde, ganador del León de Plata y nominado al Oro al Mejor Director en el Festival de Venecia, Miami y Zurich en 2017, y Premio de la Audiencia en el de San Sebastián también de ese mismo año, amén de otras muchas nominaciones y menciones, es una ópera prima tan sencilla como inteligente y bien narrada, que hace que, desde luego, a partir de ahora, haya que estar muy pendiente de este director y guionista francés que hasta ahora había demostrado ciertas habilidades como actor y sólo había dirigido un cortometraje. Recuerden su nombre: Xavier Legrand. 

Gonzalo J. Gonzalvo

-Aragonia-