Dir:Joel Coen, Ethan Coen
Int: Josh Brolin, George Clooney, Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Channing Tatum, Scarlett Johansson, Alden Ehrenreich, Frances McDormand, Jonah Hill, Christopher Lambert, Clancy Brown, Wayne Knight, Dolph Lundgren, Patrick Fischler, Robert Picardo, David Krumholtz, Fisher Stevens, Emily Beecham, Fred Melamed.
En el Hollywood de los años 50, uno de los grandes estudios pretende hacer una gran superproducción de romanos protagonizada por una gran estrella (George Clooney), pero el actor es secuestrado durante el rodaje por un grupo de "guionistas comunistas" dispuesto a todo...
Los hermanos Coen llevan una trayectoria muy destacada en el complejo mundo de Hollywood. Esta película que nos transporta a los dorados años 50 es una parodia sobre el mundo de los Grandes Estudios, que quizá no sería demasiado disparatado poner en relación con el mundo de la producción del cine actual. Lo cierto es que nadie, desde los productores, periodistas y cronistas, a los guionistas, pasando por las estrellas, todos ellos reinventados y al mismo tiempo reconocibles mitos de Hollywood, se libran de una mirada mordaz, pero que, sin embargo, tampoco resulta tan hiriente...Es como si todo estuviera impregnado de esa mirada indulgente, comprensiva, que ya en muchas otras ocasiones, ha acompañado a los personajes de los Coen, por muy disparatados (o directamente imbéciles) que parezcan.
No es ¡Ave, César! una película que tenga, ni por asomo, la categoría de algunas de sus obras maestras como Muerte entre las flores (1990) o Fargo, en su primera entrega cinematográfica (1996) o en su transfiguración en serie (2014-2017), en realidad pertenece a un grupo de historias que prefieren profundizar en planteamientos irónicos de apariencia más superficial, una especie de divertimentos que, en ocasiones, logran trascender su aparente inutilidad como en El gran Lebowski (1998) o en Un tipo serio (2009), pero que en ¡Ave, César! resulta un mero fuego de artificio, del que no pueden extraerse ni siquiera unas risas socarronas o medianamente inteligentes.
Creo que ni los más acérrimos "creyentes" en el estilo de los Coen quedarán satisfechos...
Roberto Sánchez
-Aragonia, C. Grancasa, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Dir: Lenny Abrahamson.
Int: Brie Larson, Jacob Tremblay, Joan Allen, William H. Macy, Megan Park, Amanda Brugel, Sean Bridgers, Joe Pingue, Chantelle Chung, Randal Edwards, Jack Fulton, Kate Drummond
La habitación del horror
En algunas ocasiones el cine saca partido de forma brillante de historias desarrolladas en espacios concentrados y claustrofóbicos. Muestra de ello son filmes como la fabulosa La cabina (1972), del genial Antonio Mercero, la inquietante Cube (1997, Vincenzo Natali), la también “habitación del pánico” (2002, David Fincher) y la opresiva y más reciente Buried (2010, Rodrigo Cortés) triunfadora en USA y también de director español. En el caso de La habitación (2015, nos la cuenta Lenny Abrahamson), director irlandés de cine independiente que se dio a conocer en 2004 por Adam y Paul, una historia sobre dos toxicómanos y su dificultoso día a día. Tras su interesante Garaje (2007) y la inclasificable Frank (2014), llega ahora este trabajo en el que introduce directamente al espectador en una “habitación” de horror, miedo e incertidumbre con una naturalidad y riqueza de matices posibles gracias al excelente trabajo interpretativo de una madre (encarnada por Brie Larson, papel por el cual se ha llevado el Oscar a la mejor actriz) y un hijo (interpretado por un niño-actor fuera de serie llamado Jacob Tremblay, que sin duda va a ser una figura en el mundo del cine y que se merecía la nominación).
En La habitación (que es cómo el niño llama a lo que para él es su hogar), madre e hijo intentan llevar una vida cotidiana dentro del infierno que supone un cautiverio y la privación de la libertad. Siempre a expensas de que algo inesperado y terrible pueda sucederles o que, incluso, si le sucede algo a sus captores queden encerrados de por vida.
La película tiene dos partes muy claramente diferenciadas, siendo la primera la más desasosegante y claustrofóbica. La segunda combina un arranque tipo thriller policial para derivar después hacia la óptica de las consecuencias psicológicas y sociales que una situación de este tipo puede suponer para las víctimas. La californiana Brianne Sidonie Desaulniers (nombre real de la actriz Brie Larson), es una todo-terreno a nivel artístico: guionista y directora de cortometrajes, fotógrafa y diseñadora de interiores. Joven y prometedora actriz que, a partir de ahora, habrá que seguir muy de cerca después de este excepcional trabajo. Junto a ella, estupendos secundarios como Joan Allen y el siempre solvente William H, Macy. Toda la historia está perfectamente hilvanada por Emma Donoghue, autora a la sazón de la novela en la que se cimenta lo narrado visualmente en este filme que, a pesar de su dureza, en ningún momento resulta truculento ni demasiado sensiblero o lacrimógeno, logrando un equilibrio tanto a nivel visual como emocional que muy pocas veces se consigue con esta perfección narrativa y actoral.
A pesar de introducirnos en un viaje a esa “habitación del horror”, el filme hace gala de tanta calidad y respeto hacia los personajes, que resulta perfectamente digerible por el espectador; algo que lo hace admirable a todos los niveles artísticos. Por todo ello, La habitación es una pequeña-gran película que demuestra que sin grandes presupuestos, cuando hay ideas, sensibilidad y talento, el arte y el buen cine está servido.
Gonzalo J. Gonzalvo
-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia-
Dir: Duke Johnson, Charlie Kaufman
Int: David Thewlis, Jennifer Jason Leigh, Tom Noonan
Esta película de animación nos lleva al mundo de los libros de auto-ayuda. El protagonista es un líder mundial en la escritura de libros para conseguir el éxito y hacer felices a sus adeptos. Encontraremos algunos personajes que son seguidores y admiradores de nuestro protagonista, habiendo conseguido todos ellos aumentar en un 90% su productividad, como les prometía su adorado líder.
Michael Stone (con la voz de David Thewlis) va a pasar un día en Cincinnati, donde dará una conferencia; llega en avión y se aloja en una suite de un hotel estándar con vistas a los altos edificios de la ciudad y a un gran panel publicitario del zoo, famoso por intentar reproducir especies en peligro de extinción. Esta visita es una de las posibilidades de disfrutar de la vida y la felicidad con su nuevo romance, Lisa Hesselman (con la voz de Jennifer Jason Leigh), Anomalisa, como la rebautizará él, antes de que ella empiece a perder el atractivo que el admirado gurú encuentra en su voz.
Personajes y protagonista, son muñecos a los que se les ven claramente los engranajes de las piezas y que se comportan como el más prototípico y convincente de los humanos; sin embargo, toda la historia nos deja una sensación de extrañamiento, propia de las pesadillas (como el inquietante autómata que le compra a su hijo: una muñeca japonesa), lo cual preludia la crisis personal final del famoso escritor.
A Charlie Kaufman, uno de los más inclasificables guionistas de Hollywood, resulta difícil encuadrarlo, y, una vez más, sus personajes en Anomalisa parecen tener mucho en común con las fobias y rarezas de este peculiar constructor de historias. Aquí, dirige, junto al especialista en el cine de animación con marionetas (y muñecos articulados) Duke Johnson. Adaptan la obra de teatro del propio Charlie Kaufman. Este neoyorquino debutó como guionista, después de unas cuantas experiencias televisivas, con Cómo ser John Malkovich (1999), de Spike Jonze, y siguió con una serie de títulos como Human Nature (2001), de Michel Gondry, Adaptation (El ladrón de orquídeas) (2002), de nuevo con la dirección de Spike Jonze, Confesiones de una mente peligrosa (2002), de George Clooney, ¡Olvídate de mí! (2004), de Michel Gondry (con Jim Carrey como protagonista), y Synecdoche, New York (2008), que supuso su paso a la dirección. Todas ellas apuestan por un humor surrealista (y del absurdo), al que se añaden no pocas imágenes y situaciones "kafkianas", más cercanas a la realidad (al menos a esa inquietante sensación de realidad que tienen las pesadillas) de lo que nos gustaría.
Una película especial, de uno de los más personales escritores del Hollywood actual.
Antonia Bordonada
Roberto Sánchez
-Aragonia-
Dir: Peter Landesman
Int: Will Smith, Gugu Mbatha-Raw, Alec Baldwin, Albert Brooks, David Morse, Eddie Marsan,
Stephen Moyer, Luke Wilson, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Bitsie Tulloch, Matthew Willig, Paul
Reiser, Richard T. Jones, Mike O'Malley, Arliss Howard
DAVID CONTRA GOLIAT.
Desafortunada traducción al castellano para su título original Concussion, aunque Game Brain (artículo publicado en GQ Magazine por Jeanne Marie Laskas que inspiró la película y que atrajo al proyecto de su producción a Ridley Scott) me parece todavía mejor. La historia que nos cuenta Peter Landesman, (curtido periodista de guerra que cubrió para importantes periódicos los conflictos de Ruanda, Kosovo y Afganistán) está evidentemente teñida de ese estilo indagador que ayuda a narrar con fluidez un filme que podríamos encuadrar como un thriller médico con tintes dramáticos y conspiración de poderes de por medio.
Basada en hechos reales, el doctor de origen nigeriano Bennet Omalu, un neuropatólogo forense de amplia formación y cultura en otras muchas disciplinas, realiza la autopsia a un famoso jugador profesional de fútbol americano de Pittsburg (Pensilvania), uno de los lugares con mayor forofismo por este violento deporte. A través de este examen post mortem, y otros casos más de deportistas que morirán por supuestos suicidios, el doctor Omalu da con un patrón de daño cerebral que bautizará como ETC: encefalopatía traumática crónica. El actor Will Smith se mete en la piel de este profesional que recibirá por un lado el reconocimiento y admiración de algunos eminentes colegas y, por otro, deberá enfrentarse al lobby de poder que representa la NFL (Liga nacional de fútbol americano), lo que hará de su vida un auténtico infierno mientras intenta sacar adelante la verdad de sus investigaciones para evitar más muertes entre los jugadores veteranos.
En cuanto a referencias, hay multitud de películas sobre fútbol americano –entre todas ellas, El rompehuesos (The Longest Yard, 1974), de Robert Aldrich, sería una de las que rinden culto a esta “religión” norteamericana–, pero en este caso, como ya ocurría en la más que interesante El dilema (The Insider, Michael Mann, 1999), que mostraba la lucha contra las grandes tabaqueras, la cinta no va en la línea de glosar lo épico del deporte con todos sus tópicos (valor, dureza, masculinidad, trabajo en equipo, patriotismo e identidad nacional), sino en criticar y sacar a la luz sus trapos más sucios (secuelas físicas, jugadores dopados y sedados para entregar sus fuerzas al límite e intereses económicos). Will Smith encarna muy dignamente a este heroico médico, un David enfrentado al Goliat del sistema. Junto a él, le arropan buenos secundarios, entre los que destacan David Morse, Alec Baldwin, Albert Brooks y Luke Wilson.
Sería impensable que en España, se hiciese una película cuestionando las consecuencias físicas y emocionales de “los toros”. Para unos una fiesta nacional, para otros un extraño deporte que recuerda a la lucha de gladiadores en la arena; para muchos otros simplemente barbarie y violencia y un espectáculo sangriento no apto para menores. Cuestionar lo más popular y atractivo para satisfacer el ocio de las masas y lo que supone en cuanto enfrentamiento al sistema y grupos de poder, es uno de los méritos del filme, aunque el ya citado El dilema lograba los mismos objetivos con una mayor brillantez.
Peter Landesman, dirige con eficacia tras haber demostrado su pericia en Kill the Messenger (2014) y haber cosechado diversos premios con Parkland (2013), historia que narraba los sucesos en el Parkland Hospital de Dallas el día del asesinato de Kennedy. Una trayectoria no demasiado extensa y desarrollada más en el campo de la televisión (donde ha colaborado como guionista con Ridley Scott) que en el cine, lo que dota a Concussion de un cierto aire de telefilme. A pesar de ello, y de su amplio metraje, el filme se sigue con agrado e interés, aunque quizá sobran momentos sensibleros y excesivamente lacrimógenos. Al menos, La verdad duele supone un impulso para tomar aire en la carrera cinematográfica del otrora “Príncipe de Bel Air”, que después de fiascos tan tremendos como la fallida After Earth (2013), lo necesitaba.
Gonzalo J. Gonzalvo.
-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-
Dir: Ryan Coogler.
Int: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Phylicia Rashad, Will Blagrove, Juan-Pablo Veza, Andre Ward, Tony Bellew, Philip Greene, Manny Ayala,Cory Kastle, Vincent Cucuzza, Christopher Weite.
CREED: LA LEYENDA DE ROCKY...¿CONTINÚA...?
Premios:
2015: Premios Oscar: Nominada a mejor actor de reparto (Sylvester Stallone)
2015: Globos de Oro: Mejor actor de reparto (Sylvester Stallone)
2015: National Board of Review (NBR): Mejor actor secundario (Stallone). Top 10
2015: Critics Choice Awards: Mejor actor de reparto (Sylvester Stallone)
2015: Críticos de Los Angeles: Premio Nueva generación
2015: Asociación Críticos de Chicago: Nominada a Mejor actor secundario (Stallone)
2015: Satellite Awards: Nominada a Mejor actor de reparto (Sylvester Stallone)
Adonis Johnson, un muchacho de color de buena familia que esconde su verdadero apellido (Creed, título original del filme que hace honor al boxeador rival de la saga Rocky, y que fue el padre biológico de Adonis) sale de su confortable hogar para hallar su verdadera vocación y su destino: Seguir la estela de su padre, Apollo Creed, contrincante de Rocky Balboa en un legendario combate de los pesos pesados que inauguraba la popular saga creada por la pluma de Sylvester Stallone allá por mediados de los 70. Un guión por el que se llevó el cotizado Oscar en su momento.
Adonis viajará a Philadelphia para encontrar a Balboa, que ya es un hombre mayor retirado del boxeo, viudo y sin familia. Rocky se verá reflejado en el joven aspirante a campeón y decidirá convertirse en su mentor y entrenador personal. En esta ocasión, el guión no es de Stallone, sino de Ryan Coogler, que también dirige. He querido reflejar la cantidad de premios que lleva la película, todos concentrados en el encomiable trabajo interpretativo de un Sylvester Stallone que se aleja de los registros habituales para componer un personaje vulnerable y en decadencia (un tipo de personaje ya encarnado en Copland, un film de James Mangold de 1997, injustamente olvidado), brillantez que recupera el sentido de su vida centrándose en apoyar al hijo de su antiguo colega y también amigo: Apolo Creed. En todo momento la sombra de los primeros títulos de la saga planea por el filme como un fantasma, y los acordes míticos de la banda sonora original de Rocky que arropan el gran combate final nos ponen durante unos segundos la carne de gallina. Pero la emoción dura menos de lo que dura un asalto.
Es precisamente la figura de Rocky Balboa y la presencia física y fílmica de Stallone, lo que sirve de soporte y polo de atracción para un espectador nostálgico que acude a las salas para rememorar los títulos originales y asistir, al mismo tiempo, con expectativas e incertidumbre a esta nueva entrega. Cito al comienzo la extensa lista de premios que han recaído ya en la película: todos ellos concentrados en Sylvester Stallone, que compone el fiel retrato de un viejo boxeador viudo y sin familia que tira para adelante con valentía y que, además, deberá enfrentarse a una última y gran batalla: la de la enfermedad. Resulta inevitable recordar a ese otro personaje viejo y desencantado encarnado por Clint Eastwood en esa maravilla titulada Million Dollar Baby (2004), filme del que Creed queda a años luz, aunque Stallone de la talla amparado en su débil reflejo.
Firma la dirección y el guión Ryan Coogler, quien tras un cortometraje en el año 2006, dirigió su ópera prima en 2013 (Fruitvale Station) con una historia sobre un joven afroamericano de 22 años que tuvo una trifulca con la policía en la Nochevieja del 2008. Por este trabajo Coogler ganó el premio del Festival de cine independiente de Sundance ese año y fue seleccionada su obra para proyectar en Cannes. En este su segundo trabajo titulado Creed (La leyenda de Rocky), parece que sin ese añadido adicional en el título, poco a nada hubiese tenido que hacer el film desde el punto de vista comercial fuera de USA, en especial en España y Latinoamérica.
Últimamente parece estar de moda confiar a directores jóvenes y sin casi experiencia misiones tan difíciles como crear un puente de unión entre generaciones y públicos muy heterogéneos. Atraer a las salas, jugando con la nostalgia, al público fiel a una saga mítica (como ocurrió hace poco con Mad Max) y al mismo tiempo a jóvenes hordas de nuevos seguidores, no parece objetivo nada fácil, ni siquiera para directores de la talla de un George Miller.
Es cierto que las escenas del gran combate final están rodadas con espectacularidad...¿Y...? Eso ya lo habíamos visto a menudo en toda la saga Rocky, aunque no se rodase en digital y con tantos ángulos de cámara. Si quitamos eso, Creed es la partida de defunción de una saga mítica salida de la pluma y los puños de un sembrado Sylvester Stallone que, repito, con su buena interpretación (a pesar del doblaje) da un aura de dignidad a toda la película. El problema vendrá cuando en la segunda y siguientes continuaciones de este Creed el bueno de Rocky Balboa ya no esté entre nosotros. Entonces tendremos una franquicia de películas de boxeo muy alejada de obras maestras como Gentleman Jim (Raoul Walsh, 1942), El ídolo de barro (Champion, Mark Robson, 1949), Marcado por el odio (Somebody Up There Likes Me, Robert Wise, 1956), o Más dura será la caída (The Harder They Fall, Mark Robson, 1956). Esos, además de filmes sobre el deporte de los guantes, eran películas que forman ya parte de las grandes obras de la historia y la mitología del cine. También el digno Rocky de 1976, dirigido por John G. Avildsen, que se llevó 3 Oscar de entre 10 nominaciones, es ya historia del siglo XX de este arte visual y narrativo que ostenta con orgullo el número 7. No creo que la saga iniciada por Creed llegue viva hasta este número de asaltos, aunque todo es posible.
Gonzalo J. Gonzalvo
-Aragonia, Palafox, Puerto Venecia, Yelmo-